Share

Capítulo 6

Penulis: Nigela
Catalina ensayó varias veces.

Pronto serían las seis.

Justo entonces, Mateo le envió un mensaje:

"Ya llegué."

Se levantó, fue al vestidor.

Luego se cambió y tomó el ascensor hasta la planta baja.

Varias chicas de la compañía estaban escondidas detrás de una columna, mirando con timidez hacia la entrada.

Allí, de pie, había un hombre alto y esbelto.

Esperaba en silencio junto a la puerta.

El traje ceñido marcaba sus hombros anchos y su cintura estrecha, y más abajo, fueron sus largas piernas.

Tenía la cabeza inclinada, con una postura relajada pero no descuidada, más bien llena de distinción.

Las chicas de la compañía solían ser orgullosas y desdeñaban a los hombres comunes, pero en ese momento estaban animadísimas.

—Qué guapo, ¿a quién espera?

—Si nadie lo reclama, voy yo a saludarlo.

—Yo también quiero ir, pero se parece un poco al esposo de Catalina.

—Imposible.

—Si tuviera un esposo tan guapo, no habría publicado solo una foto de espaldas.

—Seguro que es una foto de internet.

Catalina cayó en cuenta.

Era la primera vez que Leo la esperaba en persona.

Antes, a lo sumo, la esperaba sentado en el auto.

Nunca se había quejado de eso.

Cada vez que él la recogía, ella subía al auto feliz y se pegaba a él como una lapa.

Ignoró los comentarios y caminó hacia Leo.

—Es Catalina, no puede ser.

Todos reconocieron de inmediato esa silueta alta y esbelta.

Cuatro años atrás, cuando llegó a la compañía, su rostro radiante había atraído a innumerables bailarines que se escondían para verla ensayar.

En aquel entonces, era como el sol del verano: deslumbrante y ardiente.

Pero ella anunció de inmediato que estaba casada, cerrando la puerta a cualquier mirada ambigua.

Todos pensaban que una belleza así, casada tan joven, debía tener un matrimonio feliz.

Pero con el tiempo, empezaron a notar algo extraño.

Su esposo nunca había ido a verla bailar.

Nunca la llamaba por iniciativa propia.

Incluso cuando Catalina se emborrachaba en las cenas, era una amiga quien la recogía.

Muchos especulaban que se había casado con un hombre viejo y feo por dinero.

En ese momento, un niño salió del pasillo persiguiendo una mariposa, con la mirada absorta y seria.

Laura lo seguía con una sonrisa.

Ambos se acercaron con soltura a Leo:

—¿Ya llegaste? Qué rápido.

El grupo de curiosos detrás de ella estalló en murmullos.

—Está casado, ¿y qué hace Catalina?

—Está casada ella también, ¿no? ¿Qué significa esto?

—Las mujeres con matrimonios infelices deben andar muy necesitadas.

—Seguro no esperaba que la esposa apareciera con el niño.

—Qué incómodo, ¿pelearán?

Catalina notó que Laura había salido del interior de la compañía.

El director había sido rápido.

Ya no importaba.

De todas formas, ella se iba.

Pero al pensar que Leo había venido a esperarla personalmente por Laura, sintió el pecho oprimido.

Hasta le costaba hablar:

—Iré a la Mansión Cantú en taxi.

Leo la miró.

Su piel blanca, enrojecida por el ejercicio, lucía más hermosa que de costumbre.

Pero había algo diferente.

Su mirada hacia él ya no tenía el brillo del amor, solo calma.

Tras un momento, él preguntó con voz grave:

—¿Estás segura?

—Claro —respondió sin dudar.

Antes, si alguna chica se acercaba un poco a él, ella se apresuraba a reclamar su territorio.

Ahora, le daba igual.

Total, se iban a divorciar, cada uno viviría su vida.

Que estuviera con la amante que quisiera.

—Está bien —dijo él, bajando la cabeza con expresión impasible, y se dio la vuelta.

