로그인LEV—¿Siempre se queda tan callado después de pasar la noche con una mujer? —pregunta Vera mientras compara el número de un camión con el registro que sostiene en sus manos. Estamos en el primer acceso del norte, rodeados por varios hombres que fingen no haberla escuchado. Ella marca una casilla, pasa a la siguiente página y aguarda mi respuesta como si acabara de preguntar algo relacionado con las rutas.—No suelo hacer… este tipo de cosas, como dije, me gusta separar el trabajo de lo personal.—Entonces me siento especial.—Deberías concentrarte.—Puedo revisar números y hablar al mismo tiempo. Anoche también hice varias cosas a la vez y no escuché ninguna queja.Le quito los documentos antes de que continúe y compruebo las cifras. Vera se ríe, satisfecha por haber conseguido incomodarme delante de mis hombres. Desde que salimos de la residencia no ha mostrado vergüenza ni arrepentimiento por lo ocurrido en su habitación. Me recibió para desayunar con el cabello mojado, habló del tr
LEVLlego al restaurante minutos antes que Vera. Ella aparece acompañada por el hombre que viajó a su lado y lo despide en la entrada. Lleva un vestido azul que deja sus hombros descubiertos, y el cabello suelto. Se detiene cuando me ve y sonríe de una forma que me hace ponerme de pie.Aparto la silla para que tome asiento. Vera observa el gesto con sorpresa antes de sentarse.—Mi padre exageró un poco con usted —dice—. Me aseguró que tendría que abrirme la puerta, apartar mi propia silla y recordar que un hombre como Lev Zaitsev jamás pierde tiempo siendo amable.—Tu padre y yo hemos tenido demasiadas discusiones. Supongo que no le he dado una buena impresión. Aunque no del todo, ya que envió a su hija hacia acá.—¿Me subestima por ser mujer?—Jamás me atrevería. Me refiero a que usted debe de estar muy acostumbrada a hombres como “yo”, como para que sea la enviada de su padre.—Más o menos. Llevo seis meses escuchando su nombre en casa. Algunas noches lo maldice durante la cena y de
LEVVera Radev llega dos horas antes de lo previsto.Un coche se detiene frente al edificio y de él baja una mujer con un abrigo claro, una carpeta sujeta contra el pecho y un solo hombre caminando detrás de ella.Mi segundo entra al despacho mientras termino de revisar el acuerdo.—La señorita Radev está aquí.Miro la hora. Son las seis.—Hazla pasar.Vera entra sonriendo, como si no acabara de presentarse sin aviso en la base de un hombre al que su padre lleva medio año intentando contener. Parece más joven de lo que imaginaba, aunque debe rondar los treinta. Su cabello castaño está recogido y en su rostro no hay nada severo. Resulta fácil pensar que se equivocó de edificio hasta que deja la carpeta sobre mi escritorio y observa el lugar con atención.—Señor Zaitsev, lamento llegar antes. El piloto aseguró que el viento retrasaría el vuelo y terminó ocurriendo lo contrario.Extiende la mano. La estrecho y noto que sus dedos están fríos. Vera los retira con lentitud, mirándome. No in
LEVHa pasado un año desde que Boris convirtió una de mis bases en un cementerio. El edificio levantado sobre sus restos ya está en funcionamiento, los almacenes volvieron a llenarse y en la sala de reuniones hay hombres suficientes para ocupar todas las sillas. Algunos estuvieron allí durante el ataque. Otros sustituyen a quienes no consiguieron salir.Sobre la mesa se encuentra el mapa de un imperio diferente al que tenía entonces. Perdimos el corredor oriental, pero abrimos dos rutas hacia el sur y compramos participación en tres puertos. Los cargamentos dejaron de depender de un único recorrido, los proveedores reciben pagos adelantados y ningún capitán conoce más información de la necesaria. Boris me enseñó cuánto cuesta concentrar todo el poder en un solo lugar. No volverá a encontrarlo tan expuesto.—Los ingresos de este trimestre superan los de antes de la guerra —informa mi segundo—. Todavía estamos pagando parte de la reconstrucción, pero dejaremos de hacerlo antes de termin
LEVHa pasado una semana desde el ataque y todavía recibimos informes de hombres que mueren a causa de las heridas. Recuperamos dos almacenes menores, restablecimos parte de las comunicaciones y conseguimos que algunos proveedores mantuvieran sus acuerdos. Nada de eso alcanza para disimular el golpe. Boris se llevó dos rutas, tres posiciones y a la única persona por la que estuve dispuesto a arriesgarlo todo.Las rutas perdidas aparecen marcadas sobre el mapa. Mi segundo insiste en recuperarlas antes de que Krovsk Volya termine de asentarse, pero cada intento necesitaría hombres que ahora mismo apenas alcanzan para proteger lo que conservamos.—Damos por perdida la ruta del este —decido.—Es una de las más rentables.—También es la que más hombres nos costaría recuperar.—Nuestros aliados pueden interpretarlo como una retirada.—Que lo interpreten como quieran. Los muertos no protegen rutas.Marco otros dos recorridos que tendremos que abandonar. Mantendremos los pasos del norte, los
BORISVeintisiete hombres de Krovsk Volya murieron en el ataque y otros treinta y nueve regresaron heridos. Once continúan en estado crítico. Las cifras permanecen escritas frente a mí mientras los capitanes hablan de la base destruida, los tres puestos que ahora controlamos y las dos rutas que dejaron de pertenecerle a Lev Zaitsev.Debería encontrar tristeza en sus rostros. En cambio, veo satisfacción.Krovsk Volya llevaba años midiendo cada movimiento contra Lev, atacando cargamentos menores y retirándose antes de provocar una respuesta que pudiera costarnos territorio. Ayer entramos directamente en una de sus bases, cercamos a sus hombres y obligamos a Zaitsev a pedir ayuda para salir con vida. Perdimos hombres, pero le quitamos rutas, armas y la seguridad de que nadie se atrevería a golpearlo de frente.—Tenemos sesenta y cuatro muertos confirmados del lado de Zaitsev —informa uno de los capitanes—. Todavía quedan cuerpos dentro de los edificios quemados.—¿Cuántos hombres conserv







