登入El asistente personal de Robin Martin observaba a su jefe con curiosidad, más que con preocupación.
Mientras sus otros colegas y amigos se quejaban de cómo sus superiores siempre retrasaban las tareas y trabajos por asuntos personales, pereza, o cualquier otra excusa, el señor Martin era bastante eficiente. Sus horas extras se debían, usualmente, por cenas de negocios, viajes o eventos especiales; del resto, él entraba a trabajar a las siete y media de la mañana y terminaba a las cinco en punto.
Para él era el trabajo ideal, porque Robin siempre estaba al día, sabía muy bien cómo manejar su tiempo, incluso si tenía problemas.
Siempre pensó que se debía a que su jefe poseía un cerebro privilegiado que le permitía dividir su atención entre varias cosas, y por eso podía enfocarse en su trabajo sin ser negligente con sus otras preocupaciones.
No obstante, desde inicios de semana, el rubio estaba más distraído de lo normal. También, más mal humorado, y no comprendía por qué.
El jueves se anunció que Corporación Warriors había ganado la licitación esperada, pronto empezarían el proyecto de construcción y eso significaba que avanzaban un escalón más en la meta de fin de año.
Eso sin contar que desde el día lunes, las acciones de Miller, Co., se encontraban en declive, aunque había logrado un poco de estabilidad del miércoles en la tarde; algo realmente digno de elogiar después del escándalo desatado.
―Señor Martin, a riesgo de ganarme un regaño por interferir en algo que no me corresponde ―llamó la atención del hombre, hablando de manera pausada para no sonar arrogante―, debo hacerle notar que tiene cuarenta y cinco minutos leyendo la misma hoja.
Aunque lo correcto sería decir que llevaba mirando fijamente la hoja por ese tiempo.
Robin soltó un resoplido de fastidio y dejó el folio sobre el escritorio; reclinó su cuerpo contra el espaldar de la silla, cerró los ojos y se cruzó de brazos.
―Quiero café ―dijo con voz frustrada.
―Le mandaré a preparar uno en la cafetería del edificio ―ofreció el asistente, levantando el auricular del teléfono que descansaba en una esquina del escritorio. Robin negó.
―Ese café sabe horrible ―refunfuñó.
―¿Quiere que mande a pedir un café de ese local al que estaba asistiendo seguido hasta la semana anterior?
Fue una pregunta sin doble sentido, con sus años de servicio había aprendido que la gente millonaria podía desarrollar gustos o intereses ‘peculiares’ que nada tenían que ver con lo novedoso o lujoso. Aunque el dichoso café era un sitio agradable y bastante atractivo, distaba mucho de ser un lugar donde se reuniera la crema y nata de la sociedad. Pero si tenía buenos productos, personas como el hombre sobre la silla con expresión enfurruñada, bien podía volverse asiduo de ese local.
Por eso no pensó, ni siquiera se imaginó, que lo que menos le importaba a Robin era el bendito café, y que su verdadero interés yacía en una atractiva mujer de cabello oscuro y ojos verdes.
―¿Qué tanto trabajo tenemos atrasado? ―inquirió el rubio, abriendo los ojos para enfocar toda su atención en el asistente.
―La aprobación de las pautas finales para comenzar la construcción que nos asignaron ayer, eso debe ser entregado lo más pronto posible. ―El asistente revisó su tableta, seleccionando las citas en la agenda―. También tiene que revisar la solicitud de presupuesto adicional para terminar el edificio Orión en la capital. Eso debe ser aprobado o denegado a más tardar el martes, se llamó a una reunión con el departamento de finanzas y los accionistas para el lunes en la mañana, el problema es que aún no lee esos documentos. Del resto… ―Revisó las demás citas y negó con la cabeza―. Todo puede ser pospuesto para uno o dos días más tarde, sin que eso afecte demasiado el resto de sus pendientes.
―Envía los documentos que debo leer del proyecto Orión a mi casa ―ordenó poniéndose de pie, miró las mangas de su camisa, las había recogido hasta la mitad de sus antebrazos justo después del almuerzo, al igual que se deshizo de la corbata y el saco; pensó por un segundo si debía ponerse todo de nuevo, o estaba bien así, «solo voy por un café», pasó los dedos entre las hebras de su cabello y asintió, era mejor si mantenía su look casual, era suficiente con el chaleco de color negro que llevaba―. También, envía las pautas a Hansen, confío en su criterio para que decida, cualquier cambio que él recomiende debe ser tomado al pie de la letra.
―Está bien, señor ―aceptó él, abriendo la aplicación de mensajería para pasarle uno al señor García, avisándole que los documentos serían entregados en su oficina para David―. Ya enviaré al mensajero.
