Share

Capítulo 5

Author: Nigela
Catalina se acercó:

—Espera.

Leo, que caminaba delante de ella, se giró:

—¿Ya te arrepentiste?

—Me tuviste en tu cama cuatro años, tienes que darme algo —su tono imitaba la frialdad de él.

Pero esa frialdad no era fácil de imitar.

Cuatro años de recuerdos no dejaban de dolerle en el pecho.

Respiró hondo y continuó:

—Consigue que Luis Blanco opere a mi abuela.

Él la miró con seriedad:

—¿Cambias el divorcio por esto?

—Sí.

—Necesito asegurarme de que Luis acepte la operación antes de divorciarme.

—Catalina, sabes que mi padre no contactará a Luis, ¿lo usas para renunciar al divorcio?

—Sabes perfectamente que desde que me casé contigo, mi padre y yo somos prácticamente enemigos.

—Lo sé.

—Por eso llama a la abuela y pídele ayuda.

—La abuela te quiere mucho, no te va a rechazar.

Habló con una claridad absoluta, sin emoción.

Había desaparecido ese tono mimoso y suplicante de antes.

Leo la observó un momento y marcó el número.

La llamada se conectó.

La voz de doña Carla era dulce y afable:

—Leo, ¿por qué nos llamas de repente?

—Tu abuelo y yo estamos jugando con bloques con el nieto de un amigo.

—Los niños son tan lindos.

—¿Tú y Catalina cuándo piensan tener uno?

Doña Carla no podía evitar llevar la conversación hacia el tema de los hijos.

Catalina y Leo ya estaban acostumbrados.

Antes, Catalina lo miraba con expectativa, y él solo respondía con un lacónico rechazo.

Ahora ella lo oía como si no oyera, esperando la respuesta de Leo.

—Lo de los hijos, que fluya —dijo él con tono neutro.

—Hoy te llamo por otro asunto.

—La abuela de Catalina está enferma.

—Necesitamos contactar al doctor Luis Blanco para una cirugía.

—Yo me encargo de contactarlo.

—Esta noche ven a cenar con Catalina.

Al hablar de nuevo, su tono se volvió serio:

—He oído que tú y Catalina se van a divorciar, dime que no es cierto.

—Te lo advierto, por ahora no puede ser.

—Hay demasiados ojos puestos en ti, no des pie a más problemas.

Las palabras de doña Carla hicieron que Catalina se sobresaltara.

Si en ese momento doña Carla se enteraba de que ella planeaba divorciarse de Leo, ¿seguiría ayudando a contactar a Luis?

¿Y su abuela?

La cirugía no podía realizarse hasta dentro de tres meses.

—Lo sé, tranquila, Catalina y yo estamos bien —ocultó la situación real.

Tras colgar, Leo la miró:

—La abuela ya sabe lo del divorcio.

—Catalina, hasta este paso calculaste.

La mirada de Catalina cambió.

Alzó la vista hacia él.

Él malinterpretó que ella había sido quien le había contado a la abuela.

Pero no le dio importancia.

Como si le diera igual divorciarse hoy o mañana.

Estaba listo cuando ella quisiera.

Echó un vistazo a su reloj y miró hacia el auto.

No quería perder más tiempo con ella allí:

—Como quieras.

—Esperaremos a que la cirugía esté confirmada.

Hubo un largo silencio.

Ella asintió:

—Bien.

Él la observó un instante:

—¿A dónde voy a recogerte a las seis?

—Al salón de ensayos.

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue.

Pero no fue al salón de ensayos, sino a una clínica privada.

Entregó al doctor dos muestras de cabello con folículo.

Una la había obtenido del dormitorio de Leo.

La otra, de cuando Antonio estaba en el suelo, temblando durante el ataque.

La familia Cantú era poderosa.

Ella no podía denunciar la infidelidad de Leo, eso sería buscarse la ruina.

Pero tener una prueba en la mano, para usarla como amenaza si fuera necesario, no estaba mal.

—Te avisaremos en cinco a siete días hábiles.

