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Capítulo 2

Author: Man D
CLAIRE

Desde que Vivian regresó, Aaron no me llamó ni una sola vez.

¿Y yo? Me negué a rogarle de nuevo, a suplicar por una mirada, a perder mi dignidad solo por estar cerca de él.

En vez de eso, me refugié en la comodidad de mi libertad. Bella y yo nos dedicamos a comer, beber y reír, dejando que el mundo se desvaneciera a nuestro alrededor.

Esa tarde, mientras disfrutábamos de un vino tinto con una selección de quesos finos y jamón serrano, el celular de Bella vibró. Era una alerta de noticias.

—¡¿Qué demonios?! —murmuró, y me puso la pantalla casi en la cara.

Ahí estaba la mano de Vivian, en la que lucía un diamante rosa tan grande que parecía ridículo.

Y, por supuesto, las fotos ya estaban por todos lados.

—¡¿Un anillo de cinco millones?! ¿En serio le compró algo tan caro en una subasta? ¡Ese anillo debería ser tuyo!

Bella estaba furiosa. Sonreí.

—Si lo quiere… pues que se lo quede.

Bella seguía echando humo.

—Y los medios… ya están preguntando si se va a casar con Aaron. Y ella, haciéndose la misteriosa, sin confirmar ni negar nada. ¡Es una descarada!

Bella estaba tan enojada que casi avienta el celular.

Tomé una cucharada de helado y se la di.

—No te enojes. No vale la pena. Yo estoy bien así.

Nos levantamos para irnos, dejando atrás el murmullo del restaurante, solo para encontrarnos de frente con Aaron y Vivian.

Vivian tenía el brazo entrelazado con el de Aaron, con el cuerpo pegado a él.

Abrió los ojos como platos en cuanto me vio. Se tapó la boca y su mirada reflejó un pánico creciente.

—Aaron…

Su voz temblaba, y en ella percibí un ligero tono de acusación.

—Otra vez está aquí… buscando problemas.

La mirada de Aaron, cálida hasta hace un momento, se volvió seria.

Dio un paso adelante, colocándose un poco por delante de Vivian.

—Creí que habíamos quedado en que no habría más de estos encuentros “accidentales”.

Me sobé el estómago lleno y sonreí.

—Bella y yo acabamos de cenar. ¿Por qué dices que es un encuentro accidental? Yo terminé de cenar antes de que tú llegaras. No te creas tan importante.

Dudó por un instante, y una sombra de incomodidad cruzó por su cara antes de voltear a ver a Vivian.

—Vamos adentro. No le hagas caso.

Vivian se mordió el labio, molesta, y extendió la mano para detenerme.

—¡No te vayas!

Levantó la mano adrede para acomodarse el cabello, dejando que ese enorme diamante rosa captara la luz.

Dios, esa piedra era obscena; su brillo me apuñalaba la vista.

Se inclinó un poco hacia Aaron y en voz baja, casi en tono de conspiración, le dijo:

—Los paparazzi están todos esperando en la entrada. Si nos ven a Claire y a mí entrar una después de la otra, van a decir que le estoy “robando el novio”.

Luego se volteó hacia mí, forzando una sonrisa de disculpa.

—¿Por qué no mejor sales por la puerta de atrás?

Hice una pausa y se me escapó una risa de incredulidad.

—¿En serio crees que me voy a tragar que esos paparazzi están aquí por casualidad?

Su expresión vaciló, y un rastro de nerviosismo delató su actuación tan cuidadosamente montada, pero enseguida recuperó su papel de víctima frágil y temblorosa.

—¿Cómo puedes decir algo así? Puede que no sea muy famosa, pero sigo siendo una estrella de cine. Es normal que los paparazzi me sigan.

Patética. Toda la fortuna con la que Aaron la consentía no podía cambiar el hecho de que seguía siendo una actriz de cuarta.

Me quedé viendo el diamante rosa; cinco millones de dólares en una subasta, y no pude evitar sentir la ironía.

Los favoritos siempre se sienten intocables. Sabía que, dijera lo que dijera, Aaron le creería. Esa deuda que él sentía por el sacrificio de su padre siempre pondría a Vivian en primer lugar.

Y yo… yo solo era un estorbo del que podía deshacerse.

Resoplé en voz baja y jalé a Bella hacia la entrada de servicio.

—Tanto drama, y yo solo quería cenar en paz.

Los sollozos de Vivian nos siguieron.

Segundos después, los hombres de Aaron aparecieron y nos bloquearon el paso.

Aaron se paró frente a mí, con una mirada dura, casi hiriente.

—Discúlpate con Vivian.

Levanté el mentón un poco, sosteniéndole la mirada.

Vivian se aferró a él, y sus sollozos silenciosos sacudían su pecho.

—Ni siquiera sé por qué debería disculparme. Yo llegué primero, y aun así ustedes insisten en que los seguí a propósito. Me dijiste que saliera por la puerta de atrás, y es lo que estaba haciendo. ¿De qué más se supone que me disculpe?

La expresión de Aaron se volvió seria, y dijo de manera autoritaria:

—Deja de hacer un escándalo. Cuando te digo que hagas algo, lo haces y punto.

Exhalé un suspiro suave, con resignación, y lo miré de arriba abajo sin perder la compostura.

—Está bien. Vivian… perdón por todo.

Antes de que pudieran reaccionar, tomé a Bella de la mano y me escabullí por la entrada de servicio, dejándolos atrás.

Bella estaba que echaba chispas.

—¿Por qué la dejaste salirse con la suya? ¡Mírala, con esa cara de santita! ¡Le hubieras dado una cachetada!

Incliné la cabeza para ver las nubes que pasaban, y sonreí serenamente.

—Porque… ya no me importa.

Poco después, recibí varios mensajes de voz de Aaron en mi celular:

“Deja de hacer berrinches”.

“El anillo de diamantes era para ti, pero si a Vivian le gusta... déjala que se lo quede”.

“La próxima vez te compraré algo mejor”.

Resoplé con sarcasmo y miré mi reloj. Quince días. Quince días para ser libre.
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