Catalina se quedó quieta y pidió un taxi con el celular.

En realidad, no quería ir a la Mansión Cantú, pero el asunto de Luis aún no estaba resuelto.

Por su abuela, tenía que ir.

Cuando llegó a la mansión, Leo ya estaba al lado de doña Carla, escuchándola mientras lo reprendía:

—Ya eres mayor, llevas cuatro años casado y aún no tienes un heredero.

—¿Te parece correcto?

—Si Catalina no se queda embarazada pronto, los de la familia de tu tío segundo usarán esto para atacarte.

La familia Cantú tenía muchas ramas.

Solo de la generación de Leo había docenas.

Pero casi ninguno, como Leo, llegaba a los treinta sin un heredero.

Por eso doña Carla no dejaba de presionarlo.

Catalina respiró hondo, entró y saludó con una sonrisa:

—Abuela.

—Catalina, ¿por qué no viniste con Leo?

Doña Carla miró a Leo:

—¿No fuiste a recogerla? Eres igualito a tu padre.

—Acaso quieres terminar como...

Se interrumpió, con expresión preocupada.

Leo dijo:

—Vamos a cenar.

Doña Carla llevó a Catalina hasta la mesa.

Catalina vio que Leo rodeaba la mesa para sentarse junto a la abuela.

Normalmente, ella se habría pegado a él.

Ahora, solo bajó la cabeza y fingió no verlo.

Doña Carla notó que algo andaba mal entre ellos.

Carraspeó y dijo:

—¿Por qué te sientas junto a mí?

—Ve al lado de tu esposa, mi lugar es para Cecilia.

Leo respondió con desinterés:

—Da igual dónde me siente.

En ese momento, Cecilia Torres, que jugaba en el jardín, entró corriendo:

—¡Sra. Catalina! ¡Te he extrañado tanto!

La niña de seis años se lanzó sobre Catalina, quien la abrazó con una sonrisa sincera:

—Cecilia, yo también te he extrañado.

Las familias Torres y Cantú eran muy cercanas.

A doña Carla le encantaban los niños y solía llevar a Cecilia a jugar.

Cecilia, aunque era niña, era muy traviesa.

Le gustaba trepar árboles y saltar muros.

Se parecía mucho a Catalina cuando era pequeña, por eso se llevaban bien.

Pero Leo prefería la tranquilidad, así que antes Catalina evitaba que Cecilia se le pegara, por miedo a que él se molestara.

Ahora, sin preocupaciones, iba a pedirle a Cecilia que se sentara a su lado.

Pero doña Carla la llamó:

—Cecilia, ven siéntate conmigo, ¿quieres?

Luego le lanzó una mirada severa a Leo, quien se levantó y fue a sentarse junto a Catalina.

Cecilia, que le tenía miedo a la expresión fría de Leo, corrió al lado de doña Carla:

—Doña, en mi colegio llegó un alumno nuevo, se llama Antonio.

—Es muy inteligente.

—La maestra dice que es el niño más listo de la escuela, es un genio...

Catalina se quedó helada.

Cecilia estudiaba en la mejor escuela internacional de Ajina, con educación de élite en grupos reducidos.

Los alumnos eran de familias ricas o poderosas.

La matrícula anual costaba cientos de miles.

Catalina solo había conseguido para Antonio una escuela primaria normal.

Pero Leo lo había cambiado de escuela.

Eso significaba que planeaba formar a Antonio como su heredero.

Su expresión cambió.

Así que ya estaba decidido a divorciarse.

Ya había empezado a preparar al niño.

Seguro que a la familia Cantú le gustaría Antonio, porque era obediente, educado y brillante.

Como al final se iban a divorciar, Catalina no perdió tiempo pensando en él.

Miró a doña Carla y aprovechó para preguntar por Luis.

Doña Carla sonrió:

—Tranquila, ya hablé con Fabio.

—Dice que cuando vuelva de su viaje de negocios, invitará a cenar a Luis para hablar del asunto.

