LOGINLa tónica del combate continuó igual en los siguientes episodios. Jones no había podido conectar ni un golpe certero a Reynolds, que, de atinarle, le hubiera arrancado la cabeza a mi enamorado y por el contrario, sus ataques se estrellaban siempre en los brazos y el plexo de Jim sin mayor contundencia. Por el contrario Jim pegaba y pegaba y sumaba puntos. Era lo que me decía Rick. Él también estaba eufórico viendo el buen despliegue que hacía Reynolds en el ring. La multitud que colmaba las graderías del coliseo empezó a gritar al unísono ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! golpeando el suelo con sus pies, haciendo una estridencia contagiosa y musical. Eso entusiasmó demasiado a Jim lo volvió un huracán impetuoso y febril. Empezó a hacerle fintas a Jones, le acercaba la cara, le movía los hombros y no dejaba de bailarle o menearlas caderas, enardeciendo aún más al "Mastodonte" que lentamente se volvía un volcán en erupción. Justo en el último r
El coliseo lucía un verdadero y bullicioso lleno de bandera. Habían aún enormes filas fuera del recinto queriendo entrar a las butacas pese a que las graderías ya estaban colmadas y no cabía un alfiler. Yo misma tuve que abrirme paso entre el enorme gentío para entrar. Mi seguridad me ayudó y ellos casi debieron cargarme en vilo para poder traspasar el alud de aficionados pretendiendo entrar y ver el esperado combate. Ya el programa de peleas se había iniciado con los chicos del gimnasio, peleando frente a rivales calificados. El público estaba enardecido, eufórico y frenético. Todo el mundo gritaba, retumbaban las vuvuzelas, los tamboriles, las matracas y los cornetines y estallaban bombardas. Roxana tenía separada mi butaca. -Hay una sorpresa, Alana-, me dijo enigmática mi secretaria, riendo misteriosa. Quedé desconcertada.-¿Sorpresa?-, me rasqué los pelos. -¡¡¡Hugh Bryan!!!-, me anunció y de repente se alzó de su butaca el dueño de la cadena GMT. Estaba al lado del ring
Warren quería que "Malagua" me mate. Eso me lo dijo Luis. Uno de sus amigos lo llamó y le dijo que Warren le había ordenado a ese sicario que me aniquile, exactamente con esas palabras. Luis alarmado me buscó en la oficina. Yo estaba ultimando los detalles de la pelea de Jones contra Jim, ajustando algunos pormenores de la transmisión de la televisión, el pago y los uniformes de las chicas de ring side y la venta de los boletos por internet y ventanillas y la contratación de acomodadores en las graderías. -Es mejor que te cuides, Alana, Warren ha ordenado que te maten-, me dijo Luis con un tono muy dramático. Yo me imaginaba algo así, porque Warren no quería que se lleve a cabo la pelea de Jones y Jim, en realidad no deseaba que mi promotora llevase a cabo ningún combate y ansiaba y procuraba no solo hundir a Jim, sino, sobre todo, a mí. Yo le era un dolor agudo en su hígado. -No me asusta Warren-, le dije distendida, sin prestarle mayor atención a los planes de Warren de ma
La conferencia de prensa anunciando al pelea entre Jones y Reynolds se hizo en mi gimnasio con mucha prensa y con transmisión en directo para la cadena GMT. Pude darme una escapadita del diario para estar en la presentación del esperado combate. Tomé un taxi y llegué casi al momento y tuve que esquivar a los reporteros que se amontonaban esperando por los protagonistas del espectáculo boxeril. Era un centenar de periodistas de diarios impresos, canales de televisión y portales de internet, incluso reporteros extranjeros que colmaban las butacas y ya habían pedido credenciales para el esperado combate. Numerosos aficionados igualmente colmaron también el coliseo para ver Reynolds y a Jones. No debía sorprenderme porque la pelea era decisiva en las aspiraciones de Jones y de Reynolds de disputar el título del mundo, sin embargo, ya saben, yo no estaba muy enterada de las reglas del boxeo, de sus entretelones, expectativas y normas que regían el deporte de los puños. Vic Jaso
"Mastodonte" Jones e negó a pelear con Jim cuando apenas faltaba una semana para la esperada pelea. Yo no lo sabía. Estaba cubriendo la información de un desfalco en el banco de reserva del país cuando me llamó alarmada Roxana. -Jones canceló la pelea, Alana-, me dijo chillando enloquecida. Ya habíamos vendido casi todas las entradas para el programa, incluso la cadena GMT tenía separado el espacio y cobró por adelantado a sus auspiciadores. Las autoridades de la entidad mundial de boxeo y el árbitro de la esperada pelea tenían separados sus respectivos alojamientos y la conferencia de prensa se haría en el gimnasio. Todos estaba listo para el combate y a la hora nona, Jones se negaba a pelear con Reynolds. -No puede hacer eso. ¡¡¡Lo demandaremos por daños y perjuicios!!!-, me enfurecí, alzando la voz, interrumpiendo las declaraciones del procurador de la república, dando cuenta del desfalco en el banco de reserva. Los periodistas colegas voltearon a verme y el porocurador qued
En realidad yo no le iba a pegar aunque Jim se lo merecía. Además de que estaba cansada y exhausta, me encantó ese beso tan viril de Reynolds. Lo necesitaba además. Toda esa presión, la tensión de mi debut como promotora de boxeo y el éxito de la velada boxeril, las dudas del comienzo, el miedo de que no tengamos suerte y haber vendido mi casa e hipotecar hasta mi sostén me habían angustiado sobremanera. El beso de Jim me devolvió a confianza. -Había olvidado lo deliciosos que son tus labios-, me dijo Reynolds, además, muy goloso, saboreando mi boca. -Te portaste muy mal conmigo cuando lo único que yo quería hacer era ayudarte a continuar tu carrera-, intenté aclararle, pero eso fue inútil. Reynolds continuó besándome apasionado, saboreando mi boca, sus manos, incluso me tomaron la cintura y se deslizaron a mis muslos. ¡¡¡Yo estaba con falda!!! -Sabes que siempre te he amado, Alana, desde el primer momento que te conocí-, me subrayó Jim. Eso era mentira, una más de Re







