Cuando Jazmín le envió a Felipe el “50”, ya había empezado a prepararse mentalmente.
Si al final de verdad tenía que renunciar a él, se iría con la cabeza en alto y sin perder el orgullo.
No lloraría.
Tenía que marcharse con dignidad, como si nada pudiera derribarla.
Llevaba medio año repitiéndose lo mismo.
Y esa noche, en Casa Molina, lo había hecho muy bien.
No había llorado.
Estaba a punto de conseguirlo.
Pero bastó un abrazo de Mireya para que todos sus esfuerzos se vinieran abajo.
Jazmín podía soportar toda la maldad que los demás le lanzaran.
Lo único que no sabía cómo soportar era la bondad y el cariño.
Un simple abrazo cálido bastó para derrumbar por completo todas sus defensas.
Se aferró a Mireya y rompió a llorar sin poder detenerse.
Su voz desgarrada y el cuerpo sacudido por violentos temblores dejaban ver un dolor insoportable, como si le estuvieran arrancando el corazón a la fuerza.
Felipe había estado presente durante toda su juventud.
Había ocupado su corazón y se había metido hasta lo más profundo de sus huesos.
Ahora tenía que arrancarlo de raíz, aunque hacerlo significara desgarrarse el corazón.
Durante todos esos años, la calidez que Felipe le había dado la mantuvo atrapada en el pasado, incapaz de desprenderse de aquellos recuerdos.
Él había sido como un rayo de luz que iluminó los años más oscuros de su juventud.
Pero ahora, aquella misma luz la había atravesado para terminar brillando sobre otra mujer.
Mireya abrazó a Jazmín con extremo cuidado, como si temiera romperla si apretaba un poco más.
Al principio todavía intentó consolarla con algunas palabras.
Pero cuanto más la veía llorar, más le dolía.
Terminó llorando con ella.
Y al final, Mireya lloraba incluso más fuerte que Jazmín.
Los sollozos fueron apagándose poco a poco y no cesaron por completo hasta las dos de la madrugada.
Mireya le preguntó si quería tomar.
Si necesitaba emborracharse hasta olvidarlo todo.
Jazmín se negó.
Acababa de salir del hospital y su estómago todavía no estaba en condiciones de soportar una borrachera.
Si terminaba enfermándose por beber, quien sufriría las consecuencias sería ella misma.
Después de asearse, las dos se acostaron juntas bajo las mismas cobijas.
Mireya escuchó todo lo que había sucedido durante la fiesta de cumpleaños y estuvo a punto de explotar de coraje.
—¿Nayeli nunca se va a cansar? ¡Ya consiguió todo lo que quería! ¿Por qué sigue sin dejarte en paz?
Al ponerse de acuerdo con Valeria para montar todo aquel espectáculo, Nayeli había conseguido tres cosas al mismo tiempo.
Primero, agravar todavía más los conflictos entre Jazmín y la familia Molina.
Desde pequeñas, Nayeli siempre había hecho lo mismo.
Gran parte de la mala relación que Jazmín tenía con su familia se debía a que Nayeli llevaba años provocando y sembrando discordia a sus espaldas.
Segundo, demostrar delante de todos que ella era más importante que Jazmín y que era la verdadera consentida de la familia Molina.
Y tercero, obligar a Jazmín a pelearse con Felipe para impedir que terminara casándose con alguien de la familia Zúñiga.
—Nayeli te ha tenido celos desde que eran niñas. Siempre ha querido competir contigo por todo. En todo Valle Azul no hay una familia por encima de los Zúñiga. No importa con quién se case, jamás podría superar el matrimonio que tú ibas a tener. Por eso hizo todo lo posible por separarte de Felipe. Ahora que ustedes rompieron el compromiso, seguro está feliz de la vida.
Mireya miró a Jazmín.
—Antes te lo dije mil veces y nunca me hiciste caso. ¿Esta vez sí estás renunciando de verdad? ¿No te vas a arrepentir después?
Jazmín contempló el techo.
Tenía los ojos tan hinchados de llorar que le ardían.
