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Los Dedos Milagrosos del Doctor Vidal
Los Dedos Milagrosos del Doctor Vidal
مؤلف: Celestino Garza

Capítulo 1

مؤلف: Celestino Garza
—Paciente número treinta y cuatro, Julieta Miranda. Pase al consultorio uno.

Lo descubrí por casualidad unos días atrás. Mi vida sexual con Gonzalo Rueda, mi novio desde hacía años, no iba bien. Tengo estrechez vaginal congénita y ni siquiera puedo tener sexo con un hombre de tamaño promedio.

Al notar lo decepcionado que estaba mi novio, me sentí abrumada por la culpa. Después de pensarlo varios días, al fin decidí ir al hospital. Jamás imaginé que el médico que me atendería sería Christian Vidal.

Era amigo de Gonzalo. Nos habíamos visto apenas unos días antes.

—Señorita Miranda, hay muchos pacientes esperando su turno. Pase, por favor.

Su voz melodiosa me sacó de mis pensamientos y mi primer impulso fue salir corriendo.

—Este… doctor, acaba de salirme un imprevisto…

—¿Está cuestionando mi ética profesional?

Al notar que Christian estaba disgustado, me callé y entré a regañadientes. Hasta entonces, para mí no había sido más que el amigo de Gonzalo. Me trataba con amabilidad y a veces hacía bromitas.

Pero ahora los papeles habían cambiado. Éramos paciente y médico. Me daba tanta vergüenza que no podía ni mirarlo y mantuve la cabeza abajo. En el silencio del consultorio solo se oía a Christian pasar las hojas del historial clínico.

Lo revisó con atención durante un buen rato antes de hablar.

—El historial no es muy detallado. Necesito aclarar algunos aspectos con usted.

Sonrojada, asentí.

—Entonces, cuénteme con detalle qué pasó esa noche y cómo terminó todo.

La pregunta me tomó por sorpresa.

—¿Eh? ¿E-eso también tengo que contarlo?

Era bastante reservada, y contar algo tan íntimo delante de un conocido me resultaba casi imposible. Pero pensé en mi recuperación y en mi futuro con Gonzalo, así que reuní valor y hablé.

—La noche de la cena cuando nos comprometimos, cuando ya se habían ido todos los invitados… Gonzalo y yo habíamos bebido. Entonces él me cargó a la cama…

Me mordí el labio sin darme cuenta. Christian me miraba con calma, y eso me tranquilizó un poco.

—Estábamos algo tomados y nos quitamos la ropa. Él… él se puso sobre mí y, cuando intentó penetrarme, no pudo.

Al contar esa parte, reviví sin querer las imágenes de aquella noche. Mientras hablaba, Christian siguió observándome atentamente. Tuve la inquietante sensación como si…

Como si él hubiera estado de pie junto a la cama, observándonos a Gonzalo y a mí…

Me moría de vergüenza y no me atrevía a mirarlo a la cara. A pesar de estar vestida y bien arreglada, me sentía tan expuesta como si estuviera desnuda.

—Esa noche, ¿Gonzalo la acarició?

—Sí, pero muy poco.

—Descríbame cómo la acarició.

Después de todo lo que ya le había contado, revelar ese detalle no podía darme más vergüenza.

—Me tocó ahí arriba… y también la cintura —respondí, tratando de recordar—. Había bebido y fue algo brusco.

Cuando terminé mi relato, Christian parecía haber sacado una conclusión.

—Esa noche no sintió casi nada, ¿verdad?

Tardé un instante en responder; me sorprendió que lo hubiera deducido. Asentí porque era cierto. Christian guardó silencio un momento.

Tomó una pluma, anotó algo en el historial y luego me miró muy serio.

—En principio, podría tratarse de una malformación congénita de los genitales. Quizá el útero tampoco se haya desarrollado con normalidad. Pero tendremos que confirmarlo con estudios más detallados.

Al escuchar la palabra “malformación”, entré en pánico.

—¿Y entonces qué hago? ¿Esto se puede curar?

Christian asintió. Suspiré aliviada, pero sus siguientes palabras me pusieron en un aprieto.

—Voy a prepararle un plan de tratamiento, pero antes debo decirle algo importante… Durante el tratamiento habrá mucho contacto físico íntimo entre nosotros. Es inevitable.

Confundida, murmuré:

—¿Qué tan íntimo?

Christian seguía indiferente, pero lo que decía era inapropiado.

—Por ejemplo, besos, caricias y también…

Entendí la insinuación y empecé a dudar. El tratamiento podría curarme, sí. Pero someterme a ese tratamiento, ¿no era traicionar a Gonzalo?

Al ver que no respondía, Christian bajó la mirada, evidentemente disgustado.

—Le doy mi palabra de que, si sale hoy por esa puerta, nadie más podrá curarla. No ponga en duda mis habilidades como médico.

Sentí un escalofrío.

—A-acepto el tratamiento…

Christian asintió al escuchar mi respuesta y se levantó.

—Bien. Entonces acompáñeme. Primero le haré un examen preliminar.

Me llevó al cubículo contiguo. El espacio era pequeño; solo había una camilla. Miró la camilla para indicarme que subiera.

Me senté en el borde y estaba por quitarme los tacones para recostarme, pero él me detuvo.

—No se los quite. Así el estímulo visual será mayor y eso ayudará al tratamiento.

Aunque no entendí por qué, obedecí al doctor sin protestar. Me acosté boca arriba en la camilla. A mi lado, él se puso los guantes con calma.

—¿Empezamos?

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