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Patterson:
«¡Dios, sí, así, fóllame duro!», escuché gemir a la hermana de mi prometida desde su dormitorio. Parecía estar disfrutando al máximo a solas, convencida de que no había nadie en la casa. Su hermana, Riley, me había mandado un mensaje por W******p pidiéndome que me pasara a ver cómo estaba su hermana pequeña mientras ella seguía atrapada en el trabajo. Subí las escaleras y me encontré la puerta de su habitación abierta de par en par. Me quedé helado con la escena: se estaba masturbando como una loca. Se sacó el vibrador de la entrepierna y lo rodeó con los dedos. Verla así me sacó un suspiro ahogado. Empezó a mover la mano de arriba abajo lentamente, como si sostuviera una polla de verdad. Lamió el juguete, dejándolo cubierto de saliva, y empezó a chuparlo con la destreza de una experta.
Mientras gemía, un escalofrío la hizo temblar; levantó una pierna y se volvió a meter el vibrador. Maldita sea, cómo odiaba ese juguete; ojalá fuera mi polla la que estuviera ahí dentro. Me encantaba el sonido de sus gemidos, eran calcados a los de su hermana cuando la estoy embistiendo. Ya estaba completamente excitado, con la entrepierna como una piedra de solo verla darse placer.
Me fui de allí a toda prisa antes de que me descubriera. Saqué el móvil del bolsillo trasero y le mandé un mensaje a Riley diciéndole que no había podido pasarme por su casa porque me había pillado un atasco, pero que iría más tarde.
Kassandra:
En cuanto crucé el control del aeropuerto, vi a mi hermana mayor sonriendo de oreja a oreja, con una cara de enamorada que no podía disimular. Lucía una dentadura perfecta y deslumbrante, idéntica a la mía, una herencia directa de nuestro padre —de quien solo saqué eso y mi amplia sonrisa—. El pelo, en cambio, larguísimo por debajo de la tira del sujetador, pelirrojo oscuro y rizado, lo sacamos de mi madre. Mis ojos almendrados y de un tono miel penetrante también son clavados a los suyos, mientras que Riley heredó los ojos grises y redondos de mi padre. Eso la hacía preciosa, bastante más bonita que yo. Pero bueno, ¡no le tengo envidia, es mi hermana!
Llevábamos casi siete meses separadas y sabía cuánto nos habíamos echado de menos. Riley corrió hacia mí y me dio un abrazo enorme y apretado, negándose a soltarme. Al graduarse de la universidad, le salió una oportunidad buenísima como periodista en Curio, una empresa muy conocida en el Reino Unido. Era una oferta brutal con unos beneficios que no podía rechazar, así que armó las maletas y se mudó a las dos semanas de recibir la carta de aceptación.
Me ponía al día a diario por W******p sobre su trabajo, sus compañeros, nuevos amigos, vecinos, las citas a las que iba y los chicos con los que salía. A veces hacíamos videollamadas por Snapchat para ponernos al tanto de todo, pero la verdad es que no era lo mismo que tenerla cerca. Su ausencia se me hacía facilísima de echar en falta y muy aburrida.
Hace dos meses me gradué del instituto. Quería aclararme sobre mi futuro, pensar bien qué carrera y universidad elegir, así que decidí tomarme un año sabático. El periodismo me llama bastante la atención; he pensado seriamente en seguir los pasos de mi hermana, ya que su carrera parece apasionante.
Tras el largo abrazo, me preguntó:
—¿Qué tal el vuelo? ¿Todo bien? —mientras agarraba una de mis maletas.
—Sin problemas —respiré hondo—. Me he pasado todo el viaje leyendo una novela.
Caminamos hacia la salida y bajamos al tercer nivel del aparcamiento.
—¡Esa es mi chica! —dijo regalándome una sonrisa—. Te he preparado algo rico en casa para comer. Tienes cara de tener hambre.
Al llegar a su coche, metimos las maletas en el maletero. Hacía un calor sofocante y yo ya estaba sudando, así que en cuanto nos montamos, Riley puso el aire acondicionado a tope.
—Ri-Ri, te he echado muchísimo de menos —le dije mirándola fijamente—. Has cambiado un montón, te ves mucho más madura que la última vez que nos vimos.
