Compartir

Capítulo 3

Autor: Teresa Delgado
A la hora del almuerzo, Silvia estaba mareada por el movimiento del barco y Mateo no se apartaba de su lado. A mí me dolía tanto el estómago que no podía comer lo que me habían servido, así que le pedí al mesero que me cambiara el plato por una sopa suave.

Rubén soltó una risita.

—¿Ahora también te sientes mal? ¿No será que viste a Silvia mareada y quieres llamar la atención?

Los demás se rieron. Mateo alzó la vista hacia mí.

—Antes no te pasaba nada cuando subías a un barco.

—No desayuné. Me duele un poco el estómago.

Pero él volvió a mirar a Silvia y le alcanzó un vaso de agua.

—Entonces aguántate un poco. No compliques las cosas cuando ella se siente tan mal.

El mesero llegó con una sopa. Apenas extendí la mano, Mateo puso el plato frente a Silvia.

—Come un poco.

Retiré despacio la mano que había quedado suspendida en el aire. Yo había pedido esa sopa, pero a nadie le pareció mal lo que acababa de pasar.

Silvia probó dos cucharadas y se quejó de que no sabía a nada.

—Ya no quiero.

Empujó lo que quedaba hacia mí.

—¿No te dolía el estómago? Toma.

Había estado revolviendo la sopa, y en la cuchara quedaba una mancha de labial.

Antes, tal vez me la habría comido, porque Silvia solía decirme:

—Somos mejores amigas. Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío.

Mateo, por su parte, me elogiaba:

—Rebeca sí sabe comportarse. No hace dramas por todo como otras.

Esta vez llamé al mesero.

—Por favor, llévesela y tírela.

La expresión de Silvia se tensó.

—Apenas la probé. ¿Te doy asco?

—No como las sobras de otras personas —respondí con calma.

Mateo se enfureció al instante.

—Se siente fatal y aun así pensó en dejarte la sopa. ¿De verdad tienes que avergonzarla justo ahora?

Los miré a los cinco, aturdida. Durante años me habían dejado sus sobras. Si no cabíamos en una mesa, yo tenía que sentarme en otra. Si faltaba un asiento en el auto, me tocaba tomar un taxi. Cuando necesitaban a alguien que les tomara fotos en un viaje, entonces sí se acordaban de mí.

Pero bastaba con que me negara una sola vez para que dijeran que no sabía convivir, que discutía por todo o que no aguantaba una broma.

Bajé la cabeza.

—Perdón.

Como esperaba, todos se relajaron. Óscar sonrió.

—Así está mejor. Vinimos a divertirnos.

Yo también sonreí. Pero aquella vez no me disculpé porque creyera haber hecho algo malo. Simplemente ya no tenía ganas de seguir discutiendo con ellos.

Esa noche volvieron a beber en la terraza. Yo regresé sola a la suite para preparar mi equipaje. El viaje iba a durar siete días y apenas habían pasado tres, pero ya no quería seguirles el juego.

Reservé el primer vuelo de regreso del día siguiente. Solo después me di cuenta de que no encontraba el cargador. Recordé que Silvia me lo había pedido prestado durante el día y fui a buscarlo al dormitorio de la suite.

La puerta estaba sin llave y no había nadie adentro. Había una tableta con la pantalla encendida. Justo entonces apareció una notificación de un grupo llamado "Los cinco inseparables". Abrí el chat.

Óscar había enviado el video del beso entre Mateo y Silvia de la noche anterior. Debajo se acumulaban los emojis de celebración.

«Por fin se besaron.»

«Les dije que funcionaría.»

«Rebeca se puso pálida y aun así se aguantó.»

«Qué bien sabe fingir.»

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 10

    Había pasado años esperando oír esas palabras. Si las hubiera dicho antes, cuando me dejaron atrás por primera vez, cuando los vi posar a los cinco sin mí o cuando descubrí que mi cumpleaños importaba menos que las lágrimas de Silvia, quizá todavía estaríamos juntos.Pero ahora solo respondí con calma:—Ya no necesito que cambies. A quién ames y con quién decidas estar ya no tiene nada que ver conmigo.Mateo apretó el anillo con tanta fuerza que el aro se le hundió en la palma.—¿De verdad ya no me amas ni un poco?Guardé silencio un instante.—Te amé.Sus ojos se iluminaron apenas, pero enseguida añadí:—Ese amor se fue desgastando durante siete años. Aquellas siete tarjetas en blanco acabaron con lo poco que quedaba.Mateo no se marchó de inmediato. Se quedó quince días en la ciudad. Todos los días aparecía donde estábamos filmando para ayudar al equipo a cargar el material, llevar agua y revisar los vehículos. Como yo antes, hacía en silencio todas esas cosas en las que nadie se fij

