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Capítulo 95

Penulis: Yamila Rivera
El rostro de Héctor no mostró ningún cambio al escuchar a Sergio. Con voz grave, dijo:

—Entonces, ¿por ella te permites hacer ese tipo de juicios sobre tu propia familia, sobre tus abuelos?

Sergio lo miró fijamente.

Héctor continuó:

—Puedes defenderla y alzar la voz por ella, pero la familia no es el lugar para descargar tus emociones. Tú también formas parte de ella. Ya no eres un niño: tienes tu propia empresa. Al hablar y actuar, no seas tan impulsivo.

Sergio apretó los dedos, bajó lentamente
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  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 925

    Los intereses económicos vinculados a Héctor eran enormes.Si realmente le ocurría algo, no solo se verían afectadas las empresas y los socios involucrados, sino que también sería un golpe devastador para la familia Gómez.—En Monteluz, cuando se difunda la noticia de la desaparición de Héctor, la familia Gómez todavía podrá intervenir para estabilizar la situación durante un tiempo. El verdadero problema está aquí, en Gran Bahía. Carlos ya viene en camino.Al escuchar aquello, Julieta se sintió un poco más tranquila.Jairo continuó:—Primero desayuna. Solo si cuidas bien tu salud tendrás fuerzas para enfrentar lo que venga.Julieta asintió y preguntó:—¿Tú ya desayunaste?—Sí, en el hotel.Julieta no dijo nada más.Se sentó en el sofá y comenzó a desayunar.Jairo tomó los documentos que estaban sobre la mesa y se puso a revisarlos.La reunión comenzó a las ocho.Como Jairo poseía acciones de la empresa, era completamente normal que participara.Al entrar en la sala de juntas, encontra

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 924

    En cuanto vio el mensaje, Julieta salió de la conversación y llamó a Jairo.Él contestó enseguida, con evidente preocupación en la voz:—¿Todavía no has descansado?—Estoy en la oficina de Héctor. Mañana temprano ven directamente aquí.Jairo percibió el cansancio en su voz y sintió una profunda angustia.Julieta ya había pasado por demasiadas cosas y apenas había logrado recuperar cierta estabilidad. Ahora, Héctor había desaparecido de repente. Quería consolarla, pero sabía que, en un momento como aquel, cualquier palabra sonaría vacía.—Descansa un poco. Mañana temprano estaré ahí. Al menos, mientras yo esté contigo, no tendrás que cargar con todo tú sola.Julieta contuvo sus emociones.—Está bien.—Por cierto, ¿hay noticias de Héctor?—No.—En este momento, que no haya noticias suyas es la mejor noticia.—Sí.Después de colgar, Julieta se recostó en el sofá y cerró los ojos para descansar.A pesar de que estaba agotada y le dolían los ojos, no lograba conciliar el sueño.Ni siquier

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 923

    Julieta reunió rápidamente los documentos que tenía frente a ella.Emanuel observó sus movimientos y sonrió ligeramente.—¿Tan ocupada estás?Dejó la bolsa térmica sobre la mesa, sacó una orden de tacos y se la ofreció.—Te traje algo de comer. Los compré especialmente para ti.Julieta miró el recipiente que le tendía, dejó los documentos a un lado y lo tomó.—Gracias.Emanuel se acomodó en el sillón individual de al lado y recorrió con la mirada los documentos que había sobre la mesa, aunque no mostró intención de revisarlos.—¿Qué se te ofrece? —preguntó Julieta.Emanuel apartó la mirada de los papeles.—Vine a ver cómo estabas. Me preocupaba que no pudieras soportar tanta presión, pero al verte así, me quedo un poco más tranquilo.Julieta le dio una mordida a uno de los tacos y levantó la mirada hacia él.—Di de una vez lo que tengas que decir.Emanuel dejó de sonreír y habló con seriedad:—Será mejor que te prepares para lo peor. Ni siquiera sabemos cuánta gente está vigilando este

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 922

    Leonardo se marchó con los demás.Julieta permaneció sentada, mientras su rostro se volvía cada vez más pálido.Santiago le preguntó con preocupación:—¿Se encuentra bien?Por el enfrentamiento que acababa de presenciar, era evidente que Julieta y Leonardo ya se conocían y que existían conflictos entre ellos. Aun así, no cualquiera podía mantener la calma frente a semejantes amenazas sin dejarse intimidar.Por lo que había escuchado durante la conversación, también logró comprender a grandes rasgos la relación entre Héctor y ella.Al menos por el momento, Julieta estaba del lado de Héctor.Ella dejó escapar un suave suspiro.—Estoy bien. Ve a preparar todo.—Sí.Julieta se puso de pie y añadió:—Manda también una taza de café a la oficina.—Enseguida.Con el documento que Leonardo había dejado, Julieta regresó a la oficina de Héctor.La secretaria le preparó un café. Julieta tomó un sorbo y comenzó a revisar el documento con atención.Recordó las palabras de Leonardo. Aunque habían

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 921

    Leonardo ya estaba sentado en la sala de juntas cuando Julieta entró.Conservaba su habitual actitud despreocupada y, al verla aparecer, esbozó una leve sonrisa.Su presencia no pareció sorprenderlo en lo más mínimo.Leonardo no había ido solo.Julieta le dirigió una mirada, se encaminó hacia la cabecera de la mesa y tomó asiento.—¿A qué viniste?Santiago permaneció de pie a su lado.Leonardo sonrió.—¿Ahora tú vas a tomar las decisiones en lugar de Héctor?Julieta sostuvo su mirada con calma.—Lo que ocurra aquí también afecta mis intereses. Por supuesto que tengo derecho a intervenir.La sonrisa de Leonardo se acentuó.—¿No estaban en pleno proceso de divorcio?—Eso no te incumbe. Dime de una vez qué pretendes.Leonardo moderó un poco la sonrisa e hizo una seña a la persona que estaba a su lado.El hombre sacó un documento y se lo entregó. Leonardo lo tomó y lo extendió hacia Julieta.—Revísalo.Julieta lo observó con cautela antes de recibirlo y comenzar a leerlo detenidamente.Ap

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 920

    Julieta se daba cuenta de que Santiago desconfiaba de ella. Del mismo modo, tampoco pensaba confiar plenamente en él solo porque fuera uno de los colaboradores más cercanos de Héctor.En un momento como aquel, menos que nunca podía confiar en alguien con facilidad.Después de conversar durante un rato, Julieta determinó que, por el momento, Santiago era digno de confianza.El hecho de que llevara tanto tiempo trabajando como asistente de Héctor demostraba, al menos, que contaba con su aprobación.Por supuesto, no solo Julieta desconfiaba de Santiago; él tampoco confiaba del todo en ella.Ambos hablaban con cautela mientras evaluaban en secreto si podían confiar el uno en el otro.Desde el punto de vista de Santiago, si un matrimonio realmente se amaba, sería difícil que una esposa recuperara la calma tan rápido después de la desaparición de su marido.Julieta no mostraba ninguna señal de dolor en el rostro, por lo que él no podía evitar mantenerse alerta.Sin embargo, conforme avanzó

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