INICIAR SESIÓNCAPÍTULO 4
Tres golpes en la puerta, pasadas las seis de la tarde, cuando los empleados terminaban a las cinco, llamaron su atención, aun así, dijo:
–Adelante
–Hola señor –escuchó una vocecita y, al reconocerla, levantó la vista enseguida.
–Pasa –dijo tratando de controlar la dureza de su voz, reconocía que desde la primera vez no había conseguido enfadarse con ella, es más, esa niña parecía no impresionarse en absoluto con su presencia–. ¿Qué deseas?
–Un par de cosas –señaló tomando asiento frente a Fabricio–, la primera es… ¿Por qué hizo trabajar a mi mamita hasta tarde?
–¿Quién es tu mamá?
–¿La va a regañar?
–No, si está cumpliendo con su deber.
–Bueno, es que quiero irme a casa y no podemos porque el jefe grande, que es usted –dijo señalándolo con su dedito índice–, quiere algo a primera hora de la mañana.
–La señorita Fabiana Jonhson es quien debe darme un informe a primera hora, nadie más.
–Esa señorita le dijo a mi mami que si aprecia su trabajo debe terminar ese informe esta noche.
–¿Me puedes llevar donde está tu mama? Tal vez pueda ayudar –dijo, pero su verdadera intención era, en primer lugar, descubrir a la madre que está llevando a sus hijos a la empresa y permitiendo que permanezcan hasta esas horas. Seguidamente, averiguar por qué otra persona está haciendo el trabajo que le había encargado a Fabiana.
Aurora lo observó durante unos segundos, como si intentara descubrir si realmente podía confiar en él.
–¿De verdad no la va a regañar?
Fabricio arqueó una ceja.
–No acostumbro regañar a las personas por hacer correctamente su trabajo–-dijo y la observó porque esa pequeña acababa de darle una información que podía cambiar por completo su opinión sobre el trabajo de Fabiana.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Fabricio Sotomayor tenía la sensación de que alguien en aquella empresa le estaba diciendo la verdad, sin rodeos.
–Entonces sí puede venir conmigo, pero antes la segunda cosa…
Aurora tenía en su mente una misión y quería seguir con ella:
–De acuerdo, dime.
–¿Le puedo hacer tres preguntas?
–¿Sigues con eso?
–Es que todavía no consigo lo que busco.
–¿Y qué buscas?
–Debe responder las tres preguntas.
–¿Luego me llevas donde tu mamá?
–Sí.
–Bueno, pregunta…
–¿Sabe manejar bicicleta?
–Sí, claro.
–¿Sabe patinar?
–También –afirmó ya frunciendo el ceño.
–¿Y jugar con balones?
–Jugué tenis, un poco de futbol y muy poco beisbol.
Fabricio Sotomayor no la sacaba de la oficina porque la miraba fijamente, observando sus rasgos y expresiones, por lo que, aparte de considerar que la niña se estaba tomando muy en serio el interrogatorio que le hacía, algo muy profundo en su ser sentía que se conmovía, así que aspiró mucho aire y esperó mientras ella escribía su respuesta.
–¿Cómo está de tiempo libre?
–No tengo.
Esa respuesta hizo que la niña lo mirara detenidamente.
–¿Qué pasa? –indagó curioso ante la mirada de Aurora.
–Todo estaba bien, pero sin tiempo libre, debo descartarlo.
–¿Descartarme? ¿Descartarme para qué?
–Bueno, estoy buscando un papá para mi hermanito y necesito que tenga tiempo libre para llevarlo al colegio en las mañanas, buscarlo en la tarde y que los domingos lo lleve al parque.
Fabricio supo que la niña estaba hablando en serio, le vinieron varias preguntas a la mente y todas tenían que ver con la madre de esa niña.
–¿El papá que buscas es solo para tu hermano?
–Sí, yo tengo a mamá como modelo a seguir y estoy bien. Pero a mi hermano lo molestan en el colegio, tanto que ya no habla, antes no había problema porque todos estaban pequeños, pero desde que ingresó al primer grado las cosas han sido difíciles para él, ya que todos hablan de sus padres, sus trabajos, lo que hacen con ellos y mamá es excelente, pero trabaja mucho, mamá se preocupó al verlo triste y le buscó terapia, pero la doctora dice que es su forma de expresar que necesita una figura paterna. Mi mamá lloró en la cocina y se lo dijo a alguien por teléfono, pero también dijo que no quiere saber nada de relaciones que ya tuvo bastante con el idiota de LD.
