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Capítulo 6

Author: Wheat Grain
A Roxie le zumbaba la cabeza. En aquella cuenta había unos ciento cuarenta mil dólares que los dos habían ahorrado juntos.

Todavía recordaba el día en que la habían abierto. Evan la había tomado de la mano antes de decirle:

—Roxie, esto es para nuestro futuro juntos. A partir de ahora, lo dejo en tus manos.

Ahora él se lo había entregado todo a Sylvia sin decirle una palabra. Pero lo suyo con Evan había terminado y aquella cuenta ya no tenía el mismo significado. Eso no cambiaba el hecho de que parte de ese dinero le pertenecía.

—Evan Shaw, no me importa qué hagas con tu parte, pero devuélveme los cincuenta y cinco mil dólares que son míos —le exigió, con la mirada fija en él.

Evan fue hasta el dispensador de agua, llenó un vaso y bebió un sorbo.

—Le presté a Sylvia todo lo que había en la cuenta —respondió.

Roxie corrió hacia él y le arrebató el vaso. Este cayó al suelo y se hizo añicos. Tenía los ojos enrojecidos y la voz le temblaba de rabia.

—¡Ese dinero era mío! —le gritó—. ¡Lo necesito para salvar la vida de mi madre! ¡Llámala ahora mismo y exige que te lo devuelva! ¡No me importa si tienes que vender la casa hoy mismo! ¡Devuélveme mi dinero o nos vemos en los tribunales!

Evan frunció el ceño, molesto por su reacción. Roxie nunca se había comportado de aquella manera.

—Ya usé la casa y el auto como garantía —le informó—. Entre eso y los ahorros, reuní unos setecientos mil dólares para ella.

Roxie se quedó paralizada y miró al hombre al que había amado durante seis años. No podía creer lo que acababa de oír.

—¿También pusiste nuestra casa en garantía? —le reclamó—. ¡Sylvia sabe que la vida de mi madre corre peligro! ¡Lo está haciendo a propósito!

El rostro de Evan se endureció.

—Roxie Foster, cuidado con lo que dices —le advirtió—. Ese proyecto lo es todo para Sylvia. Sin ese dinero, todo se viene abajo y sus años de trabajo se van a la basura. Es solo una chica joven que intenta salir adelante sola. ¿Puedes dejar de ser tan egoísta? Entiendo que tu madre está enferma, pero puedes pedirles prestado a tus familiares o a tus amigos por ahora. O vender la vieja casa de tu madre. Hay formas de conseguir el dinero. Cuando Sylvia tenga más dinero disponible, te lo devolverá.

Roxie le dio una fuerte cachetada.

—Evan Shaw, ¿es que no tienes corazón? —le reclamó antes de señalar la puerta—. Vete al hospital ahora mismo. Responde por el pago como director médico y consigue que autoricen la cirugía de emergencia de mi madre sin pagar por adelantado. ¡Si no, también voy a demandar a Sylvia!

Evan se limpió el rastro de sangre de la comisura de los labios.

—No —respondió—. El hospital tiene normas estrictas. No podemos permitir que un paciente acumule una deuda tan grande solo por una relación personal. Si hago una excepción por ti, la norma deja de tener sentido. Lo que sí puedo hacer es ayudarte a solicitar una ayuda económica pública para gastos médicos. Si seguimos el trámite normal, el dinero debería llegar en un plazo de quince a treinta días hábiles.

Roxie apretó tanto los dientes que sintió el sabor de la sangre. ¿Treinta días hábiles? Su madre necesitaba que la operaran antes de que pasara una semana. A ese paso, Evan iba a dejarla morir.

Roxie respiraba agitada cuando un mareo la sacudió. La vista se le puso negra y se desplomó.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en el asiento del copiloto del auto de Evan. Él conducía con una sola mano al volante.

—Tienes fiebre muy alta —le explicó—. Debe de ser por la lluvia. Te llevo al hospital. No te preocupes todavía por el costo de la cirugía. Voy a ver si puedo hacer algo más sin saltarme ninguna norma.

A Roxie le dolía todo el cuerpo por la fiebre y apenas le quedaban fuerzas. Apartó la cara y lloró en silencio mientras las lágrimas caían sobre el asiento.

—Evan… ¿cómo puedes hacerme esto? —le preguntó con la voz agotada—. Sabes que mi mamá es lo único que tengo…

Evan suspiró y estiró la mano para tocarle la frente, pero Roxie apartó la cabeza.

—Lo siento —se disculpó—. Pero Sylvia sonaba tan desamparada cuando me llamó llorando que no podía ignorarla.

Roxie cerró los ojos, desesperada. Era como si se le hubiera abierto un hueco en el pecho por donde no dejaba de entrar el frío. Para Evan, Sylvia siempre sería la prioridad. Ella ya no tenía fuerzas ni para discutir y, aturdida por la fiebre, volvió a quedarse dormida.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando el calor sofocante dentro del auto la despertó. El asiento del conductor estaba vacío. Evan se había ido.

El calor era insoportable. Roxie jadeaba en busca de aire y trató de incorporarse para alcanzar la manija de la puerta. Intentó abrirla, pero no pudo. Las puertas estaban bloqueadas.

Evan la había dejado atrapada dentro del auto.

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