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Capítulo 2 - Bailando con el diablo

Author: E.Nuella
last update publish date: 2026-09-25 18:54:06

La mano de Jack seguía entrelazada con la de ella mientras la guiaba a la pista. La música había disminuido, el bajo seguía resonando con fuerza, pero ahora más bajo. Los cuerpos se movían a su alrededor, cerca y despreocupados, pero Jack parecía no percatarse de nadie más.

La atrajo hacia sí sin preguntar.

Una mano se posó en la parte baja de su espalda, firme, con los dedos extendiéndose como si reclamara el espacio. La otra la sujetaba, llevándola contra su pecho. El calor de su cuerpo la envolvió primero. El aroma a jabón limpio y algo más oscuro —humo y whisky— se deslizó en sus pulmones.

Gina mantuvo la espalda recta. Este era el hombre al que planeaba destruir. No se derretiría. No temblaría.

Pero su pulso la traicionó. Latía con fuerza en su garganta, mezclado con odio y algo más intenso que no quería nombrar.

Jack la miró. Esos ojos color avellana recorrieron su rostro como si lo estuviera memorizando: su boca, la línea de su mandíbula, la forma en que se negaba a apartar la mirada.

—Estás rígida —dijo con voz tan baja que solo ella pudo oírlo—. Relájate.

—Estoy relajada.

Sus labios se curvaron, casi como una sonrisa. —No, no lo estás.

La atrajo hacia sí. Sus cuerpos se tocaron por completo. Su muslo se deslizó entre los de ella mientras se movían, lentos y deliberados. La mano en su espalda presionó con más fuerza, guiándola como si ya supiera cómo lo seguiría.

Los dedos de Gina se apretaron en su hombro. Podía sentir el músculo duro bajo su camisa. Este hombre parecía no descansar nunca.

Al otro lado de la sala, cerca de la barra, Dominic permanecía inmóvil. Tenía la mandíbula tan tensa que el músculo le temblaba. No apartaba la mirada de ella. Gina captó su mirada por un instante y volvió a mirar a Jack. No podía permitirse distracciones.

El pulgar de Jack acarició una vez el dorso de su mano. —Isabella habla mucho de ti. Dice que eres diferente a las demás.

—¿A las demás?

—A las que sonríen demasiado. Hablan demasiado o quieren algo de ella. Sus ojos permanecieron fijos en los de ella. —Tú no sonríes mucho, y me miras como si estuvieras decidiendo algo.

—Quizás sí.

—¿Sí? —Se inclinó un poco, con la boca cerca de su sien—. ¿Qué estás decidiendo?

Ella no respondió. Una luz tenue y roja cruzó su rostro. Cada vez que sus cuerpos se movían, un calor intenso recorría su estómago. Lo odiaba. Lo necesitaba.

La mano de Jack se deslizó más arriba en su espalda, sus dedos rozando la piel desnuda sobre su vestido. Posesivo. Como si tuviera derecho a hacerlo.

—Estás callada otra vez —murmuró.

—No hablo solo para llenar el silencio.

—Bien. Odio a la gente que lo hace. La giró lentamente, manteniéndola pegada a él. «La mayoría de las mujeres de este club ya me estarían contando la historia de su vida y tratando de aferrarse a mí».

«Bueno, yo no soy como la mayoría».

«Ya veo».

Su mirada se posó en sus labios por un instante. Al volver a ellos, el calor era más evidente. Gina contuvo la respiración. Jack lo notó. Sus dedos se tensaron contra su columna.

—Tú también lo sientes —dijo él.

—¿Sentir qué?

—No te hagas la tonta. No te sienta bien.

Gina ladeó la cabeza. —Quizás simplemente no soy de las que se deshacen fácilmente.

Los ojos de Jack brillaron. —Mejor aún.

Se quedaron en silencio un buen rato. Dominic seguía en la barra, observando como si una tormenta estuviera a punto de estallar. Isabella estaba en algún lugar entre las luces, riendo, completamente ajena a la tensión entre su hermano y su amiga.

Jack movió el pulgar de nuevo, lentamente. —¿Cuánto tiempo hace que conoces a mi hermana?

—Unos meses.

—Confía en ti.

—No debería confiar tan fácilmente.

Jack esbozó una leve sonrisa. —Qué curioso. Yo pensaba lo mismo de ti.

Gina mantuvo la compostura. —No me conoces.

—Todavía no.

Las dos palabras quedaron suspendidas entre ellos: promesa y amenaza a la vez.

