Home / Romance / Lo siento, tu tío me desea. / Capítulo 5. Sorpresa.

Share

Capítulo 5. Sorpresa.

Author: Amaranthax
last update publish date: 2026-09-01 03:23:08

Al día siguiente, Sara intentó moverse en la cama y soltó un quejido por el dolor que sentía en todo el cuerpo.

¿Dónde había quedado el "no forzaré nada entre nosotros"?

Esa noche Víctor había perdido el control por completo.

Sara se incorporó despacio, dejando a la vista las marcas esparcidas por su piel. Víctor ya se había marchado; después de lo de anoche, no sabía cómo mirarlo a la cara de nuevo.

—Dios, esto no estaba planeado —murmuró ella, con la voz áspera por la noche anterior.

Rápidamente su teléfono sonó. Era Marcia.

—Sara, cariño, te tengo una bomba: el idiota de Mateo ya anunció formalmente su compromiso con la tal Mariana. Está en la prensa.

Sara reaccionó con calma.

—Lo cumplió, al fin y al cabo.

—Ustedes acaban de separarse y el muy miserable ya le está anunciando a todos que se casará con esa mujer.

—Que Mateo haga lo que quiera, no me importa. Marcia, tengo algo que decirte.

—Sí, porque cuando llegué no vi tus cosas. Supongo que te fuiste a tu apartamento.

—Marcia, me casé ayer.

—¿Qué dices?

—Me casé con Víctor Arismendi.

—No puede ser. El tío de Mateo. Se te volaron los tapones.

—Para nada. Me ofreció más de lo que Mateo podría darme con chantajes. Sencillamente no pude rechazar la oferta.

—Sigo sin entender nada. Es el tío de Mateo, por Dios. Emparentarte con él, vaya que locura.

—Así es. Ahora soy su tía política.

—¿Haces esto por venganza?

—También. Pero casarme con Víctor es lo mejor para mi futuro. No tengo a nadie en el mundo, y tú lo sabes.

—Pero tú no lo amas.

—Obvio que no. Esto es complicado.

—Tienes mucho que contarme en persona, Sara Bermúdez. Nos vemos.

Tras terminar la llamada, recibió un mensaje de la constructora: a partir de ahora formaría parte de la gerencia de proyectos, con supervisión directa sobre el diseño estructural y arquitectónico de los desarrollos en curso.

Se quedó mirando el teléfono y el mensaje con incredulidad. Todo se estaba moviendo demasiado rápido.

Esa tarde se presentó en el edificio principal de la constructora, algo que rara vez hacía porque su trabajo siempre había estado en el campo y no en oficinas.

—Arquitecta Bermúdez, la están esperando en la sala de juntas —le dijo la asistente con una sonrisa nerviosa.

El director de proyectos le explicó su nuevo cargo: supervisaría los desarrollos residenciales de la costa, incluido el proyecto en Malibú en el que ya trabajaba.

—Quiero aprovechar para presentarle a alguien que se unió al equipo hace apenas unos días —dijo el director—. Trabajará de cerca con usted en la parte estructural.

La puerta se abrió.

Entró una mujer joven, cabello oscuro recogido, blazer moderno. Sara la reconoció de inmediato: la había visto esa misma mañana en las fotos que Marcia le envió.

Mariana.

—Ingeniera Mariana Solórzano, especialista en estructuras —la presentó el director—. Ella es la arquitecta Sara Bermúdez, nuestra nueva gerente de proyectos.

Mariana sonrió con una calidez que a Sara le pareció casi calculada.

—Un placer, Sara —dijo, extendiendo la mano—. He escuchado mucho de tu trabajo en Malibú.

—Gracias. Bienvenida al equipo —respondió Sara, cuidando su rostro.

El director se disculpó para atender una llamada, dejándolas solas. El silencio se sintió tenso.

—Sé quién eres, la ex de Mateo —dijo Mariana al fin, todavía sonriendo, pero con la voz más baja—. Y quiero que sepas que no tengo ningún problema contigo.

—Yo tampoco lo tengo contigo —contestó Sara—. Lo que Mateo decida hacer con su vida ya no es asunto mío.

—Me alegra que lo veas así —dijo Mariana, sentándose en el borde de la mesa—. Porque yo tengo mucho que ganar con este compromiso. Mateo no es cualquier hombre.

—Lo sé. Estuve dos años con él.

