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Capítulo 9. Pequeña Picara

last update Petsa ng paglalathala: 2022-12-25 07:45:09

Anabella miró a su madre y esta afirmó con la cabeza con una mueca de desagrado.

   —Mami, verdad que es una buena noticia que mi papá regrese —exclamó la niña con sus ojitos llenos de esperanza..

   —Claro que sí mi amor, pero ahora es hora de dormir.

   —Mamá, pero me despertarás si él llega.

   Anabella sintió su corazón partirse y su madre caminó a la cocina, no quería que Lizzie viera su mal humor.

   —Lizzie, tu papá no vendrá hoy, recuerda que está muy lejos.

   La pequeña Lizzie bajó el rostro.

   —Mamí, ¿crees que se le olvide?

   A Anabella se le hizo un nudo en la garganta, se sentía tan identificada con su hija, ella se cansó de esperar a su padre y no lo volvió a ver, aunque sabía que estaba vivo.

   —Qué te parece si te muestro algo que tengo aquí en el pasillo que te gustará.

   Anabella bajó a Lizzie y le mostró el peluche que estaba en el arreglo floral.

   —Mamá, qué hermoso peluche.

   —Te lo envió la  tía Viviana…

   Lizzie se fue contenta a dormir con el peluche hipoalergénico, en cuanto Anabella salió de la habitación de Lizzie la esperaba su madre.

   Teresa nunca confió en Mark; que él hubiera traicionado a su hija y nieta no ayudaba a mejorar su opinión.

   —La niña contestó el teléfono porque yo estaba lavando los trastes, de saber que era él no le permitía hablar con Lizzie.

   —Es su padre, al menos Lizzie está contenta —contestó Anabella.

   —Sufrirá, porque él no vendrá.

   —Quizás sí venga —respondió Anabella recordando que Viviana había averiguado que ya no estaba con Laila.

   —¿Acaso lo vas a perdonar? —preguntó Teresa furiosa.

   —No, pero Lizzie es su hija, si quiere verla no puedo evitarlo como tú con mi papá.

   Teresa se levantó del taburete del mesón de la cocina bufando de rabia.

   —Mamá, perdóname, no era mi intención, es que tengo la cabeza vuelta un lío…

   —No te preocupes —respondió Teresa dolida con Anabella—. Tu padre fue el cobarde que no pudo comprometerse, no le importó darnos la espalda, pero si apareciera ahora brincas a sus brazos, porque lo único que puedes ver es que yo te alejé de él, pero jamás supiste lo que era sentir su incomodidad por nuestra mera existencia.

   Anabella suspiró y Teresa se fue con los ojos aguados a su habitación, ahora mismo ella sentía que un ciclón había entrado en su vida.

   —Feliz cumpleaños Anabella —musitó para sí misma.

   Al día siguiente su madre despertó indispuesta, con el estómago revuelto, los ojos rojos y mucho dolor en ellos.

   —Mamá debo llevarte al médico —objetó Anabella.

   —No, ya has faltado mucho al trabajo y Lizzie tiene cita con el doctor Wells después del mediodía y él vendrá.

   —Tienes los ojos muy rojos.

   —También me duelen mucho.

   —Llamaré a Viviana, ella te llevará al médico, yo llevaré a Lizzie al colegio y vuelven a casa para que el doctor Wells la vea.

   Al mediodía Viviana llamó a Anabella, estaba con Lizzie en el vestíbulo de Campbell Wells.

   —Mamá me quedaré contigo —exclamó Lizzie muy contenta, Anabella abrazó a Lizzie y miró a Viviana.

   —Llevé a Teresa al médico, pero la remitieron a oftalmología. La dejé esperando con la secretaria del doctor y busqué a Lizzie, pero debemos regresar con tu mamá, saca permiso.

   —¿Ella está bien?

   —Con ganas de salir corriendo, dice que ya está bien que era solo migraña.

   —No puedo irme Viviana, mi jefe tiene una reunión importante y me dijo que no quería más excusas ni problemas.

   —Debiste ya sabes, tendrías a tu jefe comiendo de tu mano —expresó Viviana de forma sugerente.

   —Luego te cuento, te quedarás loca —susurró Anabella mirando para todas partes.

   —A ti tu jefe te trae loca…

   —Cállate que pueden escucharte —Anabella señaló con los ojos a Lizzie, pero la niña estaba con la nariz pegada a una pecera que decoraba el vestíbulo.

   —Bueno, Bella, te quedas con la enana y ya que el doctor de Lizzie te lo consiguieron aquí quizás pueda venir, yo debo regresar con Teresa o es muy capaz de irse, ya sabes que es alérgica a los doctores.

   Anabella sentó a Lizzie a su lado en su escritorio con colores y hojas de reciclaje y llamó al doctor Wells, luego de explicarle el doctor dijo que él iría a Campbell Wells, que así aprovechaba de conversar con su hijo y visitar a su esposa en el trabajo.

   John y Oliver regresaron de almorzar, Anabella estaba nerviosa, sabía que Lizzie no debía estar allí. Unos minutos después salió Oliver del despacho de John.

   —Anabella venga un minuto —escuchó Anabella por el intercomunicador.

  —Voy señor —respondió ella en voz baja.

 Anabella entró al despacho de John.

   —¿Por qué su hija está aquí?

   —Tiene consulta con el doctor Wells y mi mamá no puede llevarla.

