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Capítulo 5

作者: Wheat Grain
Roxie esperaba fuera de la UCI. Al ver salir a Evan, corrió hacia él.

—¿Por qué saliste? ¿Qué pasa con mi mamá? —preguntó al llegar a su lado.

—Tengo que contestar una llamada urgente. Dame un minuto —respondió él, pendiente del teléfono.

Contestó y se oyeron los sollozos de Sylvia al otro lado de la línea. Su expresión cambió al instante.

—Sylvia, no llores —le pidió Evan, tenso—. Voy para allá ahora mismo.

Colgó y se volteó para marcharse, pero Roxie lo agarró del brazo.

—¿Adónde vas? —preguntó ella, alarmada.

—Le pasó algo a Sylvia —respondió Evan, ya volteado hacia la salida—. Tengo que ir a ver cómo está.

—¿Y mi mamá? —insistió Roxie, aferrada a su brazo.

Evan le apartó los dedos uno por uno hasta soltarse.

—Hay todo un equipo médico cuidando a tu madre —le aseguró—. No le va a pasar nada solo porque me vaya un rato. Que el médico a cargo continúe. Yo voy a ver qué pasa y regreso enseguida.

Terminó de hablar y entró en el ascensor que acababa de llegar. Roxie corrió detrás de él, pero las puertas se cerraron delante de ella.

—¡Evan Shaw! ¡Regresa! —le gritó frente al ascensor cerrado.

Las puertas de la UCI volvieron a abrirse. El médico que atendía a su madre salió apresurado y miró a su alrededor.

—¿Dónde está el doctor Shaw? —preguntó—. ¡Ni siquiera hemos colocado el catéter con balón!

—Se fue —respondió Roxie, casi sin mover los labios.

—¿Se fue? —repitió el médico, mirándola sin poder creerlo—. ¡Su madre puede sufrir un paro cardíaco en cualquier momento! ¿Y él se marcha ahora? ¿En qué está pensando? Nadie es más estricto que él con los protocolos. ¿Qué le pasa hoy? Nunca lo había visto abandonar a un paciente en medio de un procedimiento.

Roxie echó la cabeza hacia atrás, pero las lágrimas siguieron bajándole por las mejillas.

—Dijo que se encargara usted —murmuró, con la voz quebrada—. Doctor… por favor, salve a mi mamá.

—Haré todo lo que pueda —le aseguró el médico con la mandíbula tensa.

El médico regresó a la UCI. Roxie se apoyó en la pared del pasillo y se dejó resbalar poco a poco hasta quedar sentada en el suelo.

Dos horas después, por fin se abrieron las puertas y el médico salió al pasillo.

—Logramos colocarle el balón de contrapulsación intraaórtico —informó—. Su madre está estable por ahora, pero el doctor Chandler tiene que operarla en el plazo de una semana.

—Entiendo. Buscaré la manera de contactar al doctor Chandler —respondió Roxie, con los ojos todavía rojos.

—De verdad no entiendo al doctor Shaw —comentó el médico mientras negaba con la cabeza—. Solo tendría que hacer una llamada. ¿Cómo puede eso ir contra sus principios? Y más cuando ustedes están por casarse. No entiendo cómo pudo…

A Roxie se le encogió el pecho de amargura.

—No vamos a casarnos —respondió.

El médico suspiró antes de continuar:

—Primero, haga los trámites de ingreso. Entre la cirugía y los cuidados intensivos que va a necesitar después, el costo total rondará los setenta mil dólares. Trate de hacer el pago cuanto antes para que podamos continuar con el tratamiento y los medicamentos.

Setenta mil dólares. Roxie apretó los papeles que tenía en las manos. Por suerte, ella y Evan tenían una cuenta conjunta de ahorros con dinero de sobra para cubrirlo.

No perdió tiempo: tomó un taxi a casa para buscar los datos de la cuenta. Abrió la caja donde guardaban los papeles del banco, pero los documentos de la cuenta de ahorros no estaban.

Estaba segura de haberlos dejado allí. ¿Dónde podían estar? Revisó todos los lugares donde podía haberlos guardado, pero no los encontró.

Entonces oyó una llave girar en la puerta de entrada. Evan entró y se puso las pantuflas.

—¿Qué estás buscando? —preguntó al verla.

—¿Qué pasó con nuestros ahorros? —preguntó Roxie al voltearse hacia él, con la cara pálida.

—Sylvia regresó para empezar un proyecto nuevo y le faltaba dinero —explicó Evan mientras se aflojaba la corbata—. Así que le transferí nuestros ahorros para ayudarla.

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