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Capítulo 9

Author: Señor Calabazón
Me mordía los labios, sin atreverme a hacer ningún ruido por miedo a despertar a mi esposo.

Pero el placer era demasiado intenso. Nunca había sentido algo así con él.

Además, Brayan parecía decidido a despertarlo, ya que usaba su cuerpo como colchón y me sacudía con todas sus fuerzas encima de Alfredo, mientras me obligaba a mirar a Alfredo.

Estaba encima de Alfredo, con Brayan.

¡Qué vergüenza y qué emoción!

Al final no pude contenerme más, aflojé la mandíbula y grité de placer.

—Sí, así, disfrú
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  • Lechita Caliente   Capítulo 9

    Me mordía los labios, sin atreverme a hacer ningún ruido por miedo a despertar a mi esposo.Pero el placer era demasiado intenso. Nunca había sentido algo así con él.Además, Brayan parecía decidido a despertarlo, ya que usaba su cuerpo como colchón y me sacudía con todas sus fuerzas encima de Alfredo, mientras me obligaba a mirar a Alfredo.Estaba encima de Alfredo, con Brayan.¡Qué vergüenza y qué emoción!Al final no pude contenerme más, aflojé la mandíbula y grité de placer.—Sí, así, disfrútalo todo lo que quieras. ¡Tu esposo no se va a despertar, te lo aseguro! —exclamó Brayan, excitadísimo.Me sentía como una barca a la deriva en medio de una tempestad, a punto de naufragar con la siguiente ola.Además, Brayan despertó un anhelo que llevaba mucho tiempo dormido dentro de mí y, sin darme cuenta, empecé a seguirle el ritmo.Enredé las piernas alrededor de su vigorosa cintura y pedí más, sin contener mis gemidos.Cuando Brayan se vistió, satisfecho después de sacudirme durante más

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    —¡No! —Me llevé un susto.—Si despiertas a Alfredo y él ve lo que hacemos, la cosa se va a poner fea —me advirtió Brayan cuando intenté resistirme.Me estremecí y Brayan aprovechó mi desconcierto para salirse con la suya.Me manoseó a través del camisón delgadito, y sentí que todo el cuerpo me ardía y me hormigueaba.No pude controlarlo. Volvió a salirme leche materna y me empapó la ropa... Sus caricias me dejaban sin fuerzas. Estaba tan sensible que sentía el cuerpo flojo, y el alcohol intensificaba aquella sensación de vacío.Me resistía, pero también cedía a medias, mientras Brayan hacía conmigo lo que quería. Incluso metió una de sus manotas debajo del camisón.—Monse, ¿casi nunca tienes intimidad con tu esposo? ¿Será que no rinde en la cama y no puede satisfacerte? Mira cuánta carne, no deja de salir... —Brayan no dejaba de provocarme con sus palabras mientras me tocaba.—No diga eso... —Dio en mi punto débil y no sabía cómo responderle.Lo peor era que mi esposo estaba acostado e

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    Pero Alfredo ya se había venido. En total, había durado menos de dos minutos.—No pasa nada. Tal vez últimamente estás demasiado cansado. —Fue lo único que dije para consolarlo. Estaba flácido, tendido boca abajo a mi lado, y me miraba con expresión de disculpa.En realidad, los dos sabíamos que solo lo decía para consolarlo, así que fui al baño a ducharme y, bajo el agua caliente, no pude evitar frotarme con fuerza con la toalla.¡La sensación era especialmente intensa!Aunque me moría de ganas, tuve que contenerme por temor a que Alfredo se diera cuenta y se sintiera mal consigo mismo. Después de ducharme, regresé a la sala, donde ya estaba vestido y hablaba por teléfono, sentado en el sofá.—Mi amor, Brayan va a venir dentro de un rato —dijo emocionado apenas colgó, cuando yo me disponía a ponerme una mascarilla facial—. Ordena un poco la casa y saca el tequila que trajimos de mi tierra. Quiero tomar unas copas con él.—¿Para qué viene a estas horas? ¿Solo para beber contigo? —pregu

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    Me puse un poco nerviosa e incómoda bajo su mirada y me cubrí el escote.—Monse llegó con la ropa empapada por la lluvia. No quería que mojara a Noé al amamantarlo, así que le dije que se duchara y le di esa ropa que no usaste. No te molesta, ¿verdad? —se apresuró a explicar Brayan.—No pasa nada. Con razón me parecía conocida. Ya decía yo que Montserrat no usaría ropa de este estilo —dijo Kimberly, cuya expresión se relajó—. Por cierto, ¿cómo está Noé?—Ya comió y está dormido —respondí enseguida—. Tengo cosas que hacer en casa, ¡así que ya me voy!Kimberly todavía quiso invitarme a quedarme a comer, pero yo me sentía tan culpable que ni siquiera me atrevía a mirarla. Inventé una excusa y salí a toda prisa.En cuanto llegué a casa, me quité la ropa, la lavé y la colgué afuera para que se secara, porque era bastante cara y tendría que devolverla al día siguiente.Aunque pensaba en pedirle cuentas a Brayan, al fin y al cabo era mi jefe. ¿De dónde iba a sacar el valor?Pasadas las seis d

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    Me sentía muy culpable con mi esposo. Solo podía consolarme en silencio diciéndome que Brayan me había forzado y que yo no podía resistirme.Además, trabajaba para él. Si lo enfurecía al resistirme, perdería mi sueldo de mil quinientos dólares, así que, por el dinero, no me quedaba más que soportarlo...—Qué piernas tan hermosas tienes, tan rectas y tersas... Parecen de marfil.Brayan ya no tenía tanta prisa por beber el líquido y me acariciaba los muslos sin parar y con todo descaro. Recostada contra su pecho, no sabía si su comentario era un cumplido sincero o una provocación, mientras el rubor me quemaba las mejillas y el deseo me consumía.—No te reprimas. El deseo es algo natural. Tranquila, cuando terminemos te voy a compensar muy bien...Sus palabras fueron un bálsamo y aliviaron bastante la culpa que sentía por Alfredo, pero cuando Brayan quiso ir más allá, se escucharon unos golpes al otro lado de la puerta, en la sala, que nos asustaron a ambos. Se levantó del sofá y, al hace

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    Sentí una descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo y me hizo gemir.—Affff...En cuanto escuché mi gemido, me di cuenta de que no debía haber gemido. Me mordí el labio mientras miraba de reojo la reacción de Brayan.Para mi sorpresa, me estaba mirando mientras sonreía. Había oído ese sonido indecente.—Qué sensible eres. Gimes con un toquecito —dijo entre risas, sin reparo.—No diga esas cosas... ¡Ah!Antes de que pudiera terminar, Brayan aumentó la presión y siguió estimulando mi pezón erguido sin contenerse, inclinado sobre mí y hablando sin articular bien las palabras.Sentía una vergüenza terrible y quería pedirle que dejara de hablar, pero sus palabras también me provocaban una emoción que no sabía explicar.Sus movimientos descarados y violentos me hacían sentir un hormigueo por todo el cuerpo y me dejaban sin fuerzas, ah... ¡Se sentía demasiado bien!Avergonzada por mis propios sonidos, vi que incluso le escurría un líquido blanco por los labios. Mi vergüenza iba en aumento

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