Pierre grita algo en francés y señala el helicóptero. Estoy casi segura de que se refiere al ametrallador en la puerta abierta.No me importa. Lo único que me importa es la vida de Grant.«¡Vete!», grito furiosa.Pierre se resigna y luego grita: «¡Abajo, abajo!», mientras hace un gesto con la mano.Me agacho en el asiento trasero. Pierre hace lo mismo al volante, asegurándose de protegerse la cabeza, y luego avanza a una cuarta parte de nuestra velocidad anterior.Estoy a punto de gritarle que vaya más rápido cuando el ametrallador abre fuego. Esta vez no es un disparo de advertencia.Grito mientras las balas vuelan a nuestro alrededor como abejas furiosas y destrozan el casco de fibra de vidrio de la lancha, dejándolo lleno de agujeros.Pierre inmediatamente pone la marcha atrás y empezamos a retroceder lentamente en lugar de avanzar.En cuanto empezamos a retroceder, las balas cesan. Los disparos deben ser una amenaza para mantener a Grant a raya. Si se porta bien, no me pasará nada
Se aparta para mirarme y me agarra el pelo mojado con las manos mientras ríe. Sus ojos brillan y danzan mientras me observa.—¿Estás bien? —pregunta.Asiento. Mi corazón aún no se ha recuperado del todo de la descarga de adrenalina de los últimos minutos, pero estoy viva, y eso es suficiente.—¿Me rastreaste? —pregunto.—Sí, desde el momento en que salimos. Supe que algo andaba mal cuando oí los disparos, pero ya habíamos cruzado el río y no pudimos regresar a tiempo. El tráfico se convirtió en un atasco. Así que llamé a Pierre... —Aquí señala al joven al timón, que desliza la lancha sobre el agua—.—Me recogió y te rastreamos hasta Notre Dame.Empiezo a llorar, tan aliviada. Una vez más, he escapado de la muerte por los pelos y he vuelto a los brazos del hombre que amo.—¿Cariño? —dice.—¿Sí?—Me retracto de todo —sonríe—. Tenías razón: el GPS fue genial, la mejor idea de la historia.Me río entre lágrimas—. ¿Me lo puedes dejar por escrito?Se ríe conmigo—. Lo grabaré en una placa de
Tiene sentido, sin embargo. Epicuro los está guiando. Puede verlo todo con las docenas de cámaras que veo en cada manzana, y les está dando indicaciones. El cazador controlando a sus perros.No me disparan, pero eso también tiene sentido. Me quieren vivo… como cebo.Por eso no pueden atraparme.Me duele el costado al llegar a la enorme plaza frente a la catedral. Cientos, quizás miles, de personas deambulan por allí: sacan fotos, leen carteles, pasean y disfrutan del paisaje.Quizás pueda despistar a los mercenarios entre la multitud.¡BUM, BUM, BUM!Los disparos resuenan en el aire.Toda la multitud me mira horrorizada. Sé lo que ven: hombres enmascarados con pistolas.¡Terroristas!, piensan, y todos esos cientos de personas gritan y se dispersan, dejando la plaza completamente vacía en cuestión de segundos.Adiós a la idea de despistar a mis perseguidores entre la multitud.Corro a toda velocidad por el patio y me dirijo a la puerta principal de la iglesia. Normalmente habría una fi
Pero no lo es.Nunca volverá a estar bien.—Aeropuerto Charles de Gaulle, ahora mismo —ordena Duplass.La camioneta sale del callejón y se incorpora al tráfico en una calle más grande. Voy apretujada entre Mailin y Duplass en el asiento trasero; los otros dos van delante.—Dios mío, qué telenovela —murmura Duplass. Intento ignorarlo, pero me lo pone imposible—. Tú y tu novio matón sí que saben cómo hacer llorar.Ya odiaba a Duplass antes de esto. Ahora lo detesto por completo.—¿Tal vez podríamos hablar de esto en otro momento? —pregunta Mailin con frialdad.—Tendré la conversación que quiera, cuando quiera —responde Duplass bruscamente—. Olvídate de acostarte con tu amorcito y madura. Es una criminal, igual que Carlson.Mailin se sonroja intensamente.Considero hasta dónde puedo meterle el auricular a Duplass en la oreja y si eso lo mataría. Si lo hiciera, iría a la cárcel muy contenta.“Vamos a ser el hazmerreír del FBI, ¿lo sabes, verdad?”, se burla Duplass de Mailin. “Estamos a tr
Se supone que debo irme con ellos en los próximos minutos.Ya me despedí de JP en Marcel's. No me molesté con Dominique; ya había tenido suficiente de esa zorra hipócrita para siete vidas.Ahora solo queda despedirme de Grant. Lo cual, a pesar de la revelación que tuve antes en el restaurante, es lo más difícil que he tenido que hacer en toda mi vida.Ninguno de los dos sabe qué decir."Bueno...", empiezo con torpeza.Tiene un semblante sombrío. "Ha sido una aventura intensa".Asiento. "Eso es quedarse corto".Sonríe, y luego se pone serio de nuevo. "Mira... cuando vuelvas... si necesitas dinero, saca lo que quieras de las cuentas en el extranjero que abriste".Sus palabras pretenden ser amables, pero duelen. "No quiero tu dinero"."Sé que no lo quieres, pero si lo necesitas... prométeme que lo tomarás".—Estaré bien.Suspira, se gira y mete la mano en el coche en el que llegamos. Saca la mochila y rebusca dentro. Veo el último fajo de 10.000 dólares en efectivo, las tarjetas de crédi
«—que verme morir lentamente, sin ser el hombre que estaba destinado a ser. Fue entonces cuando decidí que tenía que dejarla ir».«Y ella dice: “Mi amor, lo siento”… y entonces…»Se oye el sonido del beso, luego se abre una puerta, seguido de mi voz, aguda y acusadora: «¿Qué está pasando?»JP detiene la grabación. Se ve más cabizbajo que nunca, y eso ya es decir mucho.No lo culpo.Yo tampoco querría ser el ángel de la muerte emocional de nadie. No querría ser quien les arrebatara su amor, sus sueños, su esperanza.Levanta la cabeza para mirarme, luego desvía la mirada y respira hondo.Me giro.Grant está de pie al pie de la escalera, escuchando, con el rostro contraído por el dolor y la culpa.***Lo miro fijamente. Me siento en estado de shock. Entumecida. Muerta emocionalmente.«Eve…» susurra.«¿De verdad es por eso?», le pregunto con voz monótona y sin expresión. «¿Por eso me quieres en el barco?»«Es… no. No, es mucho más complicado que eso.»—Está bien —digo en voz baja. Ahora t







