LOGIN—¿Sí, señor Donnelly? ¿La comida no es de su agrado? —preguntó ella con ansiedad, mirándolo con temor.
—No; ¿por qué no está comiendo? —preguntó él frunciendo el ceño. Cara negó con la cabeza enérgicamente.
—Ya he comido, señor —dijo ella, mientras un leve rubor teñía sus mejillas. Marcus sabía que mentía; era imposible que hubiera comido tan temprano por la mañana.
—Traiga un plato —ordenó él, pero ella negó obstinadamente.
—Ya estoy llena —dijo, lamiéndose los labios con nerviosismo.
—No me obligue a darle de comer yo mismo. No quiero que se desmaye mientras trabaja para mí. Vaya a buscar un plato o haré que se siente aquí mismo, en mi regazo, y le daré de comer yo —gruñó él con impaciencia. Un escalofrío le recorrió la espalda al oír su amenaza. Se quedó paralizada ante su repentino cambio de tono. Si él la odiaba tanto, ¿por qué le ofrecía comida?
Los ojos de Cara se abrieron de par en par y salió de su estupor. —No puedo comer nada, señor Donnelly. Por favor, permítame terminar el trabajo rápido. Tengo que volver a casa —dijo con voz tenue. Los ojos de Marcus se agrandaron y parecía furioso. ¿Necesitaba volver con su novio, con un cliente o tal vez a ese club de mala muerte?
—¿Qué prisa tiene por volver a casa? ¿Vive con sus padres? —preguntó con impaciencia. Cara negó con la cabeza, lo que lo enfureció aún más. ¡Así que no vivía con sus padres! Ahora estaba totalmente convencido de que vivía con el hombre cuya chaqueta llevaba puesta todo el día. Estaba ansiosa por volver con él.
—Le dije que no puede irse hasta haber ganado la cantidad que le di. Mi oferta sigue en pie. Déjese de tonterías, joder —le recordó con ira.
Cara quedó impactada por su grosera propuesta. ¿Por qué insistía una y otra vez en lo mismo? ¿Cómo era posible? ¿Acaso no había dejado claro que preferiría limpiar inodoros antes que hacer lo que él quería? El pánico se apoderó de ella al escuchar sus palabras. ¿Acaso no la dejaría marcharse antes de terminar todo el trabajo? Pero ¿cómo iba a quedarse allí? Tenía tres hermanos a su cargo. Estaba bien dejarlos solos unas horas, ¡pero de ninguna manera podía dejarlos pasar la noche fuera! Además, tenía su actuación nocturna en el Kingston Club. No podía faltar y enfurecer a Rudolph Sterling; él la despediría sin pensárselo dos veces.
—No me interesa ninguna de sus ofertas. Trabajaré duro, pero no puedo quedarme tanto tiempo, señor Donnelly. No se preocupe, terminaré todo el trabajo para las 4:30 antes de irme. El resto puedo completarlo mañana —dijo ella en un tono casi suplicante.
—¿Por qué no puedes quedarte y terminarlo todo de una vez? Aunque, si no puedes, siempre puedes complacerme y luego irte. No te llevaría mucho tiempo, considerando lo profesional que eres en eso —dijo Marcus, mirándola con lujuria. No entendía por qué le insistía tanto cuando lo único que quería era tomarla en brazos y llevarla a su cama. Solo quería poseerla hasta que ella le suplicara que lo hiciera una y otra vez. Quería marcarla y luego abandonarla; quería castigarla por haberlo rechazado.
—Terminaré de limpiar y cocinar, y me iré —dijo ella con un suspiro, ignorando el comentario anterior de él. Marcus se mostró furioso ante sus palabras.
—¡Ya veo! Entonces, ¿quién te espera en casa? ¿Tu novio? —preguntó Marcus con el ceño fruncido y expresión sombría. La comida perdió el sabor de repente, mientras le palpitaba la cabeza por la ira y el dolor. Cara se quedó atónita ante sus preguntas tan extrañas. ¿De dónde sacaba lo del novio? ¿Podía dejar de hacer suposiciones de una vez? ¡Le daba demasiadas vueltas a las cosas, y sin necesidad alguna!