—Esta sopa la mandé preparar especialmente.

—Bebe un poco, te hará bien.

—Gracias, abuela.

Se sintió un poco más tranquila.

Mientras pensaba en su abuela, aceptó el cuenco de sopa que le ofrecía el sirviente y bebió lentamente.

—Somos familia, no hace falta que des las gracias.

—Estás muy delgada, tienes que comer más.

Doña Carla mandó servir también un cuenco para Leo y le recordó:

—A partir de ahora, trae a Catalina a cenar más seguido.

—Los jóvenes nunca comen bien.

Leo bajó la cabeza y removió la sopa con la cuchara.

Dijo con voz queda:

—Abuela, estoy muy ocupado, Catalina también tiene sus cosas...

Doña Carla se enfureció de repente:

—¿Ocupado? ¿O es por esa mujer de los Suárez?

—Por ella te dieron cien latigazos como castigo familiar, casi te mueres.

—No tuve corazón para verte así, y acepté que te casaras con Catalina.

—¿Y ella? ¡Se casó con otro!

—Si ahora te atreves a tener algo que ver con ella, jamás lo permitiré.

Catalina se quedó aturdida ante la información que acababa de recibir.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 320

    Si le contaba a Valeria y ella cambiaba de opinión, pero Carlos seguía siendo el mismo de siempre...¿Podría ella asumir esa consecuencia?Catalina temía que Valeria sufriera lo mismo que ella.Guardó silencio un momento, luego preguntó:—¿Le has hablado a Carlos del divorcio?Valeria bajó la cabeza y dijo con tono apagado:—Se lo mencioné. —Dijo que mientras yo pueda arreglarlo con mi familia, a él no le importa. —Dijo que él puede gustar de otras mujeres y estar con ellas, y que yo también puedo gustar de otros. —Que no le molesta.Ambas familias llevaban años aliadas mediante este matrimonio. Eran demasiados intereses en juego.Conseguir que la familia Castro aceptara el divorcio de Valeria era casi imposible.Su matrimonio con Carlos ya no era solo cosa de dos personas; era un asunto de intereses entre dos familias.No era la primera vez que Valeria quería divorciarse.Pero solo esta vez estaba realmente decidida.Podía renunciar a todo, con tal de divorciarse y vivir por sí mi

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 319

    —Espérame —Catalina se levantó—. Me voy.—Adiós —Carlos agitó la mano.Tras despedir a Catalina, continuó disfrutando de la comida.Catalina, sin embargo, al salir, se dirigió al reservado contiguo.Valeria la esperaba desde hacía rato.—¿Por qué llegaste antes? —preguntó Catalina.Valeria bajó la cabeza:—Tenía miedo de encontrarme con Carlos, así que vine antes.Catalina la miró con atención:—Bien, tengo una pregunta. —Cuando la familia Torres quiso romper el compromiso, tú te negaste. —¿Ya estabas enamorada de Carlos desde antes? ¿Por eso no aceptaste la ruptura?Valeria se mordió el labio y un leve rubor le subió a las mejillas:—¿Quién no ha hecho tonterías en su juventud? —Además, él no era como ahora. Antes era buena persona.Su voz se debilitó y continuó:—Además, en mi casa no tengo poder de decisión.Valeria tenía un hermano mayor, el heredero de la familia, y un hermano menor, el mimado.Ella estaba en medio. Debía ceder ante el mayor y también ante el menor.No tenía v

