LOGINJack estaba de pie en la entrada, con la mirada moviéndose entre Gina y Dominic.Nadie habló.El silencio era tan pesado que Gina podía oír los latidos de su propio corazón.—Jack —susurró.Él levantó una mano, deteniéndola.—No.Sus ojos volvieron a Dominic.—Continúa —dijo en voz baja—. Quiero oírlo todo.Dominic se acomodó la chaqueta, tratando de recuperar la compostura.—No hay nada más que necesites oír.Jack soltó una risa fría.—Qué curioso. Acabo de oírte decir que mi prometida iba a ser usada para destruirme.—Jack, por favor —empezó Gina.Él se volvió hacia ella.—¿Lo sabías?Ella tragó saliva.—No sabía todo.—Eso no fue lo que pregunté.—Sabía que Dominic quería venganza. Sabía que quería que me acercara a ti, pero no conocía el plan completo.Jack la miró fijamente.—¿Y los códigos del almacén?Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.—Se los di a él.Algo cambió en el rostro de Jack.Por un momento, pareció no haber entendido sus palabras.—¿Tú qué?—Me dijeron que me
Gina miró fijamente a Dominic, todavía sosteniendo la fotografía de su padre.—¿Protegerme? —repitió—. ¿Esperas que me crea eso?Dominic se frotó el rostro con una mano.—Sé que me odias ahora mismo.—¿Odiarte? Dominic, me mentiste sobre la muerte de mi padre. ¡Convertiste mi vida en un maldito juego!—No tuve opción.—¡Deja de decir eso!Su voz se quebró, y le arrojó la fotografía a la cara.—Empieza a hablar. Quiero la verdad. Toda.Dominic miró hacia la entrada del almacén antes de volver a enfrentarla.—Tu padre estuvo involucrado con Matteo Vincent mucho antes de que tú supieras algo sobre el negocio familiar. Eran socios. Tu padre manejaba ciertos asuntos financieros para él, pero con el tiempo quiso salirse.Gina frunció el ceño.—¿Qué tiene eso que ver con su muerte?—Tu padre descubrió que Matteo planeaba expandir sus operaciones. Tenía información que podía destruirlo. Amenazó con exponerlo todo y desaparecer contigo.Ella entreabrió los labios.—¿Mi padre quería irse?—Sí.
Jack no dejó que Gina se apartara de su lado esa noche.Después del ataque, apenas habló. Se duchó, permitió que Gianna le limpiara los cortes del cuerpo, y volvió a su habitación con una camisa limpia y una expresión cansada.Pero incluso en la cama, su brazo permaneció enroscado en la cintura de Gina.Ella yacía despierta, mirando el techo.La advertencia silenciosa de Frank se repetía una y otra vez en su mente.Ella va a conseguir que te maten.Tal vez él tenía razón. Tal vez amar a Jack se había convertido en lo más peligroso que había hecho jamás.Su teléfono vibró sobre la mesita de noche.Gina estiró la mano con cuidado para tomarlo.Un mensaje.Número desconocido: Mereces saber la verdad sobre tu padre.Se le cortó la respiración.Apareció otro mensaje.Número desconocido: Está vivo, Gina.Se incorporó tan de golpe que el brazo de Jack resbaló de su cintura.—¿Qué pasa?Ella miraba la pantalla, con el corazón martilleando.—Nada.Jack encendió la lámpara de la mesita.—No emp
El silencio entre Jack y Frank no había mejorado.Desde su discusión, Frank apenas le hablaba a Gina a menos que fuera necesario. Cada vez que ella entraba en una habitación, su expresión se endurecía. Ya no se molestaba en ocultar su disgusto.Gina intentaba ignorarlo, pero se estaba volviendo imposible.Esa mañana, estaba en la sala con Isabella cuando sonó el teléfono de Jack.Contestó de inmediato.—¿Qué?Su expresión cambió.—¿Dónde?Escuchó unos segundos antes de agarrar su chaqueta.—Que todos estén allí.Colgó.Isabella se puso de pie. —¿Qué ha pasado?—Dos de mis propiedades han sido atacadas.A Gina se le revolvió el estómago. —¿Al mismo tiempo?Jack asintió, buscando ya su arma.—Alguien quiere debilitar a mis hombres.Frank apareció en la puerta, ajustándose la funda de la pistola. —El casino del lado este y el almacén cerca de los muelles. Ambos están bajo un fuerte ataque.Jack maldijo entre dientes.—Yo me encargo del casino. Tú de los muelles.Frank asintió.Jack se g
Gina apenas durmió.Cada vez que cerraba los ojos, volvía a oír la voz.Se te acaba el tiempo, Romano.Y debajo, oyó otra voz. Una que había intentado recordar durante años sin dolor.La de su padre.Por la mañana, la fotografía seguía abierta en su teléfono. Bloqueó rápidamente la pantalla cuando Jack entró en la habitación.Parecía agotado. Llevaba la camisa desabrochada por el cuello y ojeras.—Baja —dijo—. Tenemos que hablar.A Gina se le encogió el estómago. —¿De qué?—Solo ven, Gina.Lo siguió.En el comedor, el desayuno estaba preparado, pero ninguno de los dos lo tocó. Jack estaba de pie junto a la ventana, observando al equipo de seguridad que se movía por los alrededores.—Dominic sigue desaparecido —dijo. Los dedos de Gina se apretaron alrededor de su taza.—Su apartamento está vacío. Sus coches no se han movido. Sus cuentas bancarias no han sido tocadas. Todos los contactos que hemos consultado afirman no haber tenido noticias suyas.—Quizás huyó.Jack se giró.—Dominic n
Jack colgó, pero el silencio que siguió fue peor que la amenaza misma.Gina estaba de pie junto a la cama, aún sosteniendo la pistola que él le había dicho que guardara bajo la almohada. Sintió el frío en la empuñadura.—¿Quién era? —preguntó.Jack guardó el teléfono en el bolsillo. Su expresión había cambiado. La ira seguía ahí, pero algo más oscuro se había instalado en su mirada.—Alguien que cree que puede amenazarme.—¿Lo conoces?—No. Pero su voz me suena.Se dirigió al armario y sacó una camisa negra. —Vístete. Bajamos.Gina tragó saliva. —¿Por qué?—Porque grabé la llamada y todos tienen que oírla.Sintió un nudo en el estómago.Unos minutos después, entraron en la sala principal. Frank ya estaba allí, de pie junto a la chimenea con los brazos cruzados. Lucía estaba sentada en el sofá, mientras Isabela permanecía cerca de ella, aún conmocionada por el intento de secuestro.Gianna también estaba presente, con el rostro pálido.Nadie parecía relajado.Jack dejó su teléfono sobr







