MasukAl día siguiente Teresa levantó a Anabella a las 4am, tenían mucho trabajo pendiente, aunque el ama de llaves de Viviana estaba ayudando, Viviana llegó casi a las 7am, Anabella suspiró, era el temido momento, debía decirle a Viviana.
—¡Lo logré!, no creerán la noche de perros que pasé y no como lo pasan mis bebés, la casa de ellos es más grande que el cuchitril donde tuve que pasar la noche —exclamó Viviana feliz de regresar.
—Te estaba esperando, tengo noticias muy interesantes —declaró Anabella—, preferí esperar que llegaras y decirle juntas.
Ambas miraron a Anabella temerosas y ellas les contó lo mejor que pudo todo lo que había ocurrido finalizando con el definitivo:
—Me voy a casar con John…
— ¡Qué! —Exclamó Viviana–, no puedes hablar en serio, contrata otro abogado, te conseguiré el mejor del país.
—Vivi, John se ha dedicado, le importa mi caso al punto de arriesgar su futuro y el de su madre en su firma, ¿qué más podría hacer?
—Rechazar casarte, por ejemplo… —exclamó Viviana exasperada.
—Lo que pasa es que ella quiere casarse con John Campbell, todo el asunto solo le dio la excusa —declaró Teresa y no estaba feliz, aunque más sosegada que Viviana que realmente se sentía ofendida.
—Tampoco así mamá —exclamó Anabella—, John me gusta, pero de no haber sido por estas circunstancias...
—Acabas de salir de ese suplicio y cárcel llamada matrimonio y regresarás por culpa de Mark, todo esto está mal, es un error… —tronó Viviana.
—Viviana por favor apóyame —suplicó Anabella.
— ¿Por cuánto tiempo debes estar casada?
—No lo sé…
— ¿Será un matrimonio arreglado e irás a Las Vegas de nuevo?
—No puede ser en Las Vegas, se trata de que John pueda defenderme sin que su madre tenga que renunciar para no despedirlo, John no tiene nada que ver, es su prima que es una loca.
—Pues no lo sé, creo que él está bastante loco, quizás sea de familia, de ti ya no me sorprende; apenas te gusta un hombre saltas a casarte.
Anabella se levantó de la silla y salió de la cocina herida con su mejor amiga, Viviana la vio irse y no le gusta estar molesta con ella, pero no piensa retractarse. Teresa se quedó en silencio.
— ¿No dirás nada Teresa?, ¿estás de acuerdo? —inquirió Viviana.
—Anabella es testaruda y una vez tomó una decisión la defiende a capa y espada —comentó Teresa—. Tú la conoces, y bueno, al menos este John Campbell no es un bueno para nada como Mark.
—Ay no Teresa, me da rabia, Anabella no necesitaba un esposo…
—Viviana, comprendo tu punto de vista, pero entiendo lo que pasa con el caso y el porqué es ventaja para Anabella estar casada con John —Teresa se quedó un instante ensimismada—. Era mi mayor miedo que la abuela de Anabella quisiera quitármela, ahora tengo que vivirlo con mi nieta; si John Campbell está comprometido con evitar que Lizzie se quede con los Nixon, entonces tiene mi bendición.
John estaba por completo sudado corriendo en la máquina de su gimnasio en casa, escuchó la puerta abrirse y a Jeremy llamarlo.
— ¡Ah!, aquí estás, no sabes todo lo que me pasó en un simple viaje de ida y vuelta a los Hampton y cómo cambió mi vida.
John bajó de la caminadora y tomó agua y un paño para secar el sudor.
—Un día extraño sin duda, pero apuesto que te gano, mi vida sí que cambió —comentó John.
—Dormí en una cama minúscula con Viviana, había otra, pero seguro tenía ladillas —John arrugó el ceño y Jeremy continuó con un movimiento de la mano—. Larga historia, la cosa es que en medio de toda la incomodidad y a riesgo de recibir año nuevo lejos de mi familia comprendí que encontré la mujer de mi vida; con Viviana me quiero casar.
John alzó las cejas.
—Jamás creí en abducciones alienígenas, hasta no hace mucho —John se echó a reír.
—Bueno sé que es extraño en mí que prometí que no me pasaría de nuevo, pero ahora no es como cuando era un jovencito y me casé porque mi novia estaba embarazada, ahora estoy seguro que no encontraré una mujer que llene mi vida como Viviana, pero no le he preguntado si quiere ser mi esposa, sé que me dirá que no —se lamentó Jeremy.
—Pues yo solo lo comenté, o más bien sí pregunté, pero no era lo que quería decir, pero igual me dijeron que sí.
— ¿Ahh? —Jeremy estaba completamente perdido en el extraño trabalenguas que dijo John.
—Que yo sí me voy a casar, quizás puedas convencer a la amiga y hagamos una boda doble.
La mandíbula de Jeremy casi cae al piso.
—Pero no te veo contento, explícame ¿cómo te sacaron una propuesta matrimonial?
—Abducción alienígena, eso debe ser.
John le explicó y Jeremy no paraba de reír mientras le contaba.
—Y es así como se le jode la vida de manera sistemática a un hombre alérgico a los dramas —se lamentó John.
