LOGINCuando colgó el teléfono, Adrián se acercó a la cama del hospital. Vaciló un momento, pero al final habló:—Olivia, yo... tengo que irme un momento. Regresaré después a cuidar a la abuelita.Ella no dijo nada.Fue Santiago quien lo miró con una sonrisa irónica.—¿Qué pasó? ¿Quién desapareció? ¿Tu amiguita?Adrián endureció el gesto.—Te metes en lo que no te importa.Santiago rio con disimulo.—Los asuntos del señor Vargas me tienen sin cuidado. Solo pienso en que ningún hombre, absolutamente ninguno, dejaría a su esposa después de lo que le pasó a su abuela para ir corriendo tras otra mujer.—¡Cierra la boca! ¡Tú no entiendes nada! —le dijo Adrián.Y enseguida suavizó la voz para dirigirse a Olivia.—Olivia, Pau desapareció. Solo me preocupa... que le haya pasado algo como lo de la abuelita...Santiago rio de nuevo con burla.Detestaba que ese sujeto se riera así a la menor provocación. Esa risa mostraba un desprecio que lo hacía sentirse inferior.—¿De qué te ríes? ¿Qué te parece tan
No le quedaba otra salida. Confesó cómo le había transferido el dinero a Eugenia, cómo había pagado la fianza de Ernesto, cómo les había insinuado que fueran a buscar a la abuela de Olivia. Al final, también reveló dónde había escondido Ernesto a Mercedes.Cuando el hombre obtuvo la información, se fue. Antes de irse, lanzó una última advertencia: —Vigílenla. Si nos dijo una sola mentira, que elija: ¿quiere terminar en el mar alimentando tiburones o como esclava en un paradero desconocido?Después, la luz se apagó y todo quedó en oscuridad.Intentó arrastrarse para buscar interruptores y encender alguna luz, pero fue inútil. Logró palpar los interruptores, pero habían cortado la corriente.Un espacio sin un solo rayo de luz era desesperante.Si no volvían nunca más, encerrada en esa oscuridad claustrofóbica, antes de morir de hambre se volvería loca.Tras una espera interminable.Alguien llegó.No supo quién era; no podía distinguir nada. Tampoco recordaba la complexión del que iba al
—Suéltenla —respondió Santiago con sequedad.—¿Soltarla? —Lorenzo no ocultó su sorpresa. Eso no era propio de Santiago; esperaba que la hiciera sufrir hasta no poder más.—Sí, suéltenla —confirmó Santiago—. A veces, ver a los perros morderse entre ellos es un buen espectáculo.Lorenzo acató la orden y colgó el teléfono.En un principio había querido decir: “¿Y si después de dejarla ir sigue causando problemas?” Pero la idea apenas le cruzó la mente un instante; después de todo, con el señor Rossi de por medio, Paulina no podría hacer nada que perjudicara a la abuela ni a la señora Olivia. Y todo lo demás, por mucho escándalo que armara, ya no era asunto de ellos.Santiago volvió a la habitación del hospital y siguió acompañando a Mercedes y a Olivia.***En un sótano sumido en la oscuridad.Paulina estaba acurrucada en un rincón, temblando sin parar.La habían arrastrado hasta ahí. No sabía quién la había capturado, no sabía dónde estaba, ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba encerra
Adrián se quedó a un lado. Quería ayudar, pero no encontraba la manera de hacerlo.No sabía quién era ese sujeto junto a Olivia, de dónde había salido ni por qué tenía tanta complicidad con ella. En cinco años a su lado, Olivia no había tenido contacto con nadie fuera de su círculo, pero bastó un mes separados para que apareciera alguien tan cercano a ella.Olivia tenía toda su atención puesta en su abuelita; ni siquiera había notado que Adrián seguía ahí parado, mucho menos podía imaginar todo lo que le pasaba por la cabeza. Cuando Santiago terminó de acomodar a Mercedes, Olivia se sentó junto a la cama y acarició con suavidad la cara demacrada de su abuelita. Las lágrimas que había contenido se desbordaron sin remedio.—Oli...Adrián quiso acercarse a ella, abrazarla, consolarla, pero antes de que alcanzara a decir su nombre, alguien ya se le había adelantado. Santiago estaba junto a Olivia, rodeándole los hombros y secándole las lágrimas.—Oli, ya pasó, ya pasó todo —dijo con voz su
