FAZER LOGINViviana y Teresa acompañaron a Anabella en una habitación para arreglar su peinado y retocar su maquillaje.
—Aún estás a tiempo de negarte —repitió Viviana por enésima vez desde que entraron en esa habitación.
—Me dirán de una vez que pasa —indaga Teresa muy molesta—, llegamos aquí y te veías muy enamorada y ahora resistes las ganas de llorar, Anabella.
—John no es el caballero andante que pensábamos, pero ningún hombre lo es, yo digo que lo hagas pagar caro por utilizarte en su guerra —espetó Viviana.
— ¿A qué se refiere Viviana? —preguntó Teresa.
—Irina Wells me dijo que John me buscó porque soy la exesposa de Mark, John tramaba utilizarme, no lo sé, que me fugara con Mark, o que me hiciera su amante y a la vez la de Mark para que Irina se molestara; no tengo idea de que hay en la mente de John Campbell, él y su prima se debaten el puesto de socio mayoritario en la firma, al parecer es una competencia por quién es más bajo. Lo que sé es que por eso Irina me atacó, pensaba que yo estaba de acuerdo con John en destruirla.
Teresa negó con la cabeza.
—Todos son iguales, para los millonarios las personas son herramientas, pero si no son de su clase social, entonces representan menos que escoria.
Viviana bajó la cabeza.
—Vivi, sabes que mi mamá no lo dice por ti —se excusó Anabella.
Viviana pasó el brazo por el hombro de Teresa.
—No se preocupen, sé que Teresa tiene razón, a mis padres no les importaba ni siquiera que era su hija, sus negocios e inversiones eran su vida entera.
Escucharon el llamado de la puerta y fueron a ver, era Lizzie, pero detrás venía Mark y miraba hacia atrás.
—Quiero hablar con Anabella.
—Mark, ¿por qué no le haces un favor al mundo y?... —Viviana calló al darse cuenta que la niña está presente.
—Mi niña, busquemos las flores que llevarás —exclamó Teresa yendo con Lizzie, la niña se dejó llevar por la abuela.
—Ahora por favor apártate y déjame hablar con Anabella —exigió Mark a Viviana.
— ¿Es que acaso resolverás algo? —inquirió Viviana de brazos cruzados.
—Sí, lo resolveré.
Viviana bufó y miró a Anabella.
— ¿Le creemos a la rata de dos patas?
—Anabella, por favor, permíteme explicarte —suplicó Mark.
—Solo un momento y no te vayas Vivi —le indicó Anabella a Viviana.
—Estaré en la puerta —sentenció Viviana mirando a Mark de mala gana.
Mark entró a la habitación y observó a Anabella.
—Anabella, de los muchos errores que hemos cometido por separado cada uno, solo estando juntos fuimos felices.
— ¿Se puede saber qué hace él aquí? —Anabella vio que John estaba en la puerta de la habitación con Jeremy.
—Tú no sabes que es mala suerte casarse, perdón, ver a la novia antes de casarse —objetó con ironía Viviana.
— ¿Realmente no sientes respeto por nada en lo absoluto? —tronó Jeremy con Viviana.
—Pues cuando vea algo digno de mi respeto podré respetar.
—Estamos en casa de los padres de John y sirves de alcahueta para que este hombre vea a la novia de mi primo.
— ¡Bah!, como si él mereciera consideración de Anabella, al menos el imbécil de Mark puede solucionar el problema haciendo que sus padres retiren la demanda de custodia.
— ¡Mi primo se va a casar con ella por todos los cielos! —exclamó Jeremy.
—Solo porque le conviene, ya sabemos cómo son realmente, porque tú eres igual a él, tú sabías los planes y maquinaciones de este y hablas de que yo soy alcahueta. Lástima por ti, porque conmigo no te acuestas más nunca.
—Eres una condenada infantil Viviana…
La discusión entre Viviana y Jeremy continuó, pero Anabella prestaba atención a los dos hombres que tiene enfrente.
—Mark puedes frenar todo esto, retira la demanda, yo compartiré a mi hija, ella te adora, no le hagas esto.
—Vámonos Anabella, huyamos de los Wells.
Anabella puso su cara en su mano, está harta de la misma cantaleta.
—Eres un irresponsable —lo acusó John—, firmaste un acuerdo de confidencialidad, también algún contrato vinculante.
—Mi padre me obligó, él que se encargue de pagar.
— ¿Y cuándo demonios pagarás tú por tus actos? —Espetó John.
—No le hables como si tú fueras un dechado de virtudes —inquirió Anabella y John la miró con odio.
— ¿Seguirás defendiendo a este parásito como si fuera un niño?, eres increíble, él que te ha maltratado, que te ha humillado…
— ¿Y tú?, tú también me has humillado, me has utilizado y no eres mejor que él, pero al menos a ti te permitieron tener una base en la vida, a Mark su padre le dio todo y después lo soltó al mundo para que fuera su lacayo, no le enseñaron nada bueno en la vida.
—Sal de aquí Mark —sentenció John.
