Teilen

¡Vuelve!

last update Veröffentlichungsdatum: 06.08.2026 00:36:09

—¿Tú qué crees? ¿Cómo me ves? —repliqué, intentando restarle peso al asunto y proyectar una seguridad que apenas sentía.

—Déjame evaluarte... —murmuró. Se inclinó hacia mí. Su rostro quedó a escasos centímetros del mío, pero el ángulo me regaló una vista inmejorable del pronunciado escote que tensaba la tela de su blusa.

No iba a negarlo: su proximidad repentina me estaba asfixiando.

—¿Y bien? —insistí. El pulso me martilleaba en los oídos.

—Y... —Mantuvo una seriedad sepulcral, fingiendo que su escrutinio superficial tenía alguna base científica—. Te veo más guapo, maldito.

—¿De qué hablas?

—Y más fuerte. ¿Te apuntaste al gimnasio? Lo sentí en el abrazo de antes, pero ahora de cerca se te marcan tendones en el cuello que juraría que no tenías.

—No me jodas. —Solté una carcajada genuina, rompiendo la tensión—. ¿Tanto misterio para decirme eso?

—¿Pues qué esperabas, idiota? —Le brillaron los ojos al reír—. ¿Que te leyera la mente? ¡La verdad me la tienes que escupir tú!

—¡Ya te dejé claro que estoy bien! ¡Me siento listo, blindado y cualquier otro sinónimo que busques! No solo tuve tiempo para ordenar el caos de mi cabeza, sino para ver toda esta m****a desde una perspectiva más fría. Además... ¡A-a-achíííís!

—¡Maldición! —Se apartó de un salto, esquivando el estallido por milímetros—. ¡Ven aquí, anda!

No me dio margen de maniobra. Sacó un pañuelo de tela y se abalanzó sobre mi rostro para limpiarme la nariz. Literalmente se abalanzó: su pecho chocó de lleno contra el mío, sepultando mi brazo izquierdo entre sus curvas. El impacto me descolocó. Jamás imaginé que un roce con ella me alteraría los sentidos de esa forma. Pero no hubo tiempo para analizar mi propia estupidez. Tras limpiarme, me envolvió en un abrazo. Uno de verdad. Nada que ver con el saludo protocolario de la entrada. Me apretó con una intensidad que buscaba inyectarme su propia fuerza. Me sentí como un completo imbécil por haber estado a la defensiva. Cuando se separó, sus verdaderas intenciones para esa noche quedaron al descubierto.

—Te extrañaba muchísimo, Damián. —Se secó una lágrima traicionera antes de que cayera por su mejilla.

—Maldita sea, Zami... —susurré, aún procesando el torbellino de su abrazo—. Sabes que yo también.

—Escúchame bien. —Me agarró la mano, clavándome las uñas con suavidad—. Pase lo que pase esta noche, sin importar cómo termine esto...

—Zami, no hace falta...

—Cállate y déjame terminar. Aquí tienes a una hermana para toda la vida. Vales oro, Damián. Vales muchísimo más de la m****a que te han hecho creer. Y necesito que te lo grabes en la cabeza, ¿entendido?

Imposible dudar de ella. Sus ojos cristalinos y el rubor en sus mejillas, conteniendo el llanto, eran pura honestidad. No era la estratega manipuladora que Lucho y yo habíamos dibujado en el coche. Era mi amiga. Alguien que me ofrecía lealtad incondicional al margen de la tempestad que envolvía a su hermana. Una amiga espectacular... cuyos pezones, gracias al frío, se marcaban con una crudeza hipnótica bajo la tela de algodón. Tuve que apartar la vista de golpe para no delatar que mi cerebro estaba tomando atajos que jamás debió cruzar con ella.

—¡Di algo, idiota! —Me dio un leve empujón, ofendida por mi silencio mientras se limpiaba el rostro.

—No sé qué decirte... Me agarraste con la guardia baja. No me esperaba algo así.

—¿Por qué? ¿Qué clase de bruja creías que era?

—Nada, olvídalo. Es increíble lo que acabas de decirme. Y los sentimientos son mutuos, pase lo que pase cuando crucemos esa puerta. Te lo agradezco de corazón.

—Eres un blando. —Sonrió y me apretó de nuevo—. Pero ya en serio, te veo mucho más corpulento. ¿Gimnasio?

