LOGINTERA
Era como un volcán esperando la más mínima oportunidad para hacer erupción. —Sí, ya vamos de camino a casa. —¿Me hablaba a mí? Por la tenue luz que emanaba de su teléfono, deduje que debía estar hablando con sus amigos. Otra vez. —¿Isadora? Isadora regresa de la Junta mañana. Estoy tan orgulloso de ella. Iré a recogerla. —Apreté los dientes, casi sin ruido, mientras todas mis sospechas quedaban confirmadas. Isadora era aquella por la que yo servía de reemplazo. ¿Había tenido una aventura con Matteo sabiendo, además, que él estaba casado conmigo? El amor va a acabar con nosotros, ¿te parece bien? —Sí, la extraño muchísimo. ¿Ustedes me entienden? Si ella hubiera venido a esta fiesta, habría sido mucho más divertida, no como esta que tengo al lado, que es un fastidio. —La sinceridad de su voz me revolvió el estómago como si me hubieran apuñalado. ¿Yo era el muerto de esta guerra? —Honestamente, no puedo esperar a tenerla de vuelta. Ya saben, en algún... —El auto frenó de golpe, como si Piero hubiera pisado el freno de repente, y yo solté un chillido, abriendo los ojos de par en par, fingiendo despertarme apenas. —¿Qué... qué pasa? —bostecé, frotándome los ojos con el dorso de la mano. —Nada. —Vi cómo Matteo ponía los ojos en blanco, como harto de mi presencia, y tal vez era justo eso lo que ocurría. Pero podía simplemente encararlo y decirle que había escuchado todo, ¿verdad? No, para nada. Todavía lo necesitaba, al menos por ahora. Necesitaba sus recursos y algunas otras cosas que solo él, con su influencia, podía conseguir. Así que, hasta lograr lo que quería, no me importaba seguir siendo la reemplazante inocente. Las ganas de preguntarle qué relación tenía con Isadora eran abrumadoras, pero no se me ocurría una forma sutil de hacerlo sin delatarme. Casi de inmediato, la pantalla del teléfono se iluminó, vibrando entre mis manos, y vi que era mi asistente. —Al grano. —Apenas contesté, oí a mi asistente tragar saliva antes de continuar. —Buenas noches, señora. La llamaba para recordarle el itinerario de mañana. —Comenzó, y yo me recosté contra la puerta, mirando por la ventana. —Te dije que fueras al grano —repetí. —Sí, sí. Mañana tiene la sesión de la campaña publicitaria a las 8 a.m., una entrevista de 40 minutos de 9 a 9:40, y después filmación hasta el anochecer. —Me informó, y respiré hondo. —Pospón la campaña y la entrevista. Como vamos a filmar en una zona remota, prefiero que empecemos más temprano. —Sugerí, y ella estuvo de acuerdo casi al instante. —De acuerdo, señora. —Concluyó, y colgué, volteándome hacia Matteo. —Mañana me llevas al set de filmación, ¿verdad? —Vamos, miénteme otra vez, Matteo. Ya lo había prometido antes, pero acababa de oírlo decir que iría a recoger a Isadora, así que solo quería estar segura. —No. —Respondió tajante, y yo dejé escapar un suspiro. —Dijiste que lo harías. —Insistí, y él se frotó la frente arrugada, como si yo lo estuviera estresando de alguna forma. —Tera, tengo cosas más importantes que hacer. —Declaró con voz firme, y justo en ese momento sentí un dolor agudo en el vientre. —Bien, ¿y llevar a Cassian a su chequeo? —Pregunté. Cassian era mi pequeño, el hijo que Matteo, claramente, nunca quiso. —Me habría encantado. —Mentiroso. Me miró directo a los ojos y me mintió sin pestañear—. O sea, se lo prometí al campeón, pero no puedo. El chofer o una de las niñeras pueden llevarlo. —Está bien. —Alcancé a decir cuando sentí un líquido caliente correrme por las piernas, y al bajar la mirada, vi que mi vestido estaba manchado de sangre. El corazón se me aceleró y los senos se me sintieron de pronto más pesados mientras los ojos se me abrían de golpe, en shock. ¡Mierda! Jadeé, tratando con todas mis fuerzas de no reaccionar, mirando a Matteo, que no había notado nada. Tengo que mantener la calma, no puedo perder a este bebé, y él no debe enterarse de que estoy embarazada. Apreté los dientes cuando otra contracción me golpeó, tratando de no hacer ruido mientras Piero entraba al garaje. M****a. Apreté la mandíbula, esforzándome por no gritar por el dolor que me recorría la parte baja del cuerpo, el vientre, para ser exactos. Gruñí, rompiendo en sudor mientras cruzaba miradas con Piero por el retrovisor, y me mordí el labio con fuerza esperando que no notara que algo andaba mal conmigo. —¿Qué pasa? ¿Está bien? Está... sudando. —Preguntó