ANMELDENMi cuerpo se estremece, de miedo, de dolor, de desesperación e impotencia por ser una débil prisionera y ni siquiera tener la capacidad de salvarme a mí misma.
Es una locura, estoy en la casa de ese hombre y solo pienso en la razón del porqué él me quiere aquí.
Camino por un pasillo bastante oscuro hasta encontrar una antorcha encendida. La tomo y subo las escaleras hasta llegar a una habitación sin puerta, la alumbro y localizo lo que parece ser una cama. Debe de ser su habitación así que corro lejos hasta la otra punta de la casa.
Otra habitación sin puerta y sin salida, me adentro lentamente, recorro el espacio al instante buscando a otro salvaje pero… no hay nadie, solo una cama cubierta por un par de pieles y muebles adornando el espacio.
Miro como las extrañas cortinas son empujadas por las ráfagas de intenso viento. Me acerco hasta la orilla de la cama y tomo asiento. Estoy tan cansada…siento que mis ojos están a punto de cerrarse sin vuelta atrás.
Escucho la pesada puerta de la planta baja arrastrarse y casi caigo de la cama. Debe de ser él. El sueño me abandona pero el cansancio sigue muy presente.
Siento como mi cuerpo se estremece y un fuerte piquete donde estaba la flecha hace un par de horas me incomoda.
Escucho sus pesados pies subir por la escalera y el pánico se apodera de mí. Miro hacia todos lados y no hay un lugar donde pueda esconderme, no puedo solo saltar de este lugar… ¿o sí?
Me aferro a la manta delgada que aún cubre mi cuerpo. No suelto la antorcha al contrario la aferro a mi mano.
Escucho como los pasos se detienen cerca y todo se queda en silencio. Mi respiración está agitada y su respiración retumba en las paredes pesadamente haciendo que cada uno de mis huesos tiemble. Tengo que ser fuerte.
No me muevo ni un centímetro y no sé cuánto tiempo pasa hasta que escucho sus pesados pasos alejándose y vuelvo a respirar. Me giro hacia el umbral y en efecto, se ha ido.
De repente un abrumador cansancio se apodera de mi cuerpo, mis ojos pesan, solo quiero… descansar, solo dormir un poco. Esto ha sido demasiado para mi.
De igual forma no tengo como salir de aquí, y mi cerebro está demasiado exhausto para diseñar una manera, coloco la antorcha en un portador cercano a la cama. Me hago un ovillo en la cama y suspiro cuanto pueda.
Solo debo de dormir un par de horas.
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Los fuertes gritos llenos de sufrimiento me despiertan sobresaltada, no sé qué está pasando pero parecer que él está sufriendo.
La antorcha sigue en el lugar donde la había colocado, así que me pongo de pie rápidamente y la tomo.
—¡AGHHHHH! —otro grito y maldiciones, ¿lo estarán atacando?, ¿y si muero yo también?, tal vez solo lo buscan a él. M****a no—. ¡AGHHHHHH!
Cada grito refleja el dolor que está sintiendo. Camino por el pasillo y no logro ver nada. Si hay alguien atacándolo probablemente verá la luz que emana la antorcha, será mejor que me deshaga de ella.
—¡AGHHHH M****A! —coloco la antorcha en el porta antorcha del pasillo y sigo caminando hasta su habitación. Me acerco hasta la orilla y a penas asomo un ojo y… no hay nadie.
—¡AGHHHH! —grita y el enorme cuerpo se retuerce sobre la gran cama de piedra cubierta por un infinidad de pieles.
Miro alrededor, el lugar está tenuemente iluminado por un par de antorchas más y confirmo que está solo antes de adentrarme.
Me acerco a pasos cuidadosos.
Algo lo está haciendo sufrir de manera infinita. Su pecho se levanta, con fuertes bocanadas de aire que reclama, está desnudo y sus enormes manos se aferran dolorosamente a las pieles, ¿será que está teniendo una pesadilla?
Alzo mi mano para tocar su enorme brazo cuando vuelve a gritar y por poco muero del susto. Tal vez pueda despertarlo y salir corriendo para así no tener que… enfrentarlo.
Vuelvo a alzar mi mano y apenas rozó su brazo cuando veo sus ojos abrirse y se abalanza sobre mí. La sorpresa apenas me deja reaccionar y va justo a la presión que sus manos están ejerciendo en mi cuello.
—¡No! —digo con todas mis fuerzas y a punto de ser asfixiada… de nuevo. Tiene una enorme daga empuñada en su mano derecha y me apunta directamente con ella —. No por favor…
Mi voz suena entrecortada debido a que el aire no llega a mis pulmones y estoy a punto de caer desmayada por su acción.
Sus ojos reflejan furia, dolor, venganza y de pronto… miedo y me libera.