—Qué insistencia la tuya. —Solté una risa nerviosa—. ¿Tanto se nota? Fue un invento de los chicos. Según ellos, sudar y romper fibras ayuda a... bueno, a despejar la cabeza.

—¡Claro que se nota! ¡Estás tremendo, maldito! —Me apretujó los bíceps sin ningún pudor.

—Basta ya. La que está de infarto eres tú, que tienes babeando al animal de Cristian.

—¡Damián! —El rubor subió por su cuello—. ¡Guárdate los piropos para... ya sabes quién!

El silencio cayó como una losa. Era inevitable. Mencionarla, aunque fuera con rodeos, enrarecía el aire de inmediato. Hablar de ella con naturalidad seguía costándome sangre. Y el hecho de que me sintiera tan absurdamente alterado por la proximidad física de Zamira no ayudaba a mi concentración. Siempre la vi como un colega más. Un hermano mayor en versión femenina. Jamás la había escrutado con deseo. Hasta esta noche. Y me irritaba no entender por qué mi cuerpo reaccionaba así. Necesitaba apagar las hormonas y encender el cerebro. Zamira no estaba coqueteando; era así de táctil y directa por naturaleza. Lo que venía después de esta charla era el verdadero ring de boxeo.

—Veo que sigues bloqueado con su tema. —Su tono se tiñó de lástima—. Tranquilo, no voy a forzar la cerradura. Eso tiene que nacer de ti.

—No es bloqueo, Zami. Es que prefiero guardarme las palabras hasta tenerla frente a frente.

—Entiendo. —Curvó los labios en una media sonrisa—. Y ya que tocamos el tema... Si estamos aquí congelándonos, es para hacer un poco de tiempo.

—¿Tiempo para qué?

—Pues... —vaciló—. Tenía cita médica esta mañana...

—¿Tú?

—Ella, Damián.

—Ah.

—Sí. El médico tuvo una urgencia con sus nietos en la ciudad y le reprogramó el turno para las ocho.

—Un 31 de diciembre a las ocho de la tarde. Increíble. —Meneé la cabeza.

—Ya te advertí que el pueblo tiene su propio ritmo.

—Vale... Y esa visita al médico, ¿es por algo en particular? —pregunté desde el pozo de mi ignorancia—. ¿Se siente mal o...?

—Chequeo de rutina, Damián. —Me sostuvo la mirada, implacable—. Para asegurar que todo marcha bien.

—Claro. Qué estupidez la mía.

—No es estupidez. —Suavizó el gesto—. Tu reacción es más normal de lo que crees.

—Bueno... —suspiré, deseando zanjar el tema—. Ojalá todo esté en orden.

Como una bendición del cielo, el teléfono de Zamira rompió la tensión. Miró la pantalla, se disculpó con un gesto y se apartó unos pasos, contoneando las caderas al caminar. Era obvio que quien llamaba era ella. Pero, sorpresivamente, no entré en pánico. Estaba en una calma inquietante. Haber superado ese primer filtro con Zamira me aterrizó en la realidad: ya no había marcha atrás. Estábamos allí, a minutos de la colisión frontal, y mi cuerpo lo sabía.

Sin embargo, mi supuesta preparación tenía una grieta gigante. Un abismo de odio puro. Podía haber digerido la traición a base de terapia y litros de alcohol con mis amigos, pero había un daño colateral que jamás perdonaría. Era mi secreto más oscuro, el monstruo que le ocultaba incluso a Cristian y a Román. Podía fingir madurez, comprensión y temple, pero el maldito embarazo de Salomé era una llaga purulenta que destilaba veneno cada vez que rozaba mis pensamientos.

Zamira regresó, moviéndose con la misma cadencia provocativa. No me molesté en desviar la mirada. Mientras masticaba la rabia por lo del chequeo médico, dejé que mis ojos se recrearan en la tensión de su blusa. Me sentía perversamente inmune a la culpa. Tan ajeno al respeto, que tuve que ajustar disimuladamente la tela de mi pantalón para acomodar la inesperada erección que se estaba formando.

—¿Novedades? ¿Qué hacemos? —pregunté, toqueteando la hebilla del cinturón como burda excusa para tapar mi indiscreción.

—Se acabó la espera. —Por suerte, no notó nada—. Vamos.

—¿Tan pronto? ¿Y el tiempo?

—Cristian liquidó la compra y ellas salieron de la consulta. Además, te vas a congelar si seguimos aquí.

—¿Ellas? ¿Hay alguien más invitado aparte de... ya sabes?