   —Debió pedirme la tarde libre y no traer a su hija a la oficina.

   —Hoy es la reunión por el caso Tolman —arguyó Anabella, John tenía las manos en los bolsillos y la miraba con desconfianza, no quería que Anabella pensara que iba a ablandarlo con la niña, aún no conocía a Anabella y no confiaba en ella, en realidad John confiaba en pocas personas.

   —¿Cómo piensa que podría atenderme si debe estar pendiente de su hija?

   —Usted fue claro en que no podía faltar o fallar —John desvió la mirada, se veía molesto—. Lizzie es una niña muy callada, se quedará allí sin dar problemas. Es que mi mamá tuvo que ir al oftalmólogo y mi amiga la llevó…

   —No me de excusas —le interrumpió John, no quería saber—, me gustaría que le pusiera orden a su vida para que no se le complique el trabajo.

   —Trataré señor Campbell —contestó Anabella con la frente en alto—, pero lamentablemente no puedo prometerle que no pasará de nuevo, mi madre me ayuda con mi hija, pero cuando ella no puede la cosa se complica.

   —Puede tener niñera —objetó John.

   —Lizzie no es ahora mismo una niña que pueda cuidar cualquiera dada su condición de salud —en ese momento Anabella volteó y vio que Oliver había regresado y hablaba con la niña, les daba espacio mientras ella salía del despacho.

   —Pues debe encontrar la manera, porque este no es un lugar para niños.

   —Eso lo sé —Anabella sintió subir un nudo por la garganta, tragó grueso para que su voz no saliera rota—. Nadie más que yo desea tener una vida organizada, procuraré que no se repita.

   —Por hoy se lo dejaré pasar, pero comprenda que no debe hacerse costumbre —arguyó John.

   Anabella dio la vuelta para regresar a su escritorio y ve a la niña feliz mordiendo un Snickers.

   —Elizabeth, ¡nooo! —exclamó Anabella apresurandose a quitar la golosina de las manos de la niña que por supuesto lloró como si estuviera herida—. Sabes que no debes comer chocolate y además esto tiene cacahuate, está prohibido Lizzie, te puede hacer daño.

   —Anabella, perdón, no sabía —expresó abochornado Oliver que había dado la golosina a la niña.

   Anabella ni caso le hizo a Oliver, cargo a su hija y la llevó al baño para lavar su boca, la pequeña lloraba con mucho sentimiento.

   —Yo quiero mi snickers, mamá —Anabella corrió lo más rápido que le permitían sus tacones y todos en el piso se quedaron mirándola a ella y la pataleta de Elizabeth.

   Anabella entró al baño y la sentó en la barra del lavamanos y limpió la boca y las lágrimas de la niña.

   —Yo quiero, mamá…

   —¡Ya!, por favor Lizzie —todos los sentimientos confusos y la frustración por su hija eclosionaron y Anabella también lloró—. Es por tu bien, cuando estés mejor podrás comer chocolate y lo que quieras, pero debes entender Lizzie, debemos hacer sacrificios para vivir mejor.

   La niña se calmó un poco y solo quedaban los sollozos, Anabella le limpió el rostro y el de ella.

   —Ahora regresaremos caminando como damas elegantes, debes comportarte que estás en el trabajo de mamá.

   La niña afirmó con tristeza y el labio inferior salido, aún se estremecía por el llanto, John hablaba con su padre el doctor Henry Wells y Oliver junto al escritorio de Anabella, Lizzie que ya estaba calmada al ver al doctor empezó a llorar de nuevo con mucho sentimiento.

   —Hola Lizzie ¿Qué es lo que te ocurre? —preguntó el cariñoso pediatra poniéndose a su altura.

   —Yo solo comí un pedacito de snickers, pero es que me gusta mucho, mi mamá no me deja comer nada, no puedo jugar, no puedo hacer nada.

   —Lizzie, quedamos en que no podías comer algunas cosas —dijo Henry.

   —Él me lo dio —la niña miró a Oliver—, fue muy amable —objetó la pequeña.

   —¿Y por qué aceptas golosinas de un extraño? —inquirió Anabella.

    Ahora Lizzie sabía que se había hundido más.

   —¿Cuánto comió? —preguntó el doctor.

   —Muy poco —contestó Anabella.

   —Por favor doctor, no quiero que me vuelva a pinchar.

   —Ya, no importa, no te pongas así —consoló el doctor a su paciente—. Déjame escuchar tu corazón y hablar con tu mami, ya verás que pronto te pondrás mejor.

   —Debe dejarme comer algo sabroso doctor, estoy harta de la sopa, quiero helado de chocolate, quiero un hot dog, quiero pizza, quiero jugar con mis amigas.

   Henry se echó a reír.

   —De seguro serás abogada, me recuerdas a mi hijo arrojando argumentos para salir del atolladero.

   —¿A su hijo tampoco lo deja jugar y comer cosas ricas? —inquirió la pequeña pícara.

   Anabella mordió sus labios para no reír, pero Oliver soltó la risotada y el doctor también.

   —De hecho él es mi hijo, es el jefe de tu mami.

   La niña miró a John y Anabella se atrevió a mirarlo, él sonreía, pero en silencio.

   —Usted es quien trae loca a mi mamá —dijo en tono acusatorio la niña.

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Mga Comments (1)
goodnovel comment avatar
Zuleidy Gordillo
los niños son una cosa sería jajaja
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