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4| El nuevo CEO

Auteur: Ely Miranda
last update Date de publication: 2026-10-22 09:34:47

POV de Elizabeth

El lunes por la mañana ya tengo un objetivo en mente. Desde mi escritorio mantengo la vista fija en la pantalla de mi ordenador y finjo estar concentrada mientras espero, atenta a cada movimiento de mi entorno por el rabillo del ojo.

La puerta de la oficina de la dirección se abre y Travis aparece. Detrás de él, camina Eva. La joven secretaria sostiene una carpeta contra su pecho y luce una sonrisa encantadora que me gustaría borrarle de un puñetazo. Pero, por ahora, me trago el veneno que me quema la garganta.

—Nos vemos en la sala de juntas, Elizabeth —dice Travis al pasar frente a mi módulo, regalándome una sonrisa.

—Allí estaré en un momento —respondo con tono neutro.

Los veo alejarse hacia el ascensor y, una vez que la puerta de acero se cierra con ellos adentro, cuento hasta diez. Un suspiro se escapa de mis labios mientras me pongo de pie y echo a andar hacia la oficina de mi esposo. 

Hoy tenemos una reunión crucial con el CEO de la empresa, a la que deben asistir todos los analistas del departamento financiero y los altos mandos directivos. Yo también debería estar dirigiéndome hacia allá en este preciso instante. Pero necesitaba que el terreno quedara despejado. 

Entro en el despacho privado de Travis y cierro la puerta a mis espaldas. El aroma a su perfume llena el ambiente, provocándome una arcada, pero ignoro la punzada en el estómago y me abro paso rápidamente hasta el escritorio. 

Me tiemblan los dedos al posarlos sobre el teclado. Ingreso la contraseña: la fecha de nuestro aniversario de bodas, y sonrío con amargura al ver cómo el sistema me concede el acceso. Qué ironía que utilice la fecha de nuestro aniversario siendo un puto traidor.

Saco de mi bolsillo la memoria USB que configuré con un objetivo claro. Sé que lo que estoy a punto de hacer es un delito grave, pero es la única forma que tengo para monitoriar cada transacción y cada error que este miserable intente ocultar.

—Me aseguraré de que te expulse de la compañia y te quedes sin nada —murmuro, llena de rabia. 

Conecto el dispositivo e inicio la ejecución del programa de espionaje. La barra de progreso aparece en el centro del monitor, avanzando con una lentitud desesperante.

Uno por ciento... dos por ciento...

El sudor frío me perla la nuca. Reviso la hora en el reloj de pared. Faltan tres minutos para las nueve. La reunión está por comenzar y no quisiera que me llamen la atención por llegar tarde. 

Cuarenta por ciento... cincuenta por ciento...

—Avanza, por favor, avanza —le suplico en un susurro a la pantalla, mordiéndome el labio inferior compulsivamente. 

Ochenta y cinco por ciento... noventa y nueve por ciento...

Por fin, el programa se minimiza y queda perfectamente oculto en el sistema operativo. Desconecto el USB rápidamente, cierro las ventanas abiertas y dejo todo como estaba. Consulto mi reloj y me doy cuenta de que han pasado casi diez minutos.

—Llegaré tarde.

Salgo de la oficina con el corazón desbocado. Corro tratando de no perder la elegancia sobre mis tacones, abordo el ascensor y presiono con desesperación el botón del piso donde será la reunión. Cuando las puertas se abren, troto hacia la sala de conferencias principal.

—Disculpen la demora, por favor —murmuro hacia la cabecera de la mesa, un poco agitada, haciendo una inclinación de disculpa antes de ocupar rápidamente una silla vacía al final de la hilera de analistas.

A mi derecha, en la sección de directivos, noto la presencia de Travis, dedicándome una mirada de desaprobación. De pie, detrás de su silla, Eva me observa con una chispa de suficiencia en los ojos. Los ignoro a ambos, tratando de concentrarme en la convocatoria.

En la cabecera de la mesa ovalada se encuentra el señor Walter Neumann, el fundador y CEO de la firma. Es un hombre de edad avanzada, de rostro surcado por arrugas y cabello canoso, cuya figura impone un respeto absoluto en toda la industria.

El señor Neumann me dedica un asentimiento sereno.

—No se preocupe, señorita —dice su voz amable pero firme—. Apenas estamos comenzando y, de hecho, aún esperamos a una última persona. Sin embargo, aprovechando que casi todos los miembros del consejo directivo y el equipo financiero están presentes, procederé a informarles el motivo de esta reunión de emergencia.

Un silencio expectante se adueña del salón.

—Como muchos de ustedes habrán notado en los últimos meses —continúa el señor Walter, apoyando las manos sobre la mesa—, mi salud ha sufrido un deterioro considerable, razón por la que mi ciclo al frente de esta compañía ha llegado a su fin. He decidido dar un paso al costado para descansar y dejar el rumbo de esta firma en manos más jóvenes y capaces.

Un murmullo lleno de sorpresa y curiosidad se extiende de inmediato entre los asistentes. Las miradas se cruzan entre los directores. En ese preciso instante, el chasquido de la puerta principal abriéndose interrumpe los murmullos. 

El señor Walter Neumann sonríe con calidez y señala hacia la entrada.

—Justamente, acaba de llegar la persona que asumirá las riendas de esta empresa —anuncia el anciano con orgullo—. Les presento a mi hijo mayor, quien a partir de hoy tomará el cargo como el nuevo CEO corporativo: Jacob Neumann.

Giro la cabeza junto con el resto de los presentes para mirar hacia la puerta, y en ese milisegundo el mundo deja de girar. El aire se me congela dentro de los pulmones.

Cruzando el umbral se encuentra un hombre de presencia imponente, alto y de hombros anchos. Tiene el cabello negro peinado hacia atrás, una barba definida que remarca la línea dura de su mandíbula y unos ojos negros como la noche, profundos y penetrantes.

Lo reconozco enseguida.

Es él.

Es el mismo hombre con el que tropecé abruptamente en el pasillo la noche de la gala de aniversario, justo después de haber descubierto a mi esposo sobre la mesa con su secretaria. El mismo hombre al que insulté. El recuerdo de mis propias palabras me produce vértigo: 

—Ni este es su pasillo, ni esta es su empresa, ni me importa quién demonios es o qué hace aquí. ¡No tengo tiempo para imbéciles como usted! —le grité, antes de apartarlo con brusquedad. 

Dios mío... pienso, sintiendo una ola de pánico ascendiendo desde mi estómago hasta mi garganta.

¡Éstos sí son sus pasillos! 

¡Esta sí es su empresa!

¡Él si es alguien que puede echarme!

Jacob Neumann avanza hacia la cabecera de la mesa, abotonándose con elegancia el saco de su traje. En su recorrido, sus ojos negros escanean la sala hasta dar directamente con los míos. Me encontró tan rápido entre la multitud que cualquiera diría que me estaba buscando. 

Mi cuerpo se estremece de forma extraña.

El nuevo CEO sostiene mi mirada con una intensidad que me pone los nervios de punta y me hace sentir indefensa. Quién sabe lo que está pensando de mí o si está redactando mentalmente mi carta de despido. 

La vergüenza y el terror se mezclan en mi garganta. Deseo que el suelo se abra y me trague, antes de que Jacob Neumann me despida hoy mismo.

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