LOGINHolaa a todos espero que mi nueva historia les este gustando y me dejen sus comentarios y reseñas!
Permanecimos en silencio sobre la cama durante mucho tiempo. La pesadez del aire en la habitación parecía disiparse poco a poco, sustituida por el calor de nuestras respiraciones. Tenía la cara apoyada contra el pecho de Soren, sintiendo el latido constante de su corazón bajo la piel. Los recuerdos verdaderos seguían asentándose en mi cabeza como piezas de un rompecabezas que por fin encajaban sin esfuerzo, pero con cada imagen que recuperaba, una punzada de culpa me atravesaba.Pensar en las semanas anteriores me producía un escalofrío amargo. Recordar cómo lo había mirado con asco, las amenazas con el trozo de cristal y el dolor frío que le había infligido mientras él se destruía en silencio en el pasillo para no sobrepasar mi límite.Soren me acariciaba la espalda con caricias lentas, con los dedos aún temblorosos por la resaca del celo. No había reclamo en su toque. Solo una contención absoluta, como si temiera que cualquier movimiento brusco me hiciera dudar otra vez.—No fue cul
El resto de la noche y las primeras luces del amanecer se me escaparon en un estado de un estado de angustia insoportable . El bebé dormía a ratos en mi regazo, ajeno a la tormenta que me quemaba por dentro, mientras yo caminaba por la habitación, no podía quedarme quieta. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Caspian en aquella estancia con esa loba lejana regresaba a mi mente con una fuerza despiadada. Veía la frialdad en los ojos de Caspian, la soltura con la que permanecía al lado de esa loba de linaje antiguo y la punzada de desprecio que me atravesaba el vientre. Aquella corazonada no se disipaba; se asentaba en mi cabeza como una piedra pesada, agrietando cada una de las certezas que me habían sostenido durante semanas.Me llevaba la mano libre al pecho, tratando de calmar la respiración. La idea de Caspian como el hombre dispuesto a mover cielo y tierra para sacarme de este encierro comenzaba a sentirse falsa, como un libreto mal aprendido que mi propia naturaleza rechaz
Las primeras horas de la cuenta regresiva avanzaron con lentitud. Mantuve la espalda pegada a la pared, con el trozo de cristal aún en mi mano derecha y el bebé descansando sobre mis piernas. Cada músculo de mi cuerpo protestaba por la falta de sueño, pero la sola idea de cerrar los ojos y dejar la puerta desprotegida me producía un pánico tremendo. Tenía los dedos entumecidos por la fuerza con la que apretaba el trapo enrollado al vidrio, ajustando el agarre cada vez que sentía que las pestañas me pesaban más de la cuenta. El bebé respiraba con un ritmo suave contra mi vientre, ajeno por completo al cerco que se cerraba sobre nosotros afuera.Al caer la noche, el ambiente dentro de la habitación comenzó a cambiar. Un calor denso y espeso empezó a filtrarse desde el pasillo exterior. Venía acompañado por un olor concentrado: pino húmedo y tierra mojada, cargado de un rastro áspero que se me metía directo en la garganta.Soren había entrado en un estado de celo leve. La presión extrema
Al cumplirse un mes y medio desde el nacimiento de mi hijo, el ambiente dentro del subsuelo se volvió irrespirable. Una migraña constante se instaló en la base de mi nuca, un dolor sordo y punzante que iba y venía en oleadas. Por momentos, cuando la cabeza me retumbaba, aparecían ráfagas de memoria completamente ajenas a la realidad que vivía: la sensación de la mano de Soren sobre mi cintura, el olor a bosque mojado y pino de su cuello, o su voz hablándome con una ternura que me revolvía el estómago.Sacudía la cabeza con rabia cada vez que esos destellos cruzaban mi mente. Me repetía a mí misma que eran las secuelas del encierro, el agotamiento físico o alguna manipulación que estaban intentando filtrar desde afuera para debilitar mi resistencia.Esa tarde, el silencio habitual del pasillo se rompió. No era el ruido suave de los pasos de Maeve trayendo la comida. Eran voces alteradas, discusiones firmes que subían de tono a pocos metros de donde yo estaba.Me puse de pie despacio, as
Las primeras tres semanas tras el parto se transformaron en un ciclo continuo de cansancio y alerta. Mi mundo se redujo por completo al espacio de la habitación del subsuelo. No salí ni una sola vez al pasillo. El instinto de protección hacia mi hijo absorbía cada gota de mi energía; lo amamantaba, lo cambiaba y lo mantenía pegado a mí las veinticuatro horas del día, durmiendo apenas a intervalos cortos para estar atenta a cualquier movimiento.El niño crecía a un ritmo rápido, con la fuerza evidente del linaje puro. Su presencia era lo único que me mantenía en pie en medio de la penumbra.Maeve era la única persona a la que le permitía cruzar el umbral. Entraba dos veces al día para dejar comida, agua limpia y revisar al bebé. Me mantenía alejada, parada al fondo del cuarto con la mano cerca del cuchillo que guardaba entre las cobijas. Maeve intentaba hablarme, me pedía que descansara o que dejara que Soren viera al niño aunque fuera un minuto, pero sus palabras solo me sonaban a dist
Desde la camilla, escuchaba el impacto de los disparos contra el marco de hierro de la puerta principal de las celdas. Soren y Darius defendían la bajada de la escalera a corta distancia, impidiendo que el grupo de mercenarios entrara al pasillo inferior.Maeve estaba inclinada entre mis piernas, sujetando las compresas y guiando cada una de mis exhalaciones.—Falta muy poco, Freya —dijo Maeve en voz baja—. Ya estás dilatada por completo. En la próxima contracción vas a pujar con todo lo que tengas.Un grito de dolor se me escapó de la garganta cuando una contracción me apretó el vientre de nuevo. Hice la fuerza que Maeve me pedía, sintiendo una presión brutal.Todo mi cuerpo estaba concentrado en el nacimiento, agotado hasta el límite. En ese pico de esfuerzo, una pesadez helada me envolvió la cabeza por completo. No entendía qué pasaba, solo sentí una niebla espesa infiltrándose detrás de mis ojos, un tirón violento que empezó a borrar y alterar mis recuerdos a toda velocidad.En mi







