Al día siguiente, el ambiente en la empresa cambió por completo. En los pasillos, en la zona del café, en todos lados… había empleadas susurrando, en grupitos, como si el aire estuviera lleno de chismes.Cuando me veían pasar, esquivaban la mirada. Pero las comisuras de la boca se les quedaban apretadas, aguantándose la risa.El escritorio de Reina se volvió el centro de toda el área.Un montón de gente la rodeaba. De la boca para afuera decían "qué valiente", pero en la cara traían pura emoción, puro morbo, puro "dale".—¡Reina, estamos contigo!—Claro, ¿por qué todo el dinero se lo van a llevar esos extranjeros?—Tú arma el escándalo, no se atreve a corrernos a todas.Cuando pasé por ahí, lo escuché clarito.Ahí entendí que para ellas, yo solo era alguien a quien podían apretar donde quisieran, alguien que podían manejar con dos palabras bonitas.Por la tarde, Abril entró sola a mi oficina. Traía los ojos rojos y una taza de café en la mano.—Cristina, no te enojes. A Reina la inflar
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