INICIAR SESIÓNJada ha muerto.
―¿Qué?! No, no puede ser. ¿Cómo lo sabes? ¿Qué ha pasado? ¿Cuándo ha sido? ―Rompo el abrazo y me alejo.
―Está en las noticias. La encontraron ayer en South Park en el rio Duwamish. Lo siento mucho Mérida.
―No. Está bien. Bueno, no es questé bien, solo digo que… no éramos tan cercanas ―Me siento en el sofá, tratando de parecer calmada ―No era necesario que vinieras.
―Quería venir, quería verte.
―Podías verme en la oficina ―le digo mientras él se sienta a mi lado.
―En la oficina no podía hacer esto.
Me besa. No quiero que ese beso termine, pero, acabo de enterarme que mi amiga está muerta, no tengo cabeza para lidiar con mis sentimientos por Patrick en este momento; me alejo.
―Lo siento Mérida. Se que no es el momento para esto. Pero quiero estar a tu lado ―Toma mis manos― quiero estar contigo mientras pasas por esto y después de que pase, cuando te sientas mejor, quiero invitarte a salir, ir por partes, quiero conocerte y que me conozcas, conocer a tu familia y que tu conozcas a la mía. No quiero que vayas conmigo a Francia. Bueno, si quiero. Me refiero a que, sé que fue un disparate pedirte que fueras conmigo cuando apenas nos conocemos, pero la cosa es que no puedo sacarte de mis pensamientos, creeme, lo he intentado, no sé si te pasa lo mismo y si no te pasa no importa; dame la oportunidad de intentar hacer que te sientas como yo. Y si no logro, solo tendrás que decírmelo y saldré de tu vida. Pero no me alejes de ti, no finjas que no sientes nada. Yo sé que…
Mis labios embisten contra los suyos, húmedos, suaves. Me siento sobre él a horcajadas. Abro los ojos, aparto mis labios de los suyos por unos segundos para quitarle la camiseta. Él desabrocha los botones de mi blusa uno a uno, me la quita y la hace a un lado mientras me besa el cuello. Se levanta y me carga sosteniéndome por los muslos, me aferro rodeando su cuello con mis brazos. Me lleva al cuarto.
Está acostado a mi lado apoyando su peso sobre su codo izquierdo, sigue besándome, lleva su mano derecha a mis bragas deslizando sus dedos índice y medio hacia adentro de mí lentamente. Siento como se eriza cada vello de mi cuerpo.
Se levanta y me quita las bragas. Abre mis piernas y hunde su cabeza entre estas, mi espalda se arquea y un gemido de placer sale de mí involuntariamente. Aprieto las sabanas con ambas manos.
Empieza a recorrer mi cuerpo con su lengua, al llegar a la cicatriz de mi cesárea la toca con la yema de sus dedos. Me avergüenzo, aunque sé que no hay motivo para ello. Me da un beso sobre la marca en mi vientre. Es un beso suave, que pone en pausa la pasión y le imprime a este momento una pisca de ternura. Su lengua prosigue su camino por mi abdomen. Pone las piernas una a cada lado de mi cintura, levanta mi espalda ligeramente y me desabrocha el brasier, me lo quita y lo arroja a un lado. Hunde su cara en mi pecho exhalando profundamente, el aire tibio que sale de sus labios me hace arrojar un sonoro gemido, succiona mis pezones sutilmente con sus labios, primero uno, después el otro. Pequeños cubos de hielo tocan mi espalda, mi cuello, mi vientre..., se derriten al chocar con mi piel caliente, estoy bañada en sudor. Se acomoda encima, abre más mis piernas.
―Detente ―le digo ahogada en mis gemidos. Giro mi cuerpo hacia la mesita de noche, abro el cajón y después de hurgar en él, saco un preservativo y se lo doy.
Entra y sale de mí una y otra vez, la mezcla de nuestros gemidos produce un sonido simplemente exquisito que nos envuelve hasta que nuestros cuerpos quedan sudorosos, jadeantes uno al lado del otro.
Le doy la espalda.
―Tengo un hijo ―le digo. Se que no tengo que darle explicaciones, sé que no es necesario, pero siento la inminente necesidad de hacerlo―, pero no lo conozco ―le aclaro en seguida―; lo abandoné al nacer.
Patrick no dice nada, solo pone su pecho contra mi espalda y extiende su brazo sobre mi cintura.
