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CAPÍTULO 31

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2021-06-29 11:33:34

Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.

Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca  Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella

―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.

Dos personas alejan  a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.

Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me  recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no haber tenido que matarlo yo. Me da un poco de vergüenza sentirme así, soy una cobarde, no pude hacer lo que había venido a hacer, pero Olivia sí, y ni siquiera ha pestañado.

Uno de los paramédicos que me revisa toma mi mano

―¿Puede levantarse? ―no le contesto, pienso en hacerlo, pero las palabras no logran salir de mi cabeza. El hombre le hace una seña a su compañero y en unos minutos me levantan y me acomodan en una silla de ruedas. Una vez afuera de la casa, observo a los dos hombres que me han atendido, volviendo adentro, uno de ellos sale empujando una camilla cubierta con una lona gris.

Ha pasado media hora desde que salí de la casa de Ryan y aún estoy sentada en la silla de ruedas, me han puesto una manta encima. Miro a Patrick hablar con un oficial de policía. Al principio parece una conversación amistosa, pero poco a poco se vuelve tensa, no escucho lo que dicen, pero empiezo a ver el gesto de inconformidad en la cara de Patrick y el ceño fruncido en el policía que habla con él, ambos hacen movimientos con las manos. Pasan un par de minutos, Patrick saca su teléfono, parece hacer una llamada, después de eso, su interlocutor cambia de actitud, finalmente se dan un apretón de manos y Patrick camina hacia mí.

―Vamos Mérida. Iremos a casa ―dice con voz suave, tierna. Me mira a los ojos, esperando a que yo le devuelva la mirada, pero no puedo apartar la vista de la puerta de la casa de Ryan.

Patrick gira la silla en dirección a su auto que está cerca y en cuanto pierdo de vista la casa, mi cuerpo empieza a temblar, no puedo controlarme, intento hacerlo, pero es imposible. Me invade un sentimiento de frustración al no poder evitar estos espasmos involuntarios y empiezo a llorar.

Patrick me ayuda a subir al auto y quiero cerrar los ojos durante el resto del camino, pero necesito hablarle.

―No has sido tú ―le digo sin dejar de ver el paisaje por la ventana

―¡¿Qué?!

―No me has violado

― ¿Ah, no? Entonces ¿Adrien ha sido producto de nuestro amor?

No sé si la pregunta va enserio o está bromeando. No le contesto, pero medito en sus palabras; “nuestro amor” pensar en “nuestro amor” me hace sentir más que mariposas en el estómago, me hace pensar en el futuro, en una casa grande con Adrien corriendo de un lado a otro perseguido por un cachorro. Nos imagino a Patrick y a mí dentro de unos diez años, con un par de kilos de más, bebiendo una botella de vino a la luz de la chimenea y me siento como una idiota por hacerme esta escena en la cabeza.

―Tal vez Adrien ha sido producto de un destino que se ha propuesto hacernos estar juntos de cualquier forma ―digo y enseguida me siento estúpida por haberlo dicho en voz alta

―¿Destino? No creo en el destino ―La respuesta de Patrick me hace sentir confundida, ¿querrá decirme que él no siente que una fuerza mayor que nosotros ha movido las piezas de nuestras vidas de forma que, de una u otra forma termináramos juntos? Me siento más estúpida que hace un instante

―La verdad, yo tampoco ―le digo en un intento de no sentirme tan vulnerable

―Te diré lo que creo ―me dice

―Te escucho ―dirijo mi mirada hacia él, lo contemplo con expectación. Él no quita los ojos del camino

―Creo que en el mundo solo nace una persona ideal para cada quien

―¿Cómo un alma gemela?

―Algo así, pero sin sonar tan…

―¿cliché?

―Exacto. Según yo, este par de personas nacidas el uno para el otro, no siempre corren con suerte. Algunos nacen en épocas de la historia diferentes, otras están separadas por miles y miles de kilómetros. Pocos tiene la fortuna de encontrarse, pero cuando lo hacen, una especie de… instinto los hace buscarse, de forma inconsciente. Toman las decisiones que los llevarán a esa otra persona y aunque el mundo los quiera separar, hay un magnetismo imposible de romper, como una fuerza que…

― ¡Joder! estás más desequilibrado que yo ―le digo y sonrío. Patrick quita la vista del camino por un par de segundos y me mira, sonríe y empezamos a reír sin motivo, Reímos a carcajadas y guardamos silencio a la vez. Patrick tiene ambas manos en el volante, extiende una hacia a mí y yo la estrecho entrelazando mis dedos con los suyos.

*******

Llego al departamento de Patrcik, duermo como una roca y al día siguiente comprendo por qué discutía Patrick Con aquel policía.

―Lo lamento, pero tienes que ir ―dice Patrick mientras me sirve el desayuno― les he prometido que irías hoy.