Adrián fue a arrebatarle a Mercedes de los brazos a Santiago. —¡Yo la llevo, vendrá en mi auto!Santiago ni lo miró. Con Mercedes en brazos pasó de largo, casi corriendo hacia su auto.—Olivia…Adrián quiso hablarle a Olivia, pero ella tampoco le hizo caso.La policía llegó también, con las sirenas prendidas.Lorenzo se acercó a explicarles a los oficiales. —La señora está en estado crítico, dejen que los muchachos la lleven al hospital primero. Yo grabé todo lo que hay adentro, los acompaño a la delegación. Y el malparido de su hijo está ahí dentro.Adrián se quedó parado en la entrada de la bodega, un momento quería ir con Olivia al hospital, al siguiente veía a Ernesto y quería molerlo a golpes; giró de un lado a otro y se dio cuenta de que todos se movían sin parar y nadie le prestaba la menor atención.Era como si se hubiera vuelto invisible…Ver a Mercedes tan débil lo había destrozado. Al ver que Olivia y aquel hombre subían a Mercedes al auto, él también se subió al suyo y lo
—Vieja loca, ¿no se estará muriendo? —Ernesto empujó con fuerza la cabeza de la abuela.Ella apenas tenía la boca entreabierta, insensible, sin dar ninguna reacción. La mirada se le iba apagando poco a poco.—Ya déjala, no vaya a ser que en serio se muera —dijo Eugenia, asustada, intentando detenerlo.Ernesto miró a su madre en la cama. Sus ojos vacilaron un instante, pero enseguida se endurecieron.—Mamá, no me culpes a mí. Si desde el principio me hubieras dado la casa sin tanto problema, nada de esto habría pasado.Eugenia titubeó.—De todas formas, el testamento ya está firmado, entonces por qué no...—¡Cállate! —le dijo Ernesto—. Testamento, testamento... ¡Un testamento solo tiene validez cuando la persona se muere! Mientras esté viva, todo puede cambiar.—Entonces... entonces... —Eugenia miró a su suegra, que apenas respiraba, y de pronto le vino a la mente el recuerdo de cuando ella dio a luz a sus dos hijos, y la abuela la había cuidado día y noche, llevándole caldo de pollo ha
—Entonces no es necesario.—Pero es que el aire está muy fuerte y tengo frío —insistió Paulina. Llevaba un vestido que dejaba sus brazos al descubierto.Adrián, que traía un saco, se lo quitó en cuanto la escuchó y se lo puso sobre los hombros.—Ten, usa el mío.Olivia no estaba ciega; de reojo, not
—A ver, Adrián, ¿por qué no te vas con Paulina? ¿Para qué me trajiste aquí? —Olivia miró a su alrededor, sin entender qué pretendía él al llevarla a esa suite.Adrián se rio con amargura al escucharla.—Vaya, señora Vargas, no sabía que fueras tan generosa. De haberlo sabido, me habría buscado a una
Parecía que Beto la odiaba con toda su alma. Antes ese sentimiento nacía de que ella no le llegaba ni a los talones a Adrián, pero ahora su desprecio se había vuelto tangible: el proyecto de colaboración entre Adrián y el señor Ortiz se había ido a la basura por su culpa.A Olivia le parecía de lo m
Tal vez sí... En la prepa le gustaba mucho, pero nunca tuvo el valor de acercarse a preguntarle nada. Si llegó a hacerlo, debió ser por pura necesidad en alguna situación muy específica.Parecía divertirle el tema.—¿Te acuerdas? ¿En qué momento viniste a buscarme? Recuerdo que casi no hablabas, era







