แชร์

Me Cancelaron por Darles una Guardería
Me Cancelaron por Darles una Guardería
ผู้แต่ง: Blanca Pérez Herrera

Capítulo 1

ผู้เขียน: Blanca Pérez Herrera
"Cris, mira. Esto es lo que hicieron hoy los niños: una figurita con hojas y pétalos."

La jefa de Administración me mandó varias fotos. En ellas, un grupo de peques rodeaba a un profe extranjero. Con hojas y pétalos armaban animalitos, y todos se veían felices, con esa risa que me desarma.

Las miré y, sin darme cuenta, se me fue dibujando una sonrisa.

Yo fundé esta empresa con una idea muy clara: que las mujeres casadas y con hijos pudieran trabajar sin esa angustia constante de "¿y mi hijo, con quién se queda?". Un lugar donde no tuvieran que elegir entre su carrera y su familia.

Por eso le metí una inversión fuerte, de las que duelen, y en un edificio corporativo donde cada metro cuesta una fortuna, armé una guardería.

No fue cualquier cosa: el espacio se hizo con materiales ecológicos de primera; contraté solo maestras profesionales, y la comida la diseñó una nutricionista, con menús pensados para cada etapa. Todo bien hecho, todo con estándares altos.

El costo por cada niño, cada mes, superaba los 800 dólares. Y aun así, para las empleadas de mi empresa era gratis.

Las mamás de la empresa, casi todas, los trajeron. Se ahorraban el traslado, el corre-corre, y también el gasto altísimo de una guardería privada.

La guardería llevaba tres meses operando y los comentarios eran buenísimos. Yo de verdad pensé que mi buena intención iba a ser cuidada, apreciada, entendida.

Hasta que me llegó una notificación en el celular. El título decía:

"Mi jefa construyó una guardería gratis, pero yo solo quiero huir de esta cárcel."

Le di clic. La autora era una empleada del área de Operaciones: Reina Mirón.

En su publicación escribió:

"Todo el mundo envidia que en nuestra empresa haya guardería gratis. Dicen: ‘claro, solo una jefa mujer puede empatizar con las mujeres’. Pero no tienen idea: esto es la trampa más fina de los capitalistas. Nos amarra con los hijos y nos deja sin excusas para negarnos a quedarnos hasta tarde. ¿Qué en casa no hay quien los cuide? Perfecto, la empresa te los cuida. Entonces nos toca aguantar, igual que las jóvenes sin cargas familiares, quedarnos a trabajar ‘con gusto’. Esto no es un beneficio: es una forma disfrazada de exprimirnos, usando el cariño y la maternidad como carnada."

Y al final remató con una foto de espaldas "en pleno turno nocturno", con la frase:

"Yo no quiero estar atada. Solo quiero ser una mamá normal: salir a tiempo, volver a casa y hacerle una comida a mi hijo."

Me dio risa, pero de coraje.

Para empezar, el lugar de esa foto ni siquiera era de mi empresa. Y luego, lo más absurdo: aquí nunca obligamos a hacer horas extra. Es más, para cuidar a las mamás, la empresa tiene una regla explícita: después de las cinco de la tarde no se agenda ninguna reunión.

El "me hacen quedarme" era puro invento.

Y lo de "quiero volver a cocinarle a mi hijo" ya rayaba en lo ridículo, porque su hijo estaba todos los días en la guardería, comiendo mejor que en muchísimas casas: un menú más balanceado, más completo, más variado.

Pero claro… eso en redes no importa. Los comentarios, como era de esperarse, explotaron:

"¡No puede ser! ¡Qué jefa tan retorcida, qué manera de manipular!"

"Yo siempre lo digo: ningún capitalista es buena gente."

"Cada ‘beneficio’ viene con su precio escondido."

"¡Exhíbanla! ¡Nosotros te ayudamos a tumbar esa empresa!"

Yo apreté el celular con tanta fuerza que se me blanquearon los nudillos.

Llamé a mi asistente y fui al grano:

—Tráeme a Reina. Ya.

No pasaron ni dos segundos y tocaron mi puerta.

Reina entró y detrás de ella venían varias mamás empleadas. Entre ellas estaba Abril Escobar.

El mes pasado a Abril se le vino encima un problema familiar; yo misma le aprobé quince días de licencia con goce de sueldo, y todavía le adelanté tres meses de salario para que pudiera resolver lo urgente. Y ahora la tenía ahí, con la cabeza baja, parada detrás de Reina.

—Cristina, ¿podemos hablar?

Reina levantó la barbilla y, sin esperar invitación, se sentó en el sillón frente a mí como si esto fuera su sala.