–¿Quién es LD?
–No, eso no lo he podido averiguar.
–Pero si tu mamá no quiere relación alguna, ¿cómo vas a conseguir un padre para tu hermano?
–Porque será un contrato conmigo y durará hasta que dejen de molestar a mi hermanito y él comience a hablar.
–Lo tienes resuelto.
–Resuelto no, le digo que necesito un papá y no lo tengo todavía –replicó con voz cansada y llevando una mano a su cabecita revolviendo su flequillo.
Una milésima parte de lo que podría ser una sonrisa se asomó en el rostro de Fabricio ante el gesto de la niña.
–Bueno, ahora llévame con tu mamá.
La niña se levantó de la silla y caminó hacia la puerta. Fabricio la siguió, pero antes de salir se detuvo un instante.
–Vamos, jefe grande –lo llamó Aurora desde el pasillo.
Fabricio negó con la cabeza. Definitivamente, esa niña era un problema. Uno que, contra toda lógica, empezaba a no molestarle.
Con total naturalidad ella tomó su mano cuando salió de la oficina y él no supo bien por qué no pudo desprenderse de ese agarre, dejándose conducir por esa pequeña intrusa a través de su propia empresa. Así tomaron el ascensor y caminaron por el pasillo hasta llegar a la oficina de Maya, la niña abrió con cuidado y lo primero que vio Fabricio fue a una mujer inclinada sobre una mesa apuntando algo.
A su alrededor había hojas dispersas y en la pared destacaban gráficos pegados con cinta adhesiva, además de dos pantallas encendidas mostrando líneas de colores; en un rincón estaba un niño leyendo tan absorto que todavía no los había visto.
Fabricio frunció el ceño. Aquello parecía cualquier cosa menos una oficina organizada. Se aclaró la garganta. La mujer levantó la cabeza, pero al verlo palideció y se incorporó como impulsada por un resorte.
Después bajó la mirada hasta la pequeña mano de Aurora aferrada a la de él, entonces abrió los ojos con evidente alarma.
–¿Qué...? ¿Qué pasó? –preguntó.
–Él es el jefe grande y fui a hablarle porque es quien quiere todo ese poco de trabajo rápido –explicó Aurora.
Maya cerró los ojos durante un instante.
–Aurora... ¿qué hiciste?
Fabricio soltó lentamente la mano de la niña y dio un paso al frente.
–Soy Fabricio Sotomayor.
Extendió la mano, pero su expresión permaneció seria. Maya reaccionó y estrechó su mano.
–Maya...
–Sé quién es usted –la interrumpió él–. Y precisamente por eso me sorprende encontrar a su hija recorriendo sola las instalaciones de la empresa.
Maya tragó grueso.
–Señor Sotomayor, lo siento muchísimo. Yo...
–¿Sabía que yo estaba aquí?
–No.
–¿Sabía que no se permiten niños en este edificio?
Maya miró hacia el pequeño que continuaba leyendo en el rincón.
–Ellos son...
–Señora –la cortó Fabricio, con voz firme–, no le estoy preguntando quiénes son. Le estoy preguntando si conoce las normas de esta empresa.
Maya apretó los labios.
–Sí, señor.
–Entonces comprenderá que los niños no pueden permanecer aquí sin autorización previa.
–Tiene razón. Fue un error mío.
–No fue un error. Fue una irresponsabilidad.