―Entonces terminamos por hoy, tómate el resto del día ―expresó con una sonrisa cansada―. Nos vemos el lunes.
Robin abandonó su oficina sin mirar atrás, su asistente no necesitaba demasiadas indicaciones para saber qué hacer antes de marcharse. Cuando el elevador alcanzó el nivel del estacionamiento, el auto lo esperaba en la entrada, con el motor en marcha y su guardaespaldas/chofer se encontraba de pie sosteniendo la puerta para que se subiera.
―Vamos por un café ―dijo el rubio, sentándose con una actitud relajada.
El chofer no necesitó más indicaciones, con su expresión estoica, se colocó frente al volante y condujo a su destino en silencio.
Robin había decidido poner distancia entre él y Ángela, no valía la pena perder a un buen socio por una mujer a la que apenas conocía; sus planes estaban trazados de una manera meticulosa, todo gracias a David.
Él no se engañaba con respecto a la moralidad o ética de sus acciones, tampoco acallaba su consciencia con una falacia tipo ‘el bien mayor’ porque no era cierto. A Robin le daba lo mismo si otras víctimas de los Murphy no tomaban acciones para acabarlos, el mundo estaba lleno de cobardes; sin embargo él, pues él le vendería su alma al Diablo de ser necesario solo para destruirlos y borrarlos de la faz de la tierra.
Fue la determinación de David cuando le dijo que estaba dispuesto a lo que fuera por ella lo que lo hizo pensar. Robin detestaba la hipocresía por sobre todas las cosas, por eso se cabreó cuando vio la reacción de su socio; pero lo que vio en sus ojos le recordó mucho a lo que él mismo vio sus propios ojos cuando se despertó al día siguiente del funeral de su padre.
Por eso decidió dar un paso atrás.
Solo no imaginó que no ver a Ángela por esos días iba a caerle tan mal. Mucho menos pudo predecir que sus pensamientos se escurrirían entre sus dedos nada más para terminar en unos lindos ojos verdes que lo miraban con un poco de mofa cada vez que intentaba fanfarronear sobre algo para llamar su atención.
―Ese bastardo no se la merece… ―musitó entre dientes, mirando el techo del auto. «Aunque tú no eres un bastardo mejor.»
―¿Disculpe, señor? ―preguntó el chofer.
―Nada, Red ―respondió―. Solo hablaba para mí mismo.
―De acuerdo, señor Martin. ―El carro disminuyó la velocidad hasta detenerse―. Tenemos suerte, pude estacionar justo en frente.
Robin miró por la ventana del vehículo, el local se encontraba bastante atestado para la hora. Entre el mar de cabezas no detectó ninguna familiar, y la sola idea de no poder verla le agrió el humor.
«No entiendo por qué me atrae esta mujer.»
―¿Va a bajarse, señor? ―indagó el chofer, observándolo por el retrovisor. Robin asintió, aunque no hizo ningún gesto para salir del auto.
Él conocía bastante bien la historia de David, no le sorprendió para nada descubrir que Laura Miller-Murphy había usado todo tipo de artimañas para llevarlo al borde de la desesperación personal; David Hansen era un hombre con una inteligencia superior, su visión en los negocios era sorprendente, y él lo sabía; el hecho de que la hija de esos bastardos lo hubiese engañado y jodido a nivel laboral, solo para poder tenerlo en el lugar indicado, no era tan descabellado.
Siendo un tipo competitivo, el quedar estancado en su carrera era más que frustrante, podía llevar a una persona al borde de locura; admiraba a Laura ―del mismo modo que se puede admirar a un genocida o asesino serial― por su capacidad de manipulación, sin embargo, ella se equivocó al escoger a David.
Sentía lástima por su socio y cómplice, porque si esa m*****a arpía no hubiese aparecido en su vida, él habría conseguido todo: el éxito, el dinero y la chica.
Bajó del auto cuando sintió que se asfixiaba, por algún motivo le molestó pensar en ellos dos juntos.
«Él perdió su oportunidad, tomó sus decisiones, no debería sentirme mal por esto…» se dijo internamente cuando abría la puerta del local.
Sonrió al verla.
No era la típica sensación de paz cuasi mágica que las personas enamoradas decían sentir al ver al objeto de su amor, no obstante, sí había algo de tranquilidad en él después de que sus ojos se encontraron y Ángela le sonrió con calidez, dándole la bienvenida.
Tal vez fue porque encontró la resolución que estaba buscando, entonces supo que lo único que podía hacer era actuar como un caballero con su socio y no hacer jugadas sucias para ganarse a la chica.
«Qué gane el mejor bastardo.»
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







