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Capítulo 681

Auteur: Esperanza Marín
¡Adrián!

Le punzaba la cabeza de tanto llorar hasta quedarse sin aire, pero aun así salió corriendo.

—Olivia, ¿a dónde vas? —Daniela salió tras ella—. ¡Acabas de despertar de un golpe de calor, no te pongas al sol!

Pero ella ya no la escuchaba. Ahora en sus oídos solo retumbaba el “¡Adrián, tú puedes!” que gritaba el altavoz, y en su mente solo cabía su nombre, “Adrián”. Corrió sin parar hasta la explanada.

En la explanada se celebraba la carrera de fondo, ya en la recta final de la última vuelt
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  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 685

    Mientras descansaba en el salón, Olivia confirmó a qué punto había vuelto esta vez. Era el primer semestre del último año de preparatoria y la escuela estaba en pleno torneo deportivo de otoño, uno de los pocos respiros que tenían los alumnos.Era el último día del torneo. No tenían tutorías; en cuanto terminaran las competencias, todos se irían a casa. Además tenían por delante un fin de semana completo.Así que los estudiantes estaban tan felices que gritaban de alegría. Olivia revisó las pertenencias de la otra Olivia, las de ese año en que ella no había estado. La mochila y el celular eran nuevos; ni siquiera sabía si el número había cambiado.Las personas con las que más hablaba eran su abuela, su primo Santiago y su tía Lorena, además de Daniela y Alan.¿Alan? ¿Ya se conocían desde entonces? También conversaba bastante con Leonardo, pero Adrián no aparecía en absoluto entre los contactos recientes. Cuando lo buscó en la lista de contactos, la ventana de chat estaba en blanco. Com

  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 684

    —¿Vamos al hospital? —Adrián dejó la cuchara, dispuesto a salir.—No hace falta, ya estoy bien. —Olivia recogió otra vez la cuchara—. El frío me alivió bastante.Cuando llegaron el raspado de Federico y el agua de horchata de Daniela, los cuatro se sentaron juntos. Mientras tanto, Daniela les contó el plan para el día siguiente.—Mañana es fin de semana y por fin tenemos un día libre. Habíamos quedado en ir a la Iglesia del Refugio, así que ustedes dos no se vayan a echar para atrás otra vez.Daniela se dirigía a Federico y a Adrián, pero Olivia la escuchó y preguntó:—¿La Iglesia del Refugio?—Sí. —Daniela se animó—. Ven con nosotros, Olivia. Hace muchísimo que no sales con nosotros.Adrián había dicho que Olivia llevaba un año sin hablarle.Lo cierto es que no entendía qué había pasado durante ese año ni por qué había dejado de salir con ellos. Pero la Iglesia del Refugio era el lugar donde una vez le había entregado al padre la piedra de Leonardo…Si al despertar en la mañana seguía

  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 683

    Entre lágrimas, se volvió hacia él y le preguntó:—Estás aquí, ¿verdad? ¿Eres tú?Era la respuesta que ella buscaba con desesperación, pero el Adrián de diecisiete años no entendía a qué se refería. Solo contestó, sin saber qué más decir:—Sí, estoy aquí.Al verla deshecha en llanto, sacó un pañuelo, le secó las lágrimas y murmuró:—Siempre he estado aquí, nunca me fui. Fuiste tú la que dejó de buscarme.Olivia negó. Esa no era la respuesta que quería. Ya no encontraba la que buscaba…—Adrián, ya no encuentro la respuesta… Y tampoco te encuentro…—¿Qué respuesta buscas? Dímelo y te ayudaré a encontrarla, ¿sí? No llores, llorar no arregla nada… Eh, mira… El raspado ya se derritió. Si no te lo comes, me lo como yo… ¿No eres feliz viviendo en esa casa? ¿Alguien te molesta?Olivia no sabía de qué hablaba. ¿Qué era eso de vivir en esa casa? Ah, claro, ¿la casa que había comprado Santiago? Pero eso había sido un año después, ¿no? Para entonces ella y su abuelita ya deberían haberse mudado a

  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 682

    Dio un par de pasos y, al ver que ella no lo seguía, tuvo que volver.—Vamos.Solo entonces se dio cuenta de que le estaba hablando a ella. Se secó las lágrimas de un manotazo y caminó detrás de él. A sus espaldas, sus compañeros empezaron a cuchichear.—¿Qué pasó?—¿Por qué llora Olivia?—No sé…—¿Olivia y Adrián son amigos?—Antes iban al mismo salón. Oigan, ¿no será que esos dos…?—No, para nada. Si normalmente ni se hablan.Olivia dejó de escuchar el resto de la conversación. Tampoco prestaba atención a esos rumores. Caminaba detrás de Adrián y le miraba las piernas musculosas, que desde ese ángulo parecían más largas y firmes.La llevó a una heladería frente al colegio. Señaló una mesa vacía.—Siéntate.Se quedó de pie, inmóvil.—Si no te sientas, me siento yo, ¿eh? —Y se sentó primero, en el asiento de adentro.Entonces ella también se sentó, junto a él. La miró, extrañado. Lo normal habría sido sentarse frente a frente; si no, ¿cómo iban a conversar?Pero, al verla llorar así, n

  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 681

    ¡Adrián!Le punzaba la cabeza de tanto llorar hasta quedarse sin aire, pero aun así salió corriendo.—Olivia, ¿a dónde vas? —Daniela salió tras ella—. ¡Acabas de despertar de un golpe de calor, no te pongas al sol!Pero ella ya no la escuchaba. Ahora en sus oídos solo retumbaba el “¡Adrián, tú puedes!” que gritaba el altavoz, y en su mente solo cabía su nombre, “Adrián”. Corrió sin parar hasta la explanada.En la explanada se celebraba la carrera de fondo, ya en la recta final de la última vuelta. Muchos estudiantes esperaban en la meta al corredor de su clase, listos para sostenerlo.Olivia también llegó a la meta y vio a Adrián cruzar primero.El Adrián de diecisiete años tenía las dos piernas sanas, corría como el viento, ágil y firme; era alero de basquetbol y campeón de fondo. Nada de “le faltan las piernas”, nada de “le cuesta caminar”.No era...A medida que los corredores apretaban el paso en el tramo final, los gritos de “¡tú puedes!” en la explanada se volvían más fervorosos,

  • Mi Desamor Ideal   Capítulo 680

    Las lágrimas de Olivia ya habían empapado la camisa de Santiago.Su primo no dejaba de consolarla; le pedía que no se afligiera y la animaba a llorar, que lo hiciera con ganas…Pero Olivia lloraba en silencio; solo corrían lágrimas por sus mejillas. Cuando por fin logró hablar, dijo:—Santiago, no estoy triste. Mira, me estoy riendo, ¿no ves? ¡Mírame!Se soltó de su abrazo, se apartó el cabello de la cara y se la mostró entera; cubierta de lágrimas, tenía una sonrisa más dolorosa que el llanto.A Santiago le dolió tanto verla así que no lo soportó más y volvió a atraerla contra su pecho.—No voy a mirar, ya no voy a mirar. Llora, ríe, suéltalo todo si quieres. Está bien, aquí estoy, aquí estoy…Y así, en brazos de Santiago, Olivia recorrió todo el camino de regreso a casa. Cuando llegó, salvo por el cabello húmedo de lágrimas y los ojos algo hinchados y rojos, no mostraba ninguna actitud. Mercedes estaba en la cocina, viendo trabajar al cocinero; Lorena aún no volvía.Olivia le dijo a

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