Share

Capítulo 2

Author: Viejo Verde
Antes de que pudiera acercarme, la mujer abrió los ojos de golpe. Pegué un brinco y tragué saliva.

Sonreí, nervioso.

—Preciosa, ¿tú... tú estás bien?

Sabía que en ese momento debía dar media vuelta y largarme de ese lugar peligroso, pero las piernas no me obedecían. Y empezaba a tener esperanzas. ¿Qué esperaba? No estaba muy seguro.

Conforme me acercaba, la mano de la mujer fue aflojando el ritmo, y los quejiditos se volvieron entrecortados.

—Ay mmm... mmm-hmm... oh...

Cada uno de esos quejiditos me quemaba por dentro como un fósforo arrojado a la gasolina. Se me tensó todo el cuerpo, sentía que no aguantaría más.

Tras un rato, la mujer sacó la mano de debajo del vestido con calma y levantó la mirada hacia mí. Tenía los ojos húmedos y una mirada provocadora.

—Ayúdame… me pusieron algo, me siento…

Ah, con razón. La habían drogado. Por eso de pronto se puso a tocarse ahí en el pasillo. No la separaban más que unos diez pasos de su departamento; por muy desesperada que estuviera, no tenía que aguantarse tanto.

Aunque en ese momento el deseo del cuerpo se me iba al tope, y aunque desde hacía rato tenía pensamientos calenturientos con esa mujer, todavía me quedaba un mínimo de decencia. Nunca podría aprovecharme de su debilidad.

Levanté el brazo, me limpié el sudor de la frente y le pregunté si quería que llamara una ambulancia. O si prefería que la llevara al hospital.

Ella negó y dijo que no quería ir al hospital. Pasado un momento, suspiró pesadamente y, con voz suave, dijo:

—¿Me puedes cargar hasta mi casa? Ya no tengo fuerza.

Sin pensarlo respondí que claro que sí; al contrario, no podía pedir más.

Me levanté, le di la espalda y me acomodé el pantalón. Después respiré hondo, me di la vuelta, me agaché y la cargué en brazos.

En cuanto la levanté, ella me rodeó el cuello con los brazos como por inercia. Bajé los ojos un segundo y esos melones blancos y suaves que llevaba tanto tiempo deseando me saltaron a la vista. Inhalé fuerte y por la nariz me llegó un aroma dulce, difícil de nombrar.

Fueron unos cuantos pasos, pero los sentí como caminar sobre brasas: cada paso era emoción y tortura.

Aturdido, escuché a la mujer murmurar:

—Oye... está muy caliente.

Me pasé la lengua por los labios secos y bufé.

—¿No será que la caliente eres tú, y me pegaste el calor?

La mujer entreabrió los labios con una risita y me contradijo.

—Claro que no, eres tú... —Y al decirlo, me metió la mano por el cuello de la camisa.

La puerta se abrió justo en ese momento. Con ella en brazos, me precipité adentro en dos o tres pasos. Sonó un “clac” y la puerta se cerró a mis espaldas.

Apenas la puse en el suelo, ella me agarró la camisa por el borde y empezó a desvestirme. La urgencia con que lo hacía me dio la sensación de que se nos habían invertido los papeles.

En la enorme sala resonaba un jadeo apresurado y pesado; ya no sabía si era de ella o mío.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 7

    Le repetí una vez más qué quería decir con eso. Ella bufó y dijo en tono serio:—No creo que no te hayas dado cuenta de que le pasa algo raro a tu esposa. Entiendo que no sea obvio uno o dos días; uno o dos meses, todavía puedes engañarte a ti mismo. Pero ya pasó más de un año, ¿y en serio no te diste cuenta de nada?Sí me había dado cuenta, solo que no me atrevía a siquiera considerarlo. Tenía miedo de que mi vida actual se viniera abajo.Pensé que mi esposa solo tenía un capricho pasajero, que tarde o temprano volvería a la familia. Como era lógico, vivimos en una sociedad inquieta, hay demasiadas cosas que tientan, y cualquiera tiene un momento de flaqueza.Sin ir más lejos, yo mismo, cuando antes veía a esta mujer, sentí cómo algo se me rompía por dentro sin querer. La mujer notó que quería esquivar el tema y, de pronto, se enojó un poco. De un brinco se plantó frente a la puerta y me cerró el paso.—Damián, ya sabías desde hace tiempo que tu esposa te estaba poniendo los cuernos,

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 6

    Mirando la sonrisa radiante de la mujer, y pensando luego en la cara sombría y furiosa de mi esposa, no pude evitar suspirar. Si tan solo fuera tan dulce y relajada como la vecina.Bueno, en realidad también se podía hacer que mi esposa fuera así de dulce y relajada. Bastaba con que yo tuviera mucho dinero. Cuando pudiera tenerla en un penthouse, ponerle un buen auto y llevarla todos los días a restaurantes de lujo, seguro que sí. Ay, suspiré otra vez.La mujer arqueó la ceja y me preguntó por qué suspiraba, si había dicho algo malo. Sonreí avergonzado y le dije que no era cosa suya, que era problema mío, y al terminar me di la vuelta para regresar a mi departamento.Pero la mujer me detuvo de pronto. Un poco apenada, me dijo que se le había tapado la cañería.Acababa de avisarle a la administración del edificio, y le respondieron que el plomero ya se había ido y que hasta mañana podía pasar a arreglárselo. Pero ella no podía esperar hasta mañana, esa misma noche tenía que usar el bañ

