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Capítulo 15

Autor: DiegoAlmary
last update Data de publicação: 2021-08-07 09:03:52

Edward

Emma

La flema desapreció, el dolor, el malestar, incluso la costilla rota se curó casi por completo en una sola noche. Grace era un genio, incluso después de muerta sigue salvando vidas, sus avances en medicina ayudaron a encontrar tan rápido una cura para la flema mortal, y cientos de personas se salvaron.

A pesar de que estoy bien, aun me duele el cuerpo, como cuando hago ejercicio de más, como si me hubiera arrollado un caballo. A pesar del dolor y el malestar pasé toda la noche pensando en las cosas que me habló el general Benin, en como Oz llegó hasta ese punto, en cómo la gente sobrevivió al Karma, siendo así no había necesidad de construir las ciudades, supongo. Tengo muchas dudas, pero tampoco tengo muchas ganas de ponerme a investigar, la gente del pasado era muy diferente a como somos ahora.

Mientras camino por los pasillos de Emma, trato de no recordar todas las cosas de las que son testigos aquellas paredes oxidadas y viejas, y también trato de aguantar las ganas inmensas que me dan de ir a buscar a Marian, de gritar su nombre y poder llorar con ella, solos, como lo hicimos con Aleck la última noche que estuvimos aquí, pero por él estoy haciendo esto, por él estoy caminando hacia la oficina de su tío a darle una repuesta. Sé que él no estaría de acuerdo, pero yo no soy él, y no puedo evitar sentir que me tiemblan las rodillas cuando me detengo frente a la puerta de la oficina. Tomo aliento, luego me quedo ensimismado en alguna mancha que tiene el metal mientras hago varios intentos por tocar, pero mi mano se niega a estrellarse contra ella.

¿y si todo sale mal y terminan matándome por ir a buscar una venganza que no revivirá a Aleck? Doy un paso atrás, pero si no voy y Oz se toma Capricornio por la fuerza, Marian correría peligro, y eso es algo que no estoy dispuesto a permitir. Doy otro paso al frente y mi mano se detiene en la mitad del camino para tocar la puerta, la bajo y me quedo mirando de nuevo la mancha, y estoy determinando que parece un pájaro carroñero cuando la puerta se abre estrepitosamente y la cara del tío de Aleck se asoma por la brecha. Doy un pequeño respingo y siento como se me encogen los testículos del susto.

— Tengo una cámara de seguridad ahí — afirma a modo de saludo y me da la espalda dirigiéndose a su asiento tras el viejo y roído escritorio. Lo sigo no sin antes darle una pequeña mirada a la cámara que me mira directamente. — ¿supongo que vienes porque has tomado una decisión? — pregunta, y soy incapaz de hablar, así que asiento con la cabeza.

— ¿Qué tengo que hacer? — pregunto después de un incómodo silencio.

— Por ahora, nada. Te reuniremos con un grupo de soldados para que los conozcas mejor antes de la importante misión que estás por cumplir.

Hubo una duda que me atormentó por toda la noche, y no puedo dejar pasar la oportunidad para resolverla de una vez por todas.

— ¿Habrá muchas muertes? — le digo, y trato de ver alguna expresión en su rostro, no veo nada, está tan inexpresivo como los maniquíes que utilizan las modistas para hacer los uniformes. Sonríe un poco, así como cuando te da gracia de un niño que no entiende el tema del que hablan los adultos.

— Es la guerra, Edward — anuncia y tal vez ve mi cara de horror ya que anuncia — trataremos que sean muy pocas bajas civiles, solo queremos que entiendan que nos vamos a defender, ¿estás dispuesto a hacer lo que sea por proteger a tu gente?  — agacho la cabeza.

— ¿Lo que sea? — susurro.

— Lo que sea — reafirma. Levanto la mirada y lo veo a los ojos con tanta fuerza que se obliga a apartarla.

— Lo haré, por Aleck, y por Marian, no por usted, o los que crea que son mi gente.

— Bien, será como tú quieras, pero no te arrepentirás, te lo prometo.

—Aleck no era muy amante a las promesas.