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 318

    Catalina le recordó:—Primero prueba llamando a Laura, tal vez acepte. —Después de todo, estuviste con ella bastante tiempo en Milado.Carlos miró el nombre en la pantalla de su celular: Jazmín.Si hubiera sido por cualquier otra cosa, jamás habría llamado a Laura para molestarla.Pero esta vez era diferente.Era la carta de Débora.Siguiendo el consejo de Catalina, llamó a Laura.Laura contestó enseguida:—¿Necesitas algo?—Sí. —Laura, ¿tú puedes entrar a la oficina de Leo?Laura preguntó con extrañeza:—¿Por qué preguntas eso?Carlos dijo:—Mi hermana dejó una carta en la oficina de Leo.Laura se quedó en silencio un momento, y de repente soltó una risa:—Carlos, ¿estás loco? —¿Acaso quieres que vaya a robarte la carta?—No es robar —la voz de Carlos tembló—. ¡Es mía!—Tu hermana se la dio a Leo, ¿qué tiene que ver contigo? —Si ella hubiera querido dártela, ahora mismo la tendrías en tus manos. —¿No entiendes algo tan simple?Las pupilas de Carlos se estremecieron:—Laura, ¿qué

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 317

    Carlos empezó a repasar mentalmente:¿Quién demonios podría estar tan enamorada de él como para llegar a ese punto?¿Acompañar durante tres meses a un inútil que ni siquiera podía responder?Con esa capacidad de entrega, si se hubiera fijado en otro, seguramente ya habría triunfado.Lo que Carlos jamás imaginó es que ella aguantaría medio año.Cada vez hablaba más. Le contaba que la habían pillado distraída en clase y el profesor la había llamado a la pizarra.Que había llegado tarde al comedor y no había podido comer su plato favorito.Hasta le contaba que un día había tenido que pedir una compresa a la vecina de cubículo en el baño porque había olvidado la suya.No había quien la callara.Carlos repasó a todas las chicas que conocía en su memoria. No encontró a ninguna tan parlanchina.En Navidad pensó: "Seguro que hoy no viene.""Es Navidad, estará con su familia."Pero vino.Llegó como si estuviera enfadada:—¡Quién iba a decir que unas hojas secas me harían resbalar! —¡Mi ropa

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 316

    Al recordar aquello, Carlos soltó una risa fría:—En ese momento estábamos todos en la conferencia del Sr. Navarro. —En cuanto Leo recibió tu llamada, se fue al instante. —Algo tan insignificante, podía haber mandado a cualquier asistente. —Cualquiera habría pensado que había pasado algo grave.Y no solo eso. Después, Leo la llevó personalmente a ver al consejo directivo de la universidad.Los estudiantes que la habían estado molestando fueron llamados a la oficina. A partir de ese día, cada vez que veían a Catalina, se desviaban para evitarla.Siempre resolvía todo por ella, y ella se volvía cada vez más dependiente de él.Carlos se encogió de hombros:—Cuando volví al país, lo primero que hice fue acercarme a ti, solo para ver cómo reaccionaba él...Dio un sorbo a su vino tinto. El cristal reflejó el cambio en su mirada:—Pero él ya cambió.Catalina apretó la copa y dijo en voz baja:—¿Por qué sacas el tema? He venido a hablar de la carta de tu hermana. —Busqué en el estudio,

  • Mi ex esposo no me suelta   Capítulo 315

    —Srta. Suárez, ¿necesita algo?—Busco a Leo, tengo que hablar con él.—El señor no está.Laura no dijo nada más.Poco después, Iris oyó sonar un celular.Miró hacia atrás.El celular que estaba sobre la mesa era el de Leo.Iris no pudo evitar dirigir la mirada hacia la alta silueta en el balcón.Leo seguía fumando. Sin duda, seguía alterado por la discusión de hacía un momento.El celular no dejaba de sonar. Iris finalmente lo tomó y se acercó al balcón:—Es de la Srta. Suárez.Afuera, la noche era solitaria. El punto de fuego entre los dedos de Leo destacaba con fuerza.Iris pensó que al menos contestaría la llamada.Pero la mano que sostenía el cigarro tomó el celular y, al instante siguiente, lo arrojó con violencia.La fuerza del brazo fue tal que arrastró todo su cuerpo, y él soltó una respiración agitada.Abajo había césped, pero aun así el celular golpeó con un sonido seco.Iris se quedó petrificada, sin atreverse a moverse.Aunque Leo siempre había sido frío en el trato, y e

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status