—¿Es que mi familia no puede esperarme en casa? ¿Por qué tiene que ser un novio? —preguntó ella, frunciendo el ceño—. Ahora, si me dice exactamente qué debo hacer, terminaré el trabajo y me iré a casa —añadió. —No, primero vas a comer. Siéntate —gruñó él, señalando la silla a su lado; sin embargo, ella no se sentó.
Él le acercó los sándwiches. —Come —ordenó. Cara miró la comida con el ceño fruncido, mientras los rostros hambrientos e inocentes de sus hermanos pequeños desfilaban por su mente. Estarían pasando mucha hambre si la tía Maggie no les hubiera enviado el desayuno. No podía probar ni un bocado.
—¿Por qué no comes, maldita sea? —preguntó Marcus con ira, al verla allí de pie frente a la comida.
—¿Podría, por favor, envolverlos y llevármelos a casa? Comeré más tarde —dijo ella con una mirada suplicante.
—¿Para tu novio? —preguntó él, negando con la cabeza incrédulo.
—No, no tengo novio —respondió ella de inmediato. Marcus se quedó mirando sus grandes ojos azules. Parecían tan intensos, como un océano en el que podría ahogarse; sentía que se hundía en sus profundidades cuanto más los observaba.
—No vives con tus padres, no tienes novio... dudo incluso que vayas a volver a casa —dijo él con desprecio.
—Está bien, pues. Piensa lo que quieras. Tengo trabajo que terminar —dijo ella con un suspiro. No tenía sentido hablar con aquel hombre grosero; no cambiaría de opinión sobre ella. Se dirigió abatida hacia la cocina para lavar los platos y colocarlos todos en su sitio.
Finalmente, mientras recogía el lugar, se dio la vuelta para marcharse y chocó contra el pecho de Marcus. No se había dado cuenta de que él se había acercado sigilosamente por detrás.
—Oh, lo siento, no te vi —se disculpó, dispuesta a huir, pero Marcus le rodeó la cintura con el brazo y la apretó con fuerza contra su cuerpo duro. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro al ver cómo los ojos de ella se abrían de par en par por la sorpresa. ¡Ella merecía un Óscar por sus dotes de actriz!
—¿Por qué sigues fingiendo? Sabes que quieres que te folle. ¿Quieres más dinero? Dímelo. Tengo mucho dinero —dijo él con una sonrisa burlona. Cara quedó tan desconcertada por su insolencia que balbuceó, incapaz de encontrar una respuesta adecuada. Al ver que ella no reaccionaba, Marcus se la echó al hombro y caminó hacia su dormitorio.
Cara entró en pánico al darse cuenta de lo que él realmente pretendía hacer. Forcejeó para liberarse. —Suélteme, por favor, señor Donnelly. De verdad que vine solo a devolver el dinero. No soy lo que usted cree —dijo mientras luchaba con más fuerza, pero el agarre de él era como el acero y ella no lograba moverse ni un centímetro. Él entró furioso en el dormitorio y la arrojó sobre la cama.
El rostro de Cara palideció y sintió cómo las lágrimas de impotencia le picaban en los ojos. No, no podía permitir que él la obligara a nada solo porque tenía dinero y poder.
Antes de que pudiera levantarse y correr, él fue tras ella hasta la cama y la inmovilizó con su cuerpo. —Deja de hacerte la tímida conmigo. Dije que te pagaría generosamente. Solo compláceme. No debería ser difícil, ¿verdad? ¿Acaso no es eso a lo que te dedicas? —masculló, inclinándose y estrellando sus labios contra los de ella en un beso brutal y castigador. Le mordió los labios con fuerza, provocando que las lágrimas le corrieran por las mejillas mientras ella sentía el sabor de la sangre. La lengua de él se abrió paso, saqueando su dulzura, mientras ella intentaba apartar la cabeza y liberarse.
Con las pesadas piernas de él inmovilizándola contra la cama y su mano sujetándole la cabeza, nada funcionaba. Ella giró la cabeza de un lado a otro. —No, por favor, déjame ir a casa —murmuró incoherentemente contra la boca de él, que la devoraba con voracidad, mientras luchaba por librarse de su ataque.
Marcus alzó la vista con fuego en los ojos. —¿No te gusta? Puedes complacerme de otras formas —dijo, con una chispa de malicia en la mirada.