Firmó y salió directamente de la clínica.

Lo que no sabía era que, tras su partida, el doctor no envió las muestras a analizar.

Miró las dos muestras y marcó un número:

—Catalina acaba de traer dos muestras para una prueba de ADN... Ya veo.

Catalina fue a casa de Noelia García.

Todo lo que había sacado de casa de Leo estaba allí.

Noelia era a quien Leo llamaba "una amiga suya inútil y sin futuro".

Pero en realidad, las dos se conocieron en una competencia.

A los doce años, Catalina participó en el Concurso Internacional de Robótica Inteligente.

Usó el nombre "Lea" y ganó el primer lugar.

Noelia quedó segunda.

Entre todos los participantes, ella era la más joven y la más talentosa.

Tras la competencia, un profesor de una universidad extranjera de primer nivel, la Universidad Santo, la contactó directamente y le ofreció llevarla a estudiar allí.

Ella no aceptó.

En ese entonces, aunque quería alejarse de casa, quería aún más estar cerca de Leo.

Después de ganar, su primer impulso fue contárselo a Leo.

Y solo a él.

Pero un accidente le impidió hablar de aquel logro.

Ese año, la madre de Leo lideró un equipo de investigación en un proyecto de conducción inteligente.

Ella misma probó el auto.

Pero el sistema inteligente, sometido a innumerables pruebas, falló de repente.

El auto aceleró sin control y terminó en un accidente fatal.

Desde entonces, Catalina nunca volvió a mencionar nada relacionado con inteligencia artificial delante de él.

En cuanto entró, Noelia la abrazó con fuerza:

—Felicidades.

—Por fin vas a dejar ese matrimonio infeliz.

Catalina estaba ansiosa por saber otra cosa:

—¿Le dijiste al profesor?

Noelia asintió:

—Está en el país.

—Vino con su equipo para participar en un proyecto nacional.

—Como implica secretos, no puede revelar detalles.

—Pero cuando el profesor supo que eras tú, se emocionó muchísimo.

—Me pidió que te diera su contacto.

Catalina también se emocionó:

—Entonces, ¿le envío mis trabajos ahora para que los vea?

Noelia le pellizcó la mejilla:

—Directamente te invitó a cenar.

—Quiere hablar contigo en persona.

Catalina sintió que las mejillas le ardían.

También se le enrojecieron los ojos:

—¿No teme que me haya vuelto una inútil?

—¿Inútil?

Noelia miró los robots de todas las formas que había en su casa:

—Más de la mitad los hiciste tú.

—Además, investigué el mercado. En el país, no hay quien te supere.

Al ver aquellas máquinas, Catalina recuperó algo de confianza.

Menos mal que no había abandonado su pasión.

Todos estos años, usando la excusa de pasar tiempo con Noelia, había seguido practicando.

—¿Vas a seguir bailando? —suspiró Noelia—. Déjalo.

—No deberías haber aprendido algo que no era lo tuyo solo por un hombre.

—Terminaré la última función y luego renunciaré oficialmente.

Noelia la miró fijamente y, de repente, sonrió:

—Catalina, realmente lo has dejado ir, ¿verdad?

Durante tantos años, Catalina había llorado por él, se había alegrado por él.

Y ahora, por fin, iba a hacer algo solo por ella misma.

Catalina sintió que iba a llorar.

Cuando se enamoró por primera vez, grabó una frase en el árbol del jardín:

"Querer a Leo Cantú hasta los cien años."

Ahora tenía veinticuatro.

Y había decidido no quererlo más.

Qué bien.

Se ahorraba setenta y seis años.

Catalina acordó la fecha para cenar con el profesor.

Se retocó el maquillaje y se preparó para ir al ensayo de baile.

Era la bailarina principal.

Muchos movimientos requerían ensayo individual, así que buscó un salón pequeño.

Justo cuando iba a entrar, oyó la voz del director general:

—Después de esta función, despide a Catalina.

La coreógrafa se sorprendió:

—¿Tan de repente?

—Laura ha vuelto.

