Se connecterPaulina sabía que esta tienda solo recibía a clientes conocidos. Ya había pasado una mala experiencia ahí, pero así era la gente: cuanto más inalcanzable era algo, más lo deseaba.Era solo una tienda de diseñador en Altabrisa. Si hasta Hermès lo compraba sin pensarlo, ¿un diseñadorcito iba a venir a hacerse el difícil con ella?Por suerte, la esposa de Beto también era clienta habitual de la tienda, así que ese día le pidió a Beto que hablara con su mujer para que la trajera.Solo había ido una vez; la gente de la tienda no debía reconocerla, ¿o sí?La asistente Acevedo, por supuesto, la recordaba, pero se limitó a mantener su sonrisa.—Disculpe, señorita, este vestido ya está apartado.Paulina sabía que estaba apartado. ¿No estaba la asistente frente a Olivia?Se volvió hacia Olivia y le dijo:—Olivia, ¿me dejas este vestido?Y enseguida le dijo a la asistente:—Olivia y yo somos amigas, nos conocemos. Ella me lo va a ceder.“¿Amigas de quién con quién?”, pensó Olivia.Santiago, que b
—Sí. —Marco sacó varios pares—. Se vendieron todas. Antes, cuando los clientes querían comprarlas, ella siempre se negaba; ahora aceptó y hay mucha gente en lista de espera para encargar más. Yo les dije que no, que la diseñadora misteriosa no acepta pedidos. Aproveché esta visita para entregarle las ganancias de las mancuernillas.Santiago contempló las delicadas mancuernillas de amatista que tenía en la mano y su semblante se oscureció más.Olivia no tenía idea de lo que ocurría afuera. Salió con un vestido color champán, apoyada en el brazo de la asistente Acevedo.—¿Cómo me veo, Santiago? —le preguntó, un poco tímida al caminar.Era el color que siempre le había gustado a Olivia: la hacía lucir delicada y dulce.—Te ves muy bien —evaluó Santiago al mirarla—. Pero... todavía está lejos de lo que quiero.Le dirigió una mirada fulminante a Marco.—¡La reina más deslumbrante de toda la gala! —le dijo Marco a la asistente—. Saca el vestido rojo estilo vintage.Cuando sacaron el vestido,
Nico insistió:—¿Por qué? ¿Qué pasó?En ese tiempo la esposa de Nico estaba embarazada, así que había convivido menos con ellos y no estaba al tanto de muchas cosas.—Nada —dijo Beto—. Olivia volvió y Pau tiene miedo de que Olivia malinterprete las cosas, así que no se atreve a seguir en contacto con Adri.Adrián arrugó la frente, pero aun así respondió:—No es para tanto. Tráela, dile que es asistente de la empresa.—Sí, está bien —dijo Beto—. Entonces... ¿le compro un vestido de gala?—Sí, cómpraselo —dijo Adrián—. Te transfiero el dinero a tu cuenta.Beto no dijo nada.Al día siguiente, en el estudio Atelier Vega.Olivia había contactado a Marco con anticipación para avisarle que iría a elegir un vestido de gala, así que la asistente del estudio no solo preparó una fila de vestidos según sus medidas y preferencias, sino que el propio Marco estaba esperándola.En el momento en que Olivia apareció del brazo de Santiago, a Marco se le iluminó la cara.Olivia se sobresaltó. ¿Desde cuánd
Olivia no había salido de casa en varios días; quería estar con Mercedes.La abuela acababa de salir del hospital y, aunque mejoraba un poco cada día, seguía débil. Lo mejor era que descansara en casa.Santiago empezó a ocuparse de un modo fuera de lo común: salía temprano y volvía tarde, casi no lo veían. Fue hasta el día que acompañó a Mercedes a la entrevista de la visa que Olivia volvió a verlo.Santiago incluso se disculpó con las dos por haber estado tan ocupado que no pudo acompañarlas.—Claro que tu trabajo es prioridad. Nosotras estamos bien —dijo Mercedes con una sonrisa.Santiago sacó el tema de la cena de gala de la empresa. —¿Quieres ir? Si te animas, le pido al señor Quiroga que te traiga un vestido y unas joyas más tarde para que te los pruebes.Mercedes negó, sonriente. —A mi edad ya no estoy para eso. A ver si Oli quiere ir a divertirse un rato.Olivia pensaba que, siendo la primera vez de Santiago en el país, quizá no estuviera familiarizado con ciertas costumbres l