— Lo sé — responde — pero él ya no está y más pronto de lo que pensamos ninguno estará, y solo las promesas que cumplamos será lo que quede de nosotros cuando la guerra nos alcance, porque a cada uno lo alcanzará, a su manera.

— No habrá guerra si los detengo — digo poniéndome de pie y él me imita.

— La habrá — reafirma — los golpes siempre se devuelven con golpes, la diferencia está en quien golpea más duro.

— Pues entonces que sea más duro nuestro golpe— digo movido por el dolor de recordar a Aleck —que no puedan contar sus muertos.

—Pensé que no querías muchos muertos —dice y le aparto la mirada.

—Solo quiero que paguen —añado y hago ademan de irme.

—Espera un momento, Edward —me detengo en seco — ¿Aleck te comentó algo? ¿algo después de que regresara de la planta purificadora? —no sé a qué se refiere, así que solo me encojo de hombros.

—Dijo muchas cosas —su sonrisa desaparece lenta mente y me arrepiento de haberlo dicho al instante.

—Lo supuse.

—Con permiso —quiero salir corriendo de ahí, pero me interrumpe de nuevo.

— No es el qué más mate, Edward es el que mate a los indicados, los que muertos hagan que la guerra se acabe — me dirijo a la salida, las lágrimas me queman los ojos, y él habla una última vez antes de cerrar la puerta tras de mi — yo sé quiénes son los indicados, espero que tú también. 

………………                  …..……                   ………………..

Los indicados, ¿Quiénes son los indicados? Medito la pregunta una y otra vez mientras me entierro más en la silla. ¿Acaso esto será lo correcto? ¿y aunque no sea lo correcto, será lo necesario? Estoy confundido, pero la decisión ya la tomé, lo que me aterra es las consecuencias que puedan traer.

— Las guerras nunca terminan bien para los peones — me digo — nunca.

Alguien se aclara la garganta, y levanto la cabeza para encontrarme con un guardia de seguridad bastante anciano que me mira como si fuera lo más interesante que haya visto en la vida. Lo recuerdo desde que tengo memoria, merodeando por los pasillos, me conoce de toda mi vida, no sé por qué me mira así ahora.

— ¿Ya están todos? — le pregunto y él asiente con un relajado meneo de cabeza.

— Lo están esperando — dice, y su voz me evoca miles de escenas de él mismo dirigiéndose a mí: ¿Qué hace aquí? No puede estar aquí. Valla por allá Felicidades niño. Bienvenido de nuevo a Emma. Al parecer, este hombre ha estado más veces en mi vida que mi propio padre. Me pongo en pie, y me sorprendo a mí mismo al notar que no me temblaban las piernas.

Camino detrás de aquel hombre mientras me pregunto qué fue de su vida, que amores tendría, qué hijos, del porqué siempre lo he visto solo, del porqué me recuerda tanto a mi padre, tan callado, tan correcto, tan fuerte. Recuerdo sentir sus brazos a mi alrededor cuando se rompía algún cable y él me abrazaba por lo que yo creía horas enteras, pensaba que de los brazos de mi padre ni siquiera la misma muerte podría arrancarme. A veces solo quisiera sentirlo de nuevo, su calor, su fortaleza, solo quisiera creer de nuevo, aunque fuera por solo un instante, que en sus brazos nada me pasará. Pero en cada ocasión los abrazos tenían que terminar, y me iba a la cama sintiéndome de nuevo vulnerable. Ahora estando aquí, justo antes de conocer a mi grupo suicida, pienso que jamás debí haber dejado que me soltara.

Me paro frente a la puerta cuando el hombre me abre paso, y respiro profundo antes de tomar el pomo de ésta.

— Lo harás bien — me dice — porque eres hijo de tu padre — y para cuando volteo, ya me ha dado la espalda y camina en silencio. Aprieto el pomo con más fuerza, ¿qué haría papá en mi situación?