—El diario ya se llenó. Los cien puntos se acabaron. Simplemente dejó de amarme. ¿Cómo voy a seguir engañándome?
Aquel camino estaba equivocado.
Y cuanto más avanzara por él, más se equivocaría.
Si no lo terminaba de una vez, jamás podría empezar de nuevo.
Si seguía negándose a abrir los ojos y aferrándose a la fuerza, tarde o temprano terminaría convirtiéndose en alguien a quien hasta ella misma llegaría a odiar.
Así que era mejor terminar.
Dejar ir al Felipe que alguna vez había amado y, al mismo tiempo, liberarse a sí misma.
Mireya la abrazó y suspiró.
Incluso ella se había conmovido al ver cómo Felipe protegía a Jazmín años atrás.
Los dos realmente se habían amado.
Pero su separación quizá había sido inevitable desde hacía mucho tiempo.
Desde el momento en que Jazmín salvó a Carlos, aquella relación ya había quedado marcada por un problema que tarde o temprano terminaría estallando.
Las relaciones dentro de la familia Zúñiga eran complicadas, y las disputas por el poder entre sus miembros nunca habían cesado.
El padre de Felipe había sido el hijo en quien más confiaba don Zúñiga.
De no haber existido Carlos, era muy probable que él hubiera terminado al frente de la familia.
Remedios detestaba a Jazmín principalmente porque había salvado a Carlos.
Y no habían sido pocas las veces que había hablado mal de Jazmín frente a Felipe.
Cuando Felipe era joven, solo pensaba en cuánto le gustaba Jazmín.
No se preocupaba por los intereses de la familia ni por su futuro.
Una vez que la había elegido, tampoco se dejaba influenciar fácilmente por los demás.
Pero había nacido dentro de una familia poderosa.
Y Remedios no era una mujer fácil de tratar.
Tarde o temprano, Felipe entraría de lleno en las disputas por el poder.
Y quizá entonces sus ambiciones también crecerían.
Tal vez algún día llegaría a pensar que, si Jazmín no hubiera salvado a Carlos, él podría haberse convertido en el heredero del grupo.
Y cuando llegara ese momento, también terminaría culpándola.
La separación entre ellos quizá siempre había sido inevitable.
Pero Felipe y ella ya estaban comprometidos desde hacía mucho tiempo.
Además, en aquel momento, el amor entre ambos todavía no se había acabado.
Y aun así, justo entonces él se había enamorado de otra mujer.
Eso era verdaderamente repugnante.
Mireya dejó de hablar de Felipe y recordó otra cosa.
—¿Dices que a Nayeli le gusta Carlos?
—Eso dijo Tomás. Supongo que sí.
Jazmín tampoco entendía muy bien qué estaba pasando con Nayeli.
Claramente mantenía una relación inconfesable con Pablo.
Entonces, ¿por qué ahora también estaba interesada en Carlos?
Sin embargo, Tomás no tenía ninguna razón para mentirle.
La explicación más lógica era que Nayeli supiera que lo suyo con Pablo no tenía futuro y por eso hubiera puesto los ojos en Carlos.
Después de todo, siempre había sido una mujer muy ambiciosa.
Mireya preguntó:
—Dijiste que Carlos te dio tres oportunidades. Ya usaste dos y todavía te queda una. Y además dijo que puedes pedirle lo que sea, ¿verdad?
Jazmín casi no pudo seguirle el hilo.
—Sí.
Mireya se incorporó de golpe en la cama y le dio unas palmadas emocionadas en el brazo.
—¡Entonces mañana mismo ve a buscar a Carlos y dile que se case contigo!
Jazmín la miró desconcertada.
Mireya, en cambio, ya estaba completamente sumergida en sus propias ideas y su sonrisa se hacía cada vez más amplia.
—A ver, escucha mi análisis.
El análisis duró media hora.
Y, en resumen, era prácticamente idéntico al de Tomás.
La conclusión también era la misma:
Carlos era la mejor opción que tenía.
Debía aprovechar la oportunidad y casarse con él.