—No me refiero a eso —bajó la voz, como compartiendo un secreto valioso—. Mateo Arismendi es heredero de una de las familias más influyentes de Estados Unidos. Yo lo conozco muy bien, Sara. Mejor de lo que crees.

Sara sintió una punzada extraña, no de celos, sino de algo más parecido a la alarma.

—Me alegra que lo conozcas tan bien —respondió, poniéndose de pie—. Espero que seas feliz con él.

—Lo seré —Mariana sonrió de nuevo—. Y espero que tú también lo seas.

De repente, Mariana miró la mano de Sara, que llevaba un anillo de matrimonio sumamente costoso en el dedo anular, y se agitó, pensando que era de Mateo.

—¿Y ese anillo? ¿Te lo dio Mateo?

—Vaya que eres bien observadora —dijo Sara—. No, no me lo dio Mateo, sino mi esposo. Me casé ayer.

—¿Te casaste? —la sonrisa desapareció del rostro de Mariana.

—Sí.

Apenas había terminado con Mateo y ya estaba casada; Mariana parecía pensar que se estaba burlando de ella.

—Felicidades —susurró Mariana finalmente.

—Gracias —contestó Sara.

—¿Y quién es el afortunado? —insistió Mariana—. Con confianza, ya somos compañeras de trabajo.

—Ya lo conocerás —dijo Sara, sin más explicación, y se despidió con un gesto breve antes de salir de la sala.

En cuanto se quedó sola, Mariana sacó su teléfono, se apartó hacia el pasillo y marcó un número.

—¿Aló?

—Mateo, no vas a creer con quién me pusieron a trabajar. Con Sara Bermudez tu ex. Por pura casualidad quedamos en el mismo proyecto de la constructora.

—¿En serio, trabajaras con ella? —preguntó él, sin poder disimular el interés.

—Sí, cariño. De hecho, tengo que contarte algo más: se casó.

—¿Qué? ¿Con quién?

—Eso es lo que no me quiso decir. Pero el anillo que trae puesto no es de cualquiera, Mateo. Sea quien sea con quién se casó, tiene dinero.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (2)
goodnovel comment avatar
Emily Rose
No la soporto ojalá no se ponga fastidiosa más adelante la Mariana esa.
goodnovel comment avatar
Emily Rose
La Mariana es una chismosa, que tiene que decirle ella al Mateo, chismosa
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 15. Extraña confusión.

    Habían pasado dos días desde que Sara estaba en la obra por trabajo. Casi no había tenido oportunidad de salir, ni siquiera para tomar un café con sus compañeros.Se sentía aliviada de que Mariana no estuviera con ella; eso había hecho el viaje mucho más llevadero.Víctor ni siquiera la había llamado en todo ese tiempo, ni contestaba sus mensajes.Ella pensaba que debía de estar atiborrado de trabajo, como siempre. Después de terminar su jornada, Sara se fue a descansar a su hotel.Se sentó en la cama, pidió un café al servicio a la habitación y, por un impulso, tomó su teléfono para llamar a Víctor.Dejó la taza sobre la mesita de noche y marcó el número, esperando escuchar esa voz grave y segura que ya empezaba a extrañar.Cuando contestaron, la voz al otro lado de la línea no era la de Víctor. En su lugar, era la voz de un niño que no debía de tener más de cinco años.Sara se quedó conmovida por la sorpresa. Al darse cuenta de lo que estaba escuchando, el corazón comenzó a latirle

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 14. Entre el deseo y la paciencia.

    En la mansión, Sara estaba acomodando su maleta para viajar a las afueras de la ciudad, a una obra que le habían asignado supervisar.La habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por la lámpara de su mesa de noche, y afuera, el jardín se veía envuelto en esa quietud espesa que solo llega pasada la medianoche y Víctor aún no regresaba a casa.Dejó la maleta a un lado, sobre la cama, y se quedó mirando la ropa a medio doblar sin verla realmente.De pronto, la duda comenzó a rondarle la cabeza, insistente, como un zumbido que no la dejaba concentrarse en nada más.No sabía si llamarlo para preguntarle dónde estaba, ya que su matrimonio no era convencional, y esa clase de preguntas no encajaban del todo en el acuerdo que habían firmado.Por otro lado, Víctor ya le había advertido, desde el principio, que siempre estaba ocupado y que no solía pasar mucho tiempo en casa.Ella lo sabía. Lo había aceptado. Y, sin embargo, ahí estaba, revisando el reloj cada pocos minutos como si eso fue

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 13. La verdadera intención.

