INICIAR SESIÓN―Por favor, sigue mi dedo ―pidió el médico frente a David. Hizo lo que este le ordenó sin inconvenientes―. Pues, no veo ningún problema ―anunció con voz calmada―. Y tras el examen físico, no hay evidencia de ningún trauma que pueda ser el causante de su amnesia.
―¿Entonces cuál es el diagnóstico, doctor Swan? ―preguntó Jade, mirando con atención al hombre recostado sobre la camilla, con una vía conectada a su brazo.
―Pues, viendo la situación de manera detallada, solo puedo especular que el señor Hansen padece de un caso de amnesia global transitoria ―respondió el neurólogo―. Nunca había visto un caso como este, donde el lapso de pérdida de la memoria fuese tan extenso, pero como has notado, doctora Wang, él sabe quién es, ha retenido los recuerdos relacionados a la identidad de las personas que conocía hace seis o siete años atrás.
»Viendo los resultados de la resonancia magnética y tomando en cuenta los síntomas que dice que presentó al despertar, es el diagnóstico más probable.
―¿Cuál es la causa, doctor? ―inquirió David. Llevaban toda la mañana en eso, estaba agotado, y lo único que deseaba era dormir, dormir largo y tendido, con el deseo de despertarse en una realidad más amable, una donde estuviese Ángela con él.
«Ángela… ¿qué nos pasó?»
―Es difícil determinar las causas de este trastorno, señor Hansen ―respondió el doctor, mirándolo con cordialidad―. Puede ser desde una actividad física extenuante hasta estrés. Incluso la ingesta excesiva de alcohol, pero según los exámenes de sangre, su nivel de alcohol en la sangre no era tan alto como para considerarlo peligroso. ―Revisó de nuevo la tableta que tenía sobre la mesilla junto a la camilla―. El único síntoma que mencionó fue un dolor de cabeza muy fuerte al despertar, tanto que hasta la claridad solar le hacía doler, según esta explicación, pudo haber presentado una migraña.
―¿Y cuánto tiempo puede durar este episodio de amnesia transitoria general o lo que sea? ―indagó con impaciencia. Empezaba a fastidiarle la manera en que Jade lo miraba.
―Esa es la buena noticia ―expresó el doctor Swan con un tono apacible en su voz―. Estos episodios son transitorios, como lo dice el nombre, y no suelen durar más que un par de horas o cuando mucho un día.
»Claro que, tomando en cuenta el lapso de tiempo que olvidó, señor Hansen, es posible que su mente no regrese de inmediato, al menos no completa, puede que tarde un par de días en recuperar todos sus recuerdos.
»Como pudo notar, usted recuerda cosas aunque aún no lo sabe, el mejor ejemplo es lo que sucedió con sus llaves. Usted sabía que esas eran las llaves de su casa, solo que la casa que recordaba no era la misma.
»Lo único que le recomiendo es repetir la resonancia en un par de días, para ver si aparecen signos que nos puedan dar luz sobre las causas.
»Del resto, solo queda esperar y tener un poco de paciencia.
»Le daré una receta para unos analgésicos en caso de que el dolor de cabeza regrese, y haré un informe para su jefe, le recomiendo que se tome un par de días, solo para estar seguros, y si presenta algún otro síntoma, vuelva de nuevo.
―Muchas gracias, doctor Swan ―dijo David, asintiendo por puro reflejo.
―No te preocupes por el reporte para su jefe, doc ―intervino la otra doctora―, este paciente es el jefe, así que no tiene que reportarle nada a nadie.
―Entonces haré el informe para su médico de cabecera ―aclaró el hombre, encogiéndose de hombros―. Deberías ayudarle a ponerse en contacto con su familia, para que vengan por él.
―Sí, eso hare ―aseguró Jade―. Gracias por tu ayuda.
―Hasta luego, señor Hansen ―se despidió el doctor, sonriéndole―. No se preocupe, mañana todo va a estar mucho mejor.
David asintió con una sonrisa triste en el rostro, él en serio dudaba de que las cosas fuesen a mejorar. Soltó un largo suspiró que solo denotó lo agotado que se sentía. Cerró los ojos y se dejó caer sobre la camilla de hospital, procurando bloquear los sonidos de la sala de emergencia que inundaban el lugar.
«Seis años, he perdido más de seis años de mi vida» pensó, sintiendo un nudo en la garganta. «Anoche estaba bebiendo con mis compañeros de trabajo, pensando en cómo reconciliarme con mi novia, y hoy estoy en una cama de hospital, enterándome que me casé con una mujer que no es Ángela.»
―¿Cómo te sientes? ―preguntó Jade. David detectó la nota de desprecio, oculta en su voz.
