LOGINEl mensaje de Isabella llegó en la tarde.«Nuevo club, mi hermano lo acaba de comprar, y abre esta noche, vienes conmigo. Sin excusas.»Gina se quedó mirando la pantalla durante un largo rato. Su pulgar se detuvo sobre el teclado. Cada parte de ella sabía que esto era otro paso más profundo dentro del mundo de Jack. Cada parte de ella también sabía que no podía decir que no.Ayudaba a sus planes.Escribió de vuelta.«¿A qué hora?»Isabella respondió casi de inmediato.«Paso por ti a las nueve. Ponte algo que haga que la gente se quede mirando. Mi hermano va a querer que estés ahí.»Gina dejó el teléfono y exhaló lentamente. Su estómago se sentía tenso. Se dijo a sí misma que era solo estrategia. Acercarse más. Aprender más. Mantener el control.Casi se lo creyó.Para cuando el auto de Isabella se detuvo frente a su edificio, Gina había elegido un vestido negro que se ajustaba a su cuerpo y dejaba los hombros al descubierto. Simple. Filoso. Mantuvo el maquillaje limpio y el cabello sue
Gina no durmió mucho.Cada vez que cerraba los ojos veía la foto en su teléfono. Su propio rostro, capturado desde las sombras, entrando a su edificio. La leyenda debajo de ella se asentaba en su pecho como una piedra.«Siempre consigo lo que quiero.»Para la mañana, sus ojos se sentían secos y su cuerpo inquieto. Se duchó, se vistió de negro sencillo, y se sentó en el borde de la cama un largo rato con el teléfono entre las manos. El mensaje seguía ahí. No lo había respondido. No sabía cómo responderlo.Dominic había tenido razón en algo. Jack Romano ya se le había metido bajo la piel.Necesitaba hablar con él. En serio esta vez.Gina encontró a Dominic en la pequeña oficina en la parte trasera de la propiedad Moretti que su padre solía usar. La habitación aún olía levemente a cigarros viejos y cuero. Dominic estaba sentado detrás del escritorio con dos teléfonos frente a él y una pila de papeles. Tenía las mangas arremangadas. Sus hombros se veían tensos.Había estado manejando todo
Gina sintió un nudo en la garganta.La mano de Jack seguía apoyada en la pared junto a su cabeza. El calor de su cuerpo la envolvía como una segunda piel. Podía oler el whisky en su aliento y el aroma limpio de su piel. Su boca estaba tan cerca que si alguno de los dos se movía un centímetro, todo habría terminado.Sintió su propio pulso latiendo con fuerza en su cuello. Sus dedos se presionaron con fuerza contra la fría pared a sus espaldas. Sentía cada nervio de su cuerpo demasiado despierto.Los ojos de Jack volvieron a posarse en su boca. El deseo en ellos era ahora evidente. Se acabaron los juegos. Se acabó la distancia cautelosa.A Gina se le revolvió el estómago. El odio aún ardía en su pecho, pero estaba mezclado con algo más intenso que le oprimía la piel. Necesitaba irse. Necesitaba recordar por qué había venido.Colocó ambas manos sobre su pecho desnudo y empujó.No con fuerza. Solo lo suficiente.Jack la dejó. Retrocedió lentamente, como si le costara algo. Su respiración
La pregunta de Jack quedó suspendida en el aire entre ellos.Gina no respondió de inmediato. Mantuvo la mirada fija en la suya y dejó que el silencio se prolongara. Estaba lo suficientemente cerca como para que ella pudiera ver la pequeña cicatriz cerca de su clavícula. Lo suficientemente cerca como para que el calor de su pecho desnudo le rozara la piel.Tenía dos opciones: retroceder y perder terreno, o quedarse y jugar.Se quedó.—Estás muy seguro de ti mismo —dijo ella.La boca de Jack se curvó lentamente—. Tengo que estarlo.—¿Y si dijera que no?—Sabría que mentías. Sus ojos se posaron en sus labios por un segundo, luego volvieron a subir. —Anoche me miraste como si ya tuvieras un plan. La gente con planes no viene a mi villa solo por cortesía.Gina ladeó la cabeza—. Quizás me gustan los lugares peligrosos.—O los hombres peligrosos.—No te creas tanto.Jack rió entre dientes. El sonido era bajo y áspero. Se giró, volvió a coger el vaso de whisky y bebió un sorbo sin apartarse
Gina conducía ella misma. El coche negro era silencioso y lujoso. Mantuvo ambas manos en el volante. El mensaje de la noche anterior seguía presente en su teléfono como un cable de alta tensión. «Mañana, 8 p. m. No me obligues a ir a buscarte». Se dijo a sí misma que solo iba a familiarizarse con el lugar. Ver cómo vivía. Encontrar sus puntos débiles. Eso era lo que había planeado. El GPS la llevó fuera de la ciudad, a una zona más tranquila donde las casas se alineaban separadas tras altos muros. La villa de Jack Romano era la última del camino. Altas puertas de hierro negro. Cámaras por todas partes. Se detuvo y esperó. Dos hombres salieron de la caseta de vigilancia. Uno se quedó atrás con una mano cerca de su arma. El otro se acercó a su ventana. «Nombre», dijo. «Gina. Jack me está esperando». Habló por la radio. Unos segundos después, las puertas se abrieron. «Sube. Alguien te recibirá». Gina llegó en coche. El camino de entrada era largo y curvo. Unas luces brillaban t
El viaje en coche de regreso a la mansión Moretti se hizo más largo de lo que debería. Gina iba sentada en el asiento trasero, con las manos apretadas en el regazo, mirando las luces de la ciudad. Su corazón seguía latiendo con fuerza. La sensación de la mano de Jack en su espalda, el sonido de su voz, la forma en que la miraba como si la decisión ya estuviera tomada... nada de eso había desaparecido.La adrenalina se mezclaba con la rabia bajo su piel. Había bailado con el hombre que mató a su padre. Se había dejado acercar por él. Y una parte de ella había sentido algo que no quería nombrar.Las puertas se abrieron. Los guardias asintieron. La gran casa permanecía en silencio bajo el cielo nocturno. Debería haber transmitido seguridad. Esa noche se sentía como una jaula.Dominic ya la esperaba cuando salió del coche. Su rostro era duro, su boca apretada en una línea recta. La siguió adentro sin decir palabra, subiendo las escaleras hacia su ala de la casa.Gina no lo detuvo. Sabía q







