LOGINHelen redujo un poco la velocidad al llegar a un semáforo.—Creo que ya no siento lo mismo por Diego —murmuré—. No sé si es por lo que pasó con su asistente o porque, sencillamente, algo se rompió entre nosotros. Antes podía imaginarme a su lado sin dudarlo. Pensaba en nuestra boda, en la casa que tendríamos, en todo lo que queríamos construir juntos. Pero ahora, cuando intento imaginar ese futuro, no sonrió de felicidad como antes. —¿Y cuando piensas en Asdrúbal? —preguntó ella. Suspiré hondo antes de contestarle. —Cuando pienso en él, todo es diferente.—¿Diferente cómo?—No sé explicarlo. Me despierta cosas que creía que nunca iba a sentir. Me hace sentir deseada, viva… Y cuando estoy con él, no tengo que esforzarme por encontrar lo que siento. Simplemente ocurre.Helen permaneció callada un instante antes de responder.—Pero hay un pequeño detalle que no podemos ignorar, querida. Tu Asdrúbal es un hombre casado.—Lo sé. —respondí parcamente. —Y no estamos hablando de alguien q
El trayecto de regreso a casa, se me hizo mucho más corto de lo que esperaba.Helen conducía mientras yo permanecía recostada contra el asiento, con la mirada perdida en los edificios que iban quedando atrás. Había intentado concentrarme en el paisaje, pero mi mente regresaba una y otra vez a lo ocurrido en la oficina de Asdrúbal.Todavía podía sentir sus manos sobre mi cuerpo, recordar la manera en que me había mirado cuando entré y cómo, en cuestión de segundos, toda la distancia que habíamos intentado mantener desapareció entre nosotros.Era absurdo. Había ido hasta Ferrer Construcciones con la intención de hablar. Quería aclarar lo que estaba pasando entre nosotros, saber si aquella atracción significaba algo para él y, sobre todo, descubrir qué lugar ocupaba yo en su vida.Sin embargo, había terminado haciendo exactamente lo contrario: entregándome a él sin conseguir una sola respuesta.Y lo peor era que no me arrepentía.Una sonrisa involuntaria apareció en mis labios.—Oye tía…
Aunque Andrea intentó cambiar de tema, bastó que Diego volviera a besarla e insistirle con suavidad para que ella terminara diciéndole la verdad. —No tienes que contarme nada que no quieras, Andrea. Solo me interesa saber cómo está el mercado.Ella pudo haber guardado silencio. Pudo haber recordado que Asdrúbal confiaba en ella y que aquella información no le pertenecía. Sin embargo, en aquel momento pesaron más los sentimientos que todavía la unían a Diego que cualquier consideración hacia su marido.Terminó contándole los detalles de la negociación. Le habló sobre las condiciones que Asdrúbal había conseguido, el margen económico que estaba dispuesto a aceptar y el momento previsto para presentar la propuesta definitiva.Diego escuchó con atención.Unos días después, se adelantó a Ferrer Construcciones y presentó una oferta que coincidía exactamente con las condiciones que exigía la cadena hotelera. Se quedó con el contrato. Asdrúbal nunca consiguió demostrar que Andrea había sido
Las puertas metálicas del ascensor se abrieron. Andrea dio un paso hacia el vestíbulo. Su primera intención había sido regresar al despacho de Asdrúbal y exigirle una explicación. No estaba dispuesta a marcharse sin saber qué hacía Clara Valdés en aquella empresa ni por qué su marido había autorizado personalmente que la recibieran.Sin embargo, se detuvo antes de avanzar.No. No podía actuar impulsivamente.Había aprendido hacía mucho tiempo que las emociones eran malas consejeras cuando se trataba de conseguir lo que uno quería. Y, aunque la presencia de aquella mujer le había provocado irritación y dudas, no iba a cometer el error de enfrentarse a Asdrúbal sin tener algo más que sospechas.Primero necesitaba averiguar quién era Clara, qué buscaba allí y, sobre todo, qué clase de relación tenía con él. Había algo que no terminaba de encajar. Clara era la prometida de Diego Manrique. La había visto junto a él durante la cena empresarial. ¿Qué podía llevarla a buscar trabajo precisa
Mientras tanto, en el interior de la empresa, Andrea permanecía junto a la recepción.Había seguido con la mirada a Clara hasta verla abandonar el edificio. Su expresión había cambiado. La sonrisa que había mantenido durante la conversación desapareció por completo.Algo no le cuadraba.Reconocía perfectamente a aquella mujer. La había visto durante la cena empresarial, sentada junto a Diego Manrique. Incluso recordaba que Asdrúbal se había mostrado particularmente pendiente de ella.Clara era la prometida de Diego Manrique. Y ahora acababa de encontrarla en la empresa de Asdrúbal.Andrea volvió la mirada hacia la recepcionista.—Disculpa, ¿puedo hacerte una pregunta?La joven levantó la cabeza de su ordenador.—Por supuesto, señora Andrea. —¿Qué hacía aquí esa mujer?—¿La señorita que acaba de salir?—Sí, ella.La recepcionista consultó brevemente la pantalla.—Solicitó hablar con su esposo, con el señor Ferrer.—¿Cómo dices?—La señorita Clara Valdés. Vino a visitar al señor Ferre
Clara estaba a pocos pasos de abandonar la recepción cuando escuchó que alguien pronunciaba su nombre.—¡Aguarde un momento!Se detuvo y giró la cabeza. La mujer que se encontraba junto a la recepción, caminó en su dirección.Bastó un segundo para reconocer a Andrea. Era ella, la misma que había acompañado a Asdrúbal durante la cena empresarial. La mujer que lo había besado delante de todos, y que segundos atrás había estado en la oficina de él. Clara se quedó inmóvil mientras la observaba acercarse. No esperaba encontrarla aún allí y, mucho menos, tener que enfrentarse a ella después de lo que acababa de suceder en la oficina.—Disculpa —comenzó Andrea, deteniéndose frente a ella—. ¿No eres tú la mujer que estaba con Diego Manrique en la cena de la otra noche?Clara sintió una ligera tensión en los hombros.—Sí, soy yo.Andrea la examinó con curiosidad, como si intentara recordar algún detalle que le permitiera confirmar sus sospechas.—Tú eres la prometida de Diego Manrique, ¿verda