—La bailarina principal original está de regreso, ¿para qué necesitamos un suplente?

—Ya mandé a alguien a contactarla.

La coreógrafa dudó:

—Pero Laura tuvo un accidente y una de sus piernas no funciona bien.

—¿Cómo va a bailar?

El director general soltó una risa fría:

—¡Solo ella nos rechaza a nosotros!

—El inversor de la compañía es el Sr. Cantú, él puede promover a quien quiera.

Catalina se giró y volvió al gran salón de ensayos.

Allí dentro había bullicio y gente por todas partes.

Pero ella parecía no ver nada.

Caminó con rigidez hasta una esquina y empezó a estirar las piernas.

Laura también sabía bailar.

Cuando Leo le dijo que el baile le quedaba bien, era porque Laura bailaba.

Invirtió en la compañía de danza.

Ella creyó que era por ella, y se alegró como una niña, porque rara vez hacía gestos tan cariñosos.

Durante todos esos años, ella había entrenado en el salón de la mañana a la noche, hasta quedar bañada en sudor.

Había llorado de dolor cuando la profesora le forzaba las piernas.

Pero nunca pensó en rendirse.

Porque él le dijo que el baile le quedaba bien.

Ahora hasta eso era mentira.

Catalina repitió mentalmente la palabra "divorcio" varias veces.

Empezó a pensar en unirse al equipo del profesor.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 320

    Si le contaba a Valeria y ella cambiaba de opinión, pero Carlos seguía siendo el mismo de siempre...¿Podría ella asumir esa consecuencia?Catalina temía que Valeria sufriera lo mismo que ella.Guardó silencio un momento, luego preguntó:—¿Le has hablado a Carlos del divorcio?Valeria bajó la cabeza y dijo con tono apagado:—Se lo mencioné. —Dijo que mientras yo pueda arreglarlo con mi familia, a él no le importa. —Dijo que él puede gustar de otras mujeres y estar con ellas, y que yo también puedo gustar de otros. —Que no le molesta.Ambas familias llevaban años aliadas mediante este matrimonio. Eran demasiados intereses en juego.Conseguir que la familia Castro aceptara el divorcio de Valeria era casi imposible.Su matrimonio con Carlos ya no era solo cosa de dos personas; era un asunto de intereses entre dos familias.No era la primera vez que Valeria quería divorciarse.Pero solo esta vez estaba realmente decidida.Podía renunciar a todo, con tal de divorciarse y vivir por sí mi

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 319

    —Espérame —Catalina se levantó—. Me voy.—Adiós —Carlos agitó la mano.Tras despedir a Catalina, continuó disfrutando de la comida.Catalina, sin embargo, al salir, se dirigió al reservado contiguo.Valeria la esperaba desde hacía rato.—¿Por qué llegaste antes? —preguntó Catalina.Valeria bajó la cabeza:—Tenía miedo de encontrarme con Carlos, así que vine antes.Catalina la miró con atención:—Bien, tengo una pregunta. —Cuando la familia Torres quiso romper el compromiso, tú te negaste. —¿Ya estabas enamorada de Carlos desde antes? ¿Por eso no aceptaste la ruptura?Valeria se mordió el labio y un leve rubor le subió a las mejillas:—¿Quién no ha hecho tonterías en su juventud? —Además, él no era como ahora. Antes era buena persona.Su voz se debilitó y continuó:—Además, en mi casa no tengo poder de decisión.Valeria tenía un hermano mayor, el heredero de la familia, y un hermano menor, el mimado.Ella estaba en medio. Debía ceder ante el mayor y también ante el menor.No tenía v