De esa manera podría vengarse de todos y, al mismo tiempo, conseguir el respaldo más poderoso posible.
Jazmín jaló a Mireya para que volviera a acostarse.
—Ya duérmete. En los sueños todo es posible.
Claro que la idea le resultaba tentadora.
Pero pedir algo tan atrevido, casi temerario, era algo que simplemente no se atrevía a hacer.
Mireya volvió a recostarse a su lado, aunque todavía no estaba dispuesta a rendirse.
—Lo digo en serio. Mañana ve a buscar a Carlos. Él mismo dijo que puedes pedirle cualquier cosa. Además, está soltero. Inténtalo.
Jazmín consideró que seguir hablando del tema no tenía sentido.
Cerró los ojos, intentando conciliar el sueño, y respondió sin prestarle demasiada atención:
—Mañana Carlos seguramente va a hablar con Felipe. Primero esperemos a que se rompa el compromiso y luego vemos.
***
A las siete y media de la mañana del día siguiente, el carro de Felipe entró al estacionamiento subterráneo del Grupo Zúñiga.
Valeria iba sentada en el asiento del copiloto, nerviosa desde que salieron.
Desde que Carlos le había enviado aquel mensaje a Felipe la noche anterior, se sentía dividida.
Por un lado, estaba emocionada.
Por el otro, tenía miedo.
Estaba emocionada porque parecía que el plan que había preparado con Nayeli había funcionado.
Valeria sabía lo de los números que Jazmín le enviaba a Felipe.
Una vez, cuando Felipe estaba borracho, se había burlado de aquello frente a ella y se lo había contado como si fuera una tontería.
Tal vez los hombres no se tomaran en serio ese tipo de cosas, pero muchas mujeres sí.
Ella, por ejemplo.
Y Nayeli también.
Cuando Jazmín llegó al “98”, Nayeli dijo que había llegado el momento de hacer algo grande.
En la fiesta de cumpleaños, Valeria había chocado con Jazmín a propósito.
También había dejado que viera el arete deliberadamente.
Y frente a todos, había fingido que no le quedaba más remedio que bajarse el vestido para demostrar su inocencia.
Los aretes eran una reliquia de doña Molina.
Antes de morir, la persona a quien más había querido era Jazmín.
Cuando Jazmín era niña, incluso había vivido varios años con ella, y ambas tenían una relación muy cercana.
Nayeli conocía bien a Jazmín.
Sabía que usar una pertenencia de doña Molina para provocarla y, después, aprovechar el favoritismo de Casilda para seguir lastimándola sería suficiente para hacerla perder el control.
Valeria, por su parte, conocía a Felipe.
Sabía que, si frente a todos se bajaba el vestido para demostrar que no había robado nada, Felipe inevitablemente saldría a protegerla.
Nayeli le había dicho:
—Jazmín parece fuerte, pero en realidad es muy fácil herirla. Si usamos, uno tras otro, a quienes más le importan para golpearla donde más le duele, tarde o temprano va a perder el control.
Los hechos demostraron que Nayeli conocía muy bien a Jazmín.
El plan había funcionado a la perfección.
Incluso mejor de lo que ambas esperaban.
Ninguna imaginó que Jazmín perdería tanto el control como para empujarlas a las dos a la alberca.
Por intuición, Valeria sintió que aquello había sido la última prueba de Jazmín para Felipe.
Por suerte, ni la familia de Jazmín ni Felipe la habían elegido a ella.
La habían dejado completamente en ridículo delante de todos.
Cuando Valeria se enteró de que Carlos había citado a Felipe esa mañana para hablar sobre la cancelación del compromiso con Jazmín, estuvo a punto de volverse loca de emoción.
Había esperado tantos años.
Por fin veía una esperanza.
Nayeli se lo había dicho.
Mientras Jazmín rompiera definitivamente con Felipe, ella encontraría la manera de conseguir que Felipe se casara con Valeria.
Y Valeria le creía.
Después de todo, si Felipe había terminado enamorándose de ella, había sido gracias a Nayeli.