La puerta se abre casi sin darme cuenta y lo primero que veo son cinco pares de ojos que me miran fijamente, y a todos los conozco: una con dos pies izquierdos, un chico demasiado pequeño, otra con un notable sobre peso y una más que parece estar enfadada todo el tiempo con el mundo entero, y alguien más, alguien que no encaja en el cuadro; allí parada, con su piel chocolate bañada por los rallos del sol me mira como el que mira al más patético de los insectos, Jina, mi prostituta favorita.

— ¿Y tú qué haces aquí? — le pregunto, y los demás dejan de mirarme para mirarla a ella — ¿no se supone que estarías en la granja? — se pone de pie y recuesta su espalda en la pared.

— A alguien le pareció una buena idea traer a una aspirante a medica que terminó haciendo suturas a cerdos en la granja — todos me miran de nuevo a mí. ¿Esto se supone que voy a liderar? Pensé que sería, cuando menos, soldados ya graduados.

— Bien — digo sin saber muy bien qué decir — nos van a encomendar una misión muy importante — todos me miran, eso ya lo saben. — la verdad no sé muy bien de qué se trata, lo único que sé es que haremos un ataque infiltrándonos en Oz — la chica con sobre peso abre mucho los ojos.

— Eso es un suicidio — susurra para sí misma — ¿por qué nos escogieron a nosotros?  hay gente mejor que nosotros — pregunta y me encojo de hombros, dándole todita la razón, yo tengo motivos personales, además soy uno de los mejores en la clase, pero ellos…

— ¿Cuál es tu nombre? — le pregunto, ella agacha la cabeza, bien, es regordeta y tímida.

— Lúa.

— Bueno, Lúa, no sé por qué nos escogieron a nosotros, talvez cada uno tiene una habilidad especial o algo así que nos servirá.

— Yo soy súper rápido — dice el chico pequeño — me llamo Anah.

— Hola, Anah — le digo y ya que comenzábamos con las presentaciones volteo hacia la otra chica, que aún tiene esa cara de enfado que le he visto siempre — ¿y tu nombre? Vuelca los ojos y suspira

— Lirae — dice y se limpia un diente con la manga del uniforme que le llega hasta la muñeca.

— Bien — digo tratando de quitar esa rara imagen de mi mente — una guerra se aproxima, lo siento en cada parte de mí, aunque suene bastante ridículo — veo a varios asentir con la cabeza — saben que en una guerra siempre hay muchos muertos, pero nuestra misión es eso precisamente.

— ¿Qué haya muchos muertos? — pregunta el chico pequeño, ¿Anah?

— No — le digo, nunca he sabido expresarme bien — la idea es que evitemos más muertes, eso me indicó el general.

— ¿Y cómo evitaremos más muertes si antes vamos a atacar? eso provocará más todavía — habla la chica gorda, sus mejillas están más rojas.

— También he pensado en eso, créeme, pero algunas estrategias deben de tener, algo más ingenioso que simplemente atacar y ya. Nos darán información más adelante — lo digo más bien para convencerme a mí mismo.

— ¿Qué es lo que vamos a hacer entonces? — me cuestiona jina, hablando por primera vez de hace un rato.

— Obedecer — le digo, y la chica gorda me mira de nuevo con sus mejillas rosadas.

— Esperemos no equivocarnos— todos la miramos, pero nadie dice nada.

— No tenemos más opción, somos soldados y tenemos que obedecer. Por ahora — tomo de nuevo la palabra — nos van a entrenar un par de días, y haremos caso en todo, si estamos unidos saldremos bien librados.

— ¡Unidos como hormigas! — vocifera con entusiasmo el chico pequeño y estira la palma de la mano en el aire, y todos nos quedamos sin saber muy bien qué hacer. Nos mira como si fuéramos la cosa más rara del mundo — deben poner sus palmas sobre la mía, decimos alguna palabra y luego las lanzamos al aire. Ese hacia la gente…antes — todos negamos. Pero la chica regordeta pone la mano sobre la suya, siguiéndole el juego. Yo solo la miro a los ojos mientras recuerdo sus palabras, les doy la espalda y me voy.

Esperemos no equivocarnos.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Claudia flores
A mi todo este plan me huele mal :/
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