—Supongo que ya vio mi publicación. Lo que dije es lo que todas pensamos.

La miré, sin una pizca de calor en la voz.

—¿Cómo es que un beneficio termina siendo una trampa cuando tú lo cuentas? Yo invierto más de 800 dólares al mes por cada niño. ¿Y tú me dices que eso es "explotación"?

Reina soltó una risa corta, de esas que no tienen nada de inocentes.

—¿800 dólares? No me vengas con cuentos. Ese dinero no entra en mi bolsillo. Yo no necesito sus ideas bonitas de educación. Nosotras, las mamás, somos más prácticas.

Se inclinó hacia adelante y me miró con esa ambición descarada que no se disfraza ni con perfume.

—Tome lo que gasta en la guardería y conviértalo en dinero en efectivo. Denos un subsidio. Así cada quien decide si se queda con sus hijos, si paga niñera, lo que sea. Eso sí es libertad. Eso sí es un beneficio real. ¿Me entiende?

No era libertad lo que quería. Lo que quería era convertir un beneficio colectivo en efectivo, así de simple.

Entonces barrí con la mirada a las que tenía detrás, una por una, esperando que alguien me sostuviera la mirada. Pero todas evitaban verme, todas bajaban la vista, como si el piso les diera respuestas.

Solo Abril levantó la mirada un segundo; se le temblaron los labios, como si quisiera decir algo. Pero Reina se giró de inmediato y la fulminó con los ojos, y Abril volvió a agachar la cabeza.

Yo respiré hondo, tratando de bajarle al enojo.

—La política de beneficios se aprobó en la junta directiva. No voy a cambiarla por el pedido irracional de una sola persona.

—¿Irracional?

Reina se rió como si acabara de escuchar el chiste del siglo.

—¿Todavía no entiendes cómo está el panorama?

Sacudió el celular frente a mí. En la pantalla estaba su publicación, y los likes y comentarios subían a una velocidad ridícula.

—Esto ya no es mi exigencia. Es la voz de todas las mamás trabajadoras que están hartas de ser oprimidas.

Yo me contuve, pero la voz me salió dura:

—El beneficio está ahí. Si no lo quieres usar, no lo uses. Yo no tengo obligación de acomodar todo a tu antojo.

Reina se levantó, se fue molesta y al salir azotó la puerta. Y aun así, antes de irse, se dio la vuelta para soltar su amenaza, bien medida, bien calculada:

—Si no aceptas lo que pedimos, no te garantizo el tamaño que va a agarrar esto mañana.
อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 9

    Al día siguiente, en el tablero de anuncios de la empresa, aparecieron dos comunicados pegados.El primero: un aviso formal de terminación del contrato laboral de Reina.El segundo: el documento oficial de admisión del tribunal, confirmando que el tribunal ya había recibido la demanda de la empresa contra Reina, a título personal, por 1.25 millones de dólares.Abril fue señalada como la "pieza clave", pero su vida dentro de la empresa se volvió un infierno silencioso. Nadie quería colaborar con ella, nadie quería sentarse a su lado, todos la evitaban como si fuera contagiosa.Conservó el trabajo, sí. Pero perdió lo más básico que puede tener una persona en un lugar así: dignidad y confianza.Una semana después, Sergio vino en persona a mi oficina. No mencionó el escándalo, solo me entregó un acuerdo de colaboración totalmente nuevo, con el doble de inversión.—Felicidades.Me miró con una sombra de aprobación, casi como si estuviera evaluándome.—Demostró que no es de las líderes que s

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 8

    Volví a mi oficina, me preparé un café y me senté a esperar, en silencio.No habían pasado ni diez minutos cuando tocaron la puerta. La primera en entrar fue Abril.Traía una USB bien apretada en la mano, como si fuera un salvavidas.—Cristina…Apenas cruzó la puerta, se arrodilló frente a mí.—¡Me equivoqué! ¡De verdad me equivoqué! ¡A mí me engañaron!Se le quebraba la voz, lloraba a chorros. Y entre sollozos empezó a bajar la cabeza, una y otra vez, como si con eso pudiera borrar lo que hizo.Alzó la USB por encima de la cabeza.—Aquí está todo… todo el chat donde Reina planeó desde el principio cómo iba a inflar el escándalo, paso por paso, para obligarte a ceder. También contactó a una agencia de relaciones públicas de fuera. Quería destruirte la reputación, dejarte como "la mala capitalista", y luego abrir su propia guardería para llevarse a todas las mamás de aquí. ¡Todo lo armó ella! ¡Nos usó a todas! Por favor… por favor, Cristina, yo siempre he trabajado bien, siempre he cump

