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CAPÍTULO 5

Autor: Daria
last update Fecha de publicación: 2026-08-27 01:32:28

CAPÍTULO 5

Maya sintió toda la dureza con la que él pronunció esa palabra, entonces bajó la mirada. Fabricio notó su incomodidad, pero no suavizó el tono.

–Su hija pudo haber entrado en un área restringida, haberse perdido o haber provocado un accidente. Este edificio no es un lugar para que una niña de siete años vaya de puerta en puerta.

–Lo entiendo.

–Espero que así sea. Porque no volveré a tolerarlo.

Aurora levantó una mano.

–Pero yo solo quería...

–Aurora, no –la interrumpió Maya.

Fabricio levantó una ceja, sentía curiosidad por lo que la niña quería aclarar, así que exigió:

–Déjela hablar –señaló y Maya guardó silencio, entonces la niña sonrió y dijo:

–Solo quería preguntarle si podía ser el papá de mi hermano.

El rostro de Maya perdió el poco color que le quedaba y Fabricio cruzó los brazos.

–Precisamente de eso quería hablar con usted.

–¡¿Qué le dijo?!

–Su hija me hizo una propuesta bastante peculiar. Me interrogó para determinar si soy apto para convertirme en el padre de su hermano.

Maya miró a Aurora como si acabara de descubrir que su hija había provocado un desastre de proporciones inimaginables.

–No. No, por favor. Esto no puede estar pasando.

–Créame, señora, está pasando –confirmó Fabricio, casi disfrutando del desconcierto que le provocó a Maya.

–No le haga caso –balbuceó Maya–. Ella... ella no sabe lo que dice.

–Sí sé –protestó Aurora–. Mi hermano necesita un papá.

–¿Por qué? –preguntaron ambos adultos al mismo tiempo.

Aurora miró hacia el niño del rincón.

–Porque en el colegio lo molestan mucho por no tener uno y ahora ni habla.

Maya frunció el ceño.

–Rodrigo habla.

–En casa sí. En el colegio ya no.

El silencio que siguió fue incómodo. Fabricio miró al pequeño por primera vez con verdadera atención, después volvió la mirada hacia Maya.

–Creo que tiene mucho que averiguar sobre sus propios hijos.

Maya abrió la boca, pero él continuó antes de que pudiera responder.

–Y también creo que debemos tener una conversación sobre su responsabilidad como empleada.

–Señor Sotomayor...

–Mañana a primera hora quiero hablar con usted sobre lo ocurrido.

Maya asintió.

–Sí, señor –expresó finalmente.

Fabricio se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo.

–Y una última cosa.

Maya levantó la mirada.

–No vuelva a permitir que sus hijos recorran solos la empresa. La próxima vez no recibirá una advertencia.

Aurora lo miró con admiración.

–Entonces, ¿eso significa que todavía puedo volver a entrevistarlo?

Fabricio la observó durante unos segundos.

–No –dijo tajante y salió de la oficina.

Maya cerró los ojos.

–Aurora...

–¿Sí, mamá?

–Tenemos que hablar.

***

Maya quedó muy preocupada, así que recogió todo y se fue a su casa para terminar el trabajo allí.

Fabricio se concentró en el trabajo, aunque era interrumpido constantemente por unos ojos azul-grises muy grandes y hermosos de los que intentaba olvidarse, sin contar el recuerdo de la conversación que había sostenido con la pequeña Aurora.

Su teléfono repicó y atendió con desgana al ver quien era.

            –Diga.

            –¡No me respondas así!

            –Abuela, estoy ocupado.

            –Eso ya es un disco rayado, ven a cenar, tenemos qué hablar.

Mientras, Maya llegaba a su casa, dónde Eugenia, su mejor amiga, la esperaba con la cena para los niños y para ella.

            –¿Qué tal tu día? –preguntó mientras ambas serían la comida.

            –Ya andaba mal con lo de la cuenta de Inst4gr4m, cuando llegó mi jefa con un pedido imposible de última hora y que me va a tener despierta toda la noche, pero el broche de oro lo puso el CEO, el gran jefe como le decimos en voz baja, entrando a mi oficina de la mano de Aurora, resulta que ella fue a entrevistarlo por el mismo tema del anuncio.

            –¿Todavía tienes trabajo para mañana?

            –Creo que sí, no me despidió, aunque tampoco fue un encanto.

            –¿Cómo es?

            –Precioso, serio, elegante, frío, alto, gruñón.

            –Me quedo con precioso, elegante y alto.

***

Durante la cena en la casa familiar, Fabricio preguntó:

            –¿Seremos solo nosotros en la cena?

            –Sí, tu abuelo no se siente bien y no le dije que vendrías, necesito hablar contigo a solar.

            –¿Qué pasa abuela?

            –Tu hermana tiene muy bien entrenado a su marido y si no te activas, convencerá a tu abuelo de dejarlo a cargo.

            –No puede hacer eso, llevo los últimos ocho años dedicado exclusivamente al consorcio, yo lo posicioné donde está.

            –Pero sigues soltero y eso hará que todo el fruto de tu trabajo lo obtenga tu cuñado.

            –¿Por qué el abuelo me haría eso?

            –Por su ideal de que un hombre de familia estable y con responsabilidad de un hogar es mucho mejor para manejar su legado.

            –Pues debería ver resultados, comparar informes, las utilidades han crecido cada año, he logrado convenios impensados, nos hemos abierto a mercados de todo el mundo, ¿el abuelo no se da cuenta de todo lo que he logrado?

            –Estoy segura de que lo hace, pero insiste en que estás solo y eso te hace vulnerable a cometer errores. Sin embargo, ya me ocupé de eso, tengo en mente a la candidata perfecta.

            –No abuela, yo tengo a alguien en mente ahora mismo –dijo impulsivamente y se refería a Maya Ortega, sin detenerse a averiguar la razón de pensar en ella, ya lo resolvería.

            –Mi candidata es mejor, adecuada y encaja perfecto, será la esposa que necesitas a tu lado y te dará hijos hermosos, ya he tanteado el asunto con ella y está muy dispuesta.

            –Abuela, ¿de quién hablas?

            –De Genoveva Paridi.

            –¿La señora Genoveva?

            –Querido, son cinco generaciones de Genovevas, por supuesto que me refiero a la más joven, ha sido educada para ser la compañera ideal de un hombre como tú. No creo que ninguna otra mujer esté a su altura.

            –Si tengo que casarme lo haré en mis términos y con quien yo quiera, en eso no voy a ceder.

            –Es que me temo que sea una de tus amigas eventuales, sin nada que ofrecer salvo una cara bonita.

            –No será así, necesito que confíes en mí.

            –Si aspiras que confíe entonces tienes dos semanas para anunciar tu compromiso y para la gala de aniversario, asistir acompañado de tu esposa.

            –Abuela, esa gala es en mes y medio.

            –¿Quieres mi confianza? Esa es mi condición y entonces abogaré por ti con tu abuelo.

Él no agregó nada más y su abuela se acercó, palmeó su mejilla y se retiró sonriente.

La mente de Fabricio comenzó a trabajar como si se tratara del negocio más importante de su carrera y así lo manejaría.

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