Patrick está preparando el desayuno. Yo lo miro sentada en una de las banquetas cromadas que se alinean frente a la encimera la encimera de mármol negro.

―¿Tiene que ser hoy? ―pregunto con un tono descomedido

―Sí. Tiene que ser hoy. Ayer insistieron en que tenías que ir directo a la jefatura, los he persuadido de dejarte descansar. Es un asunto serio Mérida, tienes que declarar ―pone un plato frente a mí.

―Está bien, lo haré. Lo siento Adrien, tendrás que aburrirte con Paulette otra vez ―digo con el volumen suficiente para que Adrien y Paulette, que están en el comedor me escuchen. Adrien se ríe y Paulette se hace la que no me ha escuchado.

―Tienes que alistarte ya Mérida, en veinte minutos salimos ―dice Patrick mirando el reloj en su muñeca ―Iremos primero a donde mi abogado, él te dirá qué decir.

―¿No se supone que tengo que decir lo que ha ocurrido? ¿La verdad y nada más que la verdad?

―Sí, pero el señor Campbell te enseñará a decir la verdad y nada más que la verdad de una forma en que sea convincente

―Mmm… entiendo ―digo con fastidio. Le doy una mordida a mi pan y me levanto de mi asiento ―Iré a asearme ―digo mientras salgo de la cocina

*******

―Gracias por enfrentarlo ―dice una voz femenina en mi cabeza mientras me ducho. No es Anya y mucho menos Sofi. Es la voz de una niña.

―¿Coral? ―le pregunto enseguida

―Sí, me llamo Coral

―No lo he hecho sola; todos ustedes me han dado valor ―Coral sonríe, o al menos eso creo, es como si pudiera ver su rostro frente a mí. Su piel es pálida y sus mejillas abultadas enmarcadas con dos coletas están un poco enrojecidas.

Salgo de la ducha envuelta en una toalla tan blanca que parece que nunca ha sido usada antes. La verdad no me extrañaría si Patrick usara una toalla solo una vez y la cambiara por una nueva.

*******

El señor Campbell me hace un interrogatorio respecto a lo sucedido en casa de Ryan. Este  no será el último interrogatorio del día, pero si será el único enfocado en ayudarme a no parecer culpable de un crimen del que realmente no soy culpable, así que me concentro, no me resulta fácil ya que tengo a cuatro personas en mi cabeza dando su versión de los hechos en lo que me aconseja, de modo que hago mi mayor esfuerzo.

Al llegar a la estación, entro en un cuartito en el que un par de oficiales hacen su show de policía bueno y policía malo. No tienen nada en mi contra. Es más que obvio que ha sido la hija de Chuky la que ha matado a Ryan, esa pequeña niña que parecía inocente y atemorizada le ha dado doce tiros sin que le temblara el pulso. Me toman muestras de ADN, no comprendo para qué, toman muestras de mis manos en busca de residuos de pólvora. Han pasado casi veinticuatro horas desde que disparé y he tomado una ducha, no encontrarán nada.

Justo cuando pensé que me dejarían ir, uno de los oficiales que me interroga saca un par de fotografías y la coloca sobre la mesa una al lado de la otra

―¿Reconoce esta arma? ―me pregunta

―Sí. Se parece a la que ha usado Olivia para dispararle a Ryan

―y ¿quién le ha proporcionado esta arma?

―Me la ha quitado a  mí

―¿La niña le ha quitado a usted el arma?

―No. Es decir, no a mí directamente, Ryan me atacó. Yo intenté defenderme con el arma, pero esta calló al suelo. Olivia la ha cogido mientras Ryan y yo forcejeábamos.

―Sabía usted que Ryan intentaría atacarla

―No, no lo sabía, pero dado que antes me había ultrajado quise estar protegida

―¿La había ultrajado antes?

―Si.

―¿y lo denunció usted?

―¿Eso que tiene que ver con el caso que tratamos? ―pregunta el señor Campbell a la defensiva

―Lo siento, solo trataba de entender que hacía la señorita en casa de su agresor.

―Mi cliente ya les ha dicho todo lo que sabe y ha estado más que dispuesta a colaborar en todo lo que se le ha pedido. Si no les importa ya se va. A menos que haya algún motivo para retenerla

―Oh no, claro que no la retendremos. Puede marcharse. Solo algo más ―El detective de apellido Reyes, hace una pausa dramática, se cree que está en un jodido episodio de la Ley y el Orden y su actitud empieza a irritarme― ¿Sabía que el arma que llevó está a nombre  de su hermano; el señor Peterson?

―Está bien, es todo por hoy. Nos vamos. Venga señorita Rodríguez. Está en todo su derecho de irse.

Al salir del cuartito donde acabo de pasar un par de horas. Veo a Johnny pasar justo en frente mío. Se dirige hacia el mismo lugar del que yo acabo de salir. Él también me ve, hace una mueca y saluda levantando su mano.

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