FAZER LOGINCamino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.
Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.
―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto
―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.
La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterrada. Por supuesto que no ha dicho que se siente así, pero no ha querido tomar el control. Le teme a Ryan aún más de lo que yo le temo.
―Ven ―Ryan me coge del brazo y me hala ―todavía no le hago nada― es decir, está viva, pero ya le he… ―hace una pausa y me mira con una sonrisa de complicidad. La expresión en su rostro es la de un enfermo mental ―ya sabes ya le he hecho eso que les gusta.
Me hace bajar las escaleras y empiezo a revivir mi sueño más reciente; una ni´ña llorando debajo de las escaleras de un sótano. Pero no escucho ningún llanto.
―Mírala, tuve que conseguirla solo. No quisiste ayudarme ―La lengua de Ryan se enreda al hablar. Le cuesta pronunciar las eres de las palabras.
Debajo de las escaleras, sobre una manta sucia, duerme una pequeña niña, la que vi en mi último sueño, ya no lleva el vestido que tenía antes, solo tiene puestas sus pantis y me enardece pensar en lo que le ha hecho Ryan. No sé qué hacer ahora. Odio a Ryan, lo odio con todas mis fuerzas por lo que me hizo, por lo que le hizo a esas chicas y ahora a esta pequeña. Pero no me siento capaz de arrancar una vida, empiezo a pensar si tengo derecho a hacerlo o si tendré el valor. La verdad, no lo sé, pero lo que sí sé es que, si tengo que matar a Ryan no quiero hacerlo delante de esta niña. Ya bastante duro será el trauma que tendrá que superar como para agregarle más horrora los recuerdos que la perseguirán durante toda su vida. Pero no sé cómo sacarla de aquí. Qué puedo hacer para que Ryan me deje sola con ella.
No face falta que haga nada, llaman a la puerta y Ryan se pone como loco
―¿A quién has traído? ―se pone ambas manos en la cabeza y empieza a caminar de un lado a otro.
―No he traído a nadie. Seguro es algún vendedor, ve y actúa con naturalidad
―No, irás tú ―me mira con el ceño fruncido
―¡Joder! no iré a ninguna parte ¿y si es algún vecino? ¿Qué les diré? ¿Qué vengan a verte al sótano?
―¡SHHH! ―me manda a callar ―no, no, no ,no ―susurra― su actitud me está asustando.
Finalmente me deja en el sótano. Cierra con llave.
Estremezco el cuerpo de la pequeña con cuidado, cuando abre los ojos, le indico que no haga ruido llevando mi dedo al medio de mis labios
―Te sacaré de aquí ―le susurro con seguridad aunque todavía no sé cómo lo haré. Ella asienta con la cabeza ―Soy Mérida, y tú ¿ cómo te llamas?
―Olivia ―responde con timidez
―Muy bien Olivia, te sacaré de aquí ―le repito y sigo sin saber cómo.
Para cuando Ryan vuelve ya tengo un plan. Espero que funcione. Lo espero en el mismo sitio en el que me ha dejado cuando ha subido.
―¿Quién era?
―!bah! esos testigos de Jehová
Baja las escaleras y lleva la vista hacia donde estaba la niña; no la ve, solo hay un bulto debajo de las sábanas. Me mira confuso y se inclina para levantar la sábana esperando ver a la niña debajo de esta. Mientras estuvo fuera he conseguido un bate de madera, lo he ocultado cerca de mí y ahora que está inclinado lo golpeo en la nuca.
― ¡Corre! ¡ahora! ―le grito a la niña que se ha escondido tras unas cajas. La niña me obedece; corre hacia las escaleras y sube los peldaños lo más rápido que sus pequeñas piernas se lo permiten. Yo voy tras ella. Pero no pensamos en algo, Ryan ha cerrado la puerta con llave ―espera aquí ―le indico a la pequeña y bajo.