de pronto. Apreté los labios, forzando una sonrisa breve. —Sí. Es el resto del alcohol, se me va a pasar con una ducha fría. —Se encogió de hombros y volvió la atención a su teléfono. Otra contracción me golpeó, filosa y cruel, y apreté tanto los dientes que temí que se me quebraran. Aun así, ni un solo sonido. No ahora. No con él tan cerca. —Buenas noches. —Dijo Matteo, bajándose del auto sin dedicarme otra mirada, mientras Piero estacionaba en el garaje. —Sí, buenas noches —murmuré. Hacía todo lo posible por no gritar mientras tiraba del cinturón de seguridad por el dolor, viendo a Matteo entrar a la casa. Dios, la vista se me nublaba cada vez más, el dolor, las contracciones, todo se estaba volviendo insoportable. —¿No vas a entrar? —Preguntó él al notar que no lo seguía, y yo enseguida fingí estar concentrada en el teléfono. —Ya voy. Mi secretaria me acaba de mandar algo que tengo que revisar rápido, pero ve tú, entra. Voy detrás de ti. Aunque puede que no vaya a la cama todavía, tengo que revisarlo. —Dije en voz baja, tratando con todo de no delatar mi malestar. —¿Estás bien? ¿Segura? Te ves un poco rara. —Idiota. ¿Por qué actúa como si le importara cuando ambos sabemos que no le importa un carajo? ¡Estúpido imbécil! —Estoy bien. —Se dio la vuelta y entró a la casa mientras Piero bajaba y me abría la puerta del auto. —Por Dios santo. Señora, está empapada en sangre. —Abrió los ojos como platos y le tapé la boca con la palma de inmediato. —No grites —susurré, volteando para ver si Matteo lo había notado, pero ni se inmutó. Ya había entrado a la casa. —¿Es posible que me lleves a un hospital sin que mi esposo se entere? —Pregunté, y él negó con la cabeza, visiblemente sacudido por el miedo. —Entonces, ¿puede venir el doctor esta noche? —Piero me miró confundido, probablemente preguntándose por qué no quería que mi esposo supiera, pero de nada servía explicarle. —El doctor solo le rinde cuentas al señor Matteo. —Me mordí el labio y asentí levemente. —¿Y ese quién es? El del traje que habla con Matteo. —Señalé. Recién lo notaba. Vestía un traje negro, con pantalón negro. —Uno de sus socios de negocios. —Piero lo despachó de inmediato mientras Matteo entraba a la casa junto al hombre. —¿Socios de negocios? ¿A esta hora de la noche? —Pregunté con recelo cuando otra contracción me golpeó, borrándome los pensamientos mientras apretaba los dientes. —Supongo que es algo importante. —Claro, ayúdame a entrar. A la habitación de huéspedes, específicamente. —Me ayudó con cuidado a bajar del auto mientras avanzábamos a pasos cortos hacia la casa. —Señora, dígale a su esposo, así podemos ir a un hospital. Esto es peligroso y... —Piero, no. Y ni se te ocurra decirle a Matteo sobre esto. —Me miró unos segundos antes de asentir levemente.TERADebí saber que ir de compras con Caty sería un enorme error.En cuanto llegamos al centro comercial, empezó a arrastrarme de una sección a otra como si nos persiguieran.Yo quería algo de ropa nueva, pero no iba a desfilar en una pasarela; Caty, en cambio, tenía otra idea en mente, porque se lo tomaba muy en serio.—¡Más despacio!—No. Tenemos muy poco tiempo y quiero asegurarme de que consigamos los mejores conjuntos.—¡Caty!—Aceptaste venir de compras conmigo, ¿no?—Sí, acepté. Pero pensé que solo íbamos a comprar unas cuantas cosas y volver.—¿Quién hace eso? Hay que buscar lo bueno. Y no te preocupes por el dinero, esta vez invito yo.—Te lo agradezco mucho, pero de verdad no necesito ropa nueva.—Sí la necesitas. De hecho, necesitas cambiar todo tu guardarropa.—Tengo ropa.—Sí, aburrida.—Pues me gusta mi ropa aburrida.—Claro. Solo usas blanco, negro o, en los días buenos, beige.—Son buenos colores.—Son colores aburridos y deprimentes. ¿Has imaginado cómo te quedaría un
TERA.Lo primero que noté al despertar fue la habitación desconocida. Bostecé con pereza y me froté los ojos para asegurarme de que no soñaba.Miré el techo desconocido unos segundos antes de que todo me volviera de golpe.Caty.La pijamada.Y lo mucho que nos habíamos divertido anoche. De verdad no quería que terminara. Ni siquiera sabía que fuera capaz de divertirme tanto.Comimos hasta que apenas pudimos movernos, luego vimos una película romántica que eligió Caty y después pusimos canciones y bailamos hasta que a los pies les dolió.Y en esos momentos no podía pensar en nada más. Era como si todos mis problemas hubieran dejado de existir durante ese rato.Y no lo di por sentado, porque lo necesitaba de verdad. Y me alegraba mucho de que Caty lo hubiera sugerido.De verdad había tenido una pijamada. La primera, y probablemente no la última.Sonreí para mí. Caty ya no estaba a mi lado, y habría jurado que nos habíamos dormido juntas en esta cama.No le di muchas vueltas; seguramente