—Pero para mí no será tan fácil como todo te resultó a ti —John puso los ojos en blanco—. Quiero invitarla a recibir el año conmigo.
—Invítala, pareces idiota, la mujer está feliz quedándose contigo.
—No es igual invitarla a follar después de medianoche, quiero que reciba el año conmigo, pero no consigo una excusa, ella estará ayudando a cocinar comida venezolana a tu suegra y novia, debes invitarla a venir.
—Ah sí, mi futura suegra me invitó a preparar comida —John resopló—, que invitación más extraña, que hacían falta hombres para amarrar, como si ya no me tienen amarrado, de hecho a ti también extendieron la invitación.
John se levantó de mal humor y continuó rezongando.
—Mujeres, y eso que Anabella no le ha dicho que me pesco como trucha de criadero, cuando mi madre se entere, esta noche será un derramamiento de estrógeno y cursilerías.
—Me parece perfecto, vamos a la casa de Viviana a ayudar con las hallacas —exclamó Jeremy emocionado.
John negó con la cabeza.
— ¿Quién eres y donde dejaste a Jeremy Campbell?, ¿qué carajos son hallacas?
Rato después se enteraron de que eran hallacas, eran una variación de los tamales y diligentemente John y Jeremy se dedicaron a amarrar las hallacas para luego cocinarlas, Anabella y Viviana estaban algo distantes, Lizzie no dejaba de ponerse en medio pidiendo ayudar y la cachorra feliz comiendo todo lo que caía en el piso mientras una música que John jamás había escuchado en la vida la bailaban y coreaban las tres mujeres. Mentiría si decía que no se estaba divirtiendo, en medio de un caos, eso era normal para él ver alrededor de Anabella.
— ¿Qué clase de abogado toma semejante sacrificio? —Inquirió de repente Viviana, en un momento que Teresa había salido de la cocina para atender a Lizzie—. John es increíble tu altruismo ¿tienes ambos riñones o ya donaste parte de tu hígado también?
—Viviana, no tienes derecho a expresarte de esa manera —le reclamó Anabella.
—Es que no lo entiendo, eres un hombre que planteó a Anabella un contrato como relación y ahora de la nada quieres casarte ¿qué escondes John Campbell?
—Quiero ayudar a Anabella, también debo defender mi puesto en la firma.
— ¿Por qué te expusiste por Anabella? —insistió Viviana.
John la miró sin bajarle la cara.
—No tengo malas intenciones con Anabella, veo que eres una fiera que solo pretende defenderla del villano, pero ese no soy yo. Espero que eso te baste, porque francamente no necesito tu aprobación si no la de Anabella.
Viviana lo observó e hizo una mueca.
—Me caes bien John Campbell, eres un poco extraño, pero quieres lo mejor para mi amiga, así que confiaré en ti por ahora.
—Puedes mantenerme vigilado y venir esta noche a la fiesta en casa de mis padres, allí aprovecharé para anunciar nuestro compromiso y sería raro si la hermana de Anabella no está.
Anabella la miró con ojos de cachorro perdido.
—Debes ser mi madrina.
Viviana puso los ojos en blanco.
—Es que soy alérgica a la organza.
—Yo no conozco a alguien más alérgico al matrimonio que John, pero presiento que será muy feliz con Anabella —comentó Jeremy optimista y Anabella sonrió con ternura y John y Viviana dieron un largo trago a sus copas de vino.
Este año Teresa solo hizo hallacas, porque resulta que era una suegra de un millonario ahora, así que debía salir de la cocina y arreglarse para la ocasión, que era nada más y nada menos que el anuncio del compromiso de su hija.
Cuando John llegó con Jeremy a buscar a las mujeres la única que estaba lista era Lizzie, la niña con un hermoso vestido azul claro que hacia juego con sus ojos y un enorme cintillo de moda entre las niñas los recibió con una sonrisa, incluso la pequeña cachorra tenía un lazo que mordía dando vueltas y Lizzie la reprendía.
—Laila, no arranques tu lazo.
—Estás muy bonita Lizzie —la alabó John.
—Parece que fueras a una boda —dijo la niña al verlos de smoking y Jeremy se aclaró la garganta en burla, John se inclinó y acomodó el lazo de la cachorra.
—En realidad no, pero te diré un secreto, mi primo Jeremy quiere casarse con tu tía Viviana, podrías ayudarlo a conquistarla.
—No lo sé, debe ser muy especial, porque ella dice que es muy inteligente para casarse con un hombre común.
John se echó a reír.
—Y mi primo es muy tonto, necesita mucha ayuda, quizás si le decimos a tu tía Viviana que los extraterrestres le hicieron pruebas que lo volvieron especial —comentó burlesco y creyó que Lizzie se reiría.
—No está bien decir mentiras John —le reprendió la niña en voz baja.
—Gracias Lizzie, pero por favor no le digas nada a la tía Viviana —suplicó Jeremy y la niña sonrió y ahora con una sonrisa completa miró a John.
—John he estado pensando, si mi papá se casará con la señorita Irina, quizás tú puedas casarte con mi mami, ¿qué te parece si le preguntas?, quizás te diga que sí.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