Me acerco a Ryan que está tirado en el piso. Rebusco en sus bolsillos, primero en los del pantalón. No hay nada. Esta tendido en el piso boca abajo así que meto mi mano en el bolsillo de su chaqueta con mucha dificultad, palpo las llaves y logro sacarlas. Estoy agachada junto a su cuerpo y cuando me levanto para huir de ahí caigo al suelo. Ryan se ha aferrado de mi pierna y me ha hecho caer. Lanzo la llave la niña observa, está aterrada, pero aún así baja las escaleras coge las llaves y me mira. Yo forcejeo por espapar.
― ¡Vete! ¡vete! ¡ahora! ―le grito a la pequeña. Ella sube las escaleras y trata de abrir la puerta.
Saco el arma he intento apuntarle a Ryan. En este momento pienso en el hecho de que nunca he disparado un arma, no sé hacerlo.
―¿Cómo disparo? ―susurro. Nadie me contesta, no es necesario. Sofi toma el control. Dispara
Olivia grita aterrada y recién noto que no ha podido salir, no ha logrado abrir la puerta, Sofi ha disparado y aunque no le ha atinado a Ryan si ha logrado aturdirlo lo suficiente como para que lleve ambas palmas de las manos a sus orejas. Me ha soltado. Me pongo de pie y corro hacia la puerta le arrebato las llaves de las manos de Olivia y logro abrir. Una vez fuera tomo a Olivia de la mano y la guio hacia la puerta de afuera. También está cerrada con llave. Intento abrirla con cada llave del manojo que le he quitado a Ryan. La llave no está.
Rebusco en la biblioteca, en cada jarrón que adorna la mesita central de la sala y las repisas, no la encuentro. Empiezo a llorar de la frustración. Tengo el arma en mi mano, la guardo a mi espalda, sujeta con la pretina del pantalón como la llevaba al llegar y cojo una silla. Cuando estoy a puno de estrellarla contra la ventana Olivia grita e inmediatamente siento que tiran con fuerza de mi cabello. Ryan ha logrado levantarse. Me ha tirado al piso y sin soltar mi cabello me arrastra un par de metros. Se detiene y me patea en el estómago. Olivia llora con desespero.
― ¡Maldita perra! ¡Debí matarte en la primera oportunidad! ―dice Ryan mientras me revisa. Consigue el arma y la toma. Se sienta a horcajadas sobre mí. Pone el cañón en mi frente.
― ¡Joder! ¡mátame ya! ―grito sin pensarlo. Ryan me mira con el ceño fruncido, estoy segura de que disparará, pero empieza a llorar
―No puede hacerlo, no puede matarte Mérida. Fuiste su primera víctima, para él eres especial ―Dante habla.
Hago acopio de valor y pongo una mano en el cañón del arma, la retiro despacio. Él deja que lo haga y comprendo que puedo manipularlo. Estoy a punto de hablar cuando Sofi toma el control.
―!Eres un maldito hijo puta! Vas a pagar por todo, te voy a hacer pagar por toda la m****a que me hiciste ―Ryan había bajado la guardia, pero las palabras de Sofi lo alteran. Vuelve a poner el arma en mi frente y esta vez con más ahínco ― ¡Maldito! ¡Hijo puta! ―Sofi sigue gritando con esa voz que raspa mi garganta al emerger.
Olivia coge una botella y rompe contra la cabeza de Ryan. El golpe no lo deja inconsciente, pero si lo aturde. Yo aprovecho para golpear su muñeca y el arma cae a nuestro lado y rueda. Luchamos para poder cogerla y en medio del forcejeo pierdo el control. Dante coge a Ryan por el cuello. Tiene una fuerza notablemente superior a la mía y somete a Ryan con rapidez. Ahora es Ryan el que está debajo de mi cuerpo. Dante le pega en la cara un par de veces y aunque no soy yo la que actúa, estoy consciente, siento el dolor en mis nudillos.
Dante se estira aproximando las extremidades superiores al arma, pero no logra cogerla. Se levanta pero Ryan lo hala del pie y lo hace caer. Los dos se arrastran hacia al arma, pero ninguno de los dos la alcanza.