    A las diez de la noche, Víctor se encontraba en casa de su mejor amigo, Iván Gallardo, quien había regresado ese mismo día de Londres.Cuando Víctor llegó, Iván ya tenía puesta la mesa con piqueo y tragos, como si lo hubiera estado esperando desde antes.Iván era un médico reconocido en el país, un importante cirujano bariátrico. Sus antecedentes familiares eran igual de poderosos que los de los Arismendi, y ambos tenían su propio peso —cada uno en su campo— dentro de los círculos más cerrados de Los Ángeles.—Por fin viniste a verme.—No exageres, si recién llegaste ayer de viaje —contestó Víctor con voz calmada, desabotonando su saco oscuro para quitárselo mientras una de las empleadas de la casa se acercaba discretamente para llevárselo.Víctor tomó asiento frente a él, aflojando ligeramente el nudo de su corbata.—Cuéntame cómo va todo.Víctor tomó el vaso, sintiendo el frío vaso contra sus dedos.—En la empresa todo va viento en popa.Iván soltó un resoplido divertido y se dejó c

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 12. Curiosidad.

    ¿Víctor tenía pareja?La pregunta le daba vueltas en la cabeza como un disco rayado, golpeando contra su mente.Jamás había escuchado una sola palabra al respecto. Su tío era muy discreto, un hombre que mantenía su vida privada bajo siete llaves.—Me tengo que ir, Elena —soltó Mateo de golpe, retrocediendo hacia la puerta. Necesitaba aire.—¿No vas a comer, muchacho? —insistió el ama de llaves, mirándolo con preocupación.—Te dije que no tengo hambre.Mateo salió de la mansión casi huyendo, con la mente hecha un manojo de confusión.Mientras caminaba hacia su auto, repasó mentalmente el historial de su tío. Durante años, Víctor había mantenido a raya a todas las mujeres que intentaban acercarse a él.Mateo lo había visto rechazar con frialdad a un sinfín de ellas, desde modelos deslumbrantes hasta mujeres ricas y herederas de grandes fortunas que prácticamente se le ofrecían en bandeja de plata.Entonces, ¿quién demonios era aquella joven? ¿Y por qué Elena la había descrito exactamen

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 11. Rostro de muñeca.

    Media hora más tarde…Mateo cruzó la puerta de la mansión de forma inesperada, con el rostro tenso y los hombros cargados de agotamiento. Apenas entró, interceptó a una de las empleadas en la sala.—¿Y mi abuelo? —preguntó de inmediato.—Está en su habitación, joven.Mateo asintió en silencio y caminó a paso rápido por el largo pasillo.Había pasado los últimos días intentando mantenerse ocupado, llenando sus horas con distracciones para fingir que no le importaba el caos en el que se había convertido su vida.Cuando entró en la habitación, encontró al señor Pablo sentado al borde de la cama, mientras la enfermera acomodaba algunas medicinas en la mesita de noche. Al escuchar la puerta, el señor levantó la mirada.Durante unos segundos, observó a Mateo con fijeza. De pronto, su rostro se iluminó con una ternura que el joven sintió un nudo repentino apretándole la garganta.—Hola, muchacho. Es bueno verte.Mateo sintió que el pecho se le aliviaba y sonrió, acercándose.—Hola, abuelo.P

  • Lo siento, tu tío me desea.   Capítulo 10. Visita a su padre.

    Tal como Víctor había dicho, llegaron a la imponente mansión Arismendi al caer la tarde.La propiedad, ubicada en una de las zonas más exclusivas de Los Ángeles, era enorme; sus jardines inmaculados y su arquitectura majestuosa parecían sacados directamente de las páginas de una revista de lujo.Apenas cruzaron la entrada, el silencio del lugar los envolvió. Una de las empleadas los recibió con discreción y les indicó que el señor Pablo se encontraba en el jardín.Cuando llegaron a la parte trasera, encontraron al anciano sentado bajo la densa sombra de un árbol.Lo acompañaba su enfermera, atenta a cualquier movimiento. Pablo tenía una manta sobre las piernas y sostenía una taza entre las manos.Parecía tranquilo, con la mirada perdida en sus propios pensamientos, ajeno al mundo que lo rodeaba.Sin embargo, al levantar la vista y notar la presencia de Sara, su expresión cambió abruptamente.La escrutó durante unos segundos con una mirada tan penetrante que ella sintió un cosquilleo d

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status