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Capítulo 3

F
Faltaba apenas un día para la boda cuando Seville me invitó a salir. Me llevó al Lago Luz de Luna, justo en el corazón del territorio de Viento de Plata.

Frente al agua, susurró mi nombre. Esta vez su voz era suave, nada que ver con aquel aullido de agonía que le escuché justo antes de morir en mi otra vida. De pronto, se puso de rodillas. Tenía en la mano una cajita de terciopelo abierta y, dentro, un diamante que brillaba con fuerza bajo la luna.

—Lily, aunque nuestro compromiso empezó como un trato político, creo que te mereces una pedida de mano como Dios manda —Seville me clavó la mirada, con una expresión solemne y cargada de verdad—. ¿Te casarías conmigo?

Pestañeé un par de veces, le regalé una sonrisa de oreja a oreja y le tendí la mano.

—Claro que sí.

Mientras me ponía el anillo, sentí que le temblaban un poco los dedos. Le sostuve la mano antes de ponerme de puntillas y besarle apenas la comisura de los labios, algo que me sacudió el alma. Al Alfa de Viento de Plata le dio una pena tremenda y se puso rojo como un tomate.

Regresé a casa con una sonrisa que no se me borraba de la cara. A su lado me sentía mucho más feliz. Sarah, en cambio, se estaba muriendo de la envidia al ver mi anillo. Se fue corriendo a buscar a Blake y, cuando volvió más tarde, traía marcas nuevas por todo el cuerpo, pero venía presumiendo un brazalete de piedras preciosas.

—Esto se lo dejó su abuela a Blake —dijo con orgullo—. ¡Es una reliquia de familia!

Luego, miró mi anillo con desprecio.

—No puedes comparar una reliquia así con cualquier barata de tienda.

No le hice ni el más mínimo caso y me concentré en lo mío. Sarah y yo celebraríamos las ceremonias el mismo día.

Tal como lo había prometido, Seville vino a buscarme en un carruaje de cristal con forma de calabaza. Con mi vestido de perlas puesto, tomé su mano mientras me escoltaba hacia la capilla. Adentro, la decoración era un sueño. Todo resplandecía como si hubieran bajado la galaxia entera solo para nosotros.

No habían muchos lobos de su manada, pero todos me recibieron con sonrisas cálidas. De verdad me hacían sentir que ese era mi lugar.

Seville me apartó el cabello con delicadeza y me besó la nuca. Al acercarse, me susurró al oído con voz ronca:

—Te va a doler un poco, pero va a ser rápido. No me tengas miedo.

Sentí un piquete agudo, intenso. Acto seguido, un calor abrasador brotó de mi nuca y me recorrió cada rincón del cuerpo. Me había marcado. En mi interior, sentí como si otro lobo lamiera al mío con ternura. Pero como la marca estaba muy fresca, todavía no alcanzaba a distinguir bien el color de su alma.

Seville me tomó con firmeza de la mano y anunció ante todos que yo era su compañera predestinada, la Luna de la manada Viento de Plata.

Mientras todos nos daban sus bendiciones, Seville me sujetó con fuerza y me murmuró al oído:

—Mi Lily, siempre estuviste destinada a ser mía... y yo soy tuyo. Nuestras almas ya son una sola. Jamás nos van a separar.

De pronto, sentí una mirada cargada de veneno clavándoseme en la espalda. No necesitaba ni voltear para saber que se trataba de Sarah.

Al terminar la ceremonia, salí de la capilla y me topé con una pelea a la vuelta de la esquina. Eran Sarah y Blake. Ella no paraba de quejarse. Decía que habían ido muchos de la manada Colmillo Negro, pero que todos tenían cara de pocos amigos. Según ella, aquello parecía más un funeral que una boda. También le reclamó que la mordida para marcarla le dolió hasta el alma y que él se estaba portando de lo más frío y distante.

Blake soltó una carcajada burlona y tiró del borde de su vestido.

—¿Frío? ¿Como esto? —Le dio una nalgada y ordenó con frialdad—. Date la vuelta.

Sarah se mordió el labio, aguantándose el dolor, pero acabó obedeciendo y alzando las caderas. No me quedé a mirar... me alejé de esa escena asfixiante.

Cayó la noche. Me senté en el borde de nuestra cama, apretando la tela de mi camisón con los dedos. A unos pasos, Seville se estaba quitando la ropa, dejando ver sus músculos marcándose bajo la piel.

Me tomó entre sus brazos y sentí sus labios rozándome la oreja.

—¿Estás nerviosa? No tengas miedo.

Me lamió el lóbulo y lo mordisqueó con ternura. Me puse rígida por la pura sensación. Con su pecho ancho pegado a mi espalda, su aroma me envolvió por completo. Sentí cómo me subía el calor por todo el cuerpo y tragué grueso.

Sus grandes manos rodeaban mis pechos, acariciándolos con dulzura. Apoyada en su hombro, no pude evitar soltar un jadeo cuando sus largos dedos ya se habían deslizado entre mis piernas. Al llevar la mano hacia atrás, topé con su dureza, sintiendo ese calor que emanaba de él.

Apreté los dientes, consciente de que tarde o temprano este momento tenía que llegar. Con una sonrisa algo nerviosa, intenté levantarme la falda para montarlo, pero él me detuvo suavemente.

—Tranquila, no te aceleres —me susurró—. Todavía no estás lista.

Me recostó de nuevo con total ternura. Sentí su nariz rozando mi intimidad antes de que su lengua empezara a saborearme una y otra vez, con una paciencia que me volvía loca. Cuando ya no pude más y mis dedos se hundieron con fuerza en su cabello, él levantó la cabeza para besarme. Mientras sus labios y su lengua me robaban los sentidos, se hundió lentamente en mi interior, tomándome por completo.

Desperté hasta el mediodía siguiente. Una loba mayor, parte del servicio, me ayudó a peinarme. Mientras platicábamos, me enteré de que había trabajado para la familia de Seville desde que era joven. Básicamente había visto pasar a tres generaciones de Alfas.

Sus manos cálidas me acariciaban el cabello con suavidad.

—Para casarse con usted, le dio a su padre una mina entera de piedra lunar —dijo con orgullo.

Me quedé helada. Seville había pagado un precio enorme por mí y no me había dicho ni una palabra.

Salí disparada de la habitación, ansiosa por encontrar a mi compañero y comérmelo a besos. Sin embargo, cuando encontré a Seville, su expresión era grave. Me contó que Blake acababa de hacer un anuncio: decía haber recibido una revelación de la Diosa Luna. Según la profecía, si engendraba un heredero, despertaría el linaje del Lobo Negro en su interior.
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