—Suéltame, por favor. Siento haber venido aquí. Siento haber pensado en devolver el dinero que no me había ganado. Lo siento, por favor, déjame en paz —sollozó ella con impotencia, pero él no escuchaba. Sus ojos ardían mientras ideaba formas de castigarla. ¿Castigarla por qué, exactamente? No tenía ni idea.
—Entonces admite que viniste aquí para seducirme. Admite que pensaste que caería fácilmente ante una zorra como tú. Admítelo, maldita sea —dijo, girándose para mirarla fijamente con ojos fríos e indescifrables.
Cara se incorporó, sintiendo un extraño odio hacia aquel hombre. Todas sus ilusiones románticas sobre él se habían hecho añicos para siempre.
—¿Cómo te atreves a insultarme cuando tú mismo no eres ningún santo? Parece que tu madre no te enseñó a respetar a una mujer —dijo ella, temblando de furia. Marcus apretó los dientes, estallando en ira. ¿Cómo se atrevía ella a mencionar a su madre?
—¿Ah, sí? Solo respeto a las mujeres que se respetan a sí mismas, no a zorras como tú. Lárgate y haz exactamente lo que tu madre te enseñó a hacer —gritó él con rabia. Cara perdió todo el control; levantó la mano y le propinó una fuerte bofetada en la mejilla, cuyo sonido resonó en el reducido espacio de la habitación.
Salió corriendo de la habitación hacia la puerta principal antes de que él pudiera vengarse. Al encontrar el mando a distancia de la puerta, pulsó el botón superior y, milagrosamente, la puerta principal se abrió. Luego presionó un botón cualquiera marcado como «Gate» (portón), y la verja principal se deslizó para abrirse.
Dejó el mando sobre la mesa y salió corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitieron. No se detuvo hasta llegar a la parada del autobús. ¡Juró no volver jamás, no volver a ver nunca más a ese cretino grosero y horrible!
Durante los días siguientes, toda la familia estuvo ocupada con los preparativos de la boda. Aunque Marcus había contratado a un organizador de bodas, su madre y su tía Maggie estaban muy entusiasmadas por que todo saliera perfecto. Por su parte, Cara se dejaba llevar, disfrutando de su descanso y dejándose mimar.Lucas llegó con Sienna y los niños tres días antes de la boda, y la casa pareció cobrar vida con tantos pequeños alrededor. Liam parecía fascinado con Alexia y se desvivía por ayudarla en todo; hizo gala de sus dotes artísticas e incluso intentó retratarla.Como Cara no quería fiestas previas a la boda, celebraron una única fiesta dos noches antes del gran día. Nicholas llegó ese mismo día con Alyssa, y Cara se preguntó si ellos serían los siguientes en anunciar su boda. Alyssa se disculpó con Cara y le pidió un autógrafo, petición a la que ella accedió encantada. Esta vez todo era distinto, y a Cara le sorprendió que la trataran como a una reina. En cuanto Maria entró en la
El corazón le latía con fuerza por la emoción mientras salía de la casa y recorría el sendero serpenteante hacia el cenador. Las luces proyectaban un resplandor tenue a su alrededor y los grillos cantaban con entusiasmo, pero la mirada de Cara estaba fija en la piscina, buscando a Marcus.Al acercarse, sus ojos se posaron en el cenador bellamente iluminado, donde el hombre de sus sueños estaba apoyado en una columna; lucía increíblemente atractivo con unos pantalones chinos beige y una camisa de lino color crema. Podía sentir la intensidad de su mirada incluso desde donde estaba. El corazón le dio un vuelco cuando sus ojos se encontraron y se moría de ganas de estar entre sus brazos.Él extendió los brazos hacia ella, como siempre, y ella corrió a refugiarse en ellos tan rápido como sus piernas se lo permitieron.Él la envolvió de inmediato en un cálido abrazo, mientras ella se aferraba a él como si le fuera la vida en ello. —¡Oh, Marcus! ¡Te he echado tanto de menos! —exclamó ella mi