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 9

    Tres meses después, Mateo consiguió averiguar dónde estaba. Me había ido a una pequeña ciudad costera del norte y me había unido a un equipo que filmaba un documental sobre artesanas de zonas remotas.Viajó esa misma noche y me encontró junto a un muelle viejo. Yo llevaba una chaqueta impermeable y el viento me revolvía el cabello. Estaba grabando a una anciana que tejía una red.Mateo se quedó observándome a la distancia durante un largo rato. Por primera vez me veía trabajando con la cámara sin tenerlos a ellos cinco enfrente.Yo sonreía. No lo hacía por complacer a nadie ni porque alguien me hubiera pedido que no arruinara el momento. Hacía años que no sonreía con tanta naturalidad cuando estaba con él.Cuando terminé de grabar, me volví y lo vi. La sonrisa se me borró poco a poco.—¿Qué haces aquí?Mateo tardó en hablar. Parecía no encontrar las palabras.—Vuelve conmigo.Negué con la cabeza.—Mi trabajo está aquí.—Puedes renunciar —respondió enseguida, igual que cada vez que deci

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 8

    Durante la semana siguiente, Mateo me buscó en todos los lugares a los que creía que podía haber ido. Nadie sabía dónde estaba.Sus mensajes empezaron a llenarse de explicaciones y promesas.«Rebeca, vuelve.»«Puedo disculparme por lo del juego.»«Podemos volver a organizar la boda.»«No le regalé el anillo a Silvia. Ya le pedí que lo devolviera.»«Solo vuelve. De ahora en adelante, vas a estar en todas las reuniones.»Ese último mensaje debió de parecerle absurdo incluso a él. Yo siempre había estado ahí; eran ellos quienes nunca me habían dejado formar parte del grupo de verdad. Solo ahora, cuando ya me había ido, él estaba dispuesto a concederme un lugar como si me hiciera un favor.Ninguno de sus mensajes recibió respuesta.Al octavo día, Silvia fue a verlo. Dejó el anillo sobre la mesa. Tenía los ojos rojos e hinchados.—Mateo, ¿no somos nosotros los que deberíamos estar juntos? Antes de que apareciera Rebeca, llevabas años enamorado de mí.Él miró el anillo.—¿Y eso de qué sirve

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 7

    Al aterrizar, Mateo no fue a su casa, sino directamente a mi departamento. El código de acceso ya no funcionaba. Llamó a la puerta durante tanto tiempo que el dueño terminó subiendo del piso de abajo.—¿Busca a Rebeca? Ayer entregó el departamento.Mateo se quedó helado.—¿Adónde se mudó?—No lo sé.El dueño le dio una caja de cartón.—Dijo que, si venía, le entregara esto.Él la tomó enseguida. Pesaba poco. Adentro estaban los regalos que aún conservaba de él: un reloj que ya no se fabricaba, unos libros, un suéter viejo y la cámara.Me la había comprado en nuestro segundo año de relación.—Tomas muy buenas fotos —me había dicho—. De ahora en adelante, tú nos tomas las fotos a nosotros cinco.Entonces no percibí nada extraño. Éramos seis, pero él había dicho "nosotros cinco". Más tarde le pregunté:—¿Y yo?Se quedó sorprendido un instante y luego sonrió, acariciándome el cabello.—Tú eres la fotógrafa, ¿no? La fotógrafa tiene que estar detrás de la cámara.Le creí. Durante años les to

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 6

    Mateo abrió la puerta de la suite. El sofá cama de la sala estaba vacío y mi maleta ya no estaba. Se quedó inmóvil unos segundos y luego tomó las llaves del auto casi por instinto.Pero Silvia lo abrazó por detrás.—¿Adónde vas? Rebeca solo quiere que vayas detrás de ella. Si lo haces, cada vez que se enoje va a amenazarte con irse.Él se detuvo.Antes, cada vez que yo lloraba, Silvia decía que me hacía la víctima. Si me enojaba, le advertía a Mateo que no debía consentirme. Así, después de cada pelea, él esperaba a que yo cediera primero.Aquella vez fue igual. Se quedó largo rato junto a la puerta y, al final, dejó las llaves.—Tienes razón. Que se calme esta noche. Mañana volverá sola.Pero a la mañana siguiente no volví. Al darse cuenta de que las invitaciones digitales estaban desactivadas, por fin llamó a la persona que organizaba la boda.—Vuelvan a activar las invitaciones de la boda.Hubo unos segundos de silencio.—Señor Vargas, la señorita Torres canceló formalmente la boda

  • Le Puso Mi anillo A Su Mejor Amiga   Capítulo 5

    Cuando salí del hotel arrastrando mi maleta, las risas seguían llegando desde la terraza. Mateo seguramente pensaba que, como tantas otras veces, yo me había escondido para esperar a que fuera a consolarme.El celular vibró. Era un mensaje suyo.«Cuando termines de hacer tu berrinche, vuelve.»Unos minutos después llegó otro:«Silvia está borracha. ¿Dónde dejaste las pastillas para la resaca que compraste?»Me quedé mirando aquellas palabras durante un largo rato y, al final, apagué el celular. Yo ya había salido del hotel, y él ni siquiera preguntaba dónde estaba: solo quería saber dónde había dejado las pastillas para Silvia.Llegué al aeropuerto cuarenta minutos antes de que despegara el avión. Me registré para el vuelo y despaché mi maleta.Durante siete años había imaginado incontables veces mi boda con Mateo: el vestido que llevaría, lo que dirían las invitaciones, los colores de las flores de las mesas. Incluso había asignado los asientos de todos con un año de anticipación.Hab

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status