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Capítulo 15. Cosas indebidas

last update Fecha de publicación: 2022-12-28 07:59:33

   En la hora del almuerzo el bufete quedó casi desierto, en vista de que navidad estaba tan cerca los empleados habían organizado el santa secreto y Anabella no participaba ya que faltó por la enfermedad de Lizzie el día de la elección, la mayoría de los empleados estaban reunidos en el restaurante de la esquina, Anabella se quedó en el comedor de empleados comiendo sobras con algunos pasantes y regresó a su escritorio antes de lo previsto.  

Conversaba con Viviana por mensaje.

   -Hice la venta del año al cliente multimillonario que te dije, está para comérselo y por eso me lo comí.

   -Viviana, qué te he dicho de acostarse con extraños.

   -No sé, solo recuerdo que te aconsejé que lo hicieras de vez en cuando.

   Anabella soltó la carcajada por las ocurrencias de Viviana y cuando levantó la cara John estaba acercándose, la observó con una mueca y frunció ligeramente las cejas.

  Para John fue algo ambiguo lo que sintió al ver la carcajada de Anabella, por un lado le pareció que era una chica muy bonita y deseable, pero le molestó pensar que ella podría estar en este momento burlándose de él.

   —No fue al Santa secreto de los empleados —observó John desconcertado y con desconfianza.

   —No estaba cuando lo escogieron, quedé fuera, no importa.

   —Igual pudo ir —Anabella no respondió, prefirió no decir que no tenía suficiente para dar un regalo a un compañero, quedó sin nada una vez pagó los meses atrasados de renta y las deudas acumuladas de los servicios de su madre.

   —Estoy seguro que pudieron meterla de último momento al juego, o que al menos pudo haber ido solo a almorzar con ellos.

   —No importa, ya comí —respondió ella con una sonrisa.

   —Hizo mal, debió decirme, yo la hubiera llevado a almorzar.

   Anabella elevó los hombros restando importancia y entonces quiso jugar con John.

   —Pensé en invitarlo a comer de mis sobras de la cena, pero recordé su exquisito paladar.

   John sonrió y la miró de arriba abajo como si ella fuera un postre apetitoso.

   —Consigue una niñera —susurró y Anabella mordió sus labios y negó con la cabeza.

   John sonrió de lado.

   —Necesito el expediente físico del caso Tolman.

   Anabella lo miró con duda.

   —Pensé que el juez lo había desestimado.

   —Pero necesito el archivo, si no es molestia que se lo pida antes de terminar su hora de almuerzo.

   Anabella se levantó de inmediato siendo obediente, era lo menos que podía hacer por él.

 Anabella estaba en la escalera del archivo y sintió que rodaron la escalera, no pudo evitar dar un chillido.

   —Silencio, alguien podría oírte —la amonestó John.

   Una vez más estaban solos en los archivos, como la noche anterior había poco personal en el piso, pero ahora después de Anabella ver el descaro de Mark y lo buena persona que era John su actitud era menos hostil.

   —Usted se pasa la vida dándome sustos de muerte —lo acusó Anabella.

   John se echó a reír.

   —Y yo que pensé que era bien parecido y resulta que te espanto.

   Anabella bajó las escaleras y John no se movió, así que quedó entre su pecho y la escalera.

   —En realidad no necesitaba el caso Tolman —afirmó Anabella y John solo asintió con un murmullo.

   —Solo quería acosarte en un lugar discreto.

   —Seguimos estando en el trabajo.

   —Pero te dije que no me aguanto.

   Anabella volteó.

   —Debemos ponerle freno a esto —ella puso las palmas en su pecho—. John esto es nuevo para mí y aun no estoy segura, debemos conversar las expectativas del otro.

   —Me parece justo… —-dijo John en voz baja y con la agilidad y rapidez de un mago rodó la escalera fuera del camino y la recostó a las cajas del archivero y la besó con las ansias de un hambriento—. Nunca una mujer me había puesto a este punto, yo acechando en un archivero por un simple beso.

   Anabella que tampoco había vivido experiencias así debía reconocer que la adrenalina era estimulante.

   —Tranquilo, no te demandaré.

   —Que bueno —le dijo acariciando su trasero a la vez que empujaba su pelvis, haciéndola sentir la dureza de su entrepierna.

   Anabella tomó su rostro y miró sus ojos verdes, ella siempre pensó que los ojos azules de Mark eran los ojos más bonitos del mundo, que eran el mar donde siempre navegaría feliz, pero ahora esta selva que muestran los ojos de John la quieren hacer entrar y perderse.