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 318

    Catalina le recordó:—Primero prueba llamando a Laura, tal vez acepte. —Después de todo, estuviste con ella bastante tiempo en Milado.Carlos miró el nombre en la pantalla de su celular: Jazmín.Si hubiera sido por cualquier otra cosa, jamás habría llamado a Laura para molestarla.Pero esta vez era diferente.Era la carta de Débora.Siguiendo el consejo de Catalina, llamó a Laura.Laura contestó enseguida:—¿Necesitas algo?—Sí. —Laura, ¿tú puedes entrar a la oficina de Leo?Laura preguntó con extrañeza:—¿Por qué preguntas eso?Carlos dijo:—Mi hermana dejó una carta en la oficina de Leo.Laura se quedó en silencio un momento, y de repente soltó una risa:—Carlos, ¿estás loco? —¿Acaso quieres que vaya a robarte la carta?—No es robar —la voz de Carlos tembló—. ¡Es mía!—Tu hermana se la dio a Leo, ¿qué tiene que ver contigo? —Si ella hubiera querido dártela, ahora mismo la tendrías en tus manos. —¿No entiendes algo tan simple?Las pupilas de Carlos se estremecieron:—Laura, ¿qué

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 317

    Carlos empezó a repasar mentalmente:¿Quién demonios podría estar tan enamorada de él como para llegar a ese punto?¿Acompañar durante tres meses a un inútil que ni siquiera podía responder?Con esa capacidad de entrega, si se hubiera fijado en otro, seguramente ya habría triunfado.Lo que Carlos jamás imaginó es que ella aguantaría medio año.Cada vez hablaba más. Le contaba que la habían pillado distraída en clase y el profesor la había llamado a la pizarra.Que había llegado tarde al comedor y no había podido comer su plato favorito.Hasta le contaba que un día había tenido que pedir una compresa a la vecina de cubículo en el baño porque había olvidado la suya.No había quien la callara.Carlos repasó a todas las chicas que conocía en su memoria. No encontró a ninguna tan parlanchina.En Navidad pensó: "Seguro que hoy no viene.""Es Navidad, estará con su familia."Pero vino.Llegó como si estuviera enfadada:—¡Quién iba a decir que unas hojas secas me harían resbalar! —¡Mi ropa

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 316

    Al recordar aquello, Carlos soltó una risa fría:—En ese momento estábamos todos en la conferencia del Sr. Navarro. —En cuanto Leo recibió tu llamada, se fue al instante. —Algo tan insignificante, podía haber mandado a cualquier asistente. —Cualquiera habría pensado que había pasado algo grave.Y no solo eso. Después, Leo la llevó personalmente a ver al consejo directivo de la universidad.Los estudiantes que la habían estado molestando fueron llamados a la oficina. A partir de ese día, cada vez que veían a Catalina, se desviaban para evitarla.Siempre resolvía todo por ella, y ella se volvía cada vez más dependiente de él.Carlos se encogió de hombros:—Cuando volví al país, lo primero que hice fue acercarme a ti, solo para ver cómo reaccionaba él...Dio un sorbo a su vino tinto. El cristal reflejó el cambio en su mirada:—Pero él ya cambió.Catalina apretó la copa y dijo en voz baja:—¿Por qué sacas el tema? He venido a hablar de la carta de tu hermana. —Busqué en el estudio,

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 315

    —Srta. Suárez, ¿necesita algo?—Busco a Leo, tengo que hablar con él.—El señor no está.Laura no dijo nada más.Poco después, Iris oyó sonar un celular.Miró hacia atrás.El celular que estaba sobre la mesa era el de Leo.Iris no pudo evitar dirigir la mirada hacia la alta silueta en el balcón.Leo seguía fumando. Sin duda, seguía alterado por la discusión de hacía un momento.El celular no dejaba de sonar. Iris finalmente lo tomó y se acercó al balcón:—Es de la Srta. Suárez.Afuera, la noche era solitaria. El punto de fuego entre los dedos de Leo destacaba con fuerza.Iris pensó que al menos contestaría la llamada.Pero la mano que sostenía el cigarro tomó el celular y, al instante siguiente, lo arrojó con violencia.La fuerza del brazo fue tal que arrastró todo su cuerpo, y él soltó una respiración agitada.Abajo había césped, pero aun así el celular golpeó con un sonido seco.Iris se quedó petrificada, sin atreverse a moverse.Aunque Leo siempre había sido frío en el trato, y e

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status