ANMELDENPOV de Elizabeth
Un dolor agudo y martilleante se aloja detrás de mis ojos en cuanto abro los párpados. La luz matutina me hiere y tengo las sienes latiendo a un ritmo desquiciado de tanto llorar en completo silencio durante toda la noche.
No fue una pesadilla.
Travis de verdad me engañó con otra mujer.
Su lado de la cama se encuentra vacío. Seguramente, salió a correr como todas las mañanas, mientras yo sigo en la cama paralizada por el dolor. Me llevo la mano al pecho, sintiendo cómo el impacto de la infidelidad se ha transformado en un veneno que me contamina por dentro.
—No puedo quedarme en esta casa —susurro sin fuerzas.
Tomo mi teléfono móvil, busco el contacto de Juliet y marco su número.
—¿Eli? —la voz de mi hermana menor suena fresca, llena de vitalidad—. Qué milagro que llames tan temprano un sábado.
—Juliet... —mi voz sale fracturada—. ¿Podemos desayunar juntas? Necesito verte. Ahora mismo.
—Dime dónde. Llego en veinte minutos.
Nos citamos en una pequeña y discreta cafetería a pocas calles de mi casa. Juliet se sienta frente a mí sin quitarme los ojos de encima. El camarero nos deja dos tazas de café humeante y unas tostadas, luego se retira dejándonos a solas.
—Muy bien, Eli —dice mi hermana en voz baja, impaciente—. Ahora vas a contarme qué demonios te pasa. Pareces devastada.
La pregunta cae sobre mí y las barreras que intenté construir durante la noche se derrumban de golpe. Siento que las lágrimas, calientes y traicioneras, comienzan a rodar por mis mejillas. Me llevo los dedos temblorosos a la cara, secándome las lágrimas con rabia.
—¿Qué ocurrió? Me estás asustando, Eli —insiste Juliet.
—Travis… Travis me fue infiel —suelto. La frase hiere mi propia garganta al tener que aceptarlo en voz alta.
—¡¿QUÉ?! —el grito de Juliet se extiende por el local.
Varias personas en las mesas cercanas se giran curiosas hacia nosotras y un camarero se detiene en seco con una bandeja en la mano, mientras yo siento que el rubor de la vergüenza me quema el rostro.
—¡Cállate! —le suplico en un susurro desesperado, tomándole la muñeca—. ¡Por favor, bájale a tu voz! No hagas un espectáculo.
Juliet se lleva una mano a la boca, abriendo los ojos de par en par. La sorpresa inicial en sus facciones se transforma en una mueca de pura indignación. Se inclina hacia mí sobre la mesa, bajando la voz pero evidentemente furiosa.
—Dime que es una broma. ¿Travis? ¿En serio?
—Los vi, Juliet. Anoche, durante la fiesta de la empresa.
—Dios mío... —se le escapa un hilo de voz.
—Estaba con su secretaria —continúo, y cada palabra que pronuncio me clava una espina en el corazón—. Los vi con mis propios ojos. Él... él la tenía contra la mesa de reuniones.
Juliet ahoga un insulto. Estira el brazo sobre la mesa y toma mi mano.
—Ese maldito miserable —sisea con rabia—. Esa basura. Después de todo lo que has hecho por él, de cómo lo has apoyado... Escúchame bien, Elizabeth. No vas a volver a esa casa. Tengo una amiga que es abogada. Te la voy a presentar hoy mismo. Te vas a divorciar y le vamos a quitar hasta el último centavo. Vas a dejarlo en la calle.
La escucho en silencio. Miro nuestras manos unidas sobre el mantel de la mesa y el dolor que me oprimía el pecho empieza a transformarse, mutando a una oscura determinación.
—Acepto conocer a tu amiga—respondo, alzando la mirada para fijarla en los ojos de mi hermana—. Pero no me voy a divorciar aún.
Juliet me mira con franca perplejidad, frunciendo el ceño.
—¿De qué estás hablando, Eli? ¿Acaso piensas perdonarlo?
—No lo voy a perdonar. Pero divorciarme ahora sería darle la libertad que quiere sin ningún costo real. Se quedará con la mitad del patrimonio, seguirá siendo el exitoso Director General, mi superior, y en seis meses todo el mundo habrá olvidado nuestro divorcio mientras él rehace su vida con esa mujer. Y yo tendré que verlos a los dos en el trabajo. ¡Todos los días! ¡No! Eso sería demasiado.