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 7

    Me reí.—¿Libertad de expresión?Miré a Reina y se lo dije despacio, para que no pudiera hacerse la tonta.—La libertad de expresión no significa que puedas inventar cosas y difamar como si nada. La libertad tiene un límite, y ese límite es la ley. Cuando se sientan a teclear mentiras para atacar a una empresa que les da trabajo y les paga el sueldo, lo mínimo es que entiendan que eso tiene consecuencias. Y se paga.Mi mirada se deslizó hasta Abril, que estaba pálida, con los ojos clavados en la mesa como si ahí pudiera esconderse.—Y cuando al mismo tiempo disfrutan de la buena voluntad y la ayuda de la empresa, pero por la espalda me clavan el cuchillo, en ese momento ya pierden el derecho a que yo las perdone.Abril se estremeció; el cuerpo le dio un tirón, como si fuera a resbalarse de la silla.—Y lo de "abuso de poder"…Volví a mirar a Reina, con una pizca de burla en la voz.—Yo nada más estoy usando la ley para defender mis derechos. Igual que ustedes quisieron usar la opinión

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 6

    A la mañana siguiente, a las nueve menos diez, la sala grande estaba llena.Reina y Abril iban al frente, liderando a más de veinte empleadas vestidas de negro, alineadas en la primera fila como si fueran un solo bloque. Más atrás, el resto se sentó lejos, en grupitos, cuchicheando con esa vibra de "a ver qué pasa", como público de teatro.Reina seguía dándoles el último empujón.—Acuérdense. En cuanto entre Cristina, nadie abre la boca. Nos quedamos calladas y la miramos. Que hable ella primero. Y si no acepta todas nuestras condiciones, nos levantamos y nos vamos juntas. Directito a la prensa. Hoy no hay medias tintas: es todo o nada.Abril, a un lado, asentía con fuerza.—Sí. Que le quede claro que no nos dejamos.El tiempo se fue estirando, minuto por minuto.A las ocho y cincuenta y nueve.Casi todos los celulares vibraron al mismo tiempo.Les llegó un correo nuevo.Reina lo abrió con fastidio; estaba convencida de que era otro mensaje de "calma", otro intento de apaciguar.Pero e

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 5

    No envié ese correo masivo de inmediato.En cambio, le pedí a mi asistente que saliera y les dejara un mensaje a las empleadas que estaban afuera, que ya estaban a punto de salirse de control.—Cristina dice que está dispuesta a darles otra oportunidad. Mañana, a las nueve, en la sala grande, va a escuchar sus últimas exigencias.Los gritos y el pleito del pasillo empezaron a apagarse, poco a poco, como si alguien hubiera bajado el volumen.Reina, la "culpable" a la que acababan de intentar linchar, no perdió el tiempo. Agarró ese respiro como un salvavidas y se puso a mover a la gente otra vez, directo al grupo de mamás.—¿Ya vieron? Cristina ya se asustó. No se atreve a recortar personal, nada más nos quiso espantar. Mañana tenemos que ir unidas y no aflojar. No solo tiene que devolver la guardería: también nos tiene que dar el subsidio en efectivo, y más alto todavía. Somos un montón, ella no va a aguantar.En el grupo, las mismas que hace rato la estaban insultando empezaron a duda

  • Me Cancelaron por Darles una Guardería   Capítulo 4

    Me di la vuelta y, entre sus gritos de desesperación y miedo, salí de la sala.La guerra interna explotó ahí mismo, en el segundo exacto en que les iban a quitar el plato.Volví a mi oficina y cerré con llave.Del otro lado de la puerta no se detenía nada: llantos, insultos, golpes.—¡Cristina! ¡Me equivoqué! ¡De verdad me equivoqué! ¡Por favor, no cierres la guardería!—¡Yo necesito el sueldo para mantener a mis papás y a mi hijo, no puedo perder este trabajo!—¡Reina! ¡Devuélveme mi puesto! ¡Te voy a romper la cara!Allá afuera ya estaban a golpes, enredadas. Las mismas que ayer se decían "compañeras" y "aliadas" por el bien común, ahora se arrancaban la piel para echarse la culpa.Y todo eso estaba dentro de lo que yo esperaba.Me acerqué al ventanal y miré hacia abajo.Las camionetas de prensa seguían ahí, plantadas, esperando a verme caer. Querían la toma de mi cara hecha pedazos; querían ver a mi empresa desmoronarse para convertirla en nota.Agarré el celular.En la pantalla est

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status