―Cuando iba en el primer año de universidad me enamoré de un chico: Carl. El me hacía sentir especial. Hicimos planes; acabaríamos la universidad y nos iríamos a vivir juntos. Era joven, inocente, estúpida…
Una noche, en una fiesta de su fraternidad, bebí mucho, le dije que quería ir a su habitación, dijo que primero iría por una debida, regresó con dos tragos, me dio uno, lo bebí y no recuerdo nada más. Desperté al día siguiente sola en la habitación de Carl, desnuda y sin recordar que había sucedido. Las sabanas de la cama estaban manchadas de sangre.. Mi ropa estaba en el piso.
Mientras me vestía vi el celular de Carl en la mesilla al lado de la cama, quería saber a dónde se había ido así que revisé sus mensajes.
Decían cosas como lo mucho que tuvieron que esperar su turno, que fueron demasiados, que debió ser algo más privado, que debían buscar una chica nueva para la próxima fiesta porque yo había quedado demasiado «perforada».
Cuando lo enfrenté me dijo que no era lo que yo creía, que estaba muy ebrio, que no recordaba nada. Que me amaba y que jamás me haría algo así ¡le creí! Seguí con él a pesar de lo que me hizo, fui una idiota.
Me doy vuelta.Su ceño está fruncido y su mirada está perdida, no me ve a los ojos. Como si intiera culpa ¿será que alguna vez le habrá hecho una canallada de ese calibre a alguna chica? A que sí, ¿por qué tendría que ser él distinto al resto?
―Cuando supe que estaba embarazada le dije a Carl. Me dijo que no era de él que esa noche había usado preservativo, que seguro era de alguno de «los otros» que podía hacerme una lista de nombres si yo quería. Que abortara, que lo tuviera o que lo regalara, que le daba igual.
»No podía tener un bebé, no hubiese podido cuidarlo, darle lo que necesitaba, yo...
―No tienes que darme explicaciones ―me interrumpe―, si hubieses abortado o hubieses criado a ese bebe, o si hubieses tomado, no sé, cualquier otra decisión, también hubiese sido la correcta, te violaron Mérida; nadie tiene derecho a juzgarte ―Después de hacer una pausa, acaricia mi mejilla―. Estoy seguro de que tu hijo consiguió una familia que lo ama y puede darle todo lo que necesita.
Limpia mis lágrimas y acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja. Le doy la espalda nuevamente, él me abraza.
No podía creer que le había contado esto a Patrick, fue simplemente terapéutico. Duermo un par de horas hasta que un alboroto me despierta. Patrick no está a mi lado, me pongo la ropa interior que encontré tirada a un costado de la cama y me asomo en la puerta.
― ¡Joder! ¿Qué está pasando? ―Mi voz apacigua las demás; silencio total y cuatro ojos bien abiertos hacia mí.
―Mérida, eso te pregunto yo a ti. ¿¡Que está pasando aquí! ―dice Johnny exaltado―. Me he enterado de lo de Jada. Quise hablarte, pero no respondías mis llamadas. He venido a ver como estas y me encuentro a este tipo en ropa interior, en tu departamento, diciendo que no quieres ver a nadie. ¿¡Que se ha creído!?
―Ya te dije, soy su novio ―refuta Patrick.
Johnny pone los ojos como platos y posa la mirada sobre mí. Su cara se enrojece como tomate. Yo cruzo los brazos y me paro al lado de Patrik.
―Mérida, ni siquiera lo conoces y ya ha conseguido meterse en sus bragas, seguro eso era todo lo que quería.
―Lo siento, pero tendrás que acostumbrarte a verme por aquí porque pienso seguir metiéndome en sus bragas
―Joder. ¡Basta ya! Levanto los brazos poniendo las manos abiertas a los lados de mi cabeza. Ya cállense los dos, no los quiero escuchar ―grito mientras me froto las sienes.
―Lo siento Mérida, de verdad, lo siento, este tipo me sacó de mis casillas, pero en este momento lo único que me importa es saber que estás bien ―dice Johnny mientras se me acerca.
Lo abrazo y rompo en llanto. Patrick se va a la habitación sabiendo que debía darnos privacidad
―Lo soñé Johnny, lo soñé igual que con las otras chicas, sentí su dolor, sentí su miedo, su desesperación mientras se ahogaba. Pero esta vez fue real, de verdad le sucedió. ¿Y si las otras chicas también son reales, y si están muertas? No entiendo, ¿por qué sueño con ellas, que tienen que ver conmigo?
