เข้าสู่ระบบ—La Luna quiere otro cachorro. Llevaste al primero en el vientre sin problemas. Puedes darle otro. Esas palabras decidieron mi destino: pasaría diez meses gestando un segundo cachorro para mi compañero destinado. En cuanto nació mi cachorra, el sanador cortó el cordón y se la llevó. Ni siquiera me permitieron tenerla en brazos. Mi segunda cachorra. Me la arrebataron antes de que pudiera verle el rostro. Todos en la manada sabían por qué. Años atrás, la Luna Seraphina había luchado junto al Alfa Lucian durante la guerra contra los renegados. Una espada de plata la había herido y le había arrebatado la posibilidad de tener cachorros propios. De no haber sufrido aquella herida, ninguna otra loba habría entrado jamás en la cama del Alfa. Yo menos que nadie. Puede que fuera la compañera destinada de Lucian, la loba a la que su lobo reconoció cuando nos vimos por primera vez, pero eso nunca me convirtió en su Luna. La manada solo veía en mí dos cosas: un linaje poderoso y un cuerpo fértil. Nada más. Yo era la forma más sencilla de darle a Seraphina los herederos que ella nunca podría gestar. Tres años atrás, di a luz al primer cachorro de Lucian. Tampoco pude tenerlo en brazos. El propio Lucian recibió al cachorro de manos del sanador y solo me dejó una advertencia: —Desde este momento, Seraphina es su madre. No hagas esto más difícil de lo necesario. Entonces todavía me quedaba algo de esperanza, así que le supliqué. Intenté levantarme de la cama para ir tras él, pero los sanadores de la manada me inmovilizaron mientras yo gritaba y le rogaba a Lucian que me permitiera ver a mi cachorro. Ese día aprendí la lección. Dejé de suplicar. Cada mañana iba a la residencia de la Luna y esperaba frente a las puertas con la esperanza de oír las risas de mi cachorro desde el interior. Al principio, Lucian me lo permitió. Hasta que Seraphina aseguró que el futuro Alfa necesitaba estabilidad. Según ella, oír a otra loba fuera de su hogar solo serviría para confundirlo sobre quién debía reconocer como su madre. Desde entonces, me prohibieron acercarme a él. Y ahora, tres años después, también se habían llevado a mi cachorra antes de que pudiera tenerla en brazos, al menos, por una sola vez.
ดูเพิ่มเติมPOV: RionaUn año después, habían reemplazado las piedras que marcaban la frontera entre Silvercrest y Bloodmoon. Las nuevas llevaban grabados los emblemas de ambas manadas y las condiciones del acuerdo de paz. Ninguna de las dos manadas podía enviar guerreros al otro lado de la frontera sin notificarlo por escrito. Tampoco se podía transferir la custodia de un cachorro sin el consentimiento de sus dos padres legales. La última cláusula llevaba mi nombre.Yo permanecía junto al camino del norte mientras los trabajadores hundían la última piedra en la tierra. Kael seguía el trabajo desde unos pasos de distancia, con una mano apoyada sobre la cicatriz que ocultaba bajo el abrigo. La plata le había dejado dos líneas pálidas en el costado. El frío aún le provocaba dolor, aunque siempre lo negaba cuando se lo preguntaba.Cassian llegó corriendo hacia nosotros con una espada acolchada de entrenamiento en la mano.—Kael dijo que me enseñaría a bloquear ataques —anunció con entusiasmo.—K
POV: RionaKael sobrevivió a las dos heridas, pero la plata había entrado en su sangre. Durante tres días, los sanadores lo mantuvieron en una sala privada de tratamiento, impregnada del aroma de cedro y salvia de montaña. Tuvieron que extraerle el tejido envenenado mediante una cirugía, filtrar su sangre para retirar la plata de su organismo y prohibir todas las visitas.Cada pocas horas volvía a pedir noticias. La respuesta siempre era la misma.—Sigue vivo. Necesita descansar —repetían los sanadores.Mi cachorro no preguntó por Kael y casi no hablaba conmigo. Su nombre era Rowan. Se lo había susurrado una vez frente al portón de Bloodmoon, pero Seraphina lo llamaba Cassian desde el día en que me lo arrebató. En Silvercrest, todos lo llamaban por el único nombre que él conocía.La primera noche que estuvo conmigo, se negó a dormir en la habitación al lado de la mía.—Quiero a mi mamá —dijo Cassian.Yo sostenía a Nova junto al fuego. Sus palabras me dolieron, pero no lo corregí
POV: RionaSilvercrest recibió la alerta de movilización de Bloodmoon antes del amanecer. Me cambiaba los vendajes en la habitación del sanador cuando Kael entró. Mi padre también estaba allí.—Bloodmoon asegura que atacamos su guardería central y nos llevamos a los cachorros —informó Kael.Mis manos se detuvieron sobre el vendaje.—¿Dónde están los soldados de Lucian? —pregunté.—Se están reuniendo cerca de la carretera del norte. Todavía no han cruzado la frontera —respondió Kael.Un explorador de la familia Vale apareció detrás de él.—Las cámaras de tránsito captaron una camioneta de Bloodmoon cuando abandonaba la carretera cerrada del norte —informó el explorador—. Perdimos la señal del rastreador cerca de la antigua fortaleza fronteriza.Conocía aquel lugar. Bloodmoon había abandonado ese complejo fortificado años atrás. Entendí lo que significaba.—Mis cachorros están allí —afirmé.Kael miró a mi padre antes de tomar una decisión.—Iré con doce guerreros para comproba
POV: Tercera personaLos Ancianos de Bloodmoon ya ocupaban la sala del consejo cuando Lucian regresó de la frontera. Lo esperaban alrededor de la mesa y hablaban todos a la vez sobre el cierre de la carretera del norte y los guerreros reunidos bajo los estandartes de Silvercrest.El Anciano Garrick golpeó la mesa con el puño.—La familia Vale retiró a sus guardias, nuestros comerciantes ya no pueden llegar a los asentamientos del norte y Silvercrest concentró trescientos guerreros en la frontera —enumeró Garrick con dureza—. No podemos permitir que una sola loba paralice a toda la manada.Lucian se quitó el abrigo antes de responder.—Esa loba trajo al mundo a nuestros dos herederos —les recordó.—También es tu compañera destinada —replicó Garrick—. Envía guardias a buscarla y tráela de vuelta bajo custodia. Una vez que esté dentro del territorio de Bloodmoon, su padre no se arriesgará a atacarnos.Varios Ancianos alzaron la voz para apoyar la propuesta, pero Lucian no cedió.—
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