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 5

    Apreté el papelito entre los dedos y me quedé mirándolo un buen rato, con la idea de tirarlo. Pero las imágenes de la noche anterior me cruzaron la cabeza, y no sé qué me dio y guardé el número en el celular.Al llegar a poner el nombre, pensé un momento y escribí “Atención a clientes”; después de hacerlo me di la vuelta, llevé el tóper a la cocina a lavarlo y salí de nuevo rumbo al trabajo.Al mediodía recibí una llamada del delegado del pueblo, que me decía que alguien del pueblo quería comprar la casa de mis padres.La cantidad que ofrecían era bastante buena, y me preguntó si me interesaba venderla. La verdad me sorprendió bastante.Allá en el pueblo llevaban varios años con el rumor de que una compañía grande quería comprar los terrenos, y los vecinos se lo creyeron al pie de la letra; uno tras otro arreglaron las casas en mal estado y les agregaron varios pisos encima.Pero ese rumor lleva ya tres años circulando y, hasta hoy, no se vio ni la sombra de una demolición.Yo no pensa

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 4

    La sensación de que estaba aún más empapada que antes me dejó el cuerpo rígido y la cabeza en blanco; aquellas palabras de rechazo que repetía me quedaron atoradas en los labios.Al verlo, ella se puso de puntitas y me sopló aire caliente dentro del oído; después de sentir cómo me temblaba el cuerpo, empezó a frotar esos melones tibios contra mi pecho… y con la lengua resbalosa y ardiente me dejó la nuez de Adán bañada en saliva.Aunque hubiera sido un santo en cuerpo y alma, con semejante provocación no había manera de aguantar…La sujeté contra el marco de la puerta y, apretando los dientes, le murmuré:—Ay, qué diablilla, qué bien sabes provocarme. Dime, ¿con cuántos hombres te has metido?Ella me sonrió con coquetería y dijo en voz suave:—Tú eres el primero…Sí, claro, a otro perro con ese hueso.—Conque no quieres decir la verdad… ya verás cómo te pongo en tu lugar.Apenas terminé de hablar, le levanté con fuerza ese trasero carnoso y le metí cadera con todo…—Ay… mmm… ah…Esta m

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 3

    Esas manos que hacía un momento se movían sin freno entre las piernas de la mujer ahora recorrían mi cuerpo por todos lados.Sus manos eran suaves y resbalosas, y traían algo de humedad; cuando me di cuenta de qué era esa humedad, un incendio de deseo me quemó la razón.Como lobo hambriento que llevaba mucho tiempo sin comer, le arranqué el vestido y hundí la cabeza en su pecho sin contenerme.—Sss... mmm... ah... me duele, me duele, me duele, no... no me muerdas, todo es tuyo... nadie te lo va a quitar.El grito de dolor de la mujer me hizo recuperar algo de cordura; me apuré a aflojar el mordisco y le pedí perdón.—No... no... no te disculpes, solo no uses los dientes, pero me gusta que seas brusco.Mientras lo decía, la mujer me indicó con un gesto que siguiera, y al mismo tiempo me tomó la mano y la llevó hacia abajo...Al sentir esa humedad en la punta de los dedos, la cabeza me retumbaba, todo el cuerpo me empujaba a lanzarme ya.Pero entonces se me cruzó la imagen de mi esposa,

  • Los Sabrosos Melonis de La Verdad   Capítulo 2

    Antes de que pudiera acercarme, la mujer abrió los ojos de golpe. Pegué un brinco y tragué saliva.Sonreí, nervioso.—Preciosa, ¿tú... tú estás bien?Sabía que en ese momento debía dar media vuelta y largarme de ese lugar peligroso, pero las piernas no me obedecían. Y empezaba a tener esperanzas. ¿Qué esperaba? No estaba muy seguro.Conforme me acercaba, la mano de la mujer fue aflojando el ritmo, y los quejiditos se volvieron entrecortados.—Ay mmm... mmm-hmm... oh...Cada uno de esos quejiditos me quemaba por dentro como un fósforo arrojado a la gasolina. Se me tensó todo el cuerpo, sentía que no aguantaría más.Tras un rato, la mujer sacó la mano de debajo del vestido con calma y levantó la mirada hacia mí. Tenía los ojos húmedos y una mirada provocadora.—Ayúdame… me pusieron algo, me siento…Ah, con razón. La habían drogado. Por eso de pronto se puso a tocarse ahí en el pasillo. No la separaban más que unos diez pasos de su departamento; por muy desesperada que estuviera, no tenía

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status