CAPÍTULO 5Maya sintió toda la dureza con la que él pronunció esa palabra, entonces bajó la mirada. Fabricio notó su incomodidad, pero no suavizó el tono.–Su hija pudo haber entrado en un área restringida, haberse perdido o haber provocado un accidente. Este edificio no es un lugar para que una niña de siete años vaya de puerta en puerta.–Lo entiendo.–Espero que así sea. Porque no volveré a tolerarlo.Aurora levantó una mano.–Pero yo solo quería...–Aurora, no –la interrumpió Maya.Fabricio levantó una ceja, sentía curiosidad por lo que la niña quería aclarar, así que exigió:–Déjela hablar –señaló y Maya guardó silencio, entonces la niña sonrió y dijo:–Solo quería preguntarle si podía ser el papá de mi hermano.El rostro de Maya perdió el poco color que le quedaba y Fabricio cruzó los brazos.–Precisamente de eso quería hablar con usted.–¡¿Qué le dijo?!–Su hija me hizo una propuesta bastante peculiar. Me interrogó para determinar si soy apto para convertirme en el padre de su
CAPÍTULO 4Tres golpes en la puerta, pasadas las seis de la tarde, cuando los empleados terminaban a las cinco, llamaron su atención, aun así, dijo: –Adelante –Hola señor –escuchó una vocecita y, al reconocerla, levantó la vista enseguida. –Pasa –dijo tratando de controlar la dureza de su voz, reconocía que desde la primera vez no había conseguido enfadarse con ella, es más, esa niña parecía no impresionarse en absoluto con su presencia–. ¿Qué deseas? –Un par de cosas –señaló tomando asiento frente a Fabricio–, la primera es… ¿Por qué hizo trabajar a mi mamita hasta tarde? –¿Quién es tu mamá? –¿La va a regañar? –No, si está cumpliendo con su deber. –Bueno, es que quiero irme a casa y no podemos porque el jefe grande, que es usted –dijo señalándolo con su dedito índice–, quiere algo a primera hora de la mañana. –La señorita Fabiana Jonhson es quien debe darme un informe a primera
CAPÍTULO 3Por su parte Fabricio se repetía que no había imaginado a la niña y estuvo un par de días pendiente, hasta que al tercer día salió a las 3.30 pm a una reunión cuando subió al automóvil, pero le ordenó al chofer que esperara porque vio a una mujer sonreír abiertamente en su dirección.Una mujer alta y que lucía elegante incluso uniformada, rostro limpio, hermosa y esa sonrisa que le pareció dulce e inolvidable, pero luego notó que un transporte escolar estaba detrás de su vehículo y de allí salieron dos niños que fueron recibidos por la mujer, quien los abrazó, los besó y entró con ellos al edificio.La reunión era muy importante, de lo contrario hubiera entrado para averiguar por qué había niños en su empresa, sin embargo, no lo dejaría pasar.***Al otro día, lo primero que hizo fue llamar a su secretaria a la oficina apenas la sintió llegar. –Dígame señor. –Ayer vi a una empleada de aquí recibir a dos niños y entrar al edificio con ellos –soltó y v
CAPÍTULO 2NARRADOR7 años después…–Maya –dijo por teléfono Eugenia, su mejor amiga durante los últimos años, prácticamente desde el día que llegó a Miami porque la conoció en el avión donde viajó.–Qué raro tú llamando a esta hora. ¿No fue tu jefe?–El ogro está en una reunión, pero, aunque lo tuviera al lado tenía que llamarte.–¿Qué pasó?–¿Le abriste un Inst4gr4m a la niña?–Por supuesto que no.–Entonces te paso el enlace –dijo Eugenia. Lo recibió, lo abrió y se encontró con una publicación:¡AVISO!BUSCO PAPÁ PARA MI HERMANITOREQUISITOS:Saber patinar.Saber manejar bicicleta.Jugar con un balón.Tener tiempo libre para salir de paseo los domingos.Debe llevarlo y buscarlo en el colegio todos los días.QUÉ OFREZCO:Comidas (Mi mamá cocina rico)Ropa limpia (Mi mamá lava todos los días)Torta de chocolate y galletas de mantequilla (Esto lo hago yo, es mi especialidad)Interesados responder este aviso.La publicación tenía 23 corazones y 17 comentarios, así que leyó algunos:Uno
CAPÍTULO 1POV MAYALuego de pasar unos días horribles durante los cuales me fue imposible retener algo sólido en el estómago, hoy me siento en las nubes desde que salí del consultorio médico con una hojita que dice que tengo 10 semanas de embarazo y son dos embriones desarrollándose en mi vientre, estoy esperando dos bebés de Luis Daniel y míos, no sé qué hacer para darle la noticia porque tengo cien ideas en la cabeza.Cuando el doctor estaba haciendo mi historia médica yo casi le digo la hora exacta de la concepción ya que la recuerdo perfectamente, así de emocionada estaba.Fui a una tienda y compré dos gorritos de bebé en color blanco, pedí que los envolvieran y agregué una tarjeta que decía: “FELICIDADES PAPÁ”.Vi la hora y pensé que no podía esperar a llegar a la casa, así que me fui a la clínica privada donde trabaja Luis Daniel como cirujano plástico.Mi sonrisa era para un comercial de pasta dental.No encontré a la recepcionista y supuse que, por la hora, ya se había retira