—Por Dios, Damián. —Se detuvo en seco, clavándome una mirada lapidaria—. Se llama Salomé. Pronuncia su maldito nombre. Resulta que no eres tan de piedra como quieres aparentar.

—¿Qué dices? ¡No vengas a joder con eso ahora! —Mi máscara de seguridad se agrietó.

—Que actúas como un niño resentido. Viniste a dar la cara, ¿no? Pues asume el papel y compórtate.

—¡Hablábamos con total naturalidad hace cinco minutos! Baja las revoluciones, Zamira.

—Lo que tú digas, campeón. —Retomó el paso con hastío—. Vamos, la consulta del gine... del médico está a un paso y quiero llegar antes que Aura y Salomé.

—Ginecólogo. —Escupí la palabra, inyectando todo mi asco en las sílabas—. Pronúnciala. Parece que la que camina sobre cristales eres tú.

—Vete al demonio. —No se molestó en frenar—. La diferencia es que yo admito mi incomodidad. Tú te escondes. Y por cierto, el tipo es médico, ginecólogo y veterinario. Es lo que hay en un pueblo.

—De acuerdo... —corté el hilo—. Entonces, ¿Aura también cena con nosotros? Juraría que esto iba a ser algo privado.

—Anímate a echarla de su propia casa en Nochevieja a ver cómo te va.

—Solo era una duda. —Solté una risa seca—. Hoy tienes la mecha muy corta.

—¿Yo? El insufrible eres tú. Maldigo la hora en que te dejé en manos de tu simio de amigo.

—A Cristian déjalo fuera de esto.

—Me has estado devorando el pecho con la mirada desde que bajaste del coche, Damián. Tú no eras así de morboso.

—Se acabó. Esto es un despropósito. —Aceleré el paso, dejándola atrás.

—¡¿A dónde diablos vas?! ¡Ni siquiera sabes la dirección! ¡Vuelve!

Decidí que la mejor respuesta era el silencio. Cada palabra que salía de mi boca empeoraba las cosas. Y el nudo en el estómago me advirtió que esa pequeña trifulca era solo un calentamiento para la masacre emocional que me esperaba en esa casa.

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • Placer y Traición 2   Agradecimientos

    Hemos llegado, por fin. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿1 año? ¿1 año y medio? Vaya viaje, estimados amigos…No pensaba escribir nada. De hecho, voy improvisando a medida que me va llegando la inspiración. Como aquella mañana, hace tiempo ya, luego de haber pasado una noche entera llorando luego de perder mi contrato en otra plataforma, cuando me senté en la silla de mi ordenador con ese cosquilleo tan fuerte en el estómago. No como los de Damián y Salomé, obviamente. En mi caso, esa sensación vino provocada por un arrebato de creatividad como nunca antes en mi vida había tenido uno.“¿Por qué no?”, me dije a mí mismo.Siendo yo un fan acérrimo de este tipo de relatos de infidelidad no consentida, me sentí en la obligación de traer esta deslumbrante historia a este lado del mundo, utilizando la escritura como única herramienta, a mí manera, con mis propios personajes y desde la más absoluta humildad.El resultado es este, estimadas lectoras y por supuesto, lectores. Pudo haber sido mejor,

  • Placer y Traición 2   Final

    —Siento mucho todo, Damián… —me dijo, sin despegarse de mí, al cabo de un buen rato en el que ambos nos habíamos quedado en silencio, escuchando el canto de los pajaritos y los apacibles sonidos que provenían desde el tranquilo lago.—Ya da igual, Salomé…—Siento que hayas tenido que pasar por todo esto —continuó, sin escucharme—. Siento que te hayas tenido que ver en la obligación de escuchar todo esto… Cualquier otra persona habría cortado por lo sano, pero tú me diste la oportunidad de explicarme…—Porque todos merecemos que se nos escuche cuando nos equivocamos, Salomé… —respondí, pensativo, perdiendo la vista en el horizonte durante un breve instante—. Da igual lo que hayas podido hacer, o a quien hayas podido lastimar, siempre debes tener el derecho de, por lo menos, poder explicarte…—Eres demasiado bueno, Damián… —musitó, acurrucándose más contra mi pecho, cogiéndose con fuerza del pecho de mi camisa—. Lo siento mucho, de verdad. Lo siento con todo mi corazón, Damián.Sólo pud

