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Capítulo 3

Author: Hyacinth
POV: Riona

Esa noche, Lucian fue a mi habitación. Se detuvo en el umbral con una mano apoyada en el marco, como si ya hubiera decidido que no pensaba quedarse.

—La cachorra ya tiene nombre —me informó—. Nova. Seraphina lo eligió. Tú la trajiste al mundo, así que pensé que debías saberlo.

—Nova es un nombre hermoso —respondí.

Su expresión cambió al escucharme, pero no comentó nada y siguió hablando.

—El cachorro ya tiene tres años. Pronto comenzará su entrenamiento y Seraphina elegirá a sus primeros instructores —explicó Lucian. Guardó silencio un momento antes de continuar—. Ya tiene edad suficiente para recordar los rostros. A partir de ahora, mantente alejada del campo de entrenamiento. No quiero que se confunda.

—Está bien —respondí después de mirarlo a los ojos.

Lucian no se fue. Mi respuesta había sido muy tranquila. Él estaba acostumbrado a verme llorar, a escuchar mis reproches y mis promesas desesperadas de mantenerme lejos si al menos me permitía ver a mi cachorro una sola vez. Esta vez no le di nada de eso.

—¿Estás enojada? —preguntó Lucian tras una pausa.

—No —respondí con calma.

Lucian frunció el ceño. Si me hubiera enojado, habría sabido cómo reaccionar. Habría podido acusarme de egoísta o recordarme que él era el Alfa y que la manada estaba por encima de todo. Pero mi tranquilidad lo había dejado sin ninguno de sus argumentos habituales.

—Riona, miles de lobos dependen de esta manada —insistió Lucian—. Los Ancianos buscan cualquier señal de debilidad en cada una de mis decisiones. No puedo permitir que cuestionen la legitimidad del heredero: ni su sangre, ni la forma en que fue criado, ni a quién reconoce la manada como su madre. Seraphina es la Luna. Para la manada, los cachorros tienen que ser de ella en todos los sentidos.

—Lo sé —respondí.

—No hago esto para castigarte. Es lo que tengo que hacer como Alfa —se justificó Lucian.

—Tú elegiste a Seraphina —le recordé—. La escogiste antes de que la Diosa Luna me señalara como tu compañera destinada. Le hiciste una promesa. —Lucian me miró a los ojos y se quedó en silencio, así que continué—. Te culpas por lo que le pasó. La Diosa Luna te dio otra compañera destinada y no podías rechazar nuestro vínculo sin debilitarte como lobo. Por eso le entregaste mis cachorros a Seraphina: querías demostrarle que ella seguía ocupando el primer lugar. También por eso te mantienes alejado de mí. Ya no estoy enojada, Lucian. Por fin lo entiendo.

Ninguno de los dos dijo nada durante unos segundos. Lucian me observó con atención, como si recordara a la loba que yo había sido.

Hubo un tiempo en que lo esperaba cerca del campo de entrenamiento cuando terminaba sus prácticas de la mañana, con un puñado de bayas silvestres entre las manos. También guardaba las plumas que encontraba durante las patrullas y las dejaba entre las páginas de sus informes porque creía que le gustarían.

Una noche de invierno, Lucian regresó tarde de una reunión del consejo en la frontera y me encontró dormida frente a su oficina. Para que el caldo no se enfriara, había envuelto el recipiente en varias mantas. Cuando desperté, se lo entregué con tanta prisa que el calor me quemó las yemas de los dedos.

En aquellos días sonreía cada vez que lo veía. Ya no recordaba la última vez que había sonreído al verlo.

Lucian abrió la boca como si quisiera decir algo. Durante un segundo cometí el error de creer que me diría que podíamos cambiar aquel acuerdo, que me permitiría ver a mis cachorros o que admitiría que todo aquello estaba mal.

Pero apretó la mandíbula antes de decir una sola palabra.

Al final, se impuso el Alfa. Pesaron más su culpa por Seraphina, los Ancianos, la sucesión y todas las excusas que había usado para borrarme de su vida.

Lucian se volteó y se marchó con pasos rápidos. Sus botas golpearon la piedra con fuerza, como si intentara dejar atrás un pensamiento que no quería enfrentar.

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