―Como la m****a ―respondió con sinceridad―. Asustado, ansioso, triste.
Jade suspiró, era desagradable verlo, en especial por el conflicto que le causaba en ese momento. Como médico, simpatizaba con su situación, no recordaba nada de lo sucedido, tenía esposa, un hijo, una vida que no guardaba relación con los sueños que tuvo años atrás; sin embargo, como mujer, continuaba resintiéndolo por todo lo sucedido entre Ángela y él.
Al estar tendido en la cama, con ese aspecto de completa derrota, traía de vuelta los recuerdos de su amiga, encerrada en su diminuto departamento a seis cuadras del hospital, echada en la cama, sumida en la depresión.
―Lamento lo que te está sucediendo ―dijo al fin, con total honestidad. Ella era médico y él era un paciente―. Lo mejor será que llames a Laura para que te venga a buscar. Necesitas reposo y un espacio tranquilo pa…
―¿Por qué llamaría a esa mujer? ―inquirió él, abriendo los ojos de repente, frunciendo el ceño en señal de desagrado.
La doctora Wang abrió los ojos con sorpresa; negó en silencio y tomó asiento en la silla que minutos antes había ocupado el neurólogo.
―Pensé que habías hecho la asociación, David ―respondió ella con suavidad, guardó silencio por unos segundos, soltó un suspiro corto, porque le desagradaba tener que darle esa noticia. La persona que tenía en frente era el amigo de hacía siete años atrás, al que no detestaba, con el que vio los partidos de básquet por televisión mientras comían palomitas y tomaban cervezas cuando sus estudios se lo permitían―. Tu esposa es Laura, Laura Miller. ―La cara de horror de David fue todo un choque―. Se casaron hace unos cinco o seis años, no estoy segura, y tienen un hijo de más o menos la misma edad.
―Eso no es cierto. ―Negó él con su cabeza, sus ojos empezaron a nublarse por las lágrimas acumuladas―. No tiene sentido, Jade, ¿Laura? ¿La Laura que acosó a Ángela en la escuela y que nos estuvo atormentando durante todo este tiempo? ¿Esa Laura?
Jade asintió en silencio, era un triste espectáculo ver el shock en la cara del que una vez fue su amigo.
―Sí, David, esa Laura ―reafirmó con voz apagada―. Esto me cae como la m****a, pero supongo que alguien debe decírtelo, y me vas a disculpar, pero aunque ella sea tu esposa es una arpía desvergonzada y cínica que… ―Se detuvo de inmediato, no era el momento para dar rienda suelta a su descontento y boca―. David ―empezó de nuevo―. Hace unos seis años y medio, más o menos, tú le fuiste infiel a Ángela con Laura.
»Ustedes comenzaron una aventura de oficina, que terminó contigo abandonando a Angie, con la excusa de que ninguno de los dos estaba dispuesto a sacrificar sus sueños profesionales por su relación. Le aseguraste que, en perspectiva, era mejor para ti estar con Laura un tiempo y escalar más rápido en la jerarquía empresarial.
»Unos dos o tres meses después de que rompieras oficialmente con ella, te casaste con Laura y poco después, anunciaban el embarazo.
»Angie y yo lo supimos la noche antes de nuestra graduación.
―Esto es un pesadilla ―musitó David, mirando el techo. Una solitaria lágrima corrió por su sien derecha, le costaba respirar, sentía una opresión significativa en el pecho y un peso desmesurado en el centro del abdomen, como si su estómago estuviese lleno de rocas.
―Lo sé, puede que no me creas, pero de verdad lamento ser yo la que te cuente todo esto ―le aseguró ella, con sinceridad.
Se quedaron en silencio largo rato, Jade sabía que David estaba intentando reunir fuerzas para tomar una decisión.
Él tenía dos hermanas con las que no hablaba, los traumas de su infancia solo hicieron más amplia la brecha que los separaba; abandonado por su madre y con un profundo desprecio por su papá, las únicas personas a las que había considerado familia probablemente ya no estaban a su lado por todo lo sucedido.
Ángela, Jade, Alex… las personas más cercanas a su corazón. Su novia, su amiga, y su mejor amigo, casi hermano.
―¿Qué voy a hacer, Jade? ―preguntó, con un quiebre en su voz; ya no pudo contenerlo más, la desesperación le ganó la partida y se rompió por completo.
―Esperar un poco ―respondió ella con compasión―. En un par de horas, cuando muy tarde mañana, todo volverá a la normalidad… Te despertarás y volverás a ser tú de nuevo, con tu esposa, tu hijo, tu grandiosa oficina, tu increíble pent house y tu auto de lujo.
»Todo volverá a la normalidad… ya lo verás.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