—¿Entonces qué piensas hacer? —pregunta mi hermana.
—Quiero vengarme —admito, dejando que el veneno que llevo dentro tome forma—. Quiero que pague por cada segundo de humillación, por cada mentira. No quiero solo separarme de él, Juliet; quiero destruirlo. Quiero arruinar su reputación de hombre ejemplar, quiero arrebatarle el puesto que yo le ayudé a conseguir apoyándolo con su trabajo y quiero que caiga desde tan alto que jamás pueda volver a levantarse.
Juliet me observa durante unos segundos que parecen eternos. En sus ojos veo una mezcla de aprensión y temor ante la frialdad que de pronto emana de mí, pero la lealtad familiar pesa más.
—Eli... entrar en ese juego puede destruirte a ti también —advierte en voz baja—. Pero si quieres hacerlo, te apoyaré. Primero, tienes que reunir evidencia de su infidelidad... y de cualquier trapo sucio que tenga guardado. Si buscamos bien entre sus cosas, te apuesto lo que quieras a que encontramos algo con lo que puedas perjudicarlo.
Las palabras de Juliet detonan un recuerdo.
—Hace unos cuatro meses, Travis me pidió ayuda para cuadrar unos balances financieros de la empresa —murmuro, pensando en ese día —Me dijo que había cometido un error de cálculo y que, si el departamento de auditoría lo descubría, lo despedirían sin contemplaciones. No era la primera vez que yo lo ayudaba, pero eso era algo más grande. Así que pasé la noche en vela ajustando las cuentas para salvarle el pellejo.
—¿Es probable que haya cometido otros fallos importantes como ese sin darse cuenta? —me pregunta Juliet.
—Sí, es probable. Y quizás, si entro en su computadora sin que él sepa, pueda reunir evidencia suficiente para que lo despidan. Eso me daría una sensación de justicia.
Juliet aprieta mi mano con más fuerza.
—No estás sola en esto, Eli. Te prometo que te ayudaré a acabar con ese infiel.
Contar con el apoyo de mi hermana lo cambia todo. Su incondicionalidad, más todo el dolor y la rabia que estoy acumulando, me da la fortaleza suficiente para planear cómo hacer sufrir al traidor de mi esposo.
POV ElizabethUn estremecimiento violento me recorre la espina dorsal en cuanto su voz grave retumba a mis espaldas. Me giro de golpe, sintiendo cómo el suelo se me evapora bajo los tacones. Ahí está Jacob Neumann, erguido con una presencia tan imponente que parece devorar todo el aire de la terraza. Me quedo paralizada, desnuda en medio de mi vulnerabilidad, incapaz de esquivar el peso aplastante de su mirada. Siento la piel arder de pura mortificación, porque él siempre tiene que verme justamente en mis momentos más patéticos. Jacob me observa durante un segundo antes de romper el silencio con esa frialdad quirúrgica que lo caracteriza:—¿Es que usted solo sabe llorar y correr por los pasillos, señorita Duncan? —pregunta, inclinando levemente la cabeza con un tono cargado de sarcasmo—. ¿Cuándo le queda tiempo para trabajar?Sus palabras caen como un latigo sobre mi orgullo. Me apresuro a limpiarme las mejillas con el reverso de la mano, restregándome la piel con furia para borrar c
POV de ElizabethMi corazón golpea tan fuerte que puedo sentir cada latido en mis oídos. No sé qué me produce más pánico en este momento: si la certeza casi absoluta de que este hombre me despedirá en un par de minutos por llamarlo imbécil esa noche, o la manera tan abrumadora con la que él me mira. Esos ojos negros como la noche me recorren de arriba abajo, fijos, intensos, atravesándome la piel con una frialdad que me eriza los poros. Mientras tanto, él se mantiene en silencio, esperando pacientemente a que yo responda a su comentario sobre nuestro desastroso momento del viernes.Sin embargo, deliberadamente decido ignorar cualquier insinuación sobre ese primer encuentro. No pienso pedir disculpas por haber reaccionado como lo hice. En su lugar, me enfocaré en defender mi trabajo de forma profesional. Me acerco al escritorio y tomo asiento bajo su atento escrutinio.—Buenas tardes, señor Neumann —comienzo a hablar—. Aquí tiene el desglose correspondiente a mi área de análisis. En