Su mano en su espalda se deslizó más abajo. Sus piernas se rozaban con cada paso. Podía sentir su firmeza, su autocontrol. Era un hombre acostumbrado a conseguir lo que quería.

Ella no se apartaría.

—Me estás mirando fijamente —dijo.

—Tú también.

—Intento descifrarte.

Jack se inclinó hacia ella, sus labios casi rozando su oreja. —Cuidado. Quienes intentan descifrarme suelen arrepentirse.

—Quizás no soy como la mayoría.

—Sigues repitiendo eso. —Su voz bajó aún más—. Sigue demostrándolo.

La canción seguía lenta. Jack no aflojó su abrazo. Al contrario, la estrechó aún más, hasta que no quedó espacio. Su pecho subía y bajaba contra el de ella. Ella sentía cada respiración. La suya se había vuelto superficial, y odiaba que él probablemente también lo notara.

Dominic dio un paso adelante desde la barra, y luego se detuvo. Gina negó levemente con la cabeza. Ahora no. Aquí no.

Jack notó el intercambio. Sus ojos se dirigieron rápidamente hacia Dominic, luego volvieron a ella, con una mirada más penetrante.

—¿Amigo tuyo?

—En realidad, algo más que eso.

—Parece que quiere pegarme un tiro.

A Gina se le revolvió el estómago. —Quizás sí.

La risa de Jack fue grave y oscura. —Sinceramente… me gusta.

Su mano se movió, sus dedos se separaron sobre su espalda. Los movió en un círculo lento, sus cuerpos entrelazados, el calor aumentando con cada giro. La venganza aún ardía en su sangre, pero también algo más, algo que la impulsaba a acercarse más y a huir al mismo tiempo.

Jack la miró como si ya fuera suya. Como si la decisión se hubiera tomado en el instante en que entró y la vio inmóvil en medio del ruido.

—Estás pensando demasiado —dijo.

—No sabes lo que estoy pensando.

—Conozco esa mirada. Me estás midiendo. Sopesando algo. —Su pulgar acarició una vez más—. Sea lo que sea, detente. Solo siente esto.

—¿Esto?

—Nosotros. Ahora mismo.

Gina sintió la garganta seca. —Nosotros no.

Los ojos de Jack se oscurecieron. —Lo habrá.

La seguridad en su voz debería haberla hecho alejarse. En cambio, le recorrió un escalofrío. Lo odiaba. Tenía que odiarlo. Pero a su cuerpo no parecía importarle los planes que había hecho en la oscuridad.

Jack los giró de nuevo, adentrándolos más en la multitud, lejos de la mirada ardiente de Dominic. Su agarre se mantuvo firme, posesivo.

Gina levantó la barbilla. —¿Siempre eres tan insistente con las mujeres que acabas de conocer?

—Solo con las que valen la pena.

—¿Y decidiste que valgo la pena en cinco minutos?

—Lo decidí en el instante en que te vi. —Su voz sonaba áspera ahora. “Te quedaste ahí parada como si el resto del lugar no existiera. Tranquila. Observando. Todos los demás intentaban llamar la atención. Tú no.”

El pulso de Gina se aceleró. Hombres como Jack Romano no se perdían nada.

“Quizás simplemente no me gustan las multitudes.”

“Quizás.” Su mirada volvió a posarse en sus labios. “O quizás eres peligrosa.”

Casi sonrió. “¿Eso te detendría?”

“No.” La palabra salió de inmediato. “Lo empeoraría.”

Podría terminar con esto. Dar un paso atrás. Inventar una excusa. Volver con Dominic.

Se quedó.

Jack ladeó la cabeza. Sus labios estaban tan cerca que sintió las siguientes palabras contra su piel.

“No me tienes miedo.”

“¿Debería tenerlo?”

“Sí.”

“Yo no.”

Algo parecido al respeto se reflejó en su rostro, mezclado con esa misma oscura avidez. Su mano en su espalda presionó con más fuerza, atrayéndola hacia sí hasta que su pecho quedó pegado al suyo. La mano que sostenía la de ella se movió. Su pulgar se deslizó hacia abajo, rozando el interior de su muñeca, justo sobre el pulso acelerado.

Él lo sintió. Ella sabía que él lo sentía.

Los ojos de Jack se clavaron en los de ella. Su voz bajó a un murmullo ronco, bajo y seguro, dirigido solo a ella.

«No suelo bailar con desconocidos… así que dime quién demonios eres».

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