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Capítulo 6

Author: Hugo Rico
Alejandro resopló y me dijo:

—Irene, todos los días tienes la cabeza en cualquier cosa menos en el trabajo, pero para estos asuntos inútiles sí que te muestras bastante diligente. Pero no creas que con eso voy a perdonarte. Hiciste un berrinche y congelaste la tarjeta bancaria, me hiciste quedar mal frente a nuestros socios, y al final fue Sofía quien tuvo que pedir dinero prestado por todas partes para pagar los gastos. No es que no pueda perdonarte, pero antes de eso, tenemos que darle a Sofía la compensación que merece. El departamento donde vive ahora está en remodelación y por el momento no se puede habitar. Desocupa esta habitación para que ella se quede aquí una temporada, y yo tampoco seguiré reclamándote por lo ocurrido.

Negué con la cabeza.

—Pero esta casa ya la vendí.

—¿La vendiste? —Alejandro abrió los ojos, sorprendido.

Antes de que pudiera preguntar algo más, Sofía dijo:

—¿Será que Irene piensa vender esta casa para comprarte una más grande y compensarte?

A Alejandro la idea le pareció razonable, y su expresión se relajó de inmediato.

—Es cierto, ya llevamos bastante tiempo viviendo aquí. Ya es momento de comprar algo más grande. Cuando llegue el momento, yo pondré parte del dinero contigo. Por ahora, no la vendas, justo puede servirle a Sofía.

—Ay, qué pena —dijo Sofía—. Entonces pagaré la renta según el precio del mercado.

—¿Qué renta? —el rostro de Alejandro se puso serio—. Soy tu jefe, ¿cómo voy a dejar que pagues alquiler?

—No, eso no estaría bien. La renta debo pagarla.

—Entonces que sean unos pocos cientos, y listo.

Los dos actuaban en perfecta complicidad, y Alejandro mostraba una actitud completamente despreocupada respecto al alquiler.

Esta casa estaba en el centro de la ciudad, el alquiler en el mercado rondaba casi los dos mil dólares al mes, pero para él era algo sin importancia. Sin embargo, cuando salíamos juntos, incluso los gastos de una comida o del cine los calculaba conmigo hasta el último centavo. Cuando no hay amor, se nota. Y cuando lo hay, también.

—¿Y bien? Si aceptas, lo del divorcio todavía puedo reconsiderarlo.

—No hace falta reconsiderar…

—¿Cómo crees que eso va a estar bien? Perdonarte así , tan fácilmente, sin que aprendas la lección… ¿qué pasa si vuelves a cometer el mismo error?

Alejandro me interrumpió, creyendo que yo quería que desistiera de la idea de divorciarse.

Sofía, a su lado, soltó una risita.

—Alejandro tiene razón, pero hazlo por mí, perdona a Irene, ¿si? Además, después de tantos años de matrimonio, sería una lástima separarse ahora.

Alejandro se quedó pensativo.

Sofía, sin pensarlo ,se le acercó, lo tomó del brazo y lo sacudió suavemente, con una mirada tierna, coqueta.

Él le murmuró que no molestara y se dejara de tonterías, pero su sonrisa lo delataba, estaba encantado.

—Está bien. —dijo finalmente.

Luego me miró, satisfecho.

—Ya que Sofía también intercede por ti, te perdonaré esta vez. Mejor dale las gracias —me advirtió—. Después de cómo la trataste, ella aun te ayuda sin rencor. Olvídalo, entonces… este divorcio…

—Te equivocas.

No lo dejé terminar. Con voz tranquila, interrumpí y puse el acuerdo de divorcio frente a él.

—Lo que quiero decir… es que ya estamos divorciados.
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