Adrián terminó por plantarse frente a Mercedes.Aquella abuelita que alguna vez lo había querido con tanta ternura ahora lo miraba con resignación y desencanto, rodeada de gente por todos lados, incluida Olivia, que la sostenía del brazo.—Abuelita... —Logró decir al fin, con tono rasposo—. Vine a recogerte para que te den el alta. Vamos a casa.Mercedes mantuvo la misma expresión bondadosa de siempre, pero lo único que le devolvió fue un suspiro.—Abuelita, perdóname, no llegué a tiempo a rescatarte... —Adrián no se atrevía ni a imaginar cómo había sobrevivido Mercedes aquellas dos semanas de maltrato; cada vez que lo pensaba, el remordimiento lo partía en dos.Mercedes negó y respondió con su voz suave de siempre:—Adrián, no fue tu culpa.—Entonces vamos a casa, ¿sí? A nuestra casa. —Mientras hablaba, Adrián miró de reojo a Olivia.Ella actuó como si no lo hubiera visto. Se limitó a acompañar a Santiago y al grupo de guardaespaldas que rodeaban a Mercedes hasta el auto.Al final, el
Adrián no lo creyó hasta ese momento: ella iba en serio con el divorcio.Le sujetó la mano. —Espera.Olivia lo miró.—Yo... voy a revisar el convenio. —Le apretó la mano y no la soltaba—. ¿Es por él?¿Otra vez con eso?Olivia no entendía. Lo miró, confundida.Adrián volteó hacia Santiago. —¿Es por este sujeto que quieres divorciarte de mí? ¿Crees que él es mejor que yo?Así que a eso se refería...Se zafó de su mano. —Adrián, ¡deja de pensar lo peor de todo el mundo! Él es mi...—¡Olivia! —Antes de que terminara, Adrián la interrumpió—. ¿Cuánto tiempo llevas de conocerlo? ¿Un mes? ¿Medio mes? Cuando fui a Venecia ni siquiera lo había visto; como mucho, llevas menos de quince días.—¿Y eso qué? —respondió Olivia.—Olivia, nadie conoce las verdaderas intenciones de otro, menos aún si es alguien que conoces desde hace menos de un mes. ¿En serio merece tanta confianza?Olivia lo observó con esa actitud de sabelotodo desesperado y se rio con sarcasmo. —¿Y eso qué? Llevo doce años conoci
Olivia sonrió. Frente a las personas que te aman, es imposible ocultar lo que sientes.—Me gustaría irme a estudiar fuera, ¿qué te parece? —dijo mientras la tomaba del brazo y se apoyaba en su hombro.Mercedes era la única persona con la que podía hablar con sinceridad. Al escucharla, a la anciana s
El celular de Adrián comenzó a sonar, interrumpiendo la música. En la pantalla se leía un nombre: “Mi Amor Pau”.Al ver esto, las lágrimas de Olivia se detuvieron.Adrián desactivó el Bluetooth y orilló el auto para contestar. No alcanzaba a escuchar lo que decían del otro lado, pero notó que la car
—¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! —Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.—No estoy celosa. —Olivia lo miró fijamente, con seriedad—. Desde el principio, lo único que he dicho es...—¡Basta! —el grito de él la interrumpió.Beto, actuando como el
Abrió las cortinas y la luz del sol entró; era tan intensa que la lastimó, obligándola a cerrar los ojos.Él estaba sentado a la orilla de la cama y, con ese tono dulce que tanto lo caracterizaba, la despertó: —Dormilona, ¿todavía no piensas levantarte? Fui por unos tamalitos para desayunar.Olivia