Comienzo a toser y trato de tomar cuanto más aire puedo, pero no es suficiente. Tardo un par de minutos en volver a respirar.
—¡ERES UN LOCO! —grito mientras trato de ponerme de pie y casi caigo cuando él me sostiene por el brazo haciendo ruidos toscos pero sin decir una palabra. —¡SUÉLTAME! ¡SALVAJE!
Salgo a trompicones de la habitación chocando con las paredes debido al miedo que tengo y que siento, solo fui a levantarlo de esa estúpida pesadilla y terminé casi muerta. Llego hasta la habitación donde estaba y caigo al suelo para comenzar a llorar, por desesperación, por bruma o estrés.
¿Por qué me pasa esto?, ¿Por qué tuvo que estrellarse mi avión?, ¿por qué cerca de este lugar?, ¿por qué no morí? Lloro hasta que la respiración me falta y aún siento sus enormes manos estrangulando mi cuello.
Escucho sus pasos acercándose por el pasillo, son pesados y se arrastran hasta detenerse en el umbral de la puerta. Siento la furia recorriendo mi cuerpo. Con dolor me levanto y me vuelvo hacia él. Está ligeramente encorvado debido a que su cuerpo no cabe por la puerta, mira hacia el suelo no hacia mí.
—¿Por qué m****a no me dejas ir? —es el dolor que hay dentro de mí. Sus tenebrosos ojos se alzan hasta chocar con los míos—. Ya me has hecho sufrir lo suficiente ¿no crees?
Su mirada sigue fija en mí, solo nos ilumina la luz de la luna que entra por la ventana y las ráfagas de viento hacen la escena mucho más dramática. No contesta nada.
—¡¿POR QUÉ NO ME DEJAS IR!? —grito y da un paso al frente, yo retrocedo de inmediato, luego da otro y otro más hasta que choco con la pared de piedra. M****a.
El enorme hombre sigue acercándose a mí y sin hacer una pausa.
Siento un fuerte dolor de cabeza, me encojo cuando alza la mano, cierro los ojos con fuerza y siento como alza mi cabello para después sentir de nuevo esos dedos… pero solo rosan las marcas de mi piel estrujada.
—Yo… —dice casi como un gruñido debido a lo ronca que es su voz—. No quise… hacer eso.
Abro los ojos y lo miro atónita sin poder creer lo que está diciendo, es un hombre salvaje, y ahora dice que no quiso hacer algo como esto… eso no era lo que parecía hace un par de minutos. Me alejo de él y con la última fuerza que me queda, le contesto.
—Aléjate de mí —digo con la poca valentía que me queda y lo hace.
Miro su enorme silueta iluminada por la brillante luna, se aleja hasta salir de la habitación. Es cuando se me permite tomar aire y gritar.
—¡DÉJAME IR!
Pero no hay respuesta, no hay opción, tengo que pensar en como librarme de este loco y volver a… no tengo idea donde. Me siento abrumada, perdida… ¿qué va a pasar conmigo ahora?
Pienso en mi padre, en que probablemente esté buscando, pienso en cuánto tiempo tardarán en iniciar la búsqueda, ¿cuánto tiempo tardarán en darse cuenta de que estamos perdidos?
Comienzo a llorar de nuevo, es lo único que he hecho desde que llegué a este lugar y siento que es lo único que podré hacer. Debí de dejar que me matara ese idiota, habría acabado con tanto lío. Solo quiero volver a mi vida anterior.