POV Jacob—Liam —le hablo a mi asistente personal y hombre de absoluta confianza, mientras me reclino en mi sillón—, necesito un expediente completo de cada uno de los integrantes del departamento de finanzas. Investígalos a fondo. Quiero un resumen de cada uno en mi escritorio antes de que empiecen las reuniones individuales.—Entendido, señor Neumann —responde Liam, sosteniendo su tablet—. De hecho, ya tengo listo los informes preliminares de cada uno. La información sobre los movimientos bancarios e información sensible la tendré lista mañana mismo. —A ver. Te escucho.Liam aclara su garganta y comienza a leer con tono profesional:—El primer informe es sobre el nuevo Director General de Finanzas, Travis Morgan. Tiene veintisiete años. Se graduó con honores en la Universidad de Columbia. Está casado con...—Ahórrate los detalles personales, Liam —lo interrumpo con un gesto tajante de la mano—. No me interesa la vida personal ni con quién duermen mis empleados. Pasa directamente a
POV de JacobSostengo la mirada de esa mujer de manera deliberada, disfrutando en silencio de cómo la turbación transforma sus facciones. Un matiz de pánico le tiñe los ojos grises, haciendo que su piel clara palidezca un poco más, lo cual por alguna razón indecifrable me causa una oscura satisfacción.No he olvidado el incidente del viernes por la noche en el pasillo de la zona ejecutiva. Después de que ella me gritara con semejante altanería y me llamara “imbécil” en mi propia cara, me juré a mí mismo que esa mujer sería la primera persona a la que echaría a la calle el día de hoy.Y para colmo, justo antes de entrar a la sala de conferencias, la vi de nuevo. Venía prácticamente volando por el pasillo, con el cabello negro agitándose a su espalda mientras intentaba no perder el equilibrio sobre sus tacones. Al parecer, esta mujer no sabe lo que es caminar con compostura; vive corriendo por los pasillos de mi empresa como si el mundo se fuera a acabar. Llegar tarde a una junta de es
POV de ElizabethEl lunes por la mañana ya tengo un objetivo en mente. Desde mi escritorio mantengo la vista fija en la pantalla de mi ordenador y finjo estar concentrada mientras espero, atenta a cada movimiento de mi entorno por el rabillo del ojo.La puerta de la oficina de la dirección se abre y Travis aparece. Detrás de él, camina Eva. La joven secretaria sostiene una carpeta contra su pecho y luce una sonrisa encantadora que me gustaría borrarle de un puñetazo. Pero, por ahora, me trago el veneno que me quema la garganta.—Nos vemos en la sala de juntas, Elizabeth —dice Travis al pasar frente a mi módulo, regalándome una sonrisa.—Allí estaré en un momento —respondo con tono neutro.Los veo alejarse hacia el ascensor y, una vez que la puerta de acero se cierra con ellos adentro, cuento hasta diez. Un suspiro se escapa de mis labios mientras me pongo de pie y echo a andar hacia la oficina de mi esposo. Hoy tenemos una reunión crucial con el CEO de la empresa, a la que deben asis
POV de ElizabethUn dolor agudo y martilleante se aloja detrás de mis ojos en cuanto abro los párpados. La luz matutina me hiere y tengo las sienes latiendo a un ritmo desquiciado de tanto llorar en completo silencio durante toda la noche. No fue una pesadilla. Travis de verdad me engañó con otra mujer.Su lado de la cama se encuentra vacío. Seguramente, salió a correr como todas las mañanas, mientras yo sigo en la cama paralizada por el dolor. Me llevo la mano al pecho, sintiendo cómo el impacto de la infidelidad se ha transformado en un veneno que me contamina por dentro.—No puedo quedarme en esta casa —susurro sin fuerzas.Tomo mi teléfono móvil, busco el contacto de Juliet y marco su número.—¿Eli? —la voz de mi hermana menor suena fresca, llena de vitalidad—. Qué milagro que llames tan temprano un sábado.—Juliet... —mi voz sale fracturada—. ¿Podemos desayunar juntas? Necesito verte. Ahora mismo.—Dime dónde. Llego en veinte minutos.Nos citamos en una pequeña y discreta cafet