MATTEOPor fin llegó el viernes por la noche y no podía ocultar mi cansancio, pero sentí alivio. Significaba que tendría tiempo para descansar y por fin alejarme del trabajo.Había pasado la semana en reuniones una tras otra y, de algún modo, las cosas parecían complicarse más en lugar de mejorar, aunque lo atribuí al agotamiento.Sabía que estaba avanzando. Solo que todavía no lo veía. En lo financiero, no podía negar que veía cambios, pero aún tenía mucho trabajo por delante.Y sentía que me quedaba muy poco tiempo para revertir la situación. Pero, para lograrlo, necesitaba sobrevivir y darme un respiro cuando hiciera falta, y por eso hoy no me molesté en hacer horas extra.Además, quería pasar más tiempo con Isadora. Odiaba que pareciera que no le había dedicado suficiente tiempo últimamente; solo necesitaba un tiempo para mí, para recomponerme.Tomé el teléfono del escritorio para ver la hora, porque tenía que irme a casa a descansar. Por primera vez en la semana, quería intentar
TERACuando terminó el rodaje del viernes, estaba encantada.Porque, después de una semana agotadora de escenas y pruebas de vestuario, no veía la hora de llegar a casa y descansar.Llevaba varios días sin ver mucho a Caty en la agencia, porque tenía unos mandados que hacer para la agencia fuera de la oficina.Así que esta semana tuve que encargarme yo sola de muchas cosas, y probablemente por eso me sentía más agotada de lo habitual.Después de despedirme de Adrian, salí al exterior cuando sonó mi teléfono.Caty.Contesté de inmediato.—Mira quién por fin decidió preguntar por mí —bromeé. Aunque en realidad sí la había extrañado en la agencia, porque ella me hacía la vida muy fácil.Pero no estar con ella unos días me recordó que, a veces, tenía que arreglármelas sola.—No seas así. Hoy estuve muy ocupada con los mandados, pero la próxima semana ya debería estar de vuelta en la agencia por completo. —Se le notaba el cansancio en la voz.—De verdad te extraño —admití.—Claro que sí.—
Isadora—¿De verdad te vas ya?Matteo miró su reloj mientras se abotonaba la camisa.—Ya te lo expliqué, tengo una reunión muy importante.—Llevas toda la semana con esas supuestas reuniones importantes.—Lo sé.—Y apenas llegas a casa antes de medianoche. ¿Hasta cuándo vas a seguir así, Matteo?Me miró a través del espejo.—Sé que no ha sido nada cómodo, pero ahora tengo muchas cosas entre manos.Suspiré y me apoyé en la puerta del dormitorio. Entendía la situación en la que estaba su empresa y sabía que le exigiría más atención.Pero empezaba a ser demasiado, y no podía negarlo. Siempre estaba ocupado, siempre en el trabajo. Y cuando de verdad estaba en casa, siempre andaba distraído con el trabajo.¿Y yo qué? Yo también quería pasar tiempo con él, pero su trabajo siempre se interponía.—No sé cuánto más voy a aguantar esto. Ya está resultando muy molesto. Tienes que sacar tiempo para mí también, para nosotros.Exhaló despacio y caminó hacia mí.—Isa, odio que te sientas así. Per
TERAEl lunes llegó más rápido de lo que esperaba. Después de pasar el fin de semana sola, pensé que despertaría con pereza.Pero en realidad desperté sintiéndome muy productiva. Y estaba totalmente lista para volver al trabajo. Tener días libres era divertido, sin duda, pero me gustaba tener algo que hacer.Me vestí y llegué a la agencia bastante temprano, ya que no tenía escenas que grabar hasta más tarde ese día.Pero tenía unos guiones que ensayar y una prueba de vestuario antes del rodaje de hoy, así que debía pasar temprano.Caty ya me había escrito que llegaría tarde al trabajo porque tenía un mandado que hacer, y Adrian no pasaría hasta la tarde.Así que estaba sola. Pero no me importó, porque estuve ocupada todo el tiempo. La diseñadora de vestuario y yo tuvimos muchas idas y venidas hasta que por fin dimos con algo.Se fue unos minutos y volvió con una fila de trajes para que eligiera. Saqué el primero de la percha y me lo puse delante del cuerpo mientras me miraba en el esp