En cuanto Marcus y Cara entraron en la casa, Liam saltó de alegría.—¿Lo ha hecho? —empezó a preguntar, pero entonces su mirada se posó en el anillo que ella llevaba en el dedo—. ¡Oh, sí que lo ha hecho!Cara sonrió ante su entusiasmo, al igual que Marcus. Al oírlo, Vera y Adam salieron corriendo a su encuentro.—¿Te has comprometido con Cara, Marcus? —preguntó Vera, juntando las manos con ilusión.—Sí —confirmó Marcus, provocando un chillido de alegría en ella.—¿Qué está pasando? —preguntó la tía Maggie al salir de la casa.Antes de que Cara pudiera anunciar su compromiso, Liam lo soltó todo de golpe.—Tía Maggie, Cara y Marcus por fin se han comprometido —anunció a los cuatro vientos, haciendo que la tía Maggie sonriera y abriera los brazos para abrazar a Cara.—Estoy muy feliz, cariño —dijo ella con una sonrisa maternal mientras se le llenaban los ojos de lágrimas de alegría.Cara abrazó a su tía, que había sido como una madre para ellos durante los dos últimos años, los momentos
Al cabo de una hora, Marcus condujo hasta el puerto de Long Beach, donde les esperaba un enorme y lujoso yate de un blanco inmaculado y tres hermosas cubiertas. Nada más llegar al aparcamiento, Cara se quedó atónita al ver el lugar abarrotado de paparazis. ¿Cómo sabían que iba a llegar allí cuando ni siquiera ella misma sabía adónde se dirigía?Marcus salió del vehículo y, poco después, se vieron rodeados por sus guardaespaldas, que los habían seguido todo el tiempo sin que Cara lo supiera. Estos acompañaron a Marcus y a Cara hasta el yate mientras los reporteros se agolpaban a su alrededor para tomarles fotografías.—Rohesia, ¿es cierto que no te interesa actuar en directo? —preguntó uno de los reporteros.Cara le sonrió y tomó el micrófono de sus manos.—En absoluto. Estad atentos al Festival de Música de Canadá, que empieza la semana que viene —respondió con una sonrisa mientras saludaba con la mano.—Una pregunta más, Rohesia. ¿Cuándo te casas con Marcus Donnelly? —preguntó otro r
Cara estuvo lista en quince minutos y esperó a Marcus con ilusión. En su prisa por sorprenderla, ni siquiera se había duchado desde la mañana. Tras el delicioso desayuno, él la había invitado formalmente a una cita, pero omitió el resto de los detalles, ya que inicialmente pretendía que fuera una sorpresa.Cara no se quejaba, pues las sorpresas de él solían ser muy originales y valía la pena esperar por ellas. No le preocupaba dejar a Marianne sola todo el día, ya que había otras personas para cuidarla y la niña estaba acostumbrada a su ausencia. Marcus no quería llevarla a pasar la noche fuera debido al fuerte vínculo que tenía con Marianne.Ambos habían congeniado tan bien que Marcus no podía pasar un día sin ver a la pequeña. Lo mismo ocurría con los hermanos de ella; él era un pilar fundamental en sus vidas. Dependían tanto de él para todo que parecía como si compartieran lazos de sangre.Mientras conversaba con los demás en la sala, su mirada se dirigió de inmediato hacia un Marc
Cara se despertó y se estiró, sintiéndose sumamente perezosa, pero una sonrisa iluminó su rostro al recordar lo que habían compartido la noche anterior. Giró la cabeza para mirar a Marcus, pero, extrañamente, él ya no estaba allí, a pesar de que apenas eran las cinco de la mañana. En su lugar, había un tallo de rosa y una pequeña nota sobre la almohada.¿Ya se había despertado? ¿Qué decía la nota? ¿Se había marchado por algún motivo? ¿Había olvidado que aquel era un día especial para ambos?Con curiosidad, tomó la nota y la abrió. En ella, escrita con su artística caligrafía, había un mensaje cariñoso.—¡Buenos días, mi amor! Un tallo de rosa sin espinas para demostrarte mi amor verdadero. Simboliza el amor a primera vista, tal como lo sentí por ti. Si quieres empezar nuestro día especial de una manera especial, solo sigue las instrucciones. ¡Ve primero al baño para asearte!Cara puso los ojos en blanco, pero la sonrisa no desapareció de su rostro. Tomó la rosa fresca y la besó, sonri