Los ojos de Johnny se abren como platos. Está muy desconcertado.
―¿¡Lo dices enserio Mérida!?¿pudiste ver lo que le ocurría a Jada, pudiste ver quien lo hizo? podríamos saber quién lo hizo si recordaras algún detalle importante. Podríamos darle una pista a la policía.
―Si claro, y que le diríamos a la policía ¿que no estuve cuando Jada murió, pero lo vi todo en un sueño? Si, seguro me creerán. A demás, no vi al hombre esta vez solo a ella cayendo al agua y tratando de nadar, tenía la ropa que llevaba la otra noche en el club.
Patrick se incorpora ya vestido y con dos tazas.
―Es tilo ―dice mientras me da una a mí y otra a Johnny―. Necesitamos calmarnos. Disculpa tío. Me puse a la defensiva. No quería discutir, si eres amigo de Mérida me quiero llevar bien contigo. ¿Vale?
―Está bien ―le responde Johnny. Pero no muy convencido.
―Disculpen que me meta, he estado escuchando la conversación. Sin querer, por supuesto. Me parece sacado de una peli que hayas soñado con lo que le pasó a Jada.
Ah, que bien, no me cree. Le lanzo una mirada de reproche con los ojos entrecerrados
―No digo que no sea verdad ―dice respondiendo a mi mirada―, pero no creo que la policía te tome en serio. Y peor aún, si vas y les dices que la violaron se preguntarán como sabes esos detalles que ellos no les han dado a los noticieros. Le he pedido a un amigo reportero que me mantenga informado, está investigando la noticia, dice que hay mucho hermetismo con el caso.
―¿Has pedido que te mantengan informado? Yo diría que tienes mucho interés en el caso ―dice Johnny a Patrick con tono acusativo.
Entiendo que esté cabreado, es un celópata sobreprotector y a veces puede llegar a ser un verdadero dolor de culo. Pero llegar al punto de insinuar que Patrick tiene algo que ver. Ni siquiera tiene sentido.
―Claro, la chica era amiga de Mérida, era novia de un amigo de la secundaria. ¿Qué tiene de extraño que quiera estar informado del caso?
―Saben qué, bájenle un poco, no los quiero discutiendo en mi sala otra vez.
―Si, lo siento ―dicen Patrick y Johnny en coro.
―Nadie irá con la policía. Patrick tiene razón. No me creerían.
―Bueno, me tengo que ir dijo Patrick. Nos vemos. Si necesitas algo llámame, se inclina y me besa en la frente. Luego se dirige a Johnny, le extiende la mano y le dice:
―Ha sido un gusto conocer al mejor amigo de Mérida.
Johnny le estrecha la mano, trata de sonreír, trata de esconder su disgusto, lo sé por esa mueca que suele hacer cuando alguien le es realmente insoportable, arruga la cara de una forma particular, como si padeciera de estreñimiento crónico
―Ese tipo me da muy mala espina Mérida. ―Johnny susurra ―Te has acostado con un completo extraño y no sé, pero hay algo en él que me da desconfianza. Se que es tu vida, y quiero que seas feliz. Solo ten cuidado ¿sí?
―Si claro papá. ―Me levanto del sofá dejando a Johnny solo con su cara de constipado.
―Sabes qué, se me antoja una pizza. Me dice mientras entro a la cocina.
―Pues hoy no, hoy comeremos comida refinada. Le grito a lo lejos.
―¿¡Qué!?
―Resulta que el insoportable de Patrick ha preparado el almuerzo. ―Salgo de la cocina con dos platos ―y pues, creo que es un estofado de res con puré de patatas y ensalada ―Agrego mientras pongo los platos en el comedor. Johnny enarca una ceja
―Seguro está envenenado.
Llevo mis puños cerrados a mi cintura y le pongo cara de bronca.
―¿Qué? Es enserio, no comeré eso, temo por mi vida. ―Reimos
Terminamos de comer y hemos visto televisión por un buen rato. Johnny saca el teléfono de su bolsillo y al ver la hora se levanta de sopetón.
―Son las seis, tengo que irme, lo siento, tengo una reunión con unos clientes, estoy a punto de cerrar una venta. Es una propiedad que nadie quería, hubo un incendio y es muy costoso reconstruirla, no puedo cancelar, es muy importante, lo siento no quisiera…
―No te preocupes ―interrumpo a Johnny que habla atropelladamente―, estaré bien.
―Johnny toma su portafolio que había dejado en la mesita al costado del sofá, y sale apurado.
