LOGINJulián, un hombre de 26 años administrador de una prestigiosa empresa, siempre a pensado que el orden lo es todo, que la seguridad esta por encima de todo, a estado enamorado de su compañera melisa pero despues de 2 años ha sido incapaz de decirle lo que siente. Pero en un callejón encontrará una chica que se convertirá en un "caos" para el y para su corazón, Elena de 22 años estudiante de economía ala que el destino por alguna razón la hizo llegar al lado de julian ¿se le declarará a Melisa alfin? O Elena se convertirá en la dueña inesperada de su corazon.
View More(Perspectiva de Elena)El sol de la mañana se filtraba por las persianas del salón de River North, dibujando franjas doradas sobre mis apuntes de microeconomía. Me desperté con una sensación extraña en el pecho; la tristeza de anoche por la corbata de Melisa seguía ahí, pero el aroma a café recién hecho y el sonido de Julián tarareando una melodía suave en la cocina me obligaron a levantarme.—Buenos días, madrugadora —dijo Julián al verme aparecer con el cabello revuelto y mi sudadera de la universidad. No llevaba traje. Vestía unos pantalones oscuros y un suéter gris de cachemira con las mangas recogidas. Se veía... humano.—Buenos días —respondí, frotándome los ojos—. Tengo que estudiar mucho hoy, Julián. El examen del profesor Miller es el lunes y dicen que es un carnicero con las gráficas de equilibrio.Julián dejó su taza de café y me miró con una chispa de diversión en los ojos que rara vez le veía.—¿El profesor Miller? Lo conozco de oídas. Es de la vieja escuela. Pero hoy
(Perspectiva de Elena)La mañana en el apartamento de River North comenzó con un silencio inusual. Julián se había ido temprano a una reunión de desayunos de negocios, dejándome una nota escrita a mano junto a una cafetera recién hecha: "Hay fruta fresca en la nevera. Estudia mucho, Elena. J."Me quedé mirando la caligrafía firme y elegante de Julián mientras tomaba mi café. Era una nota sencilla, pero para mí contenía todo el peso de su protección. Me sentía una intrusa en su orden, una variable que no terminaba de encajar en sus muebles de diseño y sus alfombras impecables.Alrededor de las once de la mañana, mientras intentaba concentrarme en la teoría de juegos de Nash, el timbre del interfono sonó. Me sobresalté; nadie venía nunca sin avisar.—¿Sí? —pregunté, con la voz algo temblorosa.—Entrega especial para el señor Julián hanks de parte de la señora Melisa Vance —respondió una voz profesional desde abajo.Bajé a abrir, con el corazón latiéndome con fuerza. En la puerta m
(Perspectiva de Elena)El apartamento en River North me recibió con esa calma que solo Julián sabía construir. Al entrar, lo vi en la cocina. Se había quitado la chaqueta y tenía las mangas de la camisa dobladas, preparando un té. No parecía el ejecutivo agresivo de las reuniones; parecía simplemente él, el hombre que me había dado un lugar cuando no tenía nada.Al escuchar la puerta, levantó la vista y me dedicó esa media sonrisa que siempre lograba que mis nervios se calmaran, aunque hoy solo sirvió para que el nudo en mi estómago se apretara un poco más.—Hola, Elena. Justo a tiempo —dijo, señalando la tetera—. Pensé que el frío de la calle te traería con ganas de algo caliente. ¿Cómo estuvo el Navy Pier?Dejé mi mochila en el taburete y me acerqué, tratando de que mis ojos no se quedaran fijos en él más de lo necesario.—Estuvo bien. Hacía mucho viento, pero Thomas es... divertido. Me presentó a unos amigos de la clase. Estuvimos caminando un rato y viendo la noria.Julián a
(Perspectiva de Elena)El Navy Pier de Chicago es un lugar diseñado para la felicidad superficial. Hay luces de colores, el sonido distante de la noria gigante girando contra el cielo gris y el olor dulzón de los pretzels calientes. A mi lado, Thomas no dejaba de hablar sobre una exposición de arte cinético que acabábamos de ver, gesticulando con entusiasmo mientras esquivábamos a familias de turistas.—¿No te pareció increíble cómo la luz cambiaba según el ángulo? —me preguntó Thomas, deteniéndose frente a la barandilla que daba al lago Michigan—. Es como la economía, Elena. Todo depende de la perspectiva desde la que mires el gráfico.—Sí, supongo que sí —respondí, forzando una sonrisa que no llegaba a mis ojos.Thomas era perfecto. Era divertido, era guapo de esa manera americana y atlética, y sobre todo, era fácil. Con él no había silencios cargados de tensión ni reglas de convivencia estrictas. Pero mientras él me explicaba su teoría sobre el arte moderno, mi mente estaba a k












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