   —¿Qué me estás haciendo John?, tengo miedo de que esto me guste demasiado y vuelva a quedar hundida.

   John subió sus manos dibujando su figura.

   —Yo sé lo que necesitas y te lo daré, estarás bien conmigo.

   Anabella quería objetar, pero esa parte valiente de ella le pedía que solo se dejara llevar, que ella estaba grandecita para asumir lo que representa darse un gusto y después asumir las consecuencias, así que lo dejó hacer y respondió a los besos más espléndidos que había recibido en su vida, un eco de su corazón repetía Mark, pero su cerebro le indicaba que como John nadie la había besado antes. Toda alarma de contención fue silenciada, a Anabella no le importaba nada, ¿Mark?, ese era un irresponsable cretino, su jefe tenía razón, él le podía dar algo que necesitaba desesperadamente: placer carnal.

   En ese momento escucharon ruido y John maldijo sin voz y corrió en silencio al otro pasillo, Anabella acomodó su ropa y tomó una caja de los casos de John, su respiración era errática, pronto Anabella pudo ver que se trataba de Irina que había entrado a los archivos, la alta y delgada mujer la miraba con sus grandes ojos verdes que era lo que más destacaba en su rostro. 

   —Te ves nerviosa, esta hora es inusual para que haya alguien aquí, tú deberías estar con los demás en el almuerzo del Santa secreto —le dijo acercándose a ella más de lo que debería para una conversación casual.

   —No estoy nerviosa, son ideas suyas, solo estoy un poco sobresaltada porque casi caigo de la escalera porque me enredé con estos tacones —le contestó Anabella viendo sus pies.

   Irina la miró de arriba abajo con una mirada que a Anabella le incomodó, era un escrutinio extraño.

   —No será que estabas aquí haciendo algo indebido.

   Anabella vio como John aprovechó y salió en silencio sin que Irina pudiera verlo.

   —¿A qué se refiere señorita Irina? No sé qué cosa indebida podría hacer mientras le busco archivos a mi jefe —Inquirió ahora más calmada que sabía que John pudo salir sin ser detectado.

   —Esos archivos —señaló Irina y Anabella levantó las carpetas—. Todos son casos de mi jefe, señorita.

   Irina sonrió.

   —Bueno a estás alturas mi primo puede hacer lo que quiera, igual el puesto de socia mayoritaria es mío gracias a que me casaré.

   —Felicitaciones por sus próximas nupcias —exclamó Anabella lo más agradable que pudo ser con esa mujer que no le agrada.

   —Cada quién hace lo que puede para obtener lo que quiere —comentó Irina en voz baja y Anabella quedó muda sin saber que contestar a su extraño comentario, Irina sonrió de lado—. Tú me ves y pensarás que porque soy exitosa en mi área, próspera y millonaria de cuna lo tengo todo, y sin duda es así en la mayoría de los casos, pero hay cosas que me faltan, necesidades que pueden darme personas a las que puedo ayudar, cosas que deseen tener en la vida, digamos que puedo cumplir muchos sueños a personas que se portan bien conmigo.

   —Señorita debo ir a trabajar —expresó Anabella antes de que Irina quisiera comprarla para que traicione a John, pero cuando Anabella quiso pasar por su lado, Irina la sorprendió tomándola por el brazo.

   —Una mujer divorciada y dedicada a una niña puede sentirse muy sola, yo sé lo que es la soledad, también sé de cosas indebidas en lugares solos como este.

   Anabella entonces sintió que Irina acarició su brazo con un dedo antes de soltarla, fue algo muy sutil, pero no había dudas de lo que la abogada quería, Anabella salió a paso rápido.

  «Irina Wells se me acaba de insinuar» Anabella se estremeció de grima y sintió pena por el novio por conveniencia y hasta por ella que vivía una farsa de vida solo por llenar las expectativas de una absurda contienda. 

   Anabella cuando salió en la tarde John no estaba, desde temprano salió con Oliver y no regresó, se sintió triste, quería que él le propusiera llevarla a casa, debía recordar que no era un noviazgo lo que el hombre quería de ella, al salir Viviana la esperaba.

   —Debemos ir de compras.

   —Ya tengo un vestido de cóctel y a ti te sobra ropa.

   Viviana abrió la boca y puso una mano en su pecho, fingiendo estar anonadada.

   —¿Crees que dejaré que vengas a la fiesta de tu empresa con un viejo vestido pasado de moda?, estás loca, para mañana estarás preciosa, que se preparen todos y sobre todo John Campbell, tendrá que hacer fila para llamar tu atención.

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