―Me llamas si necesitas algo ―dice mientras cruza el umbral.
Me voy a dormir temprano. Al día siguiente llego a la oficina puntual. No quiero que Patrick piense que me creo con derecho a ciertas libertades solo por estar con él. Si es que estamos. Bueno, él le ha dicho a Johnny que es mi novio, ¿se lo diría a Eleonor? siempre he tenido la impresión de que los chicos adinerados como Patrick, tienen a las chicas que quieren por el tiempo que quieren y después simplemente se las sacuden. ¿Sera esto así?
Patrick entra a la oficina interrumpiendo mis pensamientos.
―Buenos días. No tenías que venir
―Ah entonces ¿no querías que viniera? ―le digo mientras pongo el café en el filtro.
―Sabes que no me refiero a eso. Puedes tomarte los días que quieras hasta que te sientas mejor ―dice mientras se acerca. Me da un beso en los labios y agrega―. Si querías verme solo tenías que llamarme.
―No necesito unos días, ya estoy mejor. Y si, digamos que he tenido ganas de verte, pero me entusiasma más el trabajo, pasa ser sincera. ¿Puedo preguntar…―Hago una pausa para pensar si debía preguntar o no―, por Eleonor ¿por qué no ha venido a la oficina?
―Ah entonces prefieres trabajar con Eleonor, no me digas que no es una perra contigo como lo es con todos sus empleados.
―¡Por dios Patrick, no te expreses así de tu madre! ―le digo con autoridad.
―Ah, ya lo veo, se lo llevan bien porque son igual de mandonas. Ella está bien, no te preocupes. Quiso tomarse un descanso aprovechando que yo estaba aquí y podía hacer su trabajo.
―Genial ―digo, incrédula ante la idea de que Eleonor se tomara días libres por voluntad propia.
―Eh, ¿tienes las facturas de los tornes? Necesito revisar las de los últimos tres meses. Por favor
―Si, ya las traigo.
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La mañana se nos ha pasado hablando de todo un poco. Patrick me cuenta que durante sus años de rebeldía dejó los estudios en la universidad y se dedicó a viajar por el país con un grupo de amigos. Él quería sentar cabeza, pero sus amistades no lo dejaban, así que su madre le compró un pasaje a Francia y se lo dio como regalo de cumpleaños. Después de unos meses conoció a Paulette, su primer amor, quiso quedarse, terminó sus estudios y abrió una agencia publicitaria. No volvió más que para visitar a su madre.
―¿y que paso con Paulette? ―le pregunto con tono inquisitivo mientras abro una caja grasienta, hemos pedido pizza.
―¿Paulette? No funcionó ―responde Patrick mientras agarra una rebanada de pizza y le quita los trocitos de piña.
Entre charla, trabajo y momentos de silencio, transcurre el día.
―Son las seis ―dice Patrick después de mirar su reloj. Debo irme, quedé en cenar con mi madre.
―Está bien, yo también debo irme.
―¿Paso por ti mañana para ir al funeral?
―He quedado con Johnny; él pasará por mí. No te molesta ¿verdad?
―No. No hay problema, nos vemos allá ―me dice tratando de disimular su inconformidad.
Bajamos las escaleras. Patrick me toma de la mano y me deja desconcertada, no esperaba que hiciera eso delante de todos. Siento las miradas sobre mí, creo que hasta puedo escuchar los murmullos.
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Es miércoles, estamos de regreso del funeral y pasamos por la oficina, entramos juntos y todos nos miran con disimulo. Tengo que sacar copia de unos expedientes que tienen que pasar antes del viernes por recursos humanos así que bajo a la fotocopiadora en tanto que Patrick se queda en la oficina arreglando unos pendientes.
Mientras espero que la maquina haga su trabajo, una chica del departamento de publicidad se me acerca. Ya la he visto un par de veces antes pero nunca hemos hablado.
―Mérida, ¿verdad? ―pregunta tímidamente.
―Ah sí, tú eres… hago una pausa tratando de recordar el nombre de esta chica, Eleonor le ha gritado un par de veces, lo tengo en la punta de la lengua …―lo siento no recuerdo tu nombre
―Lisa, soy Lisa. Oye, no sé cómo decirte esto, sé que no nos conocemos, pero me caes bien, y quería advertirte acerca del joven Patrick, lo que pasa es que... ―Lisa titubea, mira a los lados y susurra―, no eres la primera
―¿¡Que!? ¿De qué hablas?
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp