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La séptima vez que mi Alfa me rechazó
La séptima vez que mi Alfa me rechazó
작가: Ayra

Capítulo 1

작가: Ayra
—Tamsin ha regresado a la manada. Adelante, recházame.

Me volví hacia mi compañero Alfa, Stellan Voss, con el rostro inexpresivo.

Una chispa de sorpresa cruzó su rostro, pero rápidamente recobró la compostura y pronunció las palabras que ambos conocíamos de memoria:

—Yo, Stellan Voss, Alfa de la Manada Luna Plateada, rechazo a Elowen Reed como mi compañera. Desde este momento, ella deja de serlo.

La marca en mi cuello comenzó a arder, pero mantuve la voz firme al responder:

—Yo, Elowen Reed, acepto el rechazo del Alfa Stellan Voss. Desde este momento, él deja de ser mi compañero.

En cuanto pronuncié aquellas palabras, el vínculo mental entre nosotros se cerró de golpe.

En lo más profundo de mí, mi loba lanzó un aullido desesperado. Sentí como si me hubieran partido el alma en dos.

Era la primera vez que le pedía a Stellan que me rechazara y, aun así, igual que las seis veces anteriores, volvió a hacerme una promesa como si no le costara nada decirla.

—Cuando ella se vaya dentro de un mes, volveremos a vincularnos.

En el pasado, esas palabras jamás habrían bastado para calmarme. Incluso habría llegado a obligarlo a jurarlo ante la Diosa de la Luna.

Pero esta vez no sentí absolutamente nada. Ni siquiera me molesté en responder.

—Elowen, ¿me estás escuchando?

Stellan frunció el ceño, claramente molesto por mi silencio.

Asentí ligeramente.

—Sí.

Mis manos no dejaron de moverse mientras doblaba las últimas prendas y las guardaba en la maleta.

Cada vez que Stellan fijaba una fecha para que volviéramos a vincularnos, cumplía su palabra. Toda la manada sabía que nunca faltaba a lo prometido. Nadie podía negarlo.

Repetíamos aquel ritual cada año y, a esas alturas, ya era la séptima vez que me rechazaba.

Mientras estábamos vinculados, Stellan cumplía cada promesa que me hacía.

Cuando le dije que quería dormir bajo la luna llena, construyó para mí una cabaña con techo de cristal en lo alto de la cresta de nuestro territorio, hecha de roble blanco veteado de plata lunar —la madera más preciada del Norte—. Incluso hizo incrustar siete piedras lunares sagradas en la cabecera de la cama, cada una de las cuales brillaba únicamente cuando había luna llena.

Cuando soñé con conocer las tierras más allá del Norte, me llevó desde las Tierras Altas de Escocia hasta los Alpes suizos.

Durante nuestra Ceremonia de Marcado, Stellan había jurado que, mientras nuestro vínculo permaneciera intacto, yo siempre sería su prioridad.

Y, técnicamente, había cumplido su palabra.

El problema era que, cada vez que me rechazaba, pasaba todo el tiempo que podía con Tamsin.

Toda la manada sabía que yo era la Luna, pero que debía hacerme a un lado cada vez que ella regresaba.

Hoy, mi calma parecía incomodarlo.

Aún recordaba lo desesperada que me había puesto durante cada una de nuestras separaciones anteriores y lo cerca que había estado mi loba de quebrarse por el dolor.

Me observó mientras empacaba con una rapidez y una eficacia mayores que otras veces y habló, visiblemente incómodo:

—Tal vez… tal vez debería irme yo esta vez…

La maleta se cerró con un chasquido seco, interrumpiéndolo.

—Sabine y yo ya hicimos planes. Me quedaré unos días con ella.

Algo pareció cruzar por la mente de Stellan y su expresión se oscureció aún más.

—No me digas que esto es otro de tus trucos. ¿Piensas volver a solicitar el puesto de mi asistente solo para quedarte vigilando afuera de mi oficina? Cariño, ya te lo he explicado. Volveremos a vincularnos. Hay más cosas en la vida que seguirme a todas partes. ¿No podrías encontrar algo que realmente te apasione?

Tenía claro a qué se refería. No quería que estuviera cerca de la Casa de la Manada mientras él y Tamsin disfrutaban de su reencuentro en privado.

Como Tamsin rara vez regresaba a la manada, era comprensible que Stellan quisiera aprovechar cada momento a su lado, supuestamente para ayudarla con los asuntos de la manada.

Después del segundo rechazo de Stellan, había conseguido trabajo como su asistente en la Casa de la Manada.

Un día, decidí sorprenderlo con su café con leche favorito y entré a su oficina.

Allí estaba Tamsin, sentada en su silla, revisando documentos confidenciales que solo la Luna tenía permitido leer.

Me detuve en la entrada.

—Esos documentos son de uso exclusivo de la Luna. Por favor, déjalos.

Los ojos de Tamsin se llenaron de lágrimas al instante.

—Solo intentaba ayudar a Stellan. No sabía que te molestaría.

Su llanto atrajo a varios miembros de la manada, que se congregaron frente a la oficina. Todos seguían creyendo que yo era la Luna y, después de la sorpresa inicial, comenzaron a mirar a Tamsin con desdén.

Stellan, decidido a evitar que ella se convirtiera en objeto de rumores, ignoró mis súplicas entre lágrimas y anunció con frialdad:

—Elowen ha aceptado mi rechazo. Ya no es mi compañera ni nuestra Luna.

Sus palabras cayeron sobre todos como un golpe, exponiendo ante la manada la humillante verdad sobre nuestra relación.

Desde entonces, cada vez que Stellan me rechazaba, convocaba a varios miembros de la manada y lo anunciaba públicamente.

Todos sabían que cada vez que Tamsin regresaba, yo perdía temporalmente mi título de Luna y quedaba reducida a una loba sin rango.

Sin embargo, esta vez no tenía nada de qué preocuparse.

Tomé mi maleta sin dudarlo.

—No te preocupes. No volveré a molestarte.

Stellan me observó con desconfianza.

No fue hasta que extendí el asa de la maleta y crucé el umbral que la urgencia se hizo evidente en su voz.

—Volveremos a vincularnos el trece del próximo mes. No lo olvides.

Me quedé inmóvil por un instante.

Qué casualidad.

Yo también planeaba abandonar la manada el día trece.

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