El tiempo pasa mucho más rápido de lo que pensamos, en realidad puedes estar viviendo tu último día y no tienes consciencia de ello. Puedes vivir un solo día que te haga sentir que tu vida es la mejor, que estas por primera vez completo. Y de un momento a otro, todo se va. Afortunadamente las cosas con Aquiles van bastante bien, además Yora es un niño sano y fuerte, nuestra hija ha nacido, su nombre es Violeta. Miro a Aquiles con mi hermosa hija en sus brazos y ella no para de reír, su labor como padre es realmente bueno. También Yora y su labor como hermano, en realidad ambos me han dado una sorpresa, y de las buenas. Sabina es la mejor abuela que Violeta pudiera tener, vivimos en su casa y todo va de maravilla. Aquiles y yo nos unimos hace un año y todo ha marchado mucho mejor, no es que sea todo muy fácil, en realidad si tenemos disgustos pero al final son cosas que se arreglan hablando y nada más. Aquiles ha cambiado en su totalidad, es un esposo atento y amoroso, hay algunas co
Al llegar a casa veo que Sabina prepara algo de comer y la mesa está bastante bien arreglada.—¿Hay algo que celebrar? —pregunto y ella asiente.—La vida, ¿no te parece suficiente? —yo la miro incrédula debido a sus palabras, parece bastante tranquila a pesar de todo.—¿Estás bien? —pregunto y ella asiente. Luego sigue preparando la comida y yo corro detrás de Yora quien parece más inquieto que nunca. Pasa un tiempo para que Sabina se sienta a mi lado en el sofá y mire al pequeño jugar con los extraños juguetes que tienen acá, son hechos de piedra o de tela, pero parecen entretenidos y son muy creativos.—Esta noche van a estar a
Aquiles ha salido de la casa y es que por fin puedo respirar, la culpa no me abandona, día y noche estoy pensando en que pude haberlo evitado de alguna manera. —Tienes que parecer mucho más tranquila, de verdad, no te ves tranquila —dice Sabina y yo niego. —Es que… no sé como hacerlo, aun pienso que pude haberlo evitado de alguna u otra manera y después pienso que… no lo sé —ella niega y Aileen bufa.—Tú estás haciendo algo muy grande de esto… fue un accidente, y este tipo de accidentes pasan —yo niego—Y ¿por qué se lo ocultamos a Aquiles? —pregunto y ellas bufan. —Podemos decirle si gustas —dice Sabina con bastante tranquilidad y eso hace que me quede muda, ¿qué pensaría si supiera que ella ha caído al acantilado después de una pelea conmigo? —No lo sé —ellas se encogen de hombros y Yora me pide más comida. —Es tu decisión, podemos decirle sin problema —yo niego —Solo, necesito tiempo —ellas asienten y continúan haciendo sus tareas domésticas, yo me dedico a alimentar a Yora y
Él Hemos terminado con todos en este lugar, mis hombres están transformando sus cuerpos y otro más tratando de sanar las heridas que han sufrido en batalla. He repartido actividades a otro par para que así podamos llevar bastantes suministros a nuestra isla y un par de esos artilugios que ellos tenía. La verdad es que no sé para que funcionan pero creo que les vendrá bien a nuestra gente. Lo que hemos acordado irnos esta misma tarde este lugar para poder tomar el mayor número de provisiones, así que aún falta tiempo para poder ver a Margot.He intentado de todo pero simplemente no puedo quitármela de la cabeza. Aunque también he pensado en el pequeño Yora, no puedo evitar preguntarme si está bien o si tal vez ya creció un poco más. —Hemos encontrado bastantes cosas, serán muy felices con lo que llevemos —dice Kevin y yo asiento. Sigo cargando la balsa más cercana a mi y es cuestión de un par de horas para que nos encontremos zarpando de este lugar, ahora vamos con más balsas y un bo
Sé que él se ha ido, puedo sentir que ni siquiera está cerca de mí. He repetido en interminables ocasiones, no puedo lograr convencerme de que he hecho mal, la verdad es que no siento que haya hecho mal. Él es mi pareja, además, aunque hubiese tenido a un hombre apuesto frente a mi yo solo hubiese deseado a Aquiles. He hablado con Sabina sobre esto, ella dice que en realidad lo que me pasa es bastante común debido a la marca pero dudo mucho que sentirme de esa manera sea completamente sano. Lucir como una mujer sumamente desesperada y abrumada no puede ser algo sano. Pero no pude evitarlo, es como si la luna se hubiese apoderado de mi mente y de mi cuerpo. Me pongo de pie y voy directo hacia afuera, sé que Sabina ha ido a conseguir un par de cosas para la comida así que iré a ver si Aileen está disponible para una caminata, aunque sé que tal vez solo quiera estar pegada a Ramsés. Llego a la casa que les han regalado de parte de Aquiles y miro como es que Ramsés sale con una gran
ÉlMe despierto sobresaltado después de sentir como un par de hormigas se suben por mis piernas. Doy un par de manotazos y al instante me vuelvo hacia todos lados. No hay rastros de Margot, pero ella… ella estaba conmigo, estoy seguro, ella estaba a mi lado y ahora solo… solo se ha ido o ¿acaso fue mi imaginación? Miro a mi alrededor pero no está ni su ropa, ni algo que indique que de verdad he pasado la noche con ella y hemos… hecho el amor en interminables ocasiones. Me pongo de pie y cubro mi desnudez, luego voy hacia la casa de Sabina pero casi cuando estoy por llegar me encuentro a Kevin. —¿Nos vamos? —dice y yo me quedo mirándole algo confundido porque no sé muy bien de que me habla—. ¿Has dormido Aquiles? —Si, bastante bien de hecho —él asiente—Pues habrás olvidado entonces que hoy es la salida hacia la isla —yo niego y no puedo creer que se me haya pasado por completo. —No, claro que no, solo iba a… —luego niego—. Bueno no importa, vayamos de una vez. Y es cuando iniciam
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