  • Placer y Traición 2   Más que claro

    —¿No deberías arrepentirte de haberte quedado embarazada de ese sujeto, ¿no crees?—¿Cómo que no? —respondió, frunciendo el ceño y negando con la cabeza—. Es de lo que más me arrepiento de todo. Si esto no hubiese ocurrido, las cosas podrían ser muy diferentes ahora mismo.—Pero, ¿por qué tendrías que estar arrepentida de tener un hijo con una persona a la que amas?—¡Ya te he dicho que no lo amo! —exclamó, de pronto, dando una fuerte palmada al pasto—. ¡Nunca lo he amado, Damián!—Eso es lo que menos me cuadra de todo, Salomé… —dije yo, pasándome la mano por la frente y luego por la cara—. ¿Cómo haces para creer que estás enamorado de alguien? No lo entiendo, por más que lo intente.—¿Qué parte no entendiste de que Fernando me engañó para que yo me sintiera así?—¿Te engañó para que tú te sintieras así? —pregunté, haciendo énfasis en toda la extensión de la frase.—¡Sí!—Por lo tanto, hubo un momento en el que sí que te sentiste así.—Pero, porque él… —se detuvo y me miró como si no

  • Placer y Traición 2   Amigos

    Jueves, 1 de enero del 2016 — X —Duro, ¿no?Ahí, a la sombra de uno de los esbeltos y colosales nogales que decoraban parte de las orillas de aquel lago que perduraría en mis recuerdos todo lo que me quedara de vida, Salomé, después de tanto escarbar y escarbar, había logrado encontrar el valor que tanto había estado buscando para dar conclusión a nuestra reunión. Ya no había dudas en sus ojitos, tampoco vergüenza en sus gestos. La niña pequeña había desaparecido para dar lugar a una mujer que acababa de asumir todas sus responsabilidades ante el hombre al que le había sido desleal. Se habían acabado los momentos de indecisión, las vacilaciones y cualquier otro tipo de disyuntiva con respecto a lo que debía hacerse. Ya estábamos ahí, uno delante del otro, preparados y seguros, listos para escudriñar cada detalle que pudiese haber quedado sin explicación entre todos esos secretos que Salomé había decidido sacar de su armario particular. Todo aquello que había puesto nuestras vidas pat

  • Placer y Traición 2   La maldad, regresa

    Me desperté al día siguiente, mareado, sobre las 10 de la mañana. Dami se había quedado a pasar la noche conmigo porque no me había visto muy bien. Él tampoco había podido dormir mucho. Le agradecí su preocupación, pero enseguida me aclaró que estaba muy decepcionado conmigo, que si se había quedado a cuidarme había sido por pura humanidad.Se fue a los diez minutos de tener esa charla, pidiéndome por favor que dejara pasar un tiempo antes de volver a contactar con él. Que tenía que poner sus pensamientos en orden.Me quedé solo. Solo como hacía tres años. Solo como durante toda la secundaria.Decidí que me quedaría en casa de mis padres durante un tiempo. Ya en frío, me pareció la mejor opción. Fueron dos semanas… Dos largas semanas en las que casi no salí de la cama, en las que no respondí ninguna llamada, en las que no quise saber nada del mundo. No comía, apenas bebía, apenas hacía nada que no fuese dormir o mirar al techo…Cuando regresé a la residencia, todos esos días después,

  • Placer y Traición 2   ¡Más nunca!

    Ahí mismo, librándose de mi mano como si no fuera nada, se agachó y comenzó a hacerme una mamada de campeonato. Me cogió la polla con una mano y se la metió en la boca hasta la garganta, haciendo chocar sus labios contra mi vello púbico. Así arrancó con un mete saca tan violento como pringoso, dejando todos sus mocos a lo largo de todo el tronco, resbalando por mis huevos y su barbilla, cayendo en el suelo, dejándolo todo perdido.—Pues tienes más aguante de lo que pensaba —seguía diciendo, sacándosela de la boca para luego seguir chupándola sin parar, lengüeteando el tronco de arriba abajo—. Aunque debe ser porque acabas de follar, puto cerdo asqueroso…Y no se detuvo hasta que no pude aguantar más. Me corrí en su puta boca y se lo tragó todo, sin desperdiciar ni una sola gota.—Pues aquí se acabó, ¿no? —me decía, pasándose sus flemas por encima de la camiseta, a la altura de las tetas—. Contigo es uno y adiós, ¿no?Y una mierda.A mí esa puta niñata malcriada y caprichosa no me iba

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status