Pero...
¿Por qué Carlos había pedido que ella también fuera?
Valeria pasó toda la noche y todo el camino pensando en ello.
Imaginó toda clase de posibilidades.
Y al final llegó a una conclusión:
Jazmín seguramente había hablado mal de ella frente a Carlos.
—Felipe, ¿puedo no subir? ¿Por qué no le dices a Carlos que anoche caí al agua y hoy amanecí con fiebre?
Valeria era la secretaria de Felipe.
En ocasiones anteriores había acompañado a Felipe a la sede del grupo y había visto a Carlos.
Incluso desde lejos le daba miedo.
Felipe encontró un lugar para estacionarse, apagó el motor y tomó la mano de Valeria para tranquilizarla.
—No te preocupes. Jazmín no quiere romper el compromiso de verdad. Solo está usando a Carlos para darme una lección. Si pidió que vinieras, seguramente es porque quiere advertirte unas cuantas cosas. No te va a pasar nada. Yo te voy a proteger.
Hasta ese momento, Felipe seguía sin creer que Jazmín fuera capaz de renunciar realmente a él.
***
A las ocho en punto, ambos entraron puntualmente a la oficina de Carlos.
Felipe lo saludó con cierta rigidez.
—Carlos.
Valeria estaba todavía más tensa y claramente intimidada.
—Señor Carlos.
Carlos estaba revisando unos documentos y ni siquiera levantó la cabeza, como si no los hubiera visto entrar.
Él no hablaba y ninguno de los dos se atrevía a abrir la boca.
La oficina permaneció en completo silencio durante media hora, casi como un castigo.
Entre estar tanto tiempo de pie y los nervios, Valeria ya sentía los pies entumidos.
Empezaba a arrepentirse de haber llevado tacones de diez centímetros.
Felipe también estaba cansado de permanecer de pie.
Cuando por fin vio que Carlos cerraba el documento que tenía enfrente, habló enseguida.
—Si me llamaste para hacerme pagar por lo de Jazmín, no hace falta. Ya que acepté casarme con ella, no voy a echarme para atrás.
Carlos dejó caer el documento sobre el escritorio y levantó hacia él unos ojos oscuros e insondables.
—¿No entendiste lo que te dije?
Su tono era indiferente, imposible de descifrar.
Pero a Felipe le dio un vuelco el corazón.
—¿Qué quieres decir?
Carlos hizo girar lentamente la pluma entre los dedos y respondió con voz fría:
—Te di el dos por ciento de las acciones porque aceptaste mantener el compromiso. Ahora es Jazmín quien quiere romperlo. No voy a quitarte las acciones. Siguen siendo tuyas. Así que no tienes de qué preocuparte.
Luego dirigió la mirada hacia Valeria.
—En cuanto a la razón que se dará públicamente para romper el compromiso... tú cargarás con la culpa.
Valeria ya estaba nerviosa.
Cuando Carlos la miró directamente, sintió como si miles de agujas le recorrieran el cuerpo.
Y más aterradoras que su mirada fueron aquellas palabras frías, cargadas de desprecio y sarcasmo.
¿Qué quería decir Carlos?
¿Que Felipe y Jazmín iban a romper el compromiso y ella tendría que cargar con toda la mala fama?
¿Por qué?
Valeria todavía intentaba averiguar si había entendido mal cuando volvió a oír la voz de Carlos.
—Anoche armaste todo un espectáculo en la fiesta de cumpleaños. ¿Te gusta tanto llamar la atención?
Valeria se puso rígida y respondió por instinto:
—¿Jazmín te dijo algo? Yo...
Carlos la interrumpió y señaló hacia ella con la pluma.
—A principios del próximo mes es el cumpleaños de Eloy. Vas a asistir.
Su tono no dejaba espacio para discutir.
—En su fiesta tendrás media hora para disculparte públicamente con Jazmín. Además, admitirás delante de todos que te metiste entre ella y Felipe, y que por eso Jazmín decidió romper el compromiso y hacerse a un lado para dejarlos juntos.