―No te muevas ―le dice Olivia a Ryan ha cogido el arma y le apunta ―¿Dónde está la llave? ―Ryan se ríe y no contesta a la pregunta de Olivia ―dime donde está la llave y nos iremos ―Olivia negocia con Ryan pero este no para de reír.
―Vamos Olivia, dame el arma ―le digo, pero la pequeña niña me apunta a mí también
― ¡Maldición! La mocosa tiene más agallas que tú Mérida
― Olivia, no lo hagas, no quieres hacerlo. Créeme, no te sentirás mejor si lo haces. Llamaremos a la policía y ellos se encargarán. Vamos Olivia. Salgamos aquí ―intento acercarme pero la pequeña quita el seguro del arma. No sé cómo demonios sabe que tiene que hacer eso, yo no lo sabía.
―¡No sabes lo que me hizo!
―Claro que lo sé cariño. A mí me hizo lo mismo
―¿ Y no quieres matarlo? ―las lágrimas caen de los ojos de Olivia mientras habla
―Si quería cariño, pero sé que eso no me hará sentir mejor. Te sentirás peor si lo haces
―Tengo que comprobarlo ―dice y dispara
No le atina, yo me alejo. Vuelve a disparar, le da en la pierna, Ryan grita de dolor, Olivia vuelve a disparar, vuelve a hacerlo una y otra vez, me escondo. Tapo mis oídos. El primer disparo ha activado en mí, una especie de interruptor que ha puesto mi mente en blanco por un par de munitos.
De pronto, los recuerdos empiezan a llover en mi cabeza, las manos de Ryan recorriendo mi cuerpo, sus labios en los míos, yo rogándole que parara y un recuerdo que no había venido a mía antes aparece: Mi madre.
Ryan está en la cocina, parado con los pantalones abajo, me sujeta del cabello y me obliga a hacerle sexo oral.
―Vamos Mérida, no seas santurrona. Hazlo ―dice mi madre mientras nos mira anhelante, está desesperada porque ponga mi boca en el miembro de Ryan, tiene una botella de vodka en una mano y en la otra un cigarrillo ― ¡Maldición! No sabes hacerlo ―grita cuando me trago la polla de Ryan con asco ―te enseñaré ―Toma un trago de vodka, se acerca y me aparta.
Estoy en el piso en posición fetal, los disparos no paran. Lloro, gimo con fuerza grito. Siento mi cuerpo estremecerse y la imagen de ese recuerdo se repite y se repite una y otra vez, quiero salir de ahí, de ese momento grito desesperada.
Los disparos se detienen y un ruido en la puerta es lo siguiente que escucho. Lloro, lloro como una pequeña niña. La puerta sigue retumbando. Escucho que gritan mi nombre. Quiero salir de aquí, pero mi cuerpo no responde escucho llanto, un llanto ensordecedor. Abro los ojos y veo a Olivia, no es ella la que llora sigue apuntándole a Ryan con el arma; su mirada está vacía, no parece haber alma dentro de su cuerpo. Cierro los ojos y sigo escuchando este llanto que me turba. Viene de mi cabeza y se hace más fuerte.
―Ya calla Coral ¡cállate! ¡Cállate! ―Sofi grita desesperada su voz `parece la de un demonio iracundo. Siento que mi cuerpo está al borde del colapso, siento que voy a convulsionar y por unos segundos, en lo único que pienso es en mi cuerpo convulsionando, quiero arrancar el cerebro de mi cabeza y el corazón de mi pecho y dejar de pensar, de sentir, quiero dormirme ahora y no despertar jamás. El ruido en la puerta se acalla.
―Tranquila, tranquila cariño, ya pasó ―la voz de Patrick rompe el silencio y sus brazos me envuelven. Me aferro a su cuello. No quiero abrir los ojos. Quiero quedarme así por siempre, dormir y no despertar jamás
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp