POV: RionaA la mañana siguiente, Lucian fue a verme a la cabaña del extremo oeste. Se detuvo en el umbral y no dio un solo paso para entrar.—Voy a la frontera norte —me informó Lucian—. Estaré fuera unos días. —Vio los vendajes que me cubrían las manos, desvió la mirada y guardó silencio. Luego metió una mano en el abrigo, sacó un frasco pequeño y lo dejó en el suelo, junto a la puerta—. Lo preparó el sanador. Es el ungüento más fuerte que tenemos.Me agaché para recogerlo.—Gracias —respondí.Lucian siguió en el umbral, como si esperara que dijera algo más. Quizá quería que le mostrara gratitud o que entendiera que llevarme aquella medicina significaba que se preocupaba por mí, aunque él mismo me había enviado a esa cabaña.No le dije nada más.Al final, se volteó y bajó por el sendero de grava. Lo observé hasta que desapareció entre los árboles. Después dejé el ungüento en el alféizar de la ventana, al lado de un viejo cuchillo de caza. Mi padre me lo había dado años atrás,
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