—No me voy sin Anabella, porque ahora que ella se ha dado cuenta de quién eres en realidad no estoy dispuesto a dejarla, lucharemos juntos y esta vez será diferente porque no cometeremos los viejos errores.
—Mark… —susurró Anabella negando con la cabeza—, entiende que no podemos simplemente huir, pero si puedes pelear por el bienestar de Lizzie, déjala que se quede conmigo.
—Que sea estando con ambos, ya te lo he rogado mucho Anabella, pero ahora sabes quién es él, no puedes seguir queriendo casarte con él.
John miró a Anabella.
—Si quieres irte con él, lárguense —susurró.
Anabella lo miró y negó con la cabeza, miró a Mark que a estas alturas lloraba a moco suelto, se acercó a él.
—Mark, en realidad tú a mí no me quieres —Mark negó con la cabeza.
—Por favor Anabella, perdóname…
—Es para ti muy fácil decirlo ahora que te volviste un preso en la jaula de oro de los Nixon y los Wells, pero si quieres mi perdón haz que retiren la denuncia.
— ¿Entonces regresarás conmigo?
—Entonces puedo apoyarte para que mejores como persona, eres el padre de mi hija y deseo lo mejor para ti, porque si tú estás bien, mi hija será feliz. Pero ahora mismo debo casarme con John Campbell.
—No me iré sin ti.
—Es suficiente yo mismo te sacaré —John se le fue encima y lo agarró de la solapa del saco y Anabella se interpuso.
—No le hagas daño John, deja que se vaya.
Jeremy empujó a Mark fuera de la habitación y John arde de rabia porque Anabella lo abraza y se le ha guindado para evitar que golpee a Mark y aunque la intención de ella es evitar más problemas él solo ve que ella una vez más defiende a Mark.
—Claro, era lógico, él es el único hombre que has amado, que suerte tienen los mediocres, yo con todo lo que ofrezco nunca he obtenido la mitad de esa lealtad.
Anabella y John estaban sentados en la mesa de comedor frente al juez de paz y junto a él un juez de registro civil, un matrimonio civil relámpago, pero llevado a cabo por los principales jueces del estado y apenas minutos después de iniciado el año, no tendrían luna de miel, tendrían un contrato. Anabella no podía sentirse más triste, pero debía disimularlo delante de Lizzie y los presentes.
Más allá Irina está que muerde, todo se le ha hecho más difícil, y esta vez la sorprendida por los actos de John es ella; Mark gimoteando a su lado no ayuda a mejorar su humor.
—Vámonos de aquí, me das pena, deja de moquear, eres una marica —lo insultó Irina.
Mark tomó a Irina del brazo y salieron de la casa, se montaron en el vehículo de ella.
—Mark, no me despedí de mi padre.
—Te vas con tu prometido mi amor.
— ¡Ya basta, pareces un loco! —Gritó Irina.
—Eso soy, un maldito loco por haber botado a mi familia, por luego aceptar que me vendieran como accesorio matrimonial, pero no soy una mascota, Irina, yo tengo sentimientos, y te he demostrado que no soy un marica.
Mark aceleró aún más el vehículo.
—Mark por favor, el pavimento tiene hielo, nos vas a matar.
— ¿Qué importa mi vida?, ¿qué importa la tuya? Somos seres vacíos, tu detestable primo me acaba de robar mi familia y te ganará el ascenso.
— No tiene por qué ser así Mark, entiende de una vez por todas que ese matrimonio de ellas es una farsa, piensa en tu hija...
Mark frenó con ambos pies y el vehículo dio dos giros sobre su eje, Irina gritó desesperada y Mark apretó el volante, el instinto le indicó soltar el freno y pudo recuperar el control del vehículo a milímetros de la defensa, entonces frenó de manera menos brusca.
—Irina abre los ojos, no nos matamos.
Irina abrió los ojos y notó que están en sentido contrario, la calle está desierta y es un verdadero milagro que no haya vehículos cerca.
Irina le brincó encima y le dio dos golpes en el pecho.
—No me vas a matar desgraciado, deja la idiotez, yo no quiero morir.
Mark primero tomó sus muñecas para que dejara de golpearlo, luego la soltó y metió las manos por dentro de su abrigo de piel y rompió la fina tela del vestido de gala.
Irina jadeó con el corazón a millón y lo besó con pasión y arrancó los botones de su camisa, Mark soltó la correa de su pantalón y liberó su hombría.
—Quieres a una mujer, tienes a una aquí mismo, imbécil deja de llorar y tómame.
—Eres una jodida puta caliente Irina Wells…
Irina alineo su sexo sobre Mark apartando su braga con brusquedad llena de adrenalina y a él apenas le dio tiempo de echar atrás el asiento para que ella quede empalada y se mueva furiosa sobre él, Mark acaricia su cuerpo, ella grita como posesa y luces azules y rojas los iluminan de manera parpadeante, antes de que Irina pueda arreglarse y moverse a su asiento, un oficial de